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quarta-feira, 20 de maio de 2015

EL LENGUAJE EN EL TIEMPO



Lutier 

Consejos de ortografía de Fernando Ávila, delegado para Colombia de la Fundéu BBVA.


Citas: “María de Nazareth, la virgen de los tres partos y los mil rostros”, “Se mostró como una mujer fuerte, inteligente y amorosa, superando a las figuras de Judith, Raquel y Sara”, “El programa Luthiers Colombianos busca promover el oficio ancestral de la construcción de instrumentos musicales: la luthería” (Sudamérica Hoy).
Comentario: Nuestro idioma no tiene palabras escritas con th. Ello, a pesar de que en la lengua madre, el latín, sí las hay; por ejemplo, ortografía viene de la voz latina orthographia. Nazareth, Martha, Thomas, Luther, Theodore, formas extranjeras con th, se escriben en español Nazaret, Marta, Tomás, Lutero, Teodoro, con t sin h.

Nazaret se puede encontrar en el Diccionario de la lengua española, DILE, 2014, en la voz nazareno, y Marta, en la voz marta (‘mujer piadosa’). La Ortografía de la lengua española, 2010, pp. 633 y 634, da como ejemplos de esta característica morfológica, Tomás Moro (traducción de Thomas More), Martín Lutero (de Martin Luther) y Teodoro Roosevelt (de Theodore Roosevelt).
Los nombres de origen hebreo Rut, Ester y Judit se pueden encontrar escritos así en cualquier traducción española de la Biblia. En inglés las formas correspondientes son Ruth, Esther y Judith.
También en francés hay palabras con th, como luthier. Este vocablo, que identifica a quien ‘construye o repara un instrumento musical de cuerdas’, pasa al español con la escritura lutier, con t sin h, lo mismo que lutería, ‘oficio de lutier’, tal como puede verse en la edición del 2014 del DILE, p. 1.367.
Esmog
Pistas del Megacerebro: “Aire urbano”, para la palabra smog, y “Zigzag de carreras”, para la palabra slalom.
Comentario: Faltó aclarar que la primera respuesta debía escribirse en inglés, y la segunda, en noruego. Las dos tienen forma en español, con e de apoyo: esmog y eslalon, DILE, p. 941 y 942.
Suástica
Cita: “Me encontré en un recoveco bogotano con unos muchachos rapados con esvásticas tatuadas en la coronilla, y me dio lástima y risa”.
Comentario: El DILE, 2014, registra la forma esvástica, para referirse a la ‘cruz gamada’ característica de los nazis. Sin embargo, la forma más usual entre hispanohablantes de Latinoamérica es suástica, que también registra como forma válida el Diccionario panhispánico de dudas, 2005.
¡Qué cantidad!
Cita: “A los zorreros les dieron 21.300.000 millones de pesos, representados en una solución de vivienda, un plan de negocio o un carro”.
Comentario: Apenas fueron 21,3 millones.
Quién
Cita: “En Chile, quien lo creyera, se descubren escándalos similares”.
Comentario: El inciso, “quién lo creyera”, debe ir con la tilde diacrítica que le corresponde al pronombre quién tónico. Iría sin ella, si dijera, por ejemplo, “Quien lo creyera sería muy ingenuo”.
FERNANDO ÁVILA
Experto en redacción y creación literaria

LUIS MAGRINYÁ

«Los diccionarios no son infalibles»

El lingüista Luis Magrinyà .
El lingüista Luis Magrinyà . / R.C.









  • El lingüista Luis Magrinyà aborda con ironía los malos usos del lenguaje en 'Estilo rico, estilo pobre'

  • «No pasa nada por cometer errores, sobre todo si uno no sabe que los comete, pero también está bien que un día salten a la vista», afirma

http://www.elcorreo.com/

«Dos trenes han impactado». «No hay problema». «La selección española se mantiene fiel a su estilo». «Inglaterra ha estado durante unas semanas en una espantosa situación». «Se quedaron de pie en la puerta». En apariencia, todas estas construcciones son, lingüísticamente, intachables. Pero a los ojos de un experto como Luis Magrinyà, las cinco sentencias contienen, si no errores graves, sí incorrecciones que hacen que chirríen.
El mallorquín Luis Magrinyà, traductor, escritor y lingüista, pretende en su nuevo libro, 'Estilo rico, estilo pobre', poner un poco de luz en las zonas oscuras del lenguaje. Los anglicismos, las ultracorrecciones o la vagancia del hablante son los nuevos enemigos del castellano a los que Magrinyà, con un sorprendente estilo sobrio, irónico y cómico a la vez, hace frente. Un libro que, reconoce con humildad el escritor, «es el trabajo de un observador y por supuesto de un observador que se ha visto caer en un sinfín de trampas, trucos y florituras y con el tiempo se ha ido dando cuenta de que lo eran».
«Las adaptaciones léxicas, sintácticas, morfológicas, etc. del inglés son un síntoma de su hegemonía cultural, que evidentemente no se limita a la lengua (ni a la lengua española en particular). Cuando decimos que algo 'ha venido para quedarse' o que ha ocurrido 'en el momento adecuado en el lugar adecuado' creo que hacemos algo más que adoptar una fórmula expresiva inglesa: adoptamos una manera de pensar», explica el autor, que se muestra en todo momento partidario de «una búsqueda loable de la precisión», pero sin caer en la «obsesión». «No pasa nada por cometer errores, sobre todo si uno no sabe que los comete, pero está bien también que un día te salten a la vista y entonces pensar un poquito, empezar a detectarlos, tomar medidas, etc.».
Uno de los problemas está en que, en demasiadas ocasiones, la raya que separa el buen uso del lenguaje del error es demasiado fina. «Creer que 'estaba esperando junto a la puerta' es más 'preciso' que 'estaba esperando en la puerta' porque 'junto a' señala una posición en el espacio mejor que 'en' parte, la mayoría de las veces, en mi opinión, de un razonamiento equivocado. Más me creo que quien escribe 'junto a' en vez de 'en' en un caso así lo hace solo porque le suena más 'fino' y 'literario', y ahí es donde está el disparate», destaca el autor.
Criterio de autoridad
Para demostrar a los lectores que hasta el mejor escribano echa un borrón Magrinyà utiliza ejemplos sacados de los medios de comunicación y de obras de insignes escritores y hasta de académicos. Mario Vargas Llosa, Carlos Ruiz Zafón o Arturo Pérez-Reverte han cometido en alguna ocasión pecadillos lingüísticos. «Cada uno tendrá su propia idea de lo que es insigne o no, supongo; pero personalmente diría que el criterio de autoridad no sirve para nada y desde luego no nos exime de nuestros defectos o excesos», sostiene el autor, antes de reconocer que «una persona» («seguramente por falta de sentido del humor») se ha enfadado al ver reflejado en el libro uno de sus errores.
'Estilo rico, estilo pobre' destila cierta acidez hacia la Real Academia de la Lengua. Por ejemplo, el Diccionario de la Academia no sale demasiado bien parado del análisis de Luis Magrinyà. «Los diccionarios no son infalibles, y desde luego no son custodios de verdades reveladas. El DRAE carga no del todo inocentemente con ese peso y a veces lo consultamos con cierto fundamentalismo que la Academia no parece hacer mucho por frenar o desactivar. Un diccionario debería ser ante todo una obra científica, pero me temo que uno que define 'tren' como 'medio de transporte', 'autobús' como 'vehículo automóvil' y 'barco' como 'construcción cóncava de madera, hierro u otra materia' no da a entender que un equipo de profesionales se haya sentado a unificar criterios y a pensar un poco cómo definir», subraya el lingüista.
«La lengua es lo mejor que tenemos para comunicarnos y entendernos y, aunque es fácilmente manipulable -está en su mismo carácter serlo? y puede obedecer a los más tristes propósitos, estoy convencido de que es útil, fuente de conocimiento y alegría, y de que sirve -lo digo en serio? hasta para expresar lo inexpresable».

AMANDO DE MIGUEL

A corto plazo todo 


parece insustancial


 en Libertad Digital - España



Una de las expresiones de moda es cortoplacismo. Los políticos y comentaristas rechazan de plano esa inclinación, que asignan despectivamente a los demás. Pero luego, todos ellos parecen más bien preocupados por los sucesos de hoy (dicen "a día de hoy", no sé por qué). La obsesión del tiempo inmediato hace inútil cualquier intento de entender lo que pasa, que es siempre un proceso. Un hermoso paisaje debe contener la línea del horizonte. Si bien se mira, la actualidad no es más que un corte efímero entre la realidad de lo que ha pasado y la expectativa de lo que va a ocurrir.
Comprendo que el ritmo diario –o incluso horario─ sea el natural en el periodismo. Pero esa misma inmediatez hace que se oscurezca la visión del conjunto, de la evolución. Me parece un error que los comentarios políticos se centren tanto en las inanes declaraciones de algunas personas públicas, las que acaban de lanzar a las ondas. Alguna vez habrá que pasar a hablar de ideas, de necesarias abstracciones, con un carácter menos pegado al presente.
Entiendo que los periodistas y comentaristas políticos critiquen el cortoplacismo de ciertas personalidades, las que no saben qué hacer fuera de un cargo público. Da igual que sean del Gobierno o de la oposición. En ambos casos cobran del erario. Pero ¿quién criticará a los críticos? Sería muy divertida una tertulia de políticos criticando a los periodistas; o a los sociólogos, para que nadie se dé por aludido.
A los comentaristas les ha salido una competencia desleal. Casi todo el mundo puede ahora emitir críticas, opiniones o juicios, especialmente cuando se hacen de forma anónima. Da la impresión de que hay más escritores que lectores. Lo que parece un avance democrático no es más que una vulgar realización de la teoría orteguiana de "la rebelión de las masas". Los trending topics son la manifestación más nítida de la frivolidad intelectual, si es que cabe un epíteto tan encomiástico. Son realmente el reverso de la opinión pública, su caricatura. Varían no ya de día en día sino de hora en hora. Eso sí que es cortoplacismo.
Para evitar el sambenito de "cortoplacista", los hombres públicos repiten mucho lo de "a futuro". No es fácil adivinar qué alcance pueda tener esa visión anticipatoria. Ahora se han puesto de moda las estadísticas macroeconómicas de carácter trimestral o mensual, incluso con el alarde de "desestacionalizarlas", que vaya usted a saber. Mejor sería las medias quinquenales, tanto para el inmediato pasado como para las proyecciones. De poco vale el dato de que "este trimestre el PIB va a crecer un 2,9%" si sabemos que lleva varios años estancado. Es fácil crecer después de un estancamiento. Lo difícil es el crecimiento sostenido, aunque sea lento.
Se entiende el interés cortoplacista de un cargo público cuando su obsesión es la de continuar en el puesto. Pero los contribuyentes tenemos otra percepción del tiempo. El pago de los impuestos nos obliga a una escala anual. Aun así, la verdadera dimensión temporal es la que marca la unidad generacional, la distancia en años entre los padres y los hijos.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Antigua República 


Yugoslava de 


Macedonia, nombre 


del país

Recomendación urgente del día
El nombre completo del país que antiguamente formó parte de Yugoslavia esAntigua República Yugoslava de Macedonia, mejor que Ex República Yugoslava de Macedonia.
En las noticias acerca de la situación política de Macedonia se usa en ocasiones la última de estas formas: «El secretario general de la ONU está alarmado por los recientes actos de violencia en la ex República Yugoslava de Macedonia» o «Más de diez mil personas se reunieron este domingo en la capital de la ex república yugoslava de Macedonia para exigir la renuncia del primer ministro».
Según la Ortografía académica, este país se puede llamar Antigua República Yugoslava de Macedonia o, más simplemente, Macedonia, forma esta última que puede resultar preferible en contextos no oficiales. La forma conex (Ex República Yugoslava de Macedonia) es menos recomendable porque no se corresponde con el uso internacional y porque el Diccionario panhispánico de dudas desaconseja la aplicación del prefijo ex a cosas.
Por ello, en los ejemplos anteriores se podría haber escrito lo siguiente: «El secretario general de la ONU está alarmado por los recientes actos de violencia en la Antigua República Yugoslava de Macedonia» y «Más de diez mil personas se reunieron este domingo en la capital de Macedonia para exigir la renuncia del primer ministro».
La capital, también según la Ortografía académica, se escribe Skopie mejor que Skopje, para reflejar más fielmente la pronunciación original.
Ver antigua Yugoslavia, mejor que ex-Yugoslavia.
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