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segunda-feira, 6 de julho de 2015

AMANDO DE MIGUEL


Divertidas metonimias

 en Libertad Digital - España



Los gramáticos son muy aficionados a poner nombres rimbombantes a las ideas que manejan. Así, llaman metonomia a la figura retórica que consiste en designar una cosa por otra con ella relacionada. No es algo reservado a los oradores, tribunos o publicistas, ahora simplemente "famosos". La fama, siempre alada, se expande en nuestros volátiles tiempos por las ondas de la radio o de la tele.
El problema con el lenguaje es que se busca brillo y originalidad en las comparaciones, pero con el tiempo esas cualidades se desgastan. De tal forma que seguimos repitiendo por rutina una serie de metonimias, aun con la sospecha de que apenas existe la primitiva relación buscada. Proporcionaré algunos ejemplos, pero el lector podrá añadir otros muchos.
Seguimos hablando de bomberos, pero nadie sabe dónde están las supuestas bombas que los distinguen. Por cierto, a pesar del nombre tan poco lucido, se trata de una profesión cada vez más prestigiada. Habrá que revisar el desprecio de las "ideas de bombero".
Las personas de mi generación seguimos aconsejando a nuestros hijos y nietos que "tiren de la cadena" en el "cuarto de baño", en el que ya no hay cadena ni bañera.
El mundo burocrático ha cambiado mucho, pero seguimos apegados a ciertas inercias léxicas. Todos entienden lo de la ventanilla de los funcionarios, pero ya hace tiempo que las ventanillas desaparecieron del mobiliario de las oficinas. Por lo mismo se dice "pasar por caja", es de suponer que el habitáculo o despacho donde se cobra o se paga. Pero ahí no suele haber ninguna caja donde guardar el dinero. Es más, puede que ya no paguen o cobren dinero en efectivo. Más. Seguimos diciendobancos porque los primeros cambistas depositaban las pilas de monedas en el banco donde se sentaban. En alemán y en catalán es femenino:banca.
Todavía se mantiene la expresión "banquillo de los acusados" en un juicio, aunque el infamante mueble se va sustituyendo por sillas con respaldo. Las cuales en su día constituyeron un privilegio. Todavía se dice cátedra (= silla) a la institución de los profesores universitarios. En su día fueron los únicos que disponían de silla en el aula. Los estudiantes se sentaban en el suelo. Así que la reconstrucción del "aula de Fray Luis" en la Universidad de Salamanca, con sus bancos de roble, es una filfa.
La Corona es la usual metonimia para referirnos institucionalmente al Rey. Pero ni existe tan ostentoso objeto ni a Felipe VI se le ocurriría ponérselo sobre la cabeza. Los reyes españoles nunca se han coronado, han jurado las leyes fundamentales del reino.
Los pocos fumadores que quedan pueden referirse al mecheroun artilugio que no tiene mecha, o a las cerillas, que ya no se fabrican con papel encerado. Pero todos nos entendemos.
Se va perdiendo la bonita expresión de "pasar por la vicaría" o parroquia para indicar la ceremonia de la boda. Pero ahora bien puede celebrarse en el despacho del alcalde o incluso del notario. Es más, ni siquiera es necesario que los contrayentes sean de distinto sexo. Por lo menos todavía se sigue exigiendo que sean solo dos personas las que se casan en una boda. No tardará en parecer un atentado contra la libertad.

CASTELLANO

Resultado de imagem para castellanoCuidar el castellano

OFELIA AVELLA |  EL UNIVERSAL - VENEZUELA
lunes 6 de julio de 2015  12:00 AM
El propio idioma es como la habitación en la que uno se mueve con holgura, con la confianza y seguridad de quien se sabe en su sitio, en un terreno que es de uno, que domina y sabe defender de los intrusos y merodeadores. No es que piense que otras lenguas tengan categoría de invasoras de la propia intimidad, pero cuando no se domina bien la lengua materna, cuando no se la cuida, no sólo se debilita ella, sino que muere un poco también nuestra calidad de pertenencia a esa cultura donde la aprendimos.

Uno puede aprender muchas lenguas; hacerlo se torna, de hecho, en una experiencia muy enriquecedora. No llamo invasor a cualquier otro idioma que deseemos aprender bien, sino a todo eso que dejamos entrar en nuestra vida de un modo indiscriminado. Invasor es quien ha entrado en la propia casa, en mi habitación, sin ser invitado. Entró, quizás, sin que me diera cuenta, pero lo hizo probablemente por mi descuido, por haber encontrado la puerta abierta, por no haber cuidado yo ese reducto de intimidad en que uno se encuentra "en casa".

La lengua es mucho más que un simple instrumento de comunicación, entendido de modo pragmático. Antes bien, constituye la base de una cultura, su rasgo más peculiar de identidad. Se piensa en palabras, se conecta uno con la realidad a través de las palabras, se da a conocer la personal percepción del mundo a través del lenguaje porque éste, en definitiva, nos arraigó desde la infancia a una cultura que nos orientó a nombrar las cosas por primera vez en nuestras vidas. Y eso va quedando, en lo más profundo de cada uno, como lo permanente de las experiencias humanas. Las primeras canciones, las primeras poesías, las primeras palabras leídas, la lengua de mamá y papá, y ésas incluso diversas a la nativa pero que son también familiares por ser la del abuelo y la abuela, marcan para siempre. Cuidar todo ese bagaje equivale a fortalecer nuestra identidad y nuestro "estar en el mundo" con seguridad.

El dominio del lenguaje materno (en nuestro caso, el castellano) es algo mucho más importante de lo que se piensa. Su deficiencia se manifiesta siempre en algún momento de la vida como la experiencia de un cierto vacío existencial, pues la lengua original, o la adoptada como propia -si es que se ha crecido en otra cultura-, centra en el mundo. Una vez conocí a una señora libanesa que me manifestó su situación interior. Había nacido y crecido en el Líbano, pero se había educado en inglés y en francés. Hablaba los tres idiomas en su casa, así, indistintamente, y luego viajó a Venezuela para quedarse. Su trabajo era muy técnico, por lo que no requirió nunca dominar mucho el idioma. Tampoco cultivó los anteriores. En un momento dado manifestó necesitar urgentemente dominar alguna lengua en particular. Me decía que a veces sentía que no tenía pensamientos y que le faltaba vocabulario para expresarse. En otra oportunidad, un muchacho chino a quien le gustaba, además, escribir cuentos, explicaba en clase lo enredado que estaba. Hablaba en chino en su casa, pero no lo escribía. Hablaba en español, pero escribía en inglés. Cuando le pregunté en qué idioma pensaba, dudó. Le pareció que era en inglés. Le recomendé centrarse en el inglés o en el español si deseaba escribir, en vista de que no podría hacerlo en chino. Los procesos de asimilación de otras lenguas son, sin duda alguna, diversos para todos, pero lo fundamental es cuidar la lengua original. Al ampliarla, uno se cultiva y la mantiene, además, en su puesto en relación a las demás (a esas nuevas que llegarán).

Lo que intento resaltar es la importancia de cuidar la lengua originaria (en nuestro caso, el castellano). Cultivarla, ampliarla, saborearla y masticarla es esencial para arraigarse a una cultura y definir la propia identidad. Toco el tema porque es mi trabajo, mi gran inquietud. En estos tiempos de globalización, las lenguas se encuentran, se mezclan, pero también corren el riesgo de reducir sus posibilidades si nos gana el pragmatismo de hacerlas sencillamente "funcionales". De allí la importancia de la literatura, de la reflexión, de los espacios y actividades que las mantienen en un dinamismo distinto (más profundo) de ése que requiere el sentido utilitario del trajinar diario y la eficiencia de las nuevas tecnologías. En el caso que nos atañe, la diáspora de la que somos testigos ha puesto a muchos a hablar otras lenguas. En un proceso que es inevitable, muchos procurarán pasar el castellano a sus hijos, pero sabemos también que en el camino se pierde ese idioma de los padres y abuelos, para terminar ocupando su lugar ese otro que llegará a ser el original para ellos.

Quien pueda hacerlo, cuide el castellano. Una lengua bella y rica en posibilidades, en virtud de ese contacto con una diversidad grande de pueblos que lo hablan. Fomentar su cuidado equivale a mantener viva nuestra cultura, siempre lo más permanente de las experiencias humanas.

ofeliavella@gmail.com
@ofeliavella

LÍNEA DIRECTA


 Por  | LA NACION - Buenos Aires

Dos verbos y un mismo interrogante

 No siempre lo que nos parece mal escrito lo está realmente. Más aún cuando se trata de textos en español, ese vasto idioma de todos... de todos los más de 500 millones de hispanohablantes. Ser hispanohablante es un término demasiado amplio y muchos de los miembros que pertenecen a este universo lingüístico se niegan a compartir, y hasta aceptar, la forma en que los otros usan "su" idioma.
Pruebas al canto, como se decía hace mucho: dos lectores de Línea directa coinciden (palabras más, palabras menos) en señalar lo que a su juicio es un "error" de este diario, o por lo menos de la agencia de noticias que envió el cable. Escribe Ricardo Burgio, el 8/6, sobre el artículo "Con cerveza y salchichas": "Me preocupa la utilización de algunas palabras. Por ejemplo, confundir develar con desvelar. En LA NACION de hoy, en la nota sobre el encuentro entre Obama y Merkel se dice: «El Presidente norteamericano está más próximo a Merkel que a la mayoría de los jefes de Estado, aunque su relación se vio puesta a prueba en los últimos tiempos específicamente cuandose desveló que la Agencia de Seguridad Nacional había pinchado el celular de Merkel». Este verbo es permanentemente utilizado, como en este caso, de forma incorrecta. ¿Estaré equivocado?"
Por su parte, el lector Tomás Sanz, que también se refiere al mismo artículo, agrega el dato de que la información era de las agencias de noticias internacionales AP y EFE, pero aun así juzga que "no es un error de tipeo; «desvelar» por «develar» ya es un error frecuente".
Hasta en las cuestiones de lengua es bueno siempre buscar un juez medianamente imparcial. En el apreciadísimo Diccionario panhispánico de dudas (de 2005, y ahora en línea), ya se trata este tema que desvela (por ?quitar el sueño') a más de un hispanoamericano. En la entrada desvelar(se)(http://bit.ly/1KEzKCO) se aclara prontamente la ambigüedad: "Infinitivo de dos verbos etimológicamente diversos: a) ?Quitar o impedir el sueño [a alguien]' y, como pronominal, perder alguien el sueño o no poder conciliarlo': «Me desvelaban por la noche los recuerdos»(Salom Vuelo[Esp. 1980]). Está relacionado con velar (?estar sin dormir el tiempo destinado al sueño', del lat.vigilare)"
Y continúa: "b) Quitar el velo que cubre [algo]': «Se desvela la estatua en bronce de Trujillo» (VLlosa Fiesta [Perú 2000]); y, en sentido figurado, ?descubrir o revelar [algo oculto o desconocido]': «Le desveló el secreto de sus proyectos cinematográficos» (Armas Madrid [Esp. 1994]). Existe también, tanto para el sentido recto como para el figurado, la variante develar, de uso mayoritario en el español americano: «Los presidentes procedieron a develar sendas placas de bronce para inaugurar una obra» (Vistazo [Ec.] 23.1.97); «El sastre [...] ha develado algunos detalles del traje de gala» (Vida [Par.] 15.5.04); en España, en cambio, se usa poco y solo en sentido figurado".
Conclusión: usar desvelar por develar no es un error, sino que se trata del uso del español de España.
Quizá los lectores de esta columna han visto en este diario la reciente entrevista, "Hay que pensar en los nativos digitales" (http://bit.ly/1NGL3KO), hecha al director de la RAE, don Darío Villanueva, en la que el académico se muestra muy optimista con el trabajo logrado: "Yo creo que la unidad del idioma, que es en este momento altísima, se ha conseguido, en parte, gracias a [la] labor de las Academias". Parece que hay un largo camino por recorrer todavía para todos nosotros.
Twitter: @gramelgar.

LENGUAJE DEPORTIVO

http://periodismodeportivodecalidad.blogspot.com.es/2015/07/nestor-hernandez-el-lenguaje-del.html

Néstor Hernández: "El lenguaje del periodismo deportivo es un arma fundamental para renovar la lengua, para quitarle el polvo"

Néstor Hernández Alonso es catedrático de Enseñanza Secundaria de Lengua y Literatura y doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de León, donde también ha trabajado como profesor asociado. Este filólogo leonés de Calzada del Coto ha compaginado su labor docente con la escritura y ha publicado diferentes obras de poesía y ensayo. Entre sus títulos sobresalen dos sobre lenguaje deportivo, su otra gran pasión: El lenguaje de las crónicas deportivas (2003) y Tendencias en el lenguaje deportivo actual (2012).

Hemos conversado con él con el propósito de analizar las peculiaridades del lenguaje periodístico del deporte, su evolución a lo largo de estos últimos años, así como su repercusión social, esto es, la incidencia de las palabras y expresiones deportivas que emplean los medios en la lengua común de los ciudadanos.

- Usted ha publicado dos obras relevantes sobre las características lenguaje deportivo en español. ¿Qué le llevó a estudiar esta parcela del idioma?
- Desde niño mi relación con los medios de comunicación, especialmente con la radio, y con el deporte fue muy intensa. Al ir a la universidad, quise estudiar Periodismo, pero me concedieron una beca en Oviedo y no en Madrid, por lo que tuve que conformarme con Románicas de Español. No obstante, esa afición persistió y se unió a mis conocimientos de lengua. ¿Qué mejor que estudiar la lengua en el deporte, que tanto te gusta? Me dije, y así lo hice.

- En su obra Tendencias en el lenguaje deportivo actual subraya la trascendencia de los medios y periodistas deportivos porque a través del uso que hacen del lenguaje "influyen decisivamente en nuestros comportamientos y en nuestra manera de comunicarnos". ¿Es realmente tanta la repercusión del periodismo en el día a día de los aficionados?
- La influencia de este lenguaje en la lengua común es mucha, aunque no siempre permanente, y más en la lengua hablada que en la escrita. Muchos giros y palabras aparecen y desaparecen fácilmente; otras, abandonan lo específico y se instalan de manera definitiva en la lengua común: “estar en fuera de juego, meterte un gol, tirar la toalla, estar grogui (muchas tomadas del boxeo), pelotazo, estar en todas las quinielas, pedir la hora, sesión maratoniana, KO, pasado de peso, levantar el pie…”

- Sin embargo, da la sensación de que desde los medios y espacios deportivos no se tiene esa percepción y en ocasiones ese lenguaje no se cuida lo suficiente. 
- El periodista deportivo siempre ha sido bastante especial, pues creía que vivía en un campo sin reglas: el tema, intrascendente, lo permitía. Hasta la llegada de los libros de estilo, el lenguaje del deporte, más el escrito que el hablado, se ejercía por aficionados sobre todo y se desarrollaba con plena libertad individual. Los libros de estilo y la profesionalización acabaron con la situación anterior, aunque no del todo. Todavía hoy se mueve con cierta permisividad, más en la radio y la televisión que en la prensa escrita, lo que no es malo, porque las reglas quitan espontaneidad y creatividad y este lenguaje las necesita. Estudiamos el lenguaje como es, no como debiera ser. El periodismo hispanoamericano se mantiene todavía en la primera etapa.

- En un seminario internacional organizado en 2012 por la Fundéu y la Fundación San Millán de la Cogolla periodistas y filólogos concluimos que el lenguaje del deporte aporta al idioma más de lo que destruye. ¿Qué virtudes destacaría de este tipo de lenguaje periodístico?
- Este lenguaje no destruye nada. Es un arma fundamental para renovar la lengua, para quitarle el polvo. Gracias a él, las lenguas se internacionalizan (ayudan a conocer otras lenguas), consiguen gran emotividad, son muy creativas (nuevas composiciones, derivaciones, acortamientos, locuciones), poseen una enorme capacidad para visualizar imágenes y situaciones, aportan nuevos significados a muchos términos (léxico ampliado), trasladan originalidad en el empleo de la metáfora, las comparaciones, los sinónimos, las sinécdoques, etc. Los titulares son una buena muestra de lo que es este lenguaje y de su capacidad para sorprendernos.

- Muy a menudo también se señala al periodismo deportivo como causante de vicios y errores lingüísticos habituales, como el abuso de clichés, las impropiedades léxicas o la tendencia a coloquializar en exceso el registro escrito. ¿En qué medida considera justificadas estas críticas y hasta qué punto se tiende a focalizar esta cuestión cuando se habla de Deportes y no de otras áreas informativas? ¿No es cierto modo un cliché pensar en que el lenguaje de los periodistas deportivos en general es así? Parece un blanco fácil.
- Es una acusación que proviene del régimen anterior, purista y españolista. Se le puede echar en cara cierto descuido, tendencia al retoricismo injustificado, mal estilo…, pero son rasgos menores en una época distinta, más atenta a otros valores. Sin duda, se ha tomado el camino fácil, el de siempre, pero los errores también aparecen en otros lenguajes, incluidos los científicos o jurídicos. Puede considerarse un cliché poco fundamentado, teórico más que práctico. En la actualidad, los periodistas deportivos escriben o hablan así porque quieren, porque su lenguaje se lo permite y lo necesita para mantener su individualidad. No obstante, en los textos escritos los errores, de todo tipo, han disminuido significativamente. La valoración de los periodistas deportivos ha subido en general, incluso en provincias.


"Asociar el periodismo deportivo con un mal uso del lenguaje es una acusación que proviene del régimen anterior, purista y españolista. Se le puede echar en cara cierto descuido, tendencia al retoricismo injustificado, mal estilo…, pero los errores también aparecen en otros lenguajes, incluidos los científicos o jurídicos"


- Sea como fuere, y hablando de periodismo en general, ¿no sería conveniente potenciar la formación lingüística de los profesionales de la información desde las facultades? Al fin y al cabo es nuestra herramienta de trabajo y, pese a ello, su presencia en planes de estudio en los grados de Periodismo es, a día de hoy, residual.
- Nunca viene mal una formación mayor, adecuada para ejercer la profesión con dignidad y unos planes de estudios adaptados a los cambios casi diarios. Sin embargo, insisto en que este lenguaje es así no por ignorancia o dejadez de su ejecutores, sino por la necesidad de mantener su frescura y espontaneidad, la expresividad, la capacidad de sorprendernos, esa cercanía al aficionado heterogéneo, de niveles culturales no altos, amigo de expresiones fáciles y asequibles.

- Usted escribió en 2003 El lenguaje de las crónicas deportivas. ¿Cómo ha evolucionado este desde entonces? ¿Está más condicionado que antes por la priorización de los elementos visuales en las informaciones?
- Indudablemente ha evolucionado enormemente en muy pocos años. Ha salido de la habitación de los aficionados y se ha colocado en la plaza para que lo conozcan todos y lo usen. Ha ganado hablantes y para ello se ha despojado de lo más específico, de aquello que solo conocían los más cercanos. La mejor prueba nos la prestan las chicas, hoy conocedoras de este lenguaje y de sus giros de igual manera que los chicos. En esa evolución, el léxico argótico ha perdido gran protagonismo. Los elementos visuales, fundamentalmente la fotografía, la imagen en general, han reducido los textos, la necesidad de explicar lo que se ve. Hoy se dan noticias sobre todo y las crónicas, reportajes y entrevistas se han aminorado, escasean notablemente.

- Es cierto que el lenguaje periodístico del deporte ha ido abandonando paulatinamente su carácter más técnico para adentrarse en la lengua común, pero esto parece haber ocurrido solo en los deportes que salen en los medios. En el resto de las modalidades, como muchas de las que conforman el programa de los Juegos Olímpicos, el lenguaje es más críptico para una buena parte de los aficionados y exige una labor divulgativa por parte de los medios. ¿Esto se está haciendo? 
- En efecto, la parte técnica y  de argot han sufrido especialmente estos cambios, más en los deportes conocidos, televisados y radiados. La lengua común los ha sustituido, atraída por los cambios en los públicos y por la escasez de tiempo también. Se nota mucho en la prensa escrita, no tanto en la hablada, aún cercana al lenguaje de unos años atrás, porque, junto al periodista, acostumbran a participar deportistas retirados, que siguen participando de su lenguaje. Es verdad que aún existen deportes poco conocidos, que no se han subido al carro de la generalización (especialmente los de contacto, de origen japonés). Fijémonos en el tenis: antes minoritario y hoy conocido por todos, en el conviven muchos términos técnicos junto a otros de la lengua común. En esos deportes minoritarios, la labor del buen periodista especialista resulta fundamental para su comprensión y posterior divulgación, aunque no es fácil hacerla porque son deportes sin interés comercial, en la mayoría de los casos recogidos por agencias exclusivamente.

- Ya que hablamos de diversidad, ¿no le parece que el discurso periodístico del deporte se enriquecería si fuera más igualitario incorporando protagonistas y éxitos del deporte practicado por mujeres?
- El deporte femenino, en España, tanto individual como colectivamente ha dado un salto cualitativo importante, a pesar de que todavía subsiste con poco dinero y con menos equipos, unido a la escasez de público. Los medios, preocupados por las audiencias, no le prestan el espacio que merecen y lo reducen a las columnas de los lados y a simples noticias. Sin duda, aportarían elementos nuevos al lenguaje deportivo y al corporal. Las mujeres participan en el deporte de manera más pausada, (no verás una “tangana” entre ellas), sus expresiones de alegría o tristeza son distintas, cuidan con esmero su imagen, y no solo en la gimnasia (los labios, las uñas, su vestimenta), tal vez purificarían el lenguaje y le quitarían alguna agresividad innecesaria.

http://periodismodeportivodecalidad.blogspot.com.es/2015/07/nestor-hernandez-el-lenguaje-del.html

LA PUNTA DE LA LENGUA




Las citas siempre son previas

De nada sirve citarse para ayer, o para el mes pasado. La naturaleza de la palabra lleva a proyectar esa idea hacia un momento que está por venir

 - el país - españa



Conviene concertar una “cita previa” para someterse a las pruebas psicotécnicas que dan paso a la renovación del permiso de conducir, y una “cita previa” para las gestiones en Hacienda, y una “cita previa” para renovar el documento de identidad, y una “cita previa”para el médico. A la Administración y a sus parientes burocráticos les gusta hablarnos de la “cita previa”, se ignora con qué objetivo.

La palabra “cita” viene a significar que dos o más personas conciertan una hora, un día y un lugar para encontrarse. Y como no podía ocurrir de otra forma, tal señalamiento ha de ser acordado previamente. De nada sirve citarse para ayer, o para el mes pasado. Resultaría de todo punto de vista ineficaz citarse para hace dos años y medio, salvo que se tratase de los agentes de la teleserie El Ministerio del Tiempo. Esos personajes, ellos sí, podían acordar reunirse en un siglo anterior para actuar allí conjuntamente frente a cualquier burdo intento de cambiar la historia. Pero aun así deberían citarse antes, aunque fuese desde un siglo venidero, por mucho que recorran el tiempo hacia atrás y viajen al revés.

Para las personas reales, la naturaleza de la palabra “cita” lleva a proyectar esa idea hacia un momento que está por venir; es decir, un momento que convierte inexorablemente a la cita en previa a él, un momento que no tiene más remedio que ser posterior a ella si de verdad queremos que se trate de una cita.

En la vida real, nadie dice que ha concertado con unas amigas “una cita previa” para cenar, ni que está buscando “una cita previa” con los albañiles. Ni nunca dos adolescentes enamorados contaron que acababan de vivir su primera “cita previa”: “Ayer Efigenio y yo tuvimos nuestra primera cita previa. Y nos fuimos al cine”.

Cuántas veces habrá aparecido en la literatura la expresión “casa de citas” sin que a nadie se le ocurriera decir “casa de citas previas”, igual que a los distribuidores españoles de la famosa película Cita a ciegas no les dio por traducir el original como Cita previa a ciegas.Ni Miguel Ríos pensó jamás en cantar “yo sí quiero conoceeerte, y tú no a miii... Por favooor…, dame una cita previa, vamos al parque, entra en mi vida, sin anunciarte”…

La publicidad oficial hará bien en sugerirnos, pues, que concertemos una cita, establezcamos una cita, pidamos una cita, tramitemos una cita. Y que acudamos así a resolver nuestros asuntos mediante cita, con una cita, después de una cita. “Cita previa” es un pleonasmo como “libro con páginas” o “cadáver muerto”: y el pleonasmo suele sugerir que quien cae en él ha perdido el verdadero valor de una palabra.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

covivienda


alternativa a


cohousing

Recomendación urgente del día
El término inglés cohousing puede ser traducido en español por covivienda yvivienda colaborativa.
Esta voz inglesa, cada vez más frecuente, se emplea para denominar un nuevo tipo de viviendas colaborativas caracterizadas por ser viviendas particulares con generosos servicios comunes y cuyos habitantes forman una comunidad cohesionada por su forma de entender la vida.
Así, pueden encontrarse frases como «El cohousing, una opción que gana adeptos», «El co-housing, otro modelo de vida para la vejez activa» o «’Cohousing': un nuevo modelo de vivienda asequible y sostenible».
El sustantivo español covivienda y la expresión vivienda colaborativa se están empleando ya como alternativas en algunos medios y su uso puede considerarse adecuado y preferible al anglicismo: «La covivienda, una opción que gana adeptos», «La vivienda colaborativa: otro modelo de vida para la vejez activa» y «Viviendas colaborativas: un nuevo modelo de vivienda asequible y sostenible».
Cuando se necesite precisar a qué tipo particular de estas viviendas se está aludiendo, se pueden emplear las variantes covivienda de jubilados ocovivienda verde: «La primera covivienda de jubilados negocia comprar el apartotel de la Expo» o «Las coviviendas verdes, una forma innovadora y distinta de afrontar la compra de una vivienda».
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