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sexta-feira, 9 de maio de 2014

BUENOS AIRES


Capital mundial de la literatura 

en español

La Feria del Libro es la más popular y concurrida del ámbito de habla hispana

| En la última edición de la Feria del Libro de Madrid las colas se prolongaban delante de las casetas donde la peculiar fauna televisiva (de Mario Vaquerizo a Jorge Javier Vázquez) firmaba ejemplares de sus obras a sus inagotables fans. Es un signo de los tiempos que, sin embargo, no se exporta a otras latitudes. A diez mil kilómetros de distancia la Feria del Libro de Buenos Aires celebra este año su 40.ª edición con otro espíritu y otra letra en el guion. En el recinto ferial de La Rural, un inmenso espacio en pleno corazón de la capital federal, la segunda gran cita literaria de América Latina tras la de Guadalajara (México) reúne desde el 24 de abril al 12 de mayo 1.500 expositores de 40 países que dan forma durante estas tres semanas a una ciudad paralela de 45.000 metros cuadrados.
La argentina de origen gallego Nelly Espiño, de la Fundación el Libro, la entidad que organiza la feria desde 1975, evoca el impacto de la visita, hace unos años, de Ray Bradbury. «Estuvo fantástico. Había unas colas interminables de lectores que querían que les dedicase sus libros. Y hasta que firmó el último ejemplar del último fan no se levantó de su silla. Incluso cerraron la feria, porque ya era de noche y había llegado la hora del cierre, y él siguió en su sitio firmando hasta que ya no había nadie en la cola», recuerda Espiño.
La otra feria
Es solo un ejemplo de lo que significa la feria para una ciudad que respira literatura por todos sus poros. Incluso el Subte -el metro bonaerense- se ha sumado estos días a los festejos decorando las escaleras que descienden a los andenes a modo de lomos de libros.
Precisamente Cortázar, una de las voces mayores de la literatura argentina, es uno de los grandes protagonistas de lo que en Buenos Aires llaman el «capítulo 40» de la feria. Alfaguara apuesta fuerte en su stand por uno de sus autores de cabecera, del que se conmemora este año un doble aniversario: el centenario de su nacimiento y los treinta años de su fallecimiento. Alfaguara, como el resto de las editoriales españolas, tiene que cumplir escrupulosamente con la estricta legislación local, que prohíbe vender en Argentina libros impresos en otros países. La normativa ha reducido la presencia española en la gran cita bonaerense, aunque los grandes grupos, como Alfaguara o Planeta, ya imprimen en Argentina sus textos. Si el editor no se pliega a esta norma, puede exhibir sus títulos en la feria, pero no venderlos, un hándicap nada desdeñable en un recinto que potencia sin tapujos las ventas y las transacciones comerciales.
La gran cita de esta edición de la feria tuvo lugar el domingo 27 de abril. Esa tarde, en la sala Jorge Luis Borges -la de mayor capacidad de La Rural, con un aforo para 800 espectadores-, se reunieron para ofrecer una charla nada menos que Paul Auster y J. M. Coetzee, que leyeron y comentaron el intercambio epistolar que recoge su volumen conjunto Aquí y ahora (Anagrama y Mondadori). Según recogían las crónicas de Clarín y La Nación, los asistentes guardaron cola pacientemente desde la una de la tarde hasta las seis y media (hora prevista para el inicio de la conversación) y quienes no pudieron acceder a la sala Jorge Luis Borges siguieron el acto a través de una pantalla gigante situada en el exterior. Recordando el paso de Bradbury por Buenos Aires, Auster y Coetzee tampoco decepcionaron a las 1.500 personas que esperaron en la carpa montada en la avenida Sarmiento para que los dos escritores les dedicasen sus libros. Como el legendario Bradbury, cumplieron.
Una afluencia de público realmente notable para estos tiempos, sobre todo si pensamos que, al contrario que en las grandes ferias literarias españolas, en Buenos Aires los visitantes tienen que pagar religiosamente su entrada para acceder al recinto: 25 pesos (2,5 euros) de lunes a jueves y 40 pesos (4 euros) los fines de semana y los festivos.
Y, a pesar de ser de pago, la feria suma cada año la friolera de un millón de visitantes, lo que convierte un paseo por La Rural durante los fines de semana en un gesto realmente heroico. «El primer fin de semana no es el más intenso, pero a partir del segundo es una multitud la que recorre el recinto. Es impresionante», explica Nelly Espiño
«Todas las ferias, la feria», tituló evocando a Cortázar el suplemento cultural Ñ de Clarín su número especial dedicado al certamen, en el que analizaba las similitudes y diferencias entre Buenos Aires y otras grandes citas literarias, como las de Frankfurt, Hay o la de Guadalajara.
Según recalcan desde la organización, el millón de visitantes y los diez mil profesionales que acuden cada año al recinto convierten a la Feria del Libro de Buenos Aires en «la más concurrida del mundo de habla hispana», solo superada en influencia y movimientos comerciales por la de Guadalajara.
Y entre estos expositores destaca la presencia ininterrumpida de Galicia, que desde 1975 ha contado con stand propio en la feria, primero en solitario con el Instituto Argentino de Cultura Gallega (vinculado al Centro Gallego de Buenos Aires y responsable, entre otras iniciativas, del histórico sello Edicións Galicia) y ahora compartiendo espacio y promoción con el área de Cultura de la Xunta.
Una cita singular
Hay dos claves que tal vez expliquen la singularidad de la cita bonaerense. Una es la presencia muy sobresaliente de espacios destinados a literatura infantil y juvenil. Se mima la cantera y, como saben los gurús del fútbol, eso da resultado a medio y largo plazo. No sorprende ver a los pequeños revolviendo entre los mostradores, donde conviven desde El discurso del oso, del omnipresente Cortázar, hasta las últimas novedades de la también omnipresente estrella televisiva Violetta.
Otro de los puntos fuertes de la feria es el logrado equilibrio entre calidad y tirón comercial. Auster y Coetzee, que recibieron a su paso por Buenos Aires tratamiento de estrellas de rock, compartieron cartel con autores españoles con un fuerte respaldo de ventas como Arturo Pérez-Reverte, Almudena Grandes, Julia Navarro o Albert Espinosa.
Aunque tal vez todo tenga una explicación más sencilla. La que dio, en la inauguración de la feria, el incombustible Quino. El padre de Mafalda razonó así: «Dibujo para que el mundo vaya para el lado de los buenos, el de los Beatles, el de John Lennon». Tal vez eso lo explique todo. Por eso escribimos. Por eso leemos.
A unos metros de La Rural, en la avenida de Santa Fe, el bibliófilo encuentra un auténtico filón en los puestos de libros antiguos. Raúl Rodríguez es argentino, pero su padre, Daniel Rodríguez, era un librero de A Fonsagrada que logró su caseta en la avenida después de dejarse el pellejo trabajando en el Subte. Raúl recuerda emocionado a su padre, fallecido hace unos años, mientras enseña orgulloso una primera edición de Octaedro, de Julio Cortázar, y piezas de coleccionista de Francisco Luis Bernárdez o Jorge Luis Borges. «Antes venían muchos españoles por aquí, sobre todo a buscar ediciones ya descatalogadas de Aguilar, pero ahora se nota que ya no hay tanta plata allá», apunta el librero, que reivindica orgulloso su origen gallego ante un mural de Cortázar y su emblemática Rayuela.

LAS PALABRAS TIENEN LA PALABRA


La Real Academia Española es real

POR: JUAN RECAREDO
Estaba impartiendo una plática a ejecutivos de una empresa, y de pronto uno de ellos me lanza así nada más, de buenas a primeras, la pregunta: Oiga ¿y existe la Real Academia Española?









¡Claro que existe y es el máximo organismo regulador de la evolución de nuestro idioma! Cierto es que, siendo el español como todos los idiomas un ser vivo que evoluciona constantemente, es prácticamente imposible ejercer un control absoluto.
La Real Academia Española se fundó en 1713. La inciativa fue de un Señor Pacheco que a pesar de todo, andaba en su pleno juicio, bueno y sano. Se llamaba Juan Manuel Fernández Pacheco, y era marqués de Villena.
Su propósito (el propósito del marqués al fundar la Academia) fue el de “fijar las voces y vocablos de la lengua castellana en su mayor propiedad, elegancia y pureza” y se representó tal finalidad con un emblema formado por un crisol al fuego con la leyenda Limpia, fija y da esplendor, que obedece al propósito de combatir todo aquello que altere la elegancia y pureza del idioma.
Desde 1780, la Real Academia ha publicado veintiuna ediciones del Diccionario “usual” o “común”. La última (edición) puesta a disposición del público en 1992 viene en uno o dos tomos y en varios formatos: tradicional, económico, y CD-ROM.
El edificio que alberga en la actualidad la Institución, se inauguró el 1 de abril de 1894, con la asistencia de la regente María Cristina de Habsburgo que venía siendo como Rosario Robles en sus buenos tiempos.
En 1951, y por iniciativa del Presidente Miguel Alemán, se convocó en México el I Congreso de Academias de la Lengua Española, en el cual se acordó constituir la Asociación de Academias que está integrada por las veintidós Academias de la Lengua española que existen en el mundo: la Española, todas las de Hispanoamérica, la Filipina y la Norteamericana.
Entre las funciones de la Asociación, destaca la de facilitar la comunicación y la colaboración entre las Academias, teniendo como objetivo llegar a un repertorio léxico oficial para todo el mundo hispánico.
Los miembros de la Real Academia son 46, entre los cuales aparece, en calidad de miembro honorario, S.A.R. el Príncipe Bernardo, de los Países Bajos. La Academia funciona en Pleno y en Comisiones que se reúnen semanalmente y al servicio de ellos funciona el Instituto de Lexicografía, integrado por más de cien filólogos y lexicógrafos que trabajan en la elaboración de los Diccionarios académicos y en la creación del banco de datos del español.
Escríbale a Don Juan Recaredo: La dirección de su correo electrónico es donjuanrecaredo@ gmail.com
PREGUNTA DEL PÚBLICO:
Prof. Jorge Sigfrido González: Soy profesor universitario y he escuchado decir a algunos colegas que determinadas resoluciones deben ser “consensuadas” mientras que otros usan “consensadas”. Por supuesto que se refieren a que algo debe ser sujeto a consenso. ¿cual es la expresión correcta?
RESPUESTA:
Le confieso que yo hubiera pensado que lo correcto es consensadas pero el Diccionario de la Academia dice que el verbo es consensuar y por lo tanto las resoluciones deben ser consensuadas.
Caso triste para terminar: El de la libélula macho que le dice a la libélula hembra: ¿Cómo que esta noche no, mi vida, si nosotros nada más vivimos 24 horas? ¿Cómo dijo? LAS PALABRAS TIENEN LA PALABRA.

¿Arcila o Asilah?


¿Y qué pasó con Alcazarquivir? ¿Y con Tafilete?

 | 
ALBERTO GÓMEZ FONT (RED MARRUECOS.COM)


A los aficionados al estudio de la toponimia nos invade la melancolía cuando nos toca ser testigos del declive de algún topónimo moribundo, y eso es lo que a mí me sucede cada vez que oigo a un hispanohablante pronunciar el nombre Asilah.


quien así lo dice es de Hispanoamérica el asunto es más disculpable, pues estas tierras marroquíes quedan al otro lado del charco; mas cuando el que usa esa denominación es de España la cosa tiene un perdón más difícil, pues, no en vano, en la historia de estos dos países vecinos hubo muchos años en los que ese bello pueblo costero estuvo bajo administración española. Y antes, siglos antes, ya tenía nombre en español ―Arcila― y también en portugués ―Arzila―.
Lo curioso es que los mismos que dicen Asilah pueden además contarnos que está situada en la costa norte de Marruecos, entre Tánger y Larache; pero a ninguno de ellos ―de momento― se le ocurre decir que está entre Tancha y Al Araish, que son los nombres árabes de esas dos ciudades… ¿Por qué el topónimo Arcila está moribundo mientras que sus dos vecinos costeros siguen vivitos y coleando? ¿Alguien puede explicármelo?
Lo mismo le sucede a otra población del norte de Marruecos, que también tiene nombre en español ―Alcazarquivir―, topónimo tradicional en nuestra lengua hoy muy ninguneado por muchos hispanohablantes que prefieren llamarlo en árabe: Ksar el Kebir… Menos mal que en aún queda gente que al hablar de esa ciudad, sobre todo los judíos nacidos allí, la mencionan cariñosamente como Alcázar.
[...]

MONEDA


Una moneda de colección conmemora los 300 años de la Real Academia Española

 | 
AGENCIA EFE

La Real Casa de la Moneda se ha sumado a los actos conmemorativos de los 300 años de la Real Academia Española (RAE) con una moneda de colección en plata de ley, de la que se acuñarán un máximo de 10 000 piezas, y que ha sido entregada hoy simbólicamente a los máximos responsables de esta institución.


José Manuel Blecua (iz),  Jaime Sánchez Revenga (c) y  Darío Villanueva presentan la moneda conmemorativa. Foto: © Efe/Fernando Alvarado
JOSÉ MANUEL BLECUA (IZ), JAIME SÁNCHEZ REVENGA (C) Y DARÍO VILLANUEVA PRESENTAN LA MONEDA CONMEMORATIVA. FOTO: © EFE/FERNANDO ALVARADO
El director y el secretario de la RAE, José Manuel Blecua y Darío Villanueva, respectivamente, y el presidente-director general de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre – Real Casa de la Moneda (FNMT-RCM), Jaime Sánchez Revenga, han participado en el acto de presentación de esta moneda conmemorativa.
«Esta moneda dejará testimonio acuñado y, por tanto, estable de estos trescientos años de historia académica», ha asegurado Darío Villanueva en el acto.
Por su parte, Jaime Sánchez Revenga ha destacado la importancia de las monedas como «vehículo de comunicación. Estas pequeñas obras de arte, a través de los mensajes e imágenes que incorporan, son capaces de promover valores gracias a su lenguaje universal, comprensible en cualquier parte del mundo», ha dicho.
Esta moneda, que está a disposición del público a un precio de venta de 50 euros más IVA, muestra en su anverso la efigie del rey Juan Carlos, mientras que en el reverso reproduce una imagen del pórtico de la sede de la RAE, con las leyendas «Real Academia Española» y «III Centenario».
Con esta iniciativa, la FNMT-RCM se suma a las llevadas a cabo por diferentes entidades públicas y privadas —como la ONCE, Loterías y Correos, entre otras— para festejar esta efeméride.
La Real Academia, fundada en 1713 por Juan Manuel Fernández Pacheco, marqués de Villena, quien fue también su primer director, conmemora su tricentenario durante 2013 y 2014.
Esta efeméride cuenta con un programa que se inició oficialmente el pasado 26 de septiembre con la inauguración de la exposición en la Biblioteca Nacional de España «La lengua y la palabra. Trescientos años de historia de la Real Academia Española».
Los actos concluirán con una nueva edición —la vigesimotercera— del Diccionario de la lengua española y con la celebración de un simposio internacional «El futuro de los diccionarios en la era digital».

SECRETOS DE GUARDARROPA

Hoy: Lengua (modalidad estilo en el vestir)

 en el país - españa

No puede decirse que se haya roto la cabeza el Diccionario de la Real Academia con su definición de ropa, poco exacta y harto equívoca: “Prenda de vestir”. El caso es que, según esta definición, uno podría decir cosas como “Una falda es una ropa” y es evidente que no las dice. María Moliner atina más con su redacción amplificada (si bien lexicográficamente anticuada): “Nombre genérico que se aplica a toda clase de prendas de tela, tales como cortinas, sábanas, manteles y, en particular, prendas de vestir”. Aquí entendemos bien que ropa es un genérico, un hiperónimo –como se dice técnicamente–, que incluye todas las prendas de tela o de vestir y que puede utilizarse para designar cualquiera de ellas en general (pero no en particular). En ciertos casos, forma locuciones fijas como ropa interior, ropa blanca o ropa de cama, pero suele mantener ese carácter poco o nada específico. “Me he manchado la ropa” puede significar que me he manchado la camisa o que me he manchado la camisa, la corbata, el pantalón, el cinturón y los zapatos.
Por eso resultan un tanto excéntricos usos, no muy frecuentes ciertamente, como éste:
“Se vistió con lentitud, como acostumbraba. Su ropa era negra, impecable, larga hasta el tobillo” (Rosana Lecay, Cuentos de nostalgia y desarraigo, Grupo Destiempos, México D. F., 2011, p. 21).
“La ropa era fantástica: de satén con un corte alto en la cadera y un escote pronunciado en el pecho con unas tiras de piedras” (Marcia Rose, Un verano en Paradise, Libsa, Madrid, 2000, trad. de Dolors Undina, p. 155).
Más que un hiperónimo, ‘ropa’ parece un cansino comodín: a veces echamos de menos un poco de precisión
Si “su ropa” era “larga hasta el tobillo” debía ser una prenda concreta –un vestido, una falda, una túnica, yo qué sé–, y si era “de satén con un corte alto” etc. está claro que era un vestido. ¿Alguien diría alguna vez: “Llevaba una ropa con un escote pronunciado”? No parece que ese interés por la descripción detallada se avenga muy bien con el uso de un genérico.
Lo cierto es que, como ocurre con muchos hiperónimos, ropa aparece con una frecuencia desmedida: cumple, como los sinónimos, con la bella consigna estilística de “no repetir palabras”, y a menudo, como los sinónimos, muy malamente. Más que un hiperónimo parece un cansino comodín: a veces echamos de menos un poco de precisión, y a veces un poco, cómo lo diríamos, de versatilidad.
¿Qué le costaba, por ejemplo, al traductor del siguiente pasaje decirnos qué prenda en concreto llevaba la niña bailarina?
“¡Y frente a ellas la delicada y pequeña figura [de la niña] con su ropablanca ondeando al viento, bailando ante el monstruoso mar!” (Isadora Duncan, El arte de la danza y otros escritos, Akal, Madrid, 2003, trad. de José Antonio Sánchez Martínez, p. 78).
Bueno, el traductor siempre podrá alegar que en inglés no se concretaba (seguramente diría clothes); pero a esta alegación bien podríamos responder, como en otros casos, que lo genérico en un idioma no tiene por qué corresponder a lo genérico en otro, que los usos idiomáticos son distintos y que –argumento clásico– cada idioma parcela la realidad a su modo. El inglés Come to my place se traduce por “Ven a mi casa” por mucho que place sea un hiperónimo (‘sitio, lugar’) de tomo y lomo (y por mucho que en zonas de América algunos digan “Ven a mi lugar”). Si el contexto nos permite deducir, por ejemplo, en el ejemplo citado más arriba, que esa ropa de la niña es un vestido, creo que en español diríamos sin duda “vestido”. En el caso siguiente, la palabra “uniforme” pide a gritos no ser menospreciada:
“El policía era del BORA [Brigada de Operaciones de Rescate y Antitumulto], yo lo identifiqué por laropa que usan” (“Lo que nadie quiere es esta policía”, Página/1224/VI/10).
A veces existen, además, otros genéricos más oportunos. ¿No había, por ejemplo, otra manera de traducir el título del libro Clothing in American History que La ropa en la historia de América? “La moda” o “el vestido” no se le debió ocurrir a quien tradujera esta obra de Dana Meachen Rau publicada en Milwaukee en 2007 por Weekly Reader Early Earning Library. En los usos que citamos a continuación, la memoria, la diligencia o la atención tampoco han sido solicitados:
“Mi tío, Jorge Micheli, es coreógrafo, bailarín y diseñador de ropa de teatro” (“Artistas y compañía”, Clarín, 17/II/07).
“¡Me encanta la ropa y mis amigos siempre me piden consejo y dicen que tengo muy buen gusto!” (Yvonne Collins y Sandy Rideout, Soy auténtica, Amat, Barcelona, 2001, trad. de Betty Trabal, p. 221).
“Por eso importa poco lo que haga o deje de hacer un político, […] lo que gestione un banquero o lo que diseñe un diseñador de ropa” (Javier Marías, Pasiones pasadas, Alfaguara, Madrid, 2011, Google Libros).
¿Ropa de teatro? ¿Qué tal “vestuario” o “figurines”? ¿Me encanta laropa? ¿Un diseñador de ropa? ¿Qué tal “moda”? ¿O será el segundo caso un uso despectivo que se ensaña con los diseñadores rebajándolos a hacer “ropa”, no vayan a creerse algo?
Hay también palabras como “vestimenta”, “ropaje(s)”, “atuendo”, “atavío”, “indumentaria”, “vestidura(s)” que, si bien de registro más elevado y uso más restringido, en un texto literario pueden funcionar perfectamente sin que salten las alarmas:
“… preferirá lo informal por su comodidad. Y, por lo tanto, nuestra dama no tendrá problemas de ropa ni maquillaje” (Sara Herrera, Rosal de espinas, Rumbo, Santiago de Chile, 1977, p. 34).
“… ellos serán también los encargados de la confección de las ropassacerdotales” (Mariano Fernández Urresti, Los templarios y la palabra perdida, Edaf, Madrid, 2003, p. 98).
Si “nuestra dama” indica claramente cierta cursilería, irónica o no, ¿por qué no seguir en esa línea y decir, en vez de ropa, “atuendo” o “indumentaria”? El ejemplo de las “ropas sacerdotales” no parece ya ser cuestión de opciones: “vestiduras” se nos presenta aquí como una exigencia.
Lo genérico en un idioma no tiene por qué corresponder a lo genérico en otro, cada lengua trata la realidad a su modo
Y luego siempre hay otra forma de decir las cosas, siempre la hay. No hay por qué pensar que una palabra solo puede sustituirse por otra palabra. El estilo, pues de eso estamos hablando, es algo más que reemplazo. Veamos estos ejemplos:
“Ahora se lavaba el pelo y llevaba ropa elegante y casi nunca fruncía la nariz ni hurgaba en la basura” (Salman Rushdie, Shalimar el payaso, Mondadori, Barcelona, 2011, trad. de Miguel Sáenz, Google Libros).
“…sin que nadie […] rompa las apariencias usando ropa no adecuada a su status social” (Laura González Pujana, “Estrategias de actuación sobre las comunidades indígenas en el Cabildo del Cuzco”, Revista Complutense de Historia de América, 23, Universidad Complutense, Madrid, 1997, p. 86).
“Ser friki no se identifica por la ropa, sino, [sic esta coma] por la actitud” (Laia, mejor respuesta a la pregunta “¿Son de friki los pantalones de camuflaje?”, en Yahoo! Respuestas).
¿Sonaría acaso muy raro decir “vestía elegantemente” o “con elegancia” en vez de “llevaba ropa elegante”? ¿“Con una indumentaria no adecuada” o “vistiendo de un modo no adecuado” (no hablemos hoy del “adecuado”) en vez de “llevando ropa no adecuada”? ¿No quedaría bien en el tercer ejemplo, sin cambiar en lo más mínimo el registro ni el tono, es decir, sin que un friki tenga que avergonzarse de lo que dice, “forma de vestir” en vez de ropa? La lengua ofrece un repertorio estupendo de posibilidades; el estilo posiblemente consiste en conocerlas, distinguir las reales de las imaginadas o supuestas y hacer, después, una elección. Y recordemos que no estamos hablando aquí de hacer filigranas, sino de explorar la variedad sin perder la naturalidad.
María Moliner observa en su Diccionario que ropa, “refiriéndose a los vestidos, puede usarse en singular o en plural: ‘Tiene su[s] ropa[s] guardada[s] con llave’”. Yo tengo mis dudas de que eso sea normal.Ropa pertenece a la clase de sustantivos denominados “incontables” o “continuos”, cuya particularidad consiste en que ni se singularizan (no decimos que una falda es “una ropa”, y la singularización en otros contextos es exclusiva de hablas particulares: hay ejemplos orales en el corpus de la RAE de “comprarse una ropa de marca”, en Venezuela) ni realmente se usan en plural. Con estos sustantivos, cuando queremos aludir a una realidad plural, recurrimos a fórmulas partitivas como “tres remesas de lino” o “dos vasos de leche”. Es cierto que algunos incontables admiten un plural digamos expresivo (“dineros”), pero nunca decimos “leches” (en la debida acepción, entiéndanme) o “electricidades”.
La posibilidad que señala María Moliner no sé yo si corresponde a un uso expresivo. Sí hemos comprobado, en todo caso, que el plural deropa es muy antiguo en español:
“… oviendo piedad d’ellos, dexólos enbueltos en unas ropas de cama a la misericordia de Dios” (Lope García Salazar, Istoria de las bienandanzas e fortunas (1471-1476), Corde, Madrid, 2000, sin página en el corpus de la RAE).
“Deja estar mis ropas en su lugar, y si quieres ver si es el hábito de encima de seda o de paño, ¿para qué me tocas en la camisa, pues cierto es de lienzo?” (Fernando de Rojas, La Celestina (c1499-1502), Crítica, Barcelona, 2000, p. 321).
Quizá el estilo consiste en conocer las posibilidades que tenemos ante nosotros y hacer, después, una elección
Y que seguimos encontrándolo en nuestros más laureados literatos:
“Estuvo buscando las ropas de abrigo en la luz sucia” (Juan Carlos Onetti, Dejemos hablar al viento (1979), Mondadori, Barcelona, 1991, p. 89).
“Luego, una súbita salpicadura repiqueteó en la cubierta, mojándole la cabeza y las ropas” (José María Merino, La orilla oscura (1985), Alfaguara, Madrid, 1995, p. 240).
“La señora Zoa guardaba la fotografía de sus sobrinos, la caracola y lasropas, en la maleta de cartón” (Miguel Delibes, Madera de héroe, Destino, Barcelona, 1987, p. 148).
Pero yo, francamente, me pregunto si estos insignes ejemplos podrían explicarse del mismo modo que estos otros:
“Se bañó, se cambió de ropas (Morris West, Las sandalias del pescador, Andrés Bello, Santiago de Chile, 1986, trad. de Valentina Gómez de Muñoz, p. 279).
“Vestía ropas y calzaba zapatos que a Julián se le antojaban novelescos” (Carlos Ruiz Zafón, La sombra del viento (2001), Planeta, Barcelona, 2003, sin página en el corpus de la RAE).
“En un primer cacheo, los agentes encontraron entre las ropas de los detenidos una katana de mango negro” (“Detenidos dos atracadores que robaron a 15 repartidores de pizzas en un mes”, La Razón, 9/IV/03).
“Las imágenes de aquellas tardes de pasión junto a ella las recordaba mientras introducía las ropas en la maleta” (Ezequiel Jimenez [sic, sin tilde], Para el amor de mi vida, Palibrio, Bloomington (Indiana), 2011, p. 165).
Es posible que el uso en español, probadamente tradicional, de ropacomo contable (es decir, como un sustantivo que admite plural cuando alude a una realidad plural) se haya conservado en algunas zonas lingüísticas y que en ellas sea habitual y espontáneo. Más nos resistimos a creer en un uso “expresivo”: podemos entender la “expresividad” de “dineros” o de “humos”, pero no la de ropas; no vemos qué clase de intensidad o intención puede el plural aportar ahí. Tememos más bien, en ciertos casos, que a algunos autores que identifican literatura con antigüedad les parezca más “literario” y que recurran artificiosamente a él de un modo parecido a como recurren a “gentes” (otro incontable pluralizado con connotaciones medievales y, por tanto, efectos “estéticos”). De lo que en todo caso no tenemos la menor duda es de que entre Miguel Delibes guardando las ropas en la maleta y Ezequiel Jimenez [sic, sin tilde] haciendo lo mismo en Indiana tiene que haber una diferencia. Y sospechamos que la influencia del inglés clothes (un plural convencional en esa lengua, como lo esvêtements en francés) planea ominosamente sobre muchos productos de esa –a menudo inconsciente– predilección.
Terminamos con dos usos lamentables:
“… y Martín rebotaba de una pared a otra, y los golpes le aturdían, y lasropas se le desgarraban” (Luis Magrinyà, Los aéreos, Debate, Madrid, 1993, p. 52).
 “… apretado en las ropas de servicio, tenso y decepcionado, [el mayordomo] salió al salón” (Luis Magrinyà, Los aéreos, Debate, Madrid, 1993, p. 107).
Nos consta que, en estos casos, lo que pluralizaba infamemente la ropaera el inglés.
PD.: Un añadido al anterior L&L: nos hemos enterado, gracias a María Teresa Gallego, de que perlar tiene toda la pinta de ser un galicismo. En francés, perler existe desde 1834 en el sentido de ‘hacer un trabajo primoroso’ (algo parecido a nuestro “bordar”), también en la música (de ahí seguramente la orquesta de Darío que “perlaba sus mágicas notas”), y ya desde 1844 con la acepción de ‘gotear’. Parece, en fin, que en español no es solo una cursilería, sino una cursilería de imitación.

PESTES DEL LENGUAJE

Julio Ortega. El crítico peruano en su hotel en Recoleta. / MARIA EUGENIA CERUTTI


Contra las literaturas nacionales y las pestes del lenguaje


El peruano Julio Ortega hablará de Borges. Cree que el diálogo define la estética actual.


Julio Ortega no quiere decidir. Si naufragara y tuviera que elegir entre la obra de Cortázar o la Borges, dos autores que frecuentó y leyó críticamente hasta el hartazgo, no sabría con cuál quedarse, lo taparía el agua. “Es la misma biblioteca. No podría elegir. Yo empecé a leer con El Quijote, César Vallejo y en el primer dia de la universidad, el profesor Luis Jaime Cisneros nos leyó la página de la simultaneidad de El Aleph. Pensé que lo leía para mí, no sabía que el español podía hacer tantas cosas. Cortázar es como una intimidad del lenguaje”, dice sentado en la confitería de un hotel de Recoleta.
Precisamente Cortázar y Borges son las razones que trajeron a este notable crítico nacido en Perú en 1942 a Buenos Aires. Hoy, participará de una jornada (paga) sobre el primero en la Asociación de Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes. El sábado presentará dos textos particulares del segundo (Ver En la Feria...) gratis, en la Feria del Libro. Vale la pena escucharlo, porque pocos ensayistas han abierto más puertas en Europa y Estados Unidos para los autores de la región como él. Destaca como reciben sus pares estadounidenses al difunto chileno Roberto Bolaño, al colombiano Juan Gabriel Vásquez o al argentino César Aira. “Tiene un lenguaje que respira como un organismo vivo, y es sorprendente leerlo en inglés, porque tienen una reverberación mayor”, asegura. Más sorprende cuando este profesor –paradójicamente– de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Brown sentencia que “la literatura nacional ha muerto hace tiempo”. No se puede hablar entonces de una literatura por país.
–¿No existe una literatura argentina o española entonces?
–Eso era un invención argentina, creo que de David Viñas (ríe). Hoy se han convertido en espacios de consolación. Nos parece que la literatura es un sistema de referencias para controlar lo que no podemos controlar. Es un mausoleo como la historia literaria francesa, es un monumento que se visita con reverencia y que provee a los ciudadanos de una certeza retórica sobre sí mismos.
–¿Y qué es lo que existe?
–Hoy en día hay una “Literatura Transatlántica” entre los más jóvenes. Ellos escriben con mayor libertad y hacen suya la tradicion literaria de cualquier idioma de acuerdo a sus necesidades. Da lo mismo que se escriba una novela en Buenos Aires o México.
–¿Qué es lo que los caracteriza a sus autores?
–La voluntad de diálogo, que solamente un operativo de comunicación sino que significa la creación de un espacio alterno –facilitado por el uso común del lenguaje– donde acontecen las obras. Un español sin vocación estricta se puede alimentar de regionalismos, de jergas y fluir dentro del texto sin la idea tradicional de fronteras.
–¿Y qué es lo que no le gusta de este momento?
–Que ese lenguaje nuevo de la literatura refuta el lenguaje traumático que domina a la lengua coloquial. Esta última debería llevar la temperatura del habla cotidiano y está hecha de lugares comunes, prejuicios y violencia. En todas partes hoy en día vivimos más intensamente que nunca. Los estereotipos, el machismo, la discriminación de clases, el estigma de la pobreza son reales porque funcionan como mecanismos de negación del otro, pero son pestes del lenguaje. En el español más que en ninguna otra lengua estas pestes del lenguaje han tomado el habla, ha impregnado lo cotidiano.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

los jugadores se 


entrenan o entrenan


ambas válidas

Recomendación urgente del día
El verbo entrenar, con el significado de ‘ejercitarse para practicaruna actividad, especialmente un deporte, puede construirse con el pronombre se («El jugador se entrenó con normalidad») o sin él («El jugador entrenó con normalidad»).
En los medios de comunicación es muy habitual encontrar frases como «Modric no entrenó con el resto del grupo», «Juan Carlos Navarro entrenó con normalidad» o «Thorpe entrenó y entrenó hasta que en agosto del año pasado una lesión de hombro lo obligó a retirarse definitivamente».
De acuerdo con el Diccionario panhispánico de dudasentrenar, como transitivo, es ‘preparar a personas o animales en una práctica, especialmente deportiva’, esto es, apunta a la labor que lleva a cabo un entrenador; mientras que resulta más adecuado escribir que los jugadores o los equipos se entrenan, con se.
No obstante, aunque recomienda mantener el uso distinto y especializado de estas dos formas verbales, esta misma obra considera admisible la forma sin el pronombre se y reconoce que su uso se va imponiendo en la actualidad.
Así pues, todos los ejemplos anteriores pueden considerarse válidos, si bien la Academia considera preferible escribir «Modric no se entrenó con el resto del grupo», «Juan Carlos Navarro se entrenó con normalidad» y «Thorpe se entrenó y se entrenó hasta que en agosto del año pasado una lesión de hombro lo obligó a retirarse definitivamente»
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