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terça-feira, 14 de outubro de 2014

REFRANES

¿Quién fue la Maricastaña de aquellos remotos 
tiempos del dicho?

Una brava gallega del s. XIV que lideró una revuelta contra el obispo de Lugo dio origen al refrán

«¡Si se nos ha vuelto el tiempo de Maricastaña, cuando hablaban las calabazas (...)!», decía el licenciado de «El casamiento engañoso» de Miguel de Cervantes. Ya a finales del siglo XVI y comienzos del XVII, cuando el autor de El Quijote escribió sus «Novelas ejemplares», lostiempos de Maricastaña era una frase hecha con la que remontarse a una antiquísima época diluida en el recuerdo que quizá nunca existió... ¿O quizá sí?
El diccionario de la Lengua Española la presentaba hasta hace unos años como «personaje proverbial, símbolo de antigüedad muy remota», pero cada vez son más los investigadores que sostienen que «María Castaña» o «María Castiñeira» fue real y vivió en Galicia hace seis siglos, concretamente en el coto de Cereixa, en lo que sería el actual concejo de Puebla del Brollón (Lugo).
La «España Sagrada» del Padre Manuel Risco la menciona en el tratado 77 (Cap. I, pág. 126) por un documento del siglo XIV que se conserva en la catedral de Lugo: «El 18 de junio de 1386 María Castaña, mujer de Martín Cego, Gonzalo Cego y Alfonso Cego, confiesan haber hecho muchas injurias a la Iglesia de Lugo, y haber matado a Francisco Fernández, mayordomo del Obispo. Para satisfacción de estos delitos, hicieron donación a la Catedral de todas las heredades que tenían en el coto de Cereixa y se obligaron a pagar mil maravedíes de la moneda usual».
María Castaña «tomó parte activa en las luchas que los plebeyos libraban contra los señores feudales que querían despojarlos de sus tierras», según el autor argentino Héctor Zimmerman («Tres mil historias»), y «en una de esas guerras fue acusada de intentar dar muerte al mayordomo de un obispo -otros afirman que al propio obispo de Lugo-, con la ayuda de su marido y de sus dos cuñados».
También el «Episcopologio Lucense», de Amador López Valcárcel, menciona a comerciantes, artesanos y hacendados de la parroquia de Lugo «enfrentados al señorío episcopal, provocando episodios de especial violencia como los ocurridos en los siglos XIV y XV y que han pasado a la leyenda local a través de figuras como la popular María Castaña».

Una calle en Lugo

A mediados de los años 80, el entonces alcalde de Lugo Vicente Quiroga bautizó una calle con el nombre de esta brava gallega que se enfrentó al obispo Pedro López de Aguiar, pero se encontró con el rechazo de los vecinos. «Fueron a protestar diciendo que la suya era una calle muy digna», recuerda Isidoro Rodríguez Pérez, que se encontraba entonces en el Ayuntamiento y que, intrigado, comenzó a indagar en la historia de María Castaña. «Me parecía increíble que los lucenses no conociéramos la historia de esta mujer», dice a ABC este investigador de cultura popular lucense.
En 1993 formó un grupo junto a otros interesados en el folklore popular llamado «María Castaña» para reivindicar esta figura figura histórica y descubrió cómo el dicho llegó a Latinoamérica ya con los primeros españoles. «Debió de ser un acontecimiento muy importante este levantamiento que se produjo en Lugo para que ya en la colonización traspasase las fronteras», considera.
Recientes investigaciones sobre María Castaña apuntan la posibilidad de no fueran los abusivos tributos del obispo los que motivaran su levantamiento. «Parece ser que era una cuestión territorial», indica Rodríguez. María Castaña apoyaba, según esta teoría, las aspiraciones portuguesas sobre esas tierras frente a Juan I de Castilla, a quien apoyaba López de Aguiar. «Cuando el obispo llegó a un acuerdo con el rey portugués, María Castaña quedó desamparada y la revuelta fracasó», continúa el investigador.
Lugo cuenta desde el año 2000 con una calle dedicada a María Castaña aunque el Diccionario de Seres Míticos gallegos aún sostiene que es un personaje ficiticio basado en la leyenda celta «The Battle of the Birds»(La batalla de los pájaros) que protagoniza Auburn Mary (María de color castaño, en su traducción literal).
«También es posible que ese nombre sea tan genérico como el de Maritornes, Marizápalos, Marisabidilla, Marimacho y por supuesto como el de María Sarmiento, tan delgaducha y desmembrada qeu fue a mear y se la llevó el viento», señalaba Jaime Campmany en 1993 en ABC. Sea como fuere, lo que no cabe duda es que desde los tiempos de Maricastaña ha llovido... y mucho.

ESPAÑA


¿Desde cuándo existe España?

San Isidoro de Sevilla elevó nuestro país a la categoría de «Primera Nación de Occidente» en el siglo VI. Una afirmación que mantuvo encendidas las aspiraciones cristianas de crear en la Edad Media una única entidad política en la península

Hispania, que procede de la palabra fenicia «I-span-ya» («Tierra de metales»), fue la denominación que los romanos pusieron a la provincia romana que ocupaba la totalidad de la península Ibérica. Como es habitual con los nombres elegidos por los romanos, la delimitación no respondía a la realidad tribal y se trataba de una decisión meramente geográfica. Hoy en día, aquella provincia romana está ocupada por tres entidades políticas distintas, Portugal, España y el Principado de Andorra, cuyas formas actuales costaron siglos de luchas y alianzas.
Si bien la Monarquía visigoda buscaba la creación de un reino unificado en toda la península Ibérica, los visigodos compartían originariamente el territorio con los suevos, instalados en el noroeste («Galliciense Regnum»), y los bizantinos, que controlaban zonas del sur. Por esta razón, tras unificar la mayor parte del territorio de la España peninsular a fines del s. VI, el rey Leovigildo sólo pudo proclamarse monarca de «Gallaecia, Hispania y Narbonensis». No desistieron los visigodos en su empeño de crear conciencia de una única entidad política y de una monarquía cristiana, como bien recogen las obras históricas del arzobispo San Isidoro de Sevilla –hijo de padre hispanoromano y de madre goda– que en el libro «Historia Gothorum» eleva a España a la categoría de Primera Nación de Occidente. «De cuantas tierras se extienden desde el Occidente hasta la India, tú eres la más hermosa, oh sagrada y feliz España, madre de príncipes y de pueblos», reza el texto de San Isidoro de Sevilla, que se convirtió en lectura obligatoria para todos los príncipes cristianosque habitaron la península durante la Edad Media.
Así, la idea de una única entidad «hispana» pervivió en la mitología e imaginario de los escasos núcleos donde la invasión árabe no consiguió penetrar. Pocos años después de la batalla de Guadalete, 711, nada quedaba del Reino Visigodo, salvo pequeños reductos liderados por nobles norteños. A partir de este punto, la denominación de España se entendía, según el bando, como los reinos cristianos o como la zona musulmana. Por ejemplo, en tiempos del rey Mauregato de Asturias fue compuesto el himno «O Dei Verbum» en el que se califica al apóstol Santiago, patrón de la España cristiana, como «dorada cabeza refulgente de “Ispaniae"».

La creación de los estados modernos

Sin embargo, en opinión de muchos historiadores la unión dinástica no es un hecho suficiente para hablar de una única entidad política, puesto que no existía una integración jurídica. Los Reyes Católicos unificaron la política exterior, la hacienda real y el ejército, pero lo hicieron respetando los fueros y privilegios de sus reinos.No fue hasta el comienzo de la Edad Moderna, con la reducción del poder de la nobleza y el clero, cuando surgen los primeros embriones de estados modernos por toda Europa y los españoles ven cumplida su vieja pretensión. El intento corrió a cargo de los Reyes Católicos,Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, que unificaron las dos coronas más poderosas de la península en 1469 y cuyos descendientes heredaron una algarabía de reinos ibéricos que se conocían, entre otras denominaciones, como «las Españas». El Descubrimiento de América y la Conquista de Granada, ambos hechos acontecidos en 1492, están considerados simbólicamente como el origen de la España moderna.
«A mediados del siglo XV, en la Península Ibérica no quedaban más que cuatro reinos cristianos: Portugal, Castilla, Aragón y Navarra. Los cuatro se consideraban originales, distintos, pero hermanos: todos eran españoles. A pesar de las diferencias políticas, existía una solidaridad indudable, compartían la idea de reconstituir la unidad política perdida. Los enlaces matrimoniales estaban destinados a recuperar la unidad peninsular y la boda de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, en 1469, puso los cimientos de ese proceso», argumenta el hispanista Joseph Pérez, quien no duda en otorgar una configuración, identidad y conciencia de España a partir de la unión dinástica.
De una forma u otra, la palabra España pierde su significado meramente geográfico con la unión dinástica. Y aunque todavía no se puede hablar de sólo un reino, la dinastía de los Habsburgo ya utiliza entonces la designación de Rey de España para hacer referencia a sus posesiones en la península Ibérica. Así, Felipe II es denominado desde su nacimiento Príncipe de España.

El 80% de la población era castellana

A raíz de la unión dinástica comenzaron a surgir voces críticas contra la preeminencia de Castilla sobre el resto de reinos que formaban España. Los historiadores catalanes han acusado tradicionalmente a Castilla de apropiarse de la identidad española. En la práctica, la población castellana suponía el 80% de la población y ocupaba tres cuartas partes del territorio peninsular en el momento de la unión dinástica. No es de extrañar, por tanto, que el timón de esta nueva entidad tuviera protagonismo castellano, así como que los escritores castellanos de la época no hicieran distinción entre castellanos y españoles. El historiador Henry Kamen, en su libro «España y Cataluña: Historia de una pasión», recuerda que no se trata de un fenómeno aislado puesto que «en otros países de Europa los regentes políticos del centro territorial, económico o político han tendido siempre a identificarse como el verdadero estado y despreciar a las zonas periféricas».
Sin embargo, la creación de un estado-nación español, tal y como lo entendemos hoy en día, fue un proceso mucho más lento que exigió siglos de un intenso intercambio cultural y comercial entre las regiones españolas. Con la llegada de la dinastía de los Borbones tras la guerra de Sucesión, Felipe V se puso al frente por primera vez del Reino de España.
«España es una nación discutida y discutible», recitó durante su presidencia José Luis Rodríguez Zapatero en una de sus más polémicas declaraciones. Pero, discutida o no, ¿desde cuándo podemos hablar de nación española? La mayoría de historiadores apuntan a la Guerra de Independencia, en concreto a la Constitución de Cádiz de 1812, como el nacimiento de la idea de España como nación. En plena invasión napoleónica, la promulgación de una constitución de corte liberal dejó recogido en su artículo 1 a la «Nación española» como «la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios». El resto del convulso siglo XVIII dio forma –con la pérdida de las colonias, las Guerras Carlistas y las sucesivas crisis políticas– al concepto de nación española que tenemos en la actualidad.

LA COMA

No, me gusta este titular: 

comas que lo cambian todo

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JAIME RUBIO HANCOCK (EL PAÍS, ESPAÑA)

La coma, esa pequeña mancha de tinta, puede cambiar el sentido de una frase. Como en este titular, ya corregido, de El Diario Montañés: «Pablo Alborán, reina en la música española».

A pesar de que la frase no es gramaticalmente incorrecta, la coma cambia por completo el significado. Algo parecido a lo que ocurre con estos dos ejemplos que encontramos en Paper Papers. Uno de El País, para que no se diga: «Aguirre, dimite».
Desde Fundéu, Judith González nos cuenta que muchas de las consultas que reciben sobre puntuación son precisamente sobre estas comas, las del vocativo. González explica que la puntuación «nunca es fácil» porque, aunque es cierto que «hay comas que no son obligatorias», otras «pueden cambiar el sentido de la frase o simplemente son incorrectas».
Otras dudas habituales que suelen llegar a Fundéu son el uso de la coma y la conjunción y, la coma en las enumeraciones, la coma en los encabezamientos de las cartas y la coma en las oraciones causales, entre otras, incluyendo el ejemplo clásico para los adjetivos: «Los soldados, cansados, volvieron al campamento» y «Los soldados cansados volvieron al campamento».
En el primer caso, todos volvieron al campamento y todos estaban cansados. En el segundo, sólo regresaron los que estaban cansados.
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DRAE

¿Estarán «cíborg», «tabléfono» y «wifi» en el nuevo diccionario de la RAE?

 |  
LUCÍA CABALLERO (HOJA DE ROUTER, ELDIARIO.ES, ESPAÑA)

La 23ª edición del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española verá la luz el próximo jueves. Aunque el formato electrónico del manual se ha actualizado cinco veces desde 2001, la versión en papel continúa idéntica desde entonces. Y en el mundo de la tecnología, 13 años dan para mucho: multitud de nuevos términos esperan ser aceptados por la institución, pero solo unos pocos serán los elegidos. Hagan sus apuestas.

En 2001, Apple lanza al mercado el iPod y la Wikipedia ilumina el mundo con sus primeros artículos. En 2003, Intel incorpora el wifi en sus procesadores, con lo que el uso de redes inalámbricas se generaliza. En 2004, algunos estudiantes de Harvard ya se comunican a través de la plataforma ideada por un tal Mark Zuckerberg, Facebook. En 2005, nace YouTube. Un año después, el pájaro azul comienza a piar.
Y aún hay más. En 2009, llega a los móviles la estrella de la mensajería instantánea: WhatsApp. Un año más tarde, la empresa de la manzana mordida presenta su nueva apuesta, el iPad, con lo que las tabletas se popularizan. Allá por el 2013, surge un híbrido, la phablet o tabléfono. ¿O es tabletófono? ¿Se dice fableta?
Al mismo ritmo frenético con el que avanza la tecnología y surgen nuevas modas en internet, los usuarios tienen que adaptarse a las palabras que acompañan a cada aparición. Al principio, cuesta, sobre todo cuando los términos vienen del inglés. ¿Será femenino? ¿Será masculino? ¿Cómo se utiliza el plural? ¿Se pronunciará así o asá?
Para echarnos una mano, la nueva edición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua (DRAE) incorporará algunas de estas denominaciones, aunque otras se quedarán fuera. La institución no quiere revelar aún las elegidas, pero saldremos de dudas el próximo jueves, cuando se presentará la que ya es su 23ª versión. La anterior se publicaba también un 16 de octubre, pero de aquel remoto 2001.
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FORO INTERNACIONAL DEL ESPAÑOL 2.0

La lengua como motor económico centrará el Foro Internacional del Español 2.0

 |  
AGENCIA EFE

Con el propósito de impulsar y promocionar el español como activo económico nace el Foro Internacional del Español 2.0 (FIE 2.0), un encuentro que del 23 al 26 de abril de 2015 debatirá en Madrid sobre el valor y las posibilidades de la lengua más allá del ámbito cultural.


Bajo el lema «La industria del español como herramienta generadora de negocio», esta primera edición está organizada por IFEMA, ha sido promovida por la Comunidad de Madrid, a través de la agrupación empresarial Plataforma del Español, y cuenta con el auspicio de la Real Academia Española, la Universidad de Alcalá, la Fundación General CSIC y el CERLALC – UNESCO.
El FIE 2.0 está concebido como «un foro de negocio e intercambio para los distintos sectores que participan de la industria cultural en torno al español», según asegura una nota de prensa de la organización, que subraya el potencial de una lengua hablada por 450 millones de personas en todo el mundo.
Este encuentro internacional planteará actividades comerciales y divulgativas y se desarrollará en torno a objetivos como la internacionalización de las actividades productivas que emplean el idioma, el impulso al turismo idiomático o cultural y la identificación de oportunidades de negocio en torno a la lengua, entre otros.
Así, serán cinco las áreas que tratará el FIE 2.0: traducción, consultoría y tecnología lingüística; contenidos e industrias culturales en español; enseñanza, formación y turismo idiomático; oficinas y agencias de marcas, sociedades de gestión de derechos; y entidades, instituciones y asociaciones impulsoras del español y de la sociedad de la información.
Con la primera edición del FIE 2.0, sus organizadores aspiran a que se convierta en «el espacio de referencia de la lengua española como instrumento de creación de riqueza, así como de influencia internacional y de aportación cultural».

EL ESPAÑOL GLOBAL

¿Es posible un español global?
El dilema: ¿la normalización de la lengua solo puede existir en la escritura?
Ilustración de Fernando Vicente.
Supremacía de la redacción
Por Fabio Morábito en Babelia – El País - España
Empezaría por poner en duda la existencia de los idiomas nacionales, entendidos como realidades compactas e inamovibles. Apenas lo miramos de cerca, un idioma nacional se fragmenta en lenguas y dialectos que se subdividen a su vez en hablas locales. En cada caso, además del acento, vemos cambios en los nombres de los alimentos, de las prendas de vestir, de los utensilios domésticos, de los juegos y de las diversiones, todo lo cual dificulta la comunicación, pero también, si se quiere, la estimula. En este sentido, el llamado español global me parece una entelequia todavía mayor que los españoles nacionales. Ni siquiera la televisión, que ha sido siempre un potente factor de homogeneización lingüística, escapa a la ley de la proliferación incesante de localismos, modismos, jergas y demás usos puntuales y a menudo efímeros (y no por efímeros menos significativos) en los cuales se sustenta cualquier lengua viva.
El español global sólo puede existir en la escritura, como estilo literario. Su optimismo comunicativo sólo puede plasmarse de esa forma. De hecho, existe así. No es de sorprender, porque toda escritura representa cierta normalización del habla y conlleva su potencial globalización. Las revistas de las aerolíneas, para citar un caso, están redactadas en ese estilo global. Dije redactadas, no escritas. El verdadero problema lingüístico actual, en mi opinión, no es la globalización idiomática, sino la gradual supremacía de la redacción sobre la escritura, tanto en ámbitos frívolos como eruditos, un problema que habría que atacar desde la escuela. Mientras la escritura tiene su semilla en el uso oral del lenguaje, y de él se nutre, la redacción nace con una sordera crónica, desligada de los movimientos íntimos del habla, a la que sin embargo remeda groseramente, y de ahí su éxito y propagación inmensa, desde las revistas de avión hasta las académicas.
La metáfora de la vida
Por Javier Sampedro en Babelia – El País - España 
Los biólogos estamos acostumbrados a apoyarnos en metáforas lingüísticas, y ya es hora de devolver el favor. Como el lenguaje, la vida se propaga y se bifurca sin cesar en reinos, filos, clases, órdenes, familias, géneros, especies y razas formando una maraña inabarcable donde todo parece valer, desde la exuberante cola del pavo real hasta el ojo escueto del águila, que posee mecanismos para corregir las aberraciones de su lente que han inspirado a generaciones de ingenieros, y desde las cien neuronas contadas del gusano hasta la orgía de complejidad y enredo del cerebro humano, en una explosión de pluralidad ante la que dan ganas de tirar la toalla y descartar esta materia por incognoscible.

Pero, como la lingüística, la biología nació como ciencia y ha podido progresar gracias al reconocimiento de sus principios generales: que toda la vida está hecha de células que provienen por división de otras células; que a toda subyace el mismo metabolismo central, una red de compuestos y reacciones que, por otra parte, tiene tanto sentido como pueda tener un producto de la historia; que toda vida está basada en moléculas auto replicantes que saben sacar copias de sí mismas y propagar así la información una generación tras otra de forma independiente de los caprichos de la existencia; y el principio más general: que nada tiene sentido sino a la luz de la evolución, y que entender algo equivale a entender su origen y los principios de su construcción. No voy a dirigirles a través de la metáfora —es seguro que ustedes ya lo habrán hecho a medida que leían—, pero sí ofreceré una coda: por mucho que nos guste reconocernos en nuestra irreproducible diversidad, siempre necesitaremos un español estándar para entendernos, y para que nos entiendan los estudiantes de español para extranjeros. Salgan del cascarón y hablen claro, que hay niños escuchando.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

viral y vírico son 


sinónimos

Recomendación urgente del día
Viral y vírico pueden utilizarse indistintamente, ya que se consideran sinónimos.
Es frecuente encontrar en los medios de comunicación ejemplos como «La paciente tiene menos carga viral en la sangre» o  «El vehículo continuó trasladando pacientes sin que fuese desinfectado ni sometido a ningún proceso de control vírico o bacteriológico».
El Diccionario de la lengua española remite del adjetivo vírico aviral, término incluido con el significado de algo ‘perteneciente o relativo a los virus’. Además, tanto viral como vírico entraron en el Diccionario académico a la vez, en 1985.
Por su parte, la Real Academia Nacional de Medicina de España, que también recoge vírico con el sentido de viral, especifica en la entrada de esta última voz que, aunque puede suscitar rechazo por considerarse anglicismo, en la práctica su uso está totalmente asentado.
Por lo tanto, la alternancia de estos términos como sinónimos es válida y su utilización en los ejemplos anteriores es apropiada.
Por otra parte, es preciso recordar que, en el ámbito de las redes sociales e internet, la palabra viral se utiliza como adjetivo y como sustantivo y presenta el significado de ‘mensaje, idea o contenido que se transmite de forma exponencial a través de las redes sociales mediante constante reenvíos entre los usuarios’.
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