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sexta-feira, 18 de abril de 2014

Cuestión del idioma



El uso del español presenta contradicciones para los jóvenes
Migración
Por:  Rubén Hernández León - http://www.laopinion.com/
La columna de la semana pasada se la dediqué a analizar las experiencias de mis estudiantes en un seminario en español sobre migración México-Estados Unidos que imparto en UCLA. Como lo comenté entonces, casi todos son hijos de inmigrantes latinoamericanos. Han logrado retener el idioma de sus padres gracias a la insistencia de éstos porque el español sea el idioma de la vida familiar y medio para comunicar la autoridad moral de padres y madres.
Pero mis alumnos también viven en carne propia la estigmatización del español, lengua de la clase trabajadora inmigrante. En California y muchos otros lugares de EEUU, el español es asociado con el mundo social del trabajo duro y mal pagado. La población blanca y dominante en esta sociedad también asocia el español con el desconocimiento del inglés. La escuela pública castiga a los niños hispanoparlantes, convirtiéndolos en pupilos "defectuosos", en vez de aprovechar el hecho de que son bilingües en ciernes.
Esta estigmatización afecta profundamente a algunos de mis estudiantes, al punto de avergonzarse de hablar el español y rechazar este idioma en público. Aun así, estos mismos alumnos tienen que ser traductores de sus papás en escuelas, clínicas y comercios, al mismo tiempo que son bombardeados por canales de radio y televisión—en español—con el fin de comprar algún producto o servicio. Lo que le falta al español en términos de estatus social, le sobra como el idioma de un importante segmento del mercado. Así de contradictorio es el mundo en el que vivimos.
Una de las cosas que más disfruto al impartir el citado seminario en español en la universidad es poder mostrarles a estos estudiantes que este idioma es un medio perfectamente legítimo y prestigiado de desarrollo e intercambio del conocimiento científico; que en el idioma de sus padres se dictan conferencias, se escriben tratados académicos, ensayos sobre temas de actualidad y poesía en muchos lugares del mundo. Y que así ha sido por siglos.
Pero lo realmente invaluable es observar cómo estos estudiantes realizan su propio proceso de descubrimiento, van atando cabos y en vez de rechazar el idioma, terminan por percibirlo como una ventana que se abre para poder asomarse a conocer otros mundos. Muchos también se dan cuenta de que los idiomas pueden ser herramientas de opresión social y que tal y como los angloparlantes usan la lengua para oprimir a los hispanoparlantes, en otras condiciones estos últimos también han hecho de las suyas.
Este proceso de descubrimiento de la legitimidad pública de la lengua que siempre han asociado con el mundo de la intimidad familiar resulta indisociable de otra revelaciónigualmente afirmadora: a fin de cuentas, el tema de esta clase es el de la migración entre México y Estados Unidos. Aquí nos dedicamos a estudiar, analizar y teorizar sobre las experiencias de sus abuelos, padres, tíos y primos. Sus idas y vueltas y motivos para emigrar son objeto de ríos de tinta. Para nosotros, son los héroes de la historia.

LO QUE HAY QUE OÍR


La dilocalaiseision

Deslocalizar, una palabra tomada innecesariamente del inglés y que resulta engañosa

16.04.2014 | 02:12
La dilocalaiseision

Cuando una lengua no tiene palabra para designar algo, o bien la crea, mediante muchos trucos que no vienen al caso, o bien la toma prestada de otra lengua. El español, por ejemplo, se apropió de "caramelo" o "mermelada" del portugués; de "cacao" o "maíz" de las Américas; de "capicúa" o "forastero" del catalán; de "coraje" o "jamón" del francés? Y todos en paz y todo muy bien. Sin embargo, a veces aparece en nuestro idioma una palabra de quién sabe dónde (aunque hoy, por lo general, del inglés), los políticos comienzan a usarla, los hablantes la toman por muy culta y acaba por entrar en el diccionario de la Real Academia (para otras cosas tan lenta) sin que de ella tuviésemos menester? porque ya nos arreglábamos perfectamente con otras para designar lo que la intrusa designa. Todo parece indicar que la vigésima tercera edición del diccionario de la lengua española de la RAE añadirá una palabra que no me gusta un pelo: "deslocalizar", como verbo transitivo con el significado de "trasladar una producción industrial de una región a otra o de un país a otro, normalmente buscando menores costes empresariales". Y no me gusta un pelo porque me parece una palabra encubridora, engañosa, mendaz, mentirosa.
Vamos a ver esa definición. Si un empresario traslada voluntariamente su negocio de lugar, será debido a que barrunta que ganará más. Sobra, pues, la explicación "normalmente buscando menores?" por redundante. Así pues, "deslocalizar" sería "trasladar una producción industrial de una región a otra o de un país a otro". Pero, al ser el verbo transitivo, tras "deslocalizar" habrá que decir o escribir lo deslocalizado: el nombre de la empresa. Sobra, pues, "una producción industrial?" por redundante. De modo y manera que esa invención de "deslocalizar" es sencilla, simple y llanamente "trasladar", "reubicar", "mudar" (es decir, "remover o apartar de un sitio"), palabras todas ellas que se usaban ya en el español y con las que nos iba divinamente.
¿Por qué, entonces, "deslocalizar"? En primer lugar, porque en España somos al hablar más anglos que la Torre de Londres o el pollo de Kentucky. "Localize" es un verbo inglés que significa "localizar" ("determinar el emplazamiento que debe tener algo"). El sustantivo correspondiente es "localization". Con el prefijo "de-" convertimos tales términos en "delocalize" y "delocalization". Pues nada, a ver si los españoles vamos a ser ciudadanos de segunda del imperio: tiramos de nuestro prefijo "des-" y obtenemos "deslocalizar" y "deslocalización", que maldita la falta que nos hacían, pero que suenan internacionales a tope. En segundo lugar (y fuera ya de esa mímesis lingüística papanatas y acomplejada), "deslocalizar" y "deslocalización" entran en nuestra lengua no cargadas de ese significado redundante que parece querer la Academia: entran con una connotación de sufrimiento para los trabajadores "deslocalizados", como es bien sabido y, por desgracia, vemos casi a diario. Por ello hablo de "deslocalizar" y "deslocalización" como palabras encubridoras, engañosas, mendaces y mentirosas. "Deslocalizar" y "deslocalización" serían, si se dijese verdad, traslado forzoso, reubicación forzosa, muda forzosa? de los currantes. Pero meter ese adjetivo "forzoso" mucho desluce el inglés, poco fino es. Así que se nos embauca con "deslocalizar" y "deslocalización", y todos en paz y todo muy bien.
Mucho me gustaría, si el horno laboral estuviese para bollos lingüísticos, que se tomara a broma la irrupción de "deslocalizar" y su sustantivo correspondiente; que el españolito de a pie se riese de ese préstamo con tanta peste dentro a engañifa recurriendo a los originales ingleses "delocalize" y "delocalization" y pronunciándolos a la inglesa: "Estoy temblando, compañero. Creo que van a "dilocalais" mi empresa y con esa "dilocalaiseision" me van a hacer polvo, pues lo más cerca que me toca es Ceuta y vivo en Oviedo". Pero si a uno le separan la familia por largarlo a Ceuta desde Asturias, me temo que no ande para bromas, me temo que quede? muy deslocalizado. ¿O debería decir "beri dilocalais"?

JUDIADA



´Judiada´ es expulsiva

17.04.2014 | 05:30
Marilda Azulay - http://www.levante-emv.com/opinion/2014/04/17/judiada-expulsiva/1101874.html

Todavía se está a tiempo de que la versión vigésimo tercera del Diccionario de la lengua española elimine de entre sus entradas la palabra judiada. Esta vez quizás pueda suceder ante la decisión del Gobierno de modificar el Código Civil para conceder la nacionalidad española a los descendientes de los judíos expulsados en 1492, calculando las organizaciones sefardíes que 3,5 millones de personas podrían acogerse a esta medida. Considerándose a sí misma la RAE «un mero notario de la lengua», sin promover, legitimar ni aconsejar o desaconsejar el uso de una palabra, quizás también pueda suceder porque, como afirmaba su secretario, Darío Villanueva, «la sociedad evoluciona y van dejando de tener vigencia ciertos términos. Y por ese motivo salen del Diccionario».
Pero la pregunta no es si debe o no registrarse o cómo, sino, al preguntárnoslo, qué responsabilidades achacamos a la lengua. Para Unamuno, «mientras los judíos de Oriente conserven el habla española (...) viertan en español sus sentires y sus añoranzas, será su patria esta España que tan injusta y cruel fue con ellos». Judíos españoles que lo fueron de Oriente por decreto tras declaración del judaísmo como un detestable crimen, pero a quienes nadie pudo impedir que conservaran su lengua como un tesoro. Gonzalvo de Illescas, viajero español, escribió en 1650: «Los judíos han traído a Turquía nuestro idioma, al que han permanecido fieles hasta hoy». Otros, en 1860, quedaron asombrados al oír el español en las calles de Tetuán; más tarde también se sabría que la mitad de la población de Salónica hablaba español y que en Constantinopla se publicaban periódicos como La Voz o El Tiempo. Blasco Ibáñez escribió acerca «de Galata, en Constantinopla, el Barrio de los Españoles, como lo titula la topografía popular, donde 28.000 judíos (...) emplean en el seno de la familia un castellano arcaico que es la lengua sagrada».
Mientras leo a García de la Concha „«no podemos quitar la acepción peyorativa de judiada porque un lector de Quevedo no entendería a Quevedo»„ pienso en el futuro que queremos y no en el pasado que tuvimos. Pasado en el que, tras un auto de fe en el que se condenó y quemó a seis judaizantes, Francisco de Quevedo dirigió a Felipe IV Execración contra los judíos y escribió que «quemar y ajusticiar los judíos será castigo (...) en todas las puertas de Vuestros reinos han de hallar muerte y cuchillo (...) Perezcan, Señor, todos (...) siempre malos y cada día peores». En ninguna de las ediciones a las que he accedido he encontrado judiada. Pero no veo el problema en entender a Quevedo. Como no lo hay respecto de la actuación inquisitorial, aún atendiendo a las acepciones de inquisición, inquisidor o inquisitorial.
Tras la denegada supresión de judiada del Diccionario „no hace mucho, acción cruel e inhumana; hoy, acción mala, que tendenciosamente se consideraba propia de judíos„ me viene a la mente la observación de Imre Kertész de que quien ha sido humillado una vez, lo seguirá siendo eternamente. Incluso en su lengua, añado. Como decía de «un lenguaje que es el mundo de la conciencia de una sociedad que continúa funcionando con indiferencia, un lenguaje en el que el expulsado sigue siendo siempre (...) un extraño», judiada, cuyo uso debería verse como un trauma de la civilización, me hace sentir una extraña en mi lengua. Y vuelvo a citar a Kertész, Nobel de Literatura, superviviente de Auschwitz: «La xenofobia, el antisemitismo, son, sobre todo, lenguaje; y quienes lo utilizan a veces saben perfectamente, creo yo, a qué destrucción y a qué crímenes puede conducir tal uso del lenguaje».

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

los fuera de 


juego ylos fueras de 


juego, plurales 


válidos

Recomendación urgente del día

Los fuera de juego y los fueras de juego son plurales adecuados de la expresión el fuera de juego, empleada en el ámbito deportivo para referirse a la ‘posición antirreglamentaria en que se encuentra un jugador’, conforme a la definición del Diccionario académico.
En los medios informativos se observa vacilación respecto a este plural en frases como «Los jugadores azulgranas han efectuado un juego anodino, que se ha vuelto a estrellar ante los fuera de juego provocados por los defensas» o «Los jueces de línea se equivocaron en ambas áreas señalando dos fueras de juego que no eran por varios metros», ambas válidas.
La expresión fuera de juego puede interpretarse como locución fija, en cuyo caso el plural se mantiene invariable (los fuera de juego); pero también como una combinación libre de varias palabras (fuera más de más juego), que formaría el plural de forma regular: los fueras de juego, donde el adverbio fuera funciona como sustantivo, motivo por el que se puede pluralizar.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

García Márquez, 


claves de redacción

Recomendación urgente del día
Con motivo del fallecimiento del escritor Gabriel García Márquez, se ofrecen algunas claves para una correcta redacción de las informaciones relacionadas con este acontecimiento.
1. Gabo y Gabito son los hipocorísticos (formas abreviadas o diminutivas) del nombre Gabriel, con los que se alude a menudo al escritor colombiano. Conforme a la Ortografía de la lengua españolano es preciso destacarlos con comillas ni cursivas.
2. La capital de México, en la que ha fallecido el literato, se llama Ciudad de México (con c mayúscula) o México D. F. (forma esta en la que también resulta admisible la grafía México DF sin puntos).
3. Los títulos de las obras literarias se escriben en cursiva (o entre comillas si se no se dispone de ese tipo de letra) y con mayúscula solo en la primera palabra, salvo nombres propios u otros términos que la exijan (Cien años de soledad, La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada…), según la Ortografía académica.
4. Los nombres de los periódicos, revistas y otras publicaciones periódicas se escriben asimismo en cursiva, y con todas sus palabras significativas en mayúsculas (El EspectadorEl Universal de Cartagena,Crónica…).
5. Las denominaciones de movimientos, estilos y escuelas propios de disciplinas concretas se escriben con inicial minúscula (realismo mágico).
6. El término alzhéimer, enfermedad que padecía el escritor desde hace algunos años, se escribe con minúscula inicial y con tilde, excepto si se utilizan las expresiones enfermedad de Alzheimer o mal de Alzheimer, en las que se respeta la grafía del apellido del neurólogo que investigó esa dolencia y se escribe, por tanto, con mayúscula inicial y sin tilde.
7. Premio Nobel se escribe con mayúsculas iniciales cuando se refiere al galardón («García Márquez fue distinguido con el Premio Nobel de Literatura en 1982»), pero con minúscula cuando se usa para aludir al premiado («El premio nobel Gabriel García Márquez opinaba que…»).
8. La locución latina honoris causa se escribe con minúsculas iniciales y en cursiva.
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