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quarta-feira, 4 de novembro de 2015

DRAE

¿“Haya” o “halla”? Responde el ‘Diccionario’

“Cultura” y “bizarro” abren la lista de palabras más buscadas en la versión ‘online’

 Madrid - EL PAÍS - ESPAÑA
Un usuario busca la palabra "cultura" en la web de la Real Academia Española. / CARLOS ROSILLO

Las palabras “cultura”, “bizarro” y “haber” fueron las más buscadasen la versión en la Red del Diccionario de la Real Academia Española (www.rae.es) el último año, en concreto desde el 21 de octubre de 2014, cuando se presentó la 23ª edición en papel. El pasado 13 de octubre, se anunció que esa versión, la del tricentenario de la RAE, ya estaba volcada en la web de la institución. “Cultura” repite en el primer puesto (ya lo hizo el año anterior), con 340.052 búsquedas en estos 12 meses. El director de la RAE, Darío Villanueva, señala a EL PAÍS que “de vez en cuando esa palabra ha sido desbancada por otras, como ocurrió con ‘abdicar” tras el anuncio de Juan Carlos I, el 2 de junio de 2014, de que dejaba la Corona en manos de su hijo, el hoy Felipe VI. La media de consultas al mes en la web del Diccionario supera los 41 millones.
Más recientemente, por influencia de las búsquedas desde España, según el departamento de Tecnología de la RAE, el término “plebiscito” llegó al número uno —ahora ocupa el 40º, con 106.094 peticiones— por el proceso independentista en Cataluña. Quizás por eso “democracia” figura justo por encima de “plebiscito” en esa clasificación, con 106.160 clics. De todas las consultas, el 40% se realiza desde España, seguida por México con el 15%. En cuanto a las formas de acceso, los nuevos dispositivos propician que el 42% se efectúen desde los móviles y las tabletas.
En la segunda posición se ha colado "bizarro" (277.566 búsquedas)
La razón de que “cultura” sea habitualmente la más demandada obedece, según Villanueva, “a que es un término complejo que últimamente se usa en contextos sorprendentes, incluso a veces contradictorios. Aunque es un término positivo, se habla por ejemplo de la cultura de la droga o de la cultura del dinero”. Sorprendente es también el italianismo que se ha colado en segunda posición de octubre a octubre: “Bizarro” (277.566 búsquedas). A ello han ayudado los resultados en países como Colombia, Argentina y México. Villanueva lo explica: “Me dicen que se puso de moda entre los jóvenes”. Mientras que el tercer cajón del podio queda para “haber” (232.960), seguramente para saber cómo se escribe y conjuga este verbo y no confundirlo con la expresión “a ver”.
Las dudas ortográficas están detrás de que “haya” sea el cuarto vocablo más requerido (225.522). La palabra con la que se confunde, “halla”, es la 30ª. “Valla” es la 17ª y su hermana “vaya”, la 19ª. Otros términos dudosos andan a la par en este registro: “Rayar”, en el puesto 45º, con 101.874 búsquedas, e inmediatamente después, “rallar”, con 100.740.
Hay términos que figuran entre los más demandados por “ser raros, difíciles de saber su definición”, apunta el director de la Academia. “Procrastinar”, verbo transitivo que significa “diferir, aplazar”, es el sexto (205.364) gracias, en parte, a las búsquedas realizadas desde Colombia y México. ¿Por qué? “Quizás ayudó que en algún momento saliera en los medios de comunicación”, opina Villanueva, quien subraya la “influencia de la televisión y los periódicos porque los medios crean tendencias”. Hablando de tendencias, hay marcas de empresas de Internet en la lista, aunque esas palabras no existan en el Diccionario: “Google” (43ª, con 102.408) y “Facebook” (59ª, con 95.608).
Sin embargo, al rastrear el nombre del buscador por excelencia, la web de la RAE avisa: “La palabra ‘Google’ no está en el ‘Diccionario”. “Es que son nombres propios y no estarán, a no ser que se conviertan en sustantivos, como ocurrió con la revista de historietas TBO, que originó la palabra tebeo”, añade.

Términos manoseados

Los insultos, por desgracia, también tienen su lugar. La palabra “puta” es la 52ª (98.946 búsquedas). A Villanueva no deja de sorprenderle este caso: “Es una consulta infantil, como de palabra prohibida”.
En el otro extremo, destacan vocablos más amables, como “dar”, “amor”, “saber”, “moral”, “eficacia”, “respeto” y “altruismo”. Villanueva lo justifica en que “existe la percepción de que las palabras a veces pierden su significado original por un manoseo que las desfigura, y eso genera desconfianza”. Lo mejor es “ir a la referencia, al Diccionario”, y averiguar lo que significan para que, como decía el filósofo Emilio Lledó en una reciente entrevista, no nos pase como a ese ministro que dijo de los trabajadores de una empresa que estaban en la “diatriba” de dejar su empleo o aceptar una bajada de sueldo. ¿Qué es diatriba? “Discurso violento contra alguien”. ¿Qué quiso decir el ministro? “Vaya usted a saber, quizás ‘disyuntiva”.

El futuro, en digital

La tecnología incorporada a la web del Diccionario, que tiene 93.111 artículos y casi 200.000 acepciones, permite, entre otras opciones, una mejor navegabilidad, ya que se puede pinchar en cada una de las palabras de una definición para conocer su significado. Además, la opción de autocompletado ofrece sugerencias cuando se escriben los primeros caracteres de una palabra. Darío Villanueva informa de que próximamente "las remesas de incorporaciones de palabras podrán realizarse cada tres meses", sin embargo, el director de la RAE advierte de que el Diccionario no puede ser "algo volátil". Esa renovación necesita un reposo. En cualquier caso, la estructura del futuroDiccionario "será digital". "El planteamiento ha cambiado, y ya no se concebirá como un libro", aunque ello no excluya su versión en papel.

ANALES CERVANTINOS


El español de la historia

Aunque el elegido fue el rey Juan Carlos, el segundo puesto fue para Miguel de Cervantes

 - el país - españa


Hace casi diez años, Antena 3, calcando un modelo de la BBC, encargó una encuesta para averiguar quién era considerado entre nosotros “el español de la historia”, vale decir, el más importante. El primer lugar le correspondió a Juan Carlos I; el segundo a Cervantes; el tercero al italiano Cristóbal Colón.
En la fase previa a la publicación de los resultados en un programa especial, a unos cuantos dizque expertos se nos pidió que expusiéramos brevísimamente las razones a favor de nuestro candidato. Yo me limité a invocar un hecho: “Cervantes ha sido el español que durante más tiempo ha dado más felicidad, sobre todo haciéndolas reír, a más gentes de más varia condición”.
En algún momento posterior, tuve la oportunidad de mostrarle a don Juan Carlos, ambos con una copa en la mano, hasta qué punto me parecía improcedente el resultado en cuestión. No creo que entonces se me viniera a la memoria la quijotesca observación de que en los concursos hay que aspirar al “segundo premio, porque el primero siempre se le lleva el favor o la gran calidad de la persona” (II, 18). Como fuera, por ahí iban mis tiros. El Rey admitió la injusticia del caso, pero también que aun así estaba encantado con el veredicto... No tiene el hombre un pelo de tonto.
Me consta que don Juan Carlos ha leído El Quijote, porque en leerlo y comentárselo consistían mayormente las lecciones de literatura que le daba los jueves por la mañana nuestro común maestro Martín de Riquer. Pero desde 1960 ha llovido mucho, y ahora que S. M. goza de una jubilación merecidamente amena me atrevería a proponerle: “Señor, vuelva a menudo al Quijote, para picar a capricho aquí y allá. Garantizo que lo pasará estupendamente”.
El rey de España que más atención ha dedicado a la obra maestra de Cervantes es sin duda Felipe V, pues no en balde en 1693, todavía Duque de Anjou, redactó en su lengua materna un pequeño Tome V de Dom Quichote de la Manche. El jovencísimo Felipe conocía admirablemente el original (en una traducción en cuatro volúmenes) y lo extiende con nuevas aventuras y episodios tan inesperados como el de la irrupción de Maritornes en el camaranchón de la venta para emprenderla a porrazos con don Quijote y Sancho. Pero en el cuadro de honor cervantino de la monarquía le sigue de inmediato José Napoleón I, con la iniciativa de buscar los restos del escritor en el convento de las Trinitarias y depositarlos “en un monumento con su estatua”.
No se juzgue casual que Felipe V y José I fueran franceses. La verdad es que el gran aprecio y la gran difusión del Quijote que han hecho de Cervantes “el español de la historia” deben bastante más a Francia e Inglaterra que a la propia España. En la España de los siglos XVII y, en buena parte, XVIII, el Quijote no provocó comentarios ni secuelas de una mínima sustancia, por mucho que se vendiera aceptablemente bien. En Francia y en Inglaterra, tuvo además una vivaz presencia y operó como vigoroso impulso de la literatura. La primera gran edición en castellano (Londres, 1738) fue iniciativa de un prócer inglés, Lord John, barón de Carteret. En España el éxito masivo no lo consiguió hasta que el barcelonés Juan Jolis no importó de más allá de los Pirineos la fórmula de la edición de bolsillo en cuatro tomitos.
Así se convirtió Cervantes en quien sigue siendo, “el manco sano, el famoso todo, el escritor alegre, y, finalmente, el regocijo de las Musas” (Persiles, pról.), que ha divertido y emocionado a generaciones y generaciones, y emparejado en una admiración común a moros y cristianos, a defensores de la leyenda negra y apologetas de la España rancia. Carme Riera exhumó las palabras de un gran catalán, don Antonio Rubió y Lluch, que en el 2015 sugieren una coletilla: Don Quijote, es decir, Cervantes “es hoy también el que nos une a todos los españoles en un estrecho abrazo de amor y concordia que ojalá no se desate jamás”. Amén.

TIPO DE LETRA »



Hablar castellano en todos los idiomas

Solo nos acordamos de los traductores cuando nos dicen que 'El gran Gatsby' y 'Madame Bovary' deberían titularse 'Gatsby el Magnífico' y 'La señora Bovary'

 - el país - españa

“Hablo ruso en todos los idiomas”, decía el filólogo Roman Jakobson, que llegó a manejarse en 15 lenguas. A los lectores españoles nos pasa algo parecido pero al revés: a veces se diría que toda la literatura universal se ha escrito en castellano. Toda menos el Quijote, claro, que como sabemos es una traducción del árabe a partir del original de Cide Hamete Benengeli (o Berenjena). De otra forma no se entiende que en un tiempo que otorga —con justicia— la condición de artista a muchos pinchadiscos y manda cocineros a la Documenta de Kassel seamos tan rácanos con los traductores.
Aunque hay editoriales que reproducen su nombre en la cubierta de las obras que han traducido (entre otras, Acantilado, Alfaguara, Impedimenta, Nórdica, Sexto Piso, las de poesía…) y alguna incluso les ha dedicado una biblioteca (Alianza), lo habitual es que no tengan el reconocimiento que merecen. Sobre todo si tenemos en cuenta que por sus manos pasa aproximadamente el 30% de los títulos publicados cada año en España (y, seguro, más del 30% de nuestra educación sentimental).
La excusa suele ser el diseño: no cabe todo. Pero que el nombre de su traductor no aparezca en la cubierta de un libro es algo así como si en la portada de de las Variaciones Goldberg de Bach no cupiera el nombre de Glenn Gould. ¿Cómo podemos olvidarlo sin despreciar la influencia que han tenido, incluso sobre aquellos que no los han leído, obras como Las mil y una noches, la Odisea o la Biblia? Cuál no sería el poder de esta última cuando durante siglos estuvo prohibida su traducción a las lenguas vernáculas. Traducir es, sobre todo, leer. Y leer es interpretar: si no lo haces tú, alguien lo hará por ti. Si hace falta, a degüello. Hasta los dogmas nacen en ocasiones de un error de traducción o de una traducción interesada. Es conocido, por no salir de la Biblia, el provocado por la versión griega del Antiguo Testamento, la mítica Septuaginta. Al hablar de la madre del futuro Mesías puso virgen donde el original hebreo decía simplemente doncella, muchacha, mujer joven. Si pensamos que el griego era algo así como el inglés del siglo III antes de Cristo, entenderemos su papel en la propagación (y hasta en la propaganda) de lo que hasta entonces no era más que el texto sagrado de 12 tribus de Oriente Próximo.
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De los traductores, eso sí, nos acordamos cuando alguno señala que llevamos décadas titulando mal un libro clásico, es decir, que La metamorfosis debería ser La transformación (según Jordi Llovet);Madame Bovary, La señora Bovary; Los monederos falsos, Los falsificadores de moneda; Bel-Ami, Buen amigo (según, en los tres casos, María Teresa Gallego Urrutia); La tierra baldía, La tierra gastada (según Joan Ferraté); o El Gran Gatsby, Gatsby el Magnífico (según Ramón Buenaventura).
Por otro clásico, Einstein, sabemos que es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio, pero ponemos el grito en el cielo cada vez que un sabio viene a tocarnos las costumbres. Por supuesto, olvidamos que durante décadas llamamos a Dickens, Carlos, y a Nietzsche, Federico. Nunca es tarde para entrar en razón. Mañana se falla el Premio Nacional de Traducción, una jornada efímera que se parece al día de las enfermedades raras. Algo es algo. Dicen que la ignorancia se cura. Lo que no se cura es la indiferencia.

IDIOMA ESPAÑOL

 
Fuente: Shutterstock
Todos los idiomas parten de una estructura más o menos similar que se basa en la relación entre sujeto y predicado. Aprender la gramática y pronunciación de un idioma no es tan difícil como dominarlo y saber qué términos y frases hechas son utilizados de forma adecuada.
Según indica Spanish Language Route en una de sus publicaciones, los hablantes del español suelen caer en errores muy comunes que tienen que ver con el uso cotidiano del idioma, ya sea escrito o hablado. Estos son algunos de los ejemplos más relevantes:

Redundancias
  • “Almorzar al mediodía”: esta frase resulta redundante ya que almuerzo, en una de sus acepciones, significa “comida del mediodía o a primeras horas de la tarde”.
  • “Salir para afuera” y “entrar para adentro”: “salir” y “entrar” ya tienen incluido en su significado la movilidad hacia adentro o hacia afuera, por lo tanto, son redundantes. Si cambiamos los complementos por “al dormitorio” o “a la cocina”, la oración sí es correcta.
  • “Subir arriba”: es similar al caso anterior. Es imposible físicamente “subir hacia abajo”, el término “subir” indica en su primera acepción “recorrer yendo hacia arriba, remontar”
  •  “Reiterar varias veces”: reiterar quiere decir “volver a hacer o decir algo”, si le agregamos “varias veces” estamos reiterando la idea.
  • Colaborar juntos: la palabra “colaborar”, requiere en su concepto de otro que trabaja conmigo, por lo que utilizado así resulta repetitivo. Su significado dice “ayudar con otros al logro de algún fin”.

  • Palabras mal utilizadas
  • “Aplicar para irme al extranjero”: Aplicar no significa “solicitar”, cuando alguien “aplica algo” está poniendo una cosa sobre otra o en contacto con otra de modo que quede adherida o fijada.
  • Cuando, por ejemplo, se plantea una idea, no se dice “en base a”, sino que debe decirse “con base en” que refiere al punto de partida de algo.
  • “En doceavo lugar”: lo correcto es decir decimosegundo en español. La terminación “avo” se reserva para porciones y no para el orden.
  • “La vena aorta”: la aorta, encargada de llevar la sangre, no es una vena, sino una arteria.
  • “Lagaña”: cuando los levantamos por la mañana y tenemos secreción de las glándulas de los párpados tener “legañas” y no “lagañas”.
La Fundación del Español Urgente (Fundéu) lanzó un libro en referencia a este tema que reúne más de 300 recomendaciones para hablar y escribir mejor. Se titula “El español más vivo”.
Fundéu es promovida por la Agencia Efe Y BBVA y se encarga de emitir recomendaciones para un correcto uso del idioma español, en lo que respecta a la ortografía, sintaxis, estilo y pragmática.
Entre las recomendaciones que se hallan en este libro, se analiza la supresión injustificadamente del artículo definido delante de los sustantivos; los queísmos y dequeísmos; la utilización de gerundios y el cambio incorrecto de preposiciones, entre otros temas.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

lucha contra el 


yihadismo, 


no lucha 


al yihadismo

Recomendación urgente del día
El sustantivo lucha introduce el oponente al que uno se enfrenta con lapreposición contra (lucha contra el yihadismo), no a (lucha al yihadismo).
Sin embargo, en los medios son habituales frases como «Putin y Obama impulsan alianzas rivales en la lucha al yihadismo», «Gran avance en la lucha a la pobreza» o «Militarizar la lucha a la delincuencia demostró ser un error».
De acuerdo con el Diccionario del estudiante, de la Real Academia Española, la preposición contra es la apropiada para indicar la persona, el colectivo o la situación a la que se hace frente: lucha contra el yihadismo. Este mismo sustantivo admite la preposición por para indicar el fin al que se aspira:lucha por los derechos humanos.
Aunque puedan darse frases en las que la secuencia lucha a sea adecuada, como aquellas que incluyan la expresión lucha a ras de suelo, este sustantivo no rige en ningún caso la preposición a para expresar aquello que se combate.
Así pues, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir «Putin y Obama impulsan alianzas rivales en la lucha contra el yihadismo», «Gran avance en la lucha contra la pobreza» y «Militarizar la lucha contra la delincuencia demostró ser un error».
Ver también yihad yihadista, no jihad ni jihadista.
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