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segunda-feira, 7 de julho de 2014

BILINGÜES


Los beneficios para tu cerebro 

cuando hablas otro idioma




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Inspirulina
Inspirulina
Por Eli Bravo. -http://www.el-nacional.com/
En ocasiones mis hijas no aguantan la risa cuando les hablo en inglés.
Las frases pueden ser correctas, pero el acento está allí. Diecisiete años en Estados Unidos no han borrado este tumbao hispano que de alguna forma es denominación de origen. Si lo intento en francés el asunto es de carcajadas y no me expreso con claridad. Mi idioma materno es el español, la lengua que hablamos en casa y la primera que aprendieron mis niñas, pero cuando tengo que explicarles algo y quiero asegurarme de que entiendan I´ll bet- ter do it in english. Para ellas el idioma de sus padres no es el de los amigos y la escuela. Es natural.

Quizás de los mejores regalos que hemos dejado a nuestras hijas son los tres idiomas que hoy dominan.

Ser trilingües no solo amplía sus horizontes, sino que también estimula sus cerebros.

Cada año nuevos estudios certifican los beneficios mentales de dominar más de un idioma. Por ejemplo, los niños bilingües suelen ser mejores al resolver problemas prácticos y encontrar soluciones creativas. Una de las razones sería la capacidad que han desarrollado para saltar de una gramática a otra, lo cual posiblemente les desarrolla otras áreas del pensamiento.

Esta capacidad también les permite cambiar tareas con facilidad y mantener la atención. Incluso se cree que les ayudará a elaborar estrategias efectivas y organizar planes de acción. Considéralo en el plano laboral: hablar varios idiomas es una ventaja competitiva que suele traducirse en mejor remuneración.

Otros estudios indican que las personas bilingües son más eficientes en la toma de decisiones. ¿Por qué? Al pensar en un problema en un idioma que no es el materno existe la posibilidad de distanciarse y bajarle el volumen a las emociones. Si bien escuchar la intuición es necesario para desarrollar la creatividad, a la hora de elegir conviene invitar a la razón al diálogo interno para considerar las alternativas.

Aparentemente esto funciona mejor cuando pensamos en el problema en otro idioma.

Para los adultos los beneficios podrían ser un retraso en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer y un mantenimiento de las capacidades cognitivas. Hablar varias lenguas es una especie de gimnasia mental. Incluso, se ha determinado que existe una mayor flexibilidad cognitiva; es decir, la capacidad de fluir con las circunstancias inesperadas y adaptarse al cambio.

What do you think? N’est-ce pas incroyable? Sin embargo, más allá de los estudios, hablar otro idioma es un placer al conversar: nos abre nuevas ventanas y nos permite saborear otras culturas. Sea en un viaje, a través de un libro o con una película, la vida adquiere una dimensión más fascinante.

Cuando mis hijas se burlan cariñosamente de mi acento pienso en los padres inmigrantes de mis amigos de la infancia. Esos portugueses, italianos y libaneses que tras décadas en Venezuela mantenían un aire de su tierra en cada palabra. Ahora entiendo que allí había una huella del pasado, pero además una identidad y un vínculo a los primeros afectos.

Estos nuevos idiomas ya son parte de mi vida y, si bien suelo soñar en español, cada vez más aparecen diálogos en inglés y de vez en cuando suelto algo en francés. En la mañana no recuerdo si logré corregir el acento, pero sí me maravillo con la capacidad de aprendizaje de los humanos.

K

La okupa del castellano

 |  
ISABEL IBÁÑEZ (SUR.ES, MÁLAGA)

Ha sobrevivido bajo la supremacía de la ‘c’ y la ‘q’, pero la calle le insufla aire al elegirla como símbolo de rebeldía, de subversión... Y es la reina del WhatsApp.


La K de okupa«Ana María, hemos reservado para ti la letra más singular del alfabeto castellano, la gentil ka mayúscula, clásica y peregrina, distinta, pero, sin embargo, nuestra. Como tus libros siempre, como tú, por fin, en la Real Academia Española». Eran las palabras de bienvenida del escritor y académico Francisco Rico al desembarco de ‘la Matute’ en la RAE. Porque si hay alguien que encarnara ese espíritu original, rebelde, indomable de la ‘k’, era sin duda la entrañable autora de Olvidado rey Gudú, fallecida la semana pasada. Singular, rara, especial… Una letra que solo cuenta con un centenar de entradas en el diccionario de la Academia, apenas dos páginas y media frente a las 14 de la ‘q’ y las 350 de la ‘c’, las dos letras con las que comparte sonido en castellano. Si estuviéramos en un cuento, la primera sería Cenicienta y las otras, sus hermanastras.
La ‘k’ es una letra más del castellano, con todos sus derechos y deberes, pero suele ser sustituida por ‘c’ y ‘q’ cuando llega una nueva palabra que la contiene, en la mayoría de los casos proveniente de otros idiomas. En la calle, sin embargo, la ‘k’ experimenta un reinado marginal, outsider, fuera del sistema. Cuando los ciudadanos quieren expresar rebeldía, lucha… recurren a la ‘k’: okupas, anarkos, punkis… Así lo consideraba el también académico Rafael Lapesa Melgar (1908-2001) en el libro Al pie de la letra. Geografía fantástica del alfabeto español: «La conciencia social de determinados grupos ha producido en épocas recientes movimientos de recuperación de esta grafía, considerada marginada. (…) Esto causa su presencia en términos como okupa (…) e incluso le permite dar nombre a movimientos más amplios que la utilizan como un moderno equivalente del escudo de armas, en lemas como ‘Vallekas por la kara’. (…) La ‘k’ ha mantenido su presencia en la escritura del español, tanto en los momentos de esplendor y preferencia en textos de notarios, religiosos o gramáticos, como en la morada más humilde de las pintadas callejeras, o en las señales de identificación de los marginados».
José Antonio Pascual, vicedirector de la RAE y ocupante del sillón de la ‘k’ minúscula desde 2002, reconoce que es la letra rebelde del alfabeto. De hecho, la RAE admitió el término okupa, así con ‘k’: «Ciertamente, se trata de una letra para mostrar la disconformidad y hasta la rebeldía. Precisamente es la rareza de su empleo la que le da esa posibilidad. Flaco favor le haría la Academia a la disidencia de los okupas institucionalizando su grafía e integrándolos así en el sistema».
[...]
Leer más en diariosur.es

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

hebreo e israelí no 


son sinónimos

Recomendación urgente del día
Se recomienda no emplear el término hebreo como sinónimo de israelí, aunque sí puede funcionar como equivalente de judío e israelita.
En las noticias sobre el conflicto conflicto palestino-israelí pueden leerse frases como las siguientes: «La mayor parte de los cohetes han sido interceptados por el escudo antimisiles hebreo» o «El líder de Hamás aseguró que su grupo está interesado en calmar los ánimos, pero advirtió que responderá en la misma medida que el Estado hebreo».
El término hebreo puede funcionar como sinónimo de judío eisraelita empleados en sentido histórico (relativo al antiguo pueblo de Israel) y en sentido religioso (referido a aquellas personas que profesan la religión judía y a todo aquello propio de los judíos).
Sin embargo, israelí designa a aquellas personas que viven en el moderno Estado de Israel con independencia de su origen, lengua o religión. Igualmente, el término israelí es el adecuado para referirse a cualquier institución política u organización de dicho Estado.
Por lo tanto, en las frases anteriores lo apropiado habría sido escribir «La mayor parte de los cohetes han sido interceptados por el escudo antimisiles israelí» y «El líder de Hamás aseguró que su grupo está interesado en calmar los ánimos, pero advirtió que responderá en la misma medida que el Estado israelí».

LA LENGUA DEL IMPERIO




    http://www.economiadigital.es/


En todos los estados democráticos multilingües del mundo se respeta la pluralidad. En España, no. El problema arranca de la misma Constitución de 1978, que convirtió, o mejor dicho, reafirmó el español como lengua única del Estado. Según esa Constitución, España no es multilingüe, sólo lo son las autonomías con lengua propia. O sea que, según dicho criterio, la parte es multilingüe y en cambio el todo no lo es. Una aberración que genera iniquidad y eternos y cansinos debates sobre la salud del todo —el español— sin prestar atención a lo que le pasa a la parte, que, por lo que se ve, no quita el sueño a los nacionalistas españoles.

Es bastante sabido que los españoles “de verdad” son monolingües por vocación e inclinación. A menudo creen que “su” idioma es tan importante en el mundo que no necesitan saber ningún otro. Y la prueba está en las altas instancias del Estado: todos los jefes de gobierno desde la restauración de la democracia a la muerte de Franco han sido monolingües. No hablaban otro idioma que no fuese el español. Ni una palabra de catalán o vascuence o gallego (aunque puede que Rajoy lo chapurreé cómo lo hacia Fraga Iribarne). Sólo Aznar se tomó la molestia de aprender un poquito de inglés, pero lo aprendió para poder poner los pies sobre la mesa en el despacho de George W. Bush. El inglés de su mujer ya sabemos que es de chiste después de su maravilloso hit “Relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor”.

El nacionalismo lingüístico español es, pues, espectacular. Lo demostró también el rey Felipe VI en el acto de su coronación, cuando no siguió el ejemplo de su pariente, el séptimo rey de los belgas, quien también se llama Felipe, que pronunció su discurso de coronación con los tres idiomas oficiales de su Estado: francés, flamenco y alemán. Y lo hizo con la misma fluidez con la que habla el inglés. El rey de España sólo habla catalán, por ejemplo, cuando se traslada a Catalunya pero no lo usa en las instituciones españolas para no ofender a los oídos monolingües de los castellanoparlantes. Esa es, precisamente, la diferencia entre Bélgica y España. En Bélgica el Estado es multilingüe, lo que por otra parte no le ahorra conflictos internos, mientras que en España el Estado es cazurramente monolingüe, lo que provoca conflictos y una clara discriminación para con los ciudadanos que llaman “periféricos”.

La derivación perversa de ese modelo lingüístico español, que es propio de la antigua mentalidad imperialista que destruyó lenguas por doquier (en Latinoamérica especialmente), es que en España son las comunidades autónomas las encargadas de regular y preservar el idioma propio. Y es entonces cuando empieza el problema. Bueno, problema, problema, no, porque las “guerras” lingüísticas sólo anidan en la mente de ciertos políticos y de sus agoreros, con los que comparten sentimientos españolistas, que se dedican a defender la “españolización” de los territorios (ellos los llaman regiones) sediciosos, lo que refleja una mentalidad raquítica y miserable que alimenta conflictos artificialmente. 

Cualquier país del mundo estaría preocupado con las informaciones que aseguran que el 88% de la población catalana dice tener un alto nivel de conocimiento (entenderlo, hablarlo, leerlo y escribirlo) del español, un porcentaje que casi duplica el del catalán (45%). Seguro que a un ciudadano de Guadalajara, pongamos por caso, le preocuparían estos porcentajes si correspondiesen al conocimiento del español. Los españolistas se pondrían, además, de los nervios. 

Ante la falta de protección del Estado a las lenguas de sus “nacionalidades” (que la Constitución no enumera ni designa por su nombre, cosa bastante absurda), en cada una de ellas se ha adoptado un modelo lingüístico escolar distinto. En las nacionalidades donde se habla el catalán sólo en Catalunya se acordó un modelo de inmersión. Lo defendieron las izquierdas (especialmente los comunistas) con una fuerza tan inusitada y convincente que derrotó los recelos de los nacionalistas catalanes, que habían propuesto un modelo parecido al vasco. 

La inmersión se planteó para que el catalán avanzase y el español continuase siendo una lengua de Catalunya.
 Esa es la realidad plural que aún hoy en día sigue funcionando, lo que no se puede decir del País Valenciano ni de las Islas Baleares, dónde el catalán está marginado y arrinconado por las administraciones públicas dominadas por el PP desde hace años. No he oído nunca a ningún españolista catalán, sea derechas o de izquierdas, que le preocupe un pimiento esa situación de persecución. Si un día algún padre catalanoparlante consiguiese que un tribunal se manifestase a favor de algunas de las muchas reclamaciones desatendidas por la justicia, o que el ministerio español que dirige Wert pidiese a la Generalitat Valenciana o al Govern de les Illes 6.057 euros por cada alumno escolarizado en catalán en una escuela privada, que es lo que pretende en Catalunya pero al revés, seguro que esos españolistas catalanes que se hacen llamar sociedad civil pondrían el grito en el cielo. 

La ley de normalización lingüística de 1983 se basaba en algo que los españolistas rechazan de plano, que el catalán era --y es- la lengua nacional de Catalunya. Otra cosa es lo que hablen los catalanes. En Catalunya, donde la mayoría de la gente entiende el país como una nación distinta a la española, pasa lo mismo que en los EEUU, que los latinos prefieren el inglés al español para desarrollarse en su país aunque no renuncien a su idioma materno y lo sigan hablando con normalidad en la calle. Según una estadística de 2011: el 13% de la población castellanohablante había adoptado el catalán como lengua propia y habitual. Unas 800.000 personas, en total, lo que no está nada mal.

En fin, la inmersión lingüística es uno de los mayores logros de sociedad catalana y la prueba está en que la “guerra” de lenguas sólo se da en muy pocos centros, en aquellos donde los extremistas consiguen convencer a unos pocos padres para que aíslen a sus hijos de la comunidad. Esos extremistas, ya sean liberales, ya sean colectivistas, les meten en la cabeza que en Catalunya lo que debe primar en materia de educación es la “libertad” de los padres para elegir la lengua vehicular. ¿En qué Estado del mundo se da una cosa semejante? ¿Qué país negocia con los ciudadanos el idioma de la escuela? Sólo los que conciben Catalunya como una simple región de España les parecerán extemporáneas preguntas de este tipo. En ningún centro educativo belga son los padres quienes eligen el idioma vehicular.

Así pues, la “batalla” lingüística se ha convertido también en otra poderosa razón para reclamar la independencia de Catalunya. Con un Estado propio, todos los catalanes, y Catalunya, podremos ser realmente multilingües sin discutir permanentemente qué somos y por qué somos de una determinada manera. Soy de los que piensa que en una Catalunya independiente, el español será un idioma tan propio de los catalanes como lo es el catalán,cosa que no ocurre ni por asomo en la España “constitucional” con el catalán, el vascuence o el gallego. El multilingüismo es, como difunde muy bien la Unesco, la solución a los conflictos lingüísticos. Son los monolingües los que se angustian por su falta de entendederas. 

LA ESQUINA DEL IDIOMA

Piedad Villavicencio Bellolio

La Esquina del Idioma







«inducción», no «a inducción»
Con el sustento del Diccionario panhispánico de dudas, se recomienda que no se construyan frases como «cocina a inducción», «cocina a gas», «olla a presión» y otras de característica similar, pues constituyen un galicismo (calco del idioma francés).
En el idioma español se emplea la preposición «de» para indicar el modo o medio por el que funciona un electrodoméstico o cualquier objeto o aparato. Ejemplos: cocinas de inducción, cocina de gas, olla de presión, barco de vela.
En cambio, es adecuado el empleo de la preposición «a» para construir los complementos verbales que presentan la manera en que se desarrolla una acción o el medio que se usa para ello. Ejemplos: andar a saltos, zurcir a máquina.
Uso de abreviaturas convencionales
Las abreviaturas convencionales son aquellas cuya forma es común entre los usuarios de la lengua. Pero su empleo tiene algunas restricciones.
Según la Ortografía de la lengua española (OLE), «no pueden aparecer en cualquier punto de un texto en lugar de la palabra a la que reemplazan». Por ejemplo, no es apropiado usarlas en casos como los siguientes: en 1.ª instancia indicó...; en la avda. principal de la ciudadela...
«Su uso suele limitarse a contextos muy determinados, como listas, fórmulas de tratamiento, saludo o despedida y referencias o indicaciones escuetas de muy diversa índole», puntualiza la OLE.
De esta manera, estarían bien aplicadas, por ejemplo, en «el incendio empezó en el piso 3.°, dpto. 4», que se refiere a una dirección postal.
En esta obra académica se recomienda que no se omita el punto abreviativo que ha de preceder a las letras voladas, por ejemplo: 1.ª, 3.°.
¿Es adecuado el uso de «bien» como equivalente de «muy»?
«Bien» funciona como adverbio y tiene uso ponderativo cuando precede a un adjetivo o a otro adverbio. Ejemplos: Está bien mal. Queda bien lejos. Cáptese que transmite el significado de ‘muy’ e imprime énfasis en las frases.
Este uso está registrado en los diccionarios y en las normas de la lengua española.
FUENTES:
Diccionario de la lengua española (2001), Diccionario panhispánico de dudas(2005) y Ortografía de la lengua española (2010), de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española.
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