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quinta-feira, 3 de dezembro de 2015

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

proceso de 


destitución


alternativa a


impeachment

Recomendación urgente del día
Las expresiones proceso de destitución y procedimiento de destitución son apropiadas para referirse al procedimiento conocido en inglés como impeachment, por el que un órgano legislativo procesa a un alto cargo para una eventual destitución, característico del algunos sistemas políticos.
Con motivo del anuncio de Eduardo Cunha, presidente de la Cámara de Diputados de Brasil, de la apertura de este proceso contra la presidenta Dilma Rousseff, en los medios de comunicación están apareciendo frases como «La Cámara de Diputados de Brasil votará por el ‘impeachment’ de Rousseff» o «El Parlamento de Brasil autoriza el “impeachment” de Dilma Rousseff».
En estos ejemplos habría sido preferible escribir «La Cámara de Diputados de Brasil votará por el proceso de destitución de Rousseff» y «El Parlamento de Brasil autoriza el procedimiento de destitución de Dilma Rousseff».
En ocasiones se usa el término impeachment para la destitución en sí, peroes un uso inapropiado porque el proceso no siempre se resuelve con ella; así, en el caso de «Tras el impeachment del presidente de Paraguay, este país fue expulsado de Mercosur», realmente se quería hablar más específicamente de su destitución.
Otras alternativas, que pueden ser adecuadas en función del ordenamiento jurídico de cada país, son juicio políticojuicio de desafuero o proceso político. De optarse por la palabra inglesa, se recomienda escribirla en cursiva o, en su defecto, entre comillas: impeachment.

DIÁLOGOS DE LA LENGUA


José Jiménez Lozano, Luis María Ansón, Álex Grijelmo, Ignacio Camacho y Carlos Aganzo realizan su diagnóstico sobre el uso del idioma en los medios de comunicación. El abuso de anglicismos, uno de los males
Jiménez Lozano - M. MUÑOZ
GUILLERMO GARABITO - 

Siempre quise montar una tertulia de escritores en torno al velador de un café «novísimamente demodé». Pero se ve que aquello ya no se estila y no me queda otra que reunir a algunas de las grandes plumas del periodismo nacional y organizar la tertulia en diferido. Cada uno en su casa o donde pude pillarles, a horas dispares. Procuro que no se interrumpan o se pisen y hay momentos en los que tengo que decir: Don Luis María, don José ha dicho tal. Y él, con elegancia, me mira y dice, «si lo ha dicho don José, qué voy a decir yo». Ya digo, querido lector, busqué una primera tertulia para hablar del idioma con los que lo construyen día a día; para diagnosticar su uso hoy en los medios de comunicación y salió este invento en diferido que, vaya usted a saber, quizá hasta llegue a ponerse de moda.
Ález Grijelmo
Ález Grijelmo
Dar cita a cinco titanes del periodismo como son José Jiménez Lozano, Luis María Anson, Álex Grijelmo, Ignacio Camacho y Carlos Aganzo -por orden de nacimiento- es complejo. Hablan aquellos a los que todo el mundo mira como faros luminosos en la materia.
Jiménez Lozano recibe en casa. En su Alcazarén remoto a donde le van llegando las noticias que se baten con su muralla de libros casi inexpugnable. Inicia él la tertulia en su despacho -el Cervantes, disimuladamente, coronando la estancia-, como para romper el hielo con su particular cruzada contra el intrusismo del inglés en los medios de comunicación españoles. «La lengua que hablamos hoy nosotros es una lengua anglizada, por un inglés que ha influido mucho en los medios de comunicación». Hay disparidad de opiniones en la afirmación. Grijelmo asiente. «He escrito mucho sobre eso. Opino que el abuso de anglicismos muestra un cierto complejo de inferioridad del hablante hispano. Creemos que si decimos palabras en inglés somos más importantes. Y eso es señal de que nuestra lengua nos parece inferior».
Ignacio Camacho
Ignacio Camacho
Se incorpora al fin Ignacio Camacho, que hasta el momento permanecía con gesto reflexivo: «No tenía que suceder así, pero lo han simplificado y jibarizado con gran descuido. Además de llenarlo de anglicismos y contaminaciones lingüísticas inaceptables».
Les pregunto si el lector se ha vuelto menos exigente con el cuidado de la lengua en la prensa escrita. «No, los lectores de periódicos siguen siendo muy exigentes con el diario. La mayoría de quejas que llegan en las cartas al director tiene que ver con errores de lengua», defiende Grijelmo. «Sí, en general, en la medida que él también usa y escucha un lenguaje menos cuidado», afirma Camacho, quien añade: «Pero por fortuna sigue habiendo lectores muy exigentes a los que irrita tanto un error lingüístico o una errata grave como una imprecisión informativa».
Jiménez Lozano sentencia con rotundidad que «la figura del periodista ya no queda como guardián del español. Porque no escribe ni habla como cuando está en la calle. Por eso digo yo que muchos periodistas han dimitido de sus obligaciones». Luis María Anson salta al ruedo de la discusión nuevamente para defender a los profesionales del periodismo: «El periodista es un hombre enamorado del idioma, que trata de cultivarlo de la mejor forma posible». Aganzo se une a Grijelmo: «No lo creo, si hablamos del lector del periódico de papel. Seguramente el lector de El Norte en nuestra web aprecia ahora otras cualidades por delante, como la inmediatez y la veracidad. Pero nunca faltan cartas de los lectores que nos riñen cuando no cuidamos suficientemente nuestra expresión».

Redes sociales

Para evitar que la discusión se encone, saco el tema de las nuevas tecnologías y las redes sociales y si éstas han empobrecido el idioma. Dice el premio Cervantes que él no sigue demasiado esos inventos de las redes sociales: «¡No me aclimato a ellos!».
«Inicialmente están estorbando, para qué nos vamos a engañar. Lo que pasa es que estamos en la prehistoria de la digitalización, vamos a ver lo que ocurre de aquí a un tiempo», sostiene Anson.
Grijelmo mantiene el tono optimista en esta cuestión: «Creo que las redes sociales o el correo electrónico tienen aspectos muy buenos, obligan a la gente a relacionarse con un teclado y con la palabra escrita, además sirven para que tengamos una percepción muy precisa de qué tipo de persona nos escribe. Si dispone de un vocabulario amplio o reducido… Las palabras nos visten o nos desnudan mucho más que la ropa».
Carlos Aganzo
Carlos Aganzo
Medita Aganzo sobre la cuestión: «El lenguaje es una materia viva, y concretamente las nuevas tecnologías le están dando al español un vuelo global que nunca antes había tenido».
Vuelve a intervenir Anson, siempre locuaz: «Os contaré que yo he viajado por todo el mundo cargando con los tres kilos que pesaba el Diccionario de Julio Casares, que era el que tenía sinónimos. Hoy gracias a internet en el teléfono tienes sinónimos, antónimos y el Diccionario de la Real Academia, citas, frases y lo que quieras. Por lo tanto yo creo que cuando nos acostumbremos a emplear lo que la digitalización nos proporciona me parece que será muy útil para el cuidado del idioma».

Las academias

Sobre esta cuestión de la globalización decía Cela que «castellano es el español que se habla en Castilla», no más. Les pregunto qué opinan acerca del papel de las academias hispanoamericanas y la incorporación de determinados vocablos a nuestro diccionario oficial.
Esta vez es Camacho el primero en expresar su opinión: «Entiendo que la Academia quiera ser inclusiva para recoger los usos de Hispanoamérica. Pero el hablante/escritor debe seleccionar los usos que corresponden a su comunidad cercana y a su propio criterio de la excelencia lingüística. Yo, por ejemplo, me niego a aceptar la supresión de la tilde diacrítica, porque en palabras como solo y sólo tiene una importancia fundamental, aunque a veces los editores de mis textos me hipercorrigen y la suprimen por su cuenta». Le sigue Grijelmo, que añade: «El lingüista mexicano Antonio Alatorre escribió que ‘el español es la suma de todas las maneras de hablarlo’. Y lo comparto. Yo veo el español de América muy rico. Y con creaciones tan legítimas o más que las nuestras».
Sobre la globalización decía Cela que «el castellano no es el español que se habla en Castilla»
José Jiménez Lozano es el más dispar en la materia. Opina que las academias hispanoamericanas no tienen gran criterio por estar subvencionadas. Y en esa línea crítica se muestra Aganzo cuando afirma: «Verdaderamente no creo que el trabajo de fijar, que figura en el frontispicio de las tareas de la Española, se pueda traducir en esto. Sobre todo cuando se trata de modas pasajeras, que acceden al diccionario sin ninguna garantía de quedarse. Me parece más bien que se trata de un gesto de falsa modernidad y apertura de la docta casa. Que los medios de comunicación, fieles a la actualidad, se hagan eco de estas modas lingüísticas tiene su lógica, pero que lo haga la Academia es casi una broma».
Luis María Anson
Luis María Anson
Entonces Anson, en su condición de académico, tercia diciendo: «Nosotros somos el diez por ciento del idioma español. Hay que partir de esa base. El resto del español se hace, en ocasiones, con una calidad excepcional, no olvidemos que México ha producido a Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura; Centroamérica ha producido a Miguel Ángel Asturias, también premio Nobel. Y no nos vamos a olvidar del chileno Pablo Neruda. Es decir, tenemos que tener la humildad suficiente para asumir que hoy la literatura hispanoamericana, el periodismo, es no ya la mitad, sino más del cincuenta por ciento de la literatura y el periodismo en lengua española».
Espacio obliga a ir cerrando esta primera tertulia. Aunque, querido lector, se podrían haber apurado un poco más los sorbos últimos del café. Los cinco periodistas coinciden para concluir que, a fin de cuentas, «la literatura es la expresión de la belleza por medio de la palabra».

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poliamor


palabra válida

Recomendación urgente del día
El sustantivo poliamor es un neologismo válido creado a partir del elemento compositivo griego poli– (‘pluralidad’) y el término amor.
Es habitual leer en los medios de comunicación frases en las que se incluye dicho término, como «La escritora defiende que el poliamor es una forma alternativa de vivir las relaciones amorosas», «El poliamor se ha convertido en una subcultura con argot propio» o «Tres mujeres formalizan su unión poliamorosa ante un notario».
La palabra poliamor deriva del anglicismo polyamory y, según el Diccionario del sexo y el erotismo de Félix Rodríguez González, se define como relación afectiva, sexual e íntima establecida entre tres o más personas con el conocimiento y consentimiento de todos los implicados.
Formada por la unión de poli– (‘pluralidad’) y amor, sigue el modelo de otros términos como politeísmopolitraumatismopolifacético polivalente. De igual modo, es válido su adjetivo derivadopoliamoroso, que se obtiene añadiendo el sufijo –oso.
Asimismo, se recomienda la forma poliamor frente a la variantepoliamoría, ya que la palabra amoría no se contempla en español.
Finalmente, cabe decir que, aunque todavía no aparece recogido en los diccionarios de referencia habituales, el sustantivo poliamor sigue los procesos de formación propios del español, por lo que no es necesario resaltarlo con cursiva ni entre comillas.
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