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segunda-feira, 29 de junho de 2015

AMANDO DE MIGUEL


Armas retóricas

 en Libertad Digital - España



El secreto de la oratoria consiste en transmitir el menor número de ideas con el mayor número de palabras. Lo saben muy bien los negros que redactan los discursos de los políticos. La idea es que las frases sean lo suficientemente difusas para que nadie pueda criticarlas con fundamento. El mismo fin se consigue acudiendo a palabras con un sentido distinto del habitual.
Uno de los recursos retóricos que mejor funcionan consiste en afirmar con rotundidad (ahora se dice "contundencia") que "hay que estar a la altura de las circunstancias". Nunca se precisa qué circunstancias puedan ser esas. Además, ¿por qué "a la altura"? Si las circunstancias son dañinas o adversas, ¿por qué situarse a su altura? También podría ser a su anchura o a su volumen. Claro que más incomodidad produce oír esta expresión: "Estar a la altura". ¿A la altura de qué? ¿Quién la mide y cómo? La cláusula tiene tanto éxito que ahora se prodiga mucho, y los oyentes quedan embelesados. Si un candidato, con toda su candidez, asegura que intenta "quedar a la altura", automáticamente aparece rodeado de un aura de respetabilidad. Quizá entienda la gente que el orador no va a robar. Estaría feo decirlo de esa forma más directa.
Otro dispositivo de nuestros afamados oradores. Las alusiones cromáticas, indeterminadas como son, resultan muy apañadas en los discursos. La favorita ahora es "líneas rojas", así, en plural mejor que en singular para mayor despiste. Vagamente son señales de "hasta aquí hemos llegado" o "de ahí no se puede pasar". No se entiende por qué unas personas o instituciones pueden poner líneas rojas o condiciones. Más entendible es la "luz verde" para indicar que algo se permite o se alienta. Pero seguimos en la inconcreción. Que es de lo que se trata. Todavía más misteriosa es la expresión "negro sobre blanco". Es un retorcimiento para indicar que algo va por escrito. Ya se sabe que "los escritos permanecen", como decían los clásicos. Ahora perduran, aunque sean mensajes escritos en los ordenadores o en otros adminículos telemáticos. Nos parece que los hemos borrado, pero se alojan en una misteriosa nube, que nadie sabe dónde está o en qué consiste. ¡Cuánto se arrepentirán ciertos personajes de haber enviado algunos correos o tuits! Quienes no hemos hecho otra cosa que escribir estamos perdidos. Me quita el sueño la cantidad de artículos míos que deben de estar en la misteriosa nube.
El adjetivo insostenible queda muy claro; no tanto el otro polo: sostenible. Basta con aplicarlo a cualquier sustantivo para que quede bendecido con lo óptimo, para que sea indiscutible. Cuando oigamos que una empresa industrial, una explotación agraria, incluso una ciudad, aparecen como "sostenibles", eso significa que van a costar un elevado precio al consumidor o al contribuyente. Casi es lo contrario de lo que intentan transmitir. Por ejemplo, las famosas "desaladoras", modelos de "sostenibilidad", son una ruina fuera de las islas o los portaaviones. Y encima contaminan. ¿Algún periodista podría seguir la pista de lasdesaladoras que se iban a levantar en la costa mediterránea en tiempos de Zapatero?


Una distorsión parecida se logra con el adjetivo inteligente, cuando no se refiere al cerebro humano. Un artefacto "inteligente" indica que va a ser caro. Se trata de una analogía exagerada, pero la gente la "compra", como ahora se dice. Los automatismos son muy antiguos, pero nuestros mayores no osaron llamarlos "inteligentes"; pasaban simplemente por ingeniosos. El ingenio era el de los inventores.

PALABRAS DE ORIGEN CHINO

«Tofu», «fengshui», «taichí»… el chino llega a nuestras vidas

¿Se escribe Pekín o Beijing? ¿Tofu o doufu? ¿Taichí o taiji? El río más largo de Asia es ¿Yangtsé, Yangzi o Chang Jiang? Cada día se incorporan al idioma nuevas palabras procedentes del chino. Y, con ellas, las dudas acerca de cómo escribirlas correctamente.

Un grupo de sinólogas de diversas universidades españolas ha redactado una Guía de estilo para el uso de palabras de origen chino que pretende ayudar esas vacilaciones.
La obra, coordinada por las profesoras de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) Sara Rovira-Esteva y Helena Casas-Tost cuenta con la asesoría de la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA), el Departamento de Traducción e Interpretación y de Estudios de Asia Oriental de la UAB y el Departamento de Traducción y Ciencias del Lenguaje de la Universitat Pomeu Fabra.
Guía-estilo-chino (1)La idea surgió, explica a Efe Rovira-Esteva, de la constatación de que «el aumento de la presencia china en España, así como un mayor interés y conocimiento de nuestra sociedad sobre todo lo relacionado con China en los últimos años no se han traducido en una mayor estandarización en lo que se refiere al uso de las palabras o referentes chinos en los textos en español».
Cada día observaban en muy distintos ámbitos cómo la incorporación de palabras y referentes chinos (objetos, lugares, costumbres, nombres propios…) da lugar a muchas imprecisiones y errores «fácilmente evitables».
Y constataron también que no existía hasta ahora una obra de referencia sobre ese asunto con un enfoque global.
La guía pretende resolver las dudas que asaltan cada día a traductores, periodistas y otros profesionales que usan términos procedentes del chino como consecuencia de que «la cultura y la lengua chinas ya se han adentrado en todos los ámbitos de nuestra sociedad».
Se usa en los servicios públicos (como la sanidad, educación, juzgados y policía), la cultura, la política, la economía y, finalmente, donde confluyen todos ellos: los medios de comunicación, señala Rovira-Esteva.
Editada por Adelí Ediciones, la obra consta de doce capítulos divididos por temas sobre cómo escribir las palabras de origen chino en español.
Incluye también un glosario de casi 400 sinismos de uso frecuente, recomendaciones de uso de nombres de lugares y de personas, explicaciones sobre los términos relacionados con fiestas y tradiciones chinas, su moneda, medidas, etc. y una guía de pronunciación de los sonidos de ese idioma.
Los nombres de personas, a los que se dedica todo un capítulo de la guía, son una de las principales fuentes de dudas.
Casas-Tost explica que «el error más común es no distinguir entre nombre de pila y apellido, porque el chino y el español siguen un orden diferente en este sentido».
En chino, señala la profesora, se pone primero el apellido. «El actual presidente de China, por ejemplo, se llamaXi Jinping, donde Xi es su apellido y Jinping, su nombre de pila».
«El hecho de confundir estos dos elementos suele producir resultados un tanto ridículos o poco corteses, ya que es habitual leer noticias en las que se refieren al presidente como Jinping, que sería como llamar aquí al presidente del gobierno Mariano a secas», concluye.
A la hora de llevar las palabras del chino al español, las autoras han manejado tres opciones que consideran igualmente válidas en función del contexto y el lector.
En algunos casos, sobre todo en conceptos sin equivalentes o difícilmente traducibles, se ha optado por incorporar los términos directamente en pinyin (el sistema de transcripción oficial promovida por el gobierno chino), como yin-yang o fengshui.
En otros, cuando las autoras creen que de otro modo el lector no va a entender el concepto, se ha preferido la traducción, como en olla mongola (huoguo) o empanadillas (guotie).
Por último se ha dado prioridad a la adaptación a la fonética del español cuando se trata de palabras de uso muy extendido y resultan más aceptables de ese modo, como tofu (doufu, en pinyin) o taichí (taiji, en pinyin).
La guía ofrece además curiosidades sobre palabras y expresiones que usamos con frecuencia sin sospechar siquiera su origen chino.
Es el caso del chinchín con el que solemos brindar o el de ketchup, que nos ha llegado, a través del inglés, desde el dialecto chino de Amoy, que se habla en los puertos del sureste asiático por donde pasaban las antiguas rutas del comercio marítimo. El mismo que nos ha legado la palabra té.

LA ESQUINA DEL IDIOMA


Piedad Villavicencio Bellolio

 
¿Es «cien por cien» o «cien por ciento»?

Las dos fórmulas son factibles, pero su elección está supeditada a los siguientes factores:
Cuando se expresa solo una parte de las cien unidades, se recomienda el uso de la locución «por ciento» o el respectivo símbolo (%), como en estos ejemplos: «El 50 por ciento de los estudiantes universitarios del Ecuador...»; «El 90 % de los habitantes...». En estos casos no es apropiado el empleo de la grafía «cien», tampoco se debe usar esta forma en la pronunciación del símbolo. Por lo tanto, no se considera correcto decir o escribir, p. ej., «el 30 por cien».
Cuando el contexto no se refiere a una proporción, sino que indica totalidad se pueden emplear de manera indistinta las formas «ciento por ciento», «cien por ciento» y «cien por cien», p. ej.: «Adquirió el ciento por ciento de las acciones...»; «Aumentó al «cien por ciento» la entrega de becas estudiantiles...»; «Se cubrió el cien por cien de las plazas administrativas».
Las locuciones «ciento por ciento», «cien por ciento» y «cien por cien» se escriben separadas.
No hay que confundirse con el sustantivo «porciento», que se presenta en una sola palabra y es sinónimo de ‘porcentaje’. Suele emplearse en Puerto Rico y otras zonas caribeñas, así: «El asistente tiene un porciento fijo por su participación».
La Ortografía de la lengua española recomienda que el símbolo se escriba separado de la cifra (20 %). También indica que no se separen en líneas diferentes los elementos que constituyen la expresión de los porcentajes, se escriban con cifras o con palabras. Por lo tanto, aunque las particiones al final del renglón se ejecuten por medio de los programas informáticos, hay que procurar que estas fórmulas no queden así: 3 / %, tres / por ciento, tres por / ciento.
La locución «por ciento» puede emplearse con cifras o con palabras (diez por ciento, 10 %), pero el símbolo solo debe usarse con cifras (12 %); en consecuencia, la grafía «doce %» es incorrecta. (F)
FUENTES:
Diccionario panhispánico de dudas (2005), Ortografía de la lengua española(2010) y Diccionario de la lengua española (2014), de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

pantallazo 


no necesita cursiva 


ni comillas

Recomendación urgente del día
La palabra pantallazo, con la que se alude a la captura del contenido que se visualiza en la pantalla de un ordenador, un teléfono móvil, una tableta, etc., no necesita destacarse con cursiva ni comillas, ya que es un término asentado en español.
En los medios de comunicación es frecuente encontrar frases como «La jueza cree que el “pantallazo” aportado como indicio por la acusación puede ser un montaje» o «El partido publicó un pantallazo de la web de la cadena a la que acusa de manipulación».
La vigesimotercera edición del Diccionario académico incluye ya ese significado de la voz pantallazo junto al más antiguo de ‘destello intermitente de la luz de un faro’. También es posible emplear la expresióncaptura de pantalla, asimismo muy extendida como alternativa al anglicismo screenshot, según la quinta acepción de capturar (‘tomar datos’).
Por tanto, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «La jueza cree que el pantallazo aportado como indicio por la acusación puede ser un montaje» y «El partido publicó una captura de pantalla de la web de la cadena a la que acusa de manipulación».
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