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terça-feira, 14 de abril de 2015

LA LENGUA VIVA





El arte de enfurruñarse

El hombre es el único animal que sonríe y se ríe abiertamente como un gesto habitual en la vida de relación. (La risa de las hienas es otra cosa, así como las muecas de los monos). La sonrisa es el saludo del lenguaje corporal cuando se encuentra uno con alguna persona cercana o que pretende serlo. Es una forma cortés de decirle "soy tu amigo" (o tu pariente, vecino, colega, conmilitón o profesional que va a atenderte). A veces cuesta que en las fotografías de grupo la gente se sonría. Hay que decir alguna tontería (como "patata") para abandonar el rostro de circunstancias. En inglés lo tienen más claro con decir "cheese" (queso), que exige adoptar la forma de una sonrisa.
Asombra la actitud de enfurruñarse o enfurruscarse que adoptan como pose algunas personas públicas. No es que lleguen a enfadarse del todo, pero parecen amenazar con llegar a ese estado. Al menos contienen la sonrisa que se espera de ellos. No tiene mucha explicación ese adusto gesto, pero es evidente que se cultiva de manera expresa. Véanse, por ejemplo, los rostros de los modelos de alta (o baja) costura o de perfumería en los anuncios publicitarios. No es que se pongan serios delante del fotógrafo o la cámara; es que hacen ver que están enfurruñados, como si protestaran de su privilegiada situación laboral. Quizá sea una instrucción del realizador del anuncio. El desfile de modelos en la pasarela para presentar atuendos más o menos extravagantes es una sucesión de rostros serios y hasta mal encarados. ¿Venderán más así?
Puede que estemos ante un convenido gesto aristocrático, el aire de disgusto que provoca la cercanía ocasional con las clases bajas o los animales de labor. Visto así, puede dar resultado. No hay más que ver cómo la famosa escritora Belén Esteban (se habla de ella para el Premio Nobel de Literatura) domina el arte de enfurruñarse, de arrugar los morritos. Sabe, incluso, excitar el lacrimal cuando conviene al primer plano. Buenos dividendos le proporcionan tales artes. Se trata de un resto infantil. Los niños aprenden en seguida a enfurruñarse por cualquier cosa. Adivinan perfectamente que de ese modo consiguen inmediatamente sus caprichos.
Ahora que nos encontramos sumidos en campañas electorales sin cuento, habrá que aconsejar a los candidatos (nada cándidos) que sonrían un poco más, por favor. Aprendan de las desventuras de Rosa Díaz, tan voluntariosa, pero con su cara permanentemente enfurruñada y el entrecejo fruncido. Se diría que se halla dispuesta a presentar una moción de censura al Papa, si hiciera falta.
No los sigo muy de cerca, pero me parece que algunos entrenadores o seleccionadores de fútbol adoptan un rostro enfurruñado, creyendo que así son más trascendentes las trivialidades que pronuncian. Me parece un gran error, aunque sus razones tendrán. Claro, se someten a un juego en el que la mitad de las infinitas veces se pierde. Con una cara enfurruñada ante las cámaras de la tele se disimula muy bien que tienen poco que decir.
Cuánto se agradece que algunos presentadores de la tele sepan sonreír de vez en cuando. Lo hacen muy bien los tertulianos de la sección de deportes, aunque para mi gusto gritan demasiado. Del grito hablaremos otro día.

PATADAS AL DICCIONARIO

Letras, palabras, lengua e idioma.
RT

La ventana discreta

Patadas al diccionario

Periodista Digital, 13 de abril de 2015 a las 10:20
Cada vez se escribe y se habla peor. La puta red y el maldito ordenador están echando el resto para dejar la lengua española como unos zorros. Julián Marías definía la lengua como la primera interpretación de la realidad. Y el insigne Octavio Paz la contemplaba como origen, manantial y condición misma de existencia. Signo mayor de nuestra condición humana. Y así podíamos llegar hasta aquel orfebre del idioma español que fue el inolvidable Lázaro Carreter, que algunos -los analfabestias, que somos casi todos- creían que era un jugador de fúbol, vendía muchos "dardos en la palabra" pero pocos lo leían. Era, si se me permite el símil, como los documentales de la 2 de los que todo el mundo habla y nadie ve.
Criticaba el añorado académico las hordas balompédico-linenses, o sea, los montaraces cronistas deportivos. En efecto. Cuando me hice cargo de "Estudio Estadio", la mujer de Ramón Mendoza, la francesa, conociendo mi trayectoria periodístico-literaria me dijo: "A ver si a tus redactores les educadas el habla". Empresa harto difícil, señora, por no decir imposible. Es como si un entrenador que gusta del buen fútbol ve a sus jugadores dar patadones el balón. Sucede algo similar o parecido a los rimbombantes analistas (politólogos se autodenominan también, jo) de la actualidad pública. La caca de la vaca se extiende como un estercolero. Prensa y parlamentarios son miméticos en la vacuidad, en la oración del verbo, muerto y sepultado. Recuerdo que en la presentación de mi novela "La Cruz de la Santera", cuyo maestro ceremonias fue el genial Labordeta, un asistente al acto me preguntó si los padres de la Patria, un decir, hablaban correctamente. La respuesta fue no. A excepción de José Antonio Labordeta, que más que hablar oraba, además de andariego y cantautor. Y no digamos los catalanes con el dequeísmo que es una patada al diccionario español, aunque les joda. Porque no existe en el universo diccionario alguno Castellano-inglés, Castellano-francés, etc.
Por la vía del ejemplo, las expresiones político-periodísticas actuales son, entre otras:
- Evento: palabra adorada, idolatrada, publicitada... En lugar de acontecimiento, vocablo que pasó a peor vida.
- Poner en valor (en lugar de valorar, verbo ya inexistente). Expresión de los incultos políticos mimetizada por los colegas periodistas.
- Finde (forma sincopada de fin de semana, a base de tres palabras, joder qué cansancio).
- Apócopes: el Depor, el Geta, el Lega, el Recre...
- Comenzar: verbo en desuso. Sustituido por Inicio, tecla del ordenador, encender y apagar. De ahí que los árbitros, según los zafios comentaristas deportivos, hayan desterrado el comienzo del partido... 
- Espectacular: palabra única de los gacetilleros del fútbol exhibiendo su vasto conocimiento lexicográfico. Un decir. 
- Avanzar: Otro verbo en desuso. Ya no existe, por ejemplo, el ministro "adelanta", "advierte"... No. Avanza, regatea, centra, y ¡gol! 
- Detrás mía: en lugar de detrás de mí.
- Comenzar con el infinitivo impersonal sin sujetarse a la más elemental regla 
de sujeto, verbo y predicado. 
- Tema: todo es "tema", me duele el tema; no, insensato, te duele la rodilla, la tibia o el peroné. Aquí se demuestra la carencia lexicográfica del personal. 
- Nexo de unión (redundancia).
- Pausita: chorradita que han inventado los locutorcillos de medio pelo. 
- Etc.
Y luego tenemos el lenguaje sexista, que es para mear y no echar gota. Mejor dicho, la epidemia que impusieron las Aidos y las Pajines. O sea, la izquierda global. El movimiento que ha invadido nuestros oídos como los come-cocos a los vagos desinteresados y somnolientos. Periodista-periodisto, jóvenas y jóvenes, españolas y españoles... No me veo a Franco dirigiéndose: "Españoles y españolas..." Y así hasta la eternidad. Con lo que se demuestra que el genérico no existe, diríase que ni en farmacias.
Finalmente, la RAE es otro nefasto contribuyente a la destrucción del idioma. Con sus ocurrentes incorporaciones tales como "al loro", "abrefácil", "desminar" o "comedura de tarro"..., la institución ya no "limpia, brilla y da esplendor". La Academia es puro hollín en su afán de querer estar a la altura del progresismo imperante, que es lo que se lleva, maricón el último.
PD.- Guardo como oro en paño el Miranda Podadera que estudié de niño y que se cobija en mi biblioteca junto a los lomos del sabio Lázaro Carreter, genuino dardo en la palabra.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

los datos 


permiten constatar


no constatan

Recomendación urgente del día
El verbo constatar puede construirse con un sujeto agente («Pedro constató…») o de forma impersonal («Se constata que…»), pero no con un sujeto inanimado («Los datos constatan…»).
En los medios de comunicación es frecuente encontrar frases como «Los datos constatan la mejora del mercado laboral» o «Los resultados constataron la ausencia de diferencias en cuanto al peso, longitud o perímetro craneal de los neonatos».
Por su propia definición, el verbo constatar requiere de un sujeto que sea el que compruebe o establezca la veracidad de algo, papel que no pueden desempeñar sujetos como los datos los resultados. En esos usos el verboconstatar puede sustituirse por otros como demostrarmostrar, probar… o por expresiones como permite constatar o hace patente.
Así, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir «Los datos permiten constatar la mejora del mercado laboral» y «Los resultados demostraron la ausencia de diferencias en cuanto al peso, longitud o perímetro craneal de los neonatos».
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