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domingo, 16 de março de 2014

¡Al rico archisílabo, oiga!









El gusto por alargar pomposamente las palabras sigue afectando al español
AURELIO ARTETA en El País - España


Uno piensa que los españoles no tenemos un bien más común que nuestra lengua común, el español o castellano. Despreciarlo o dejar que se malemplee y degrade nos predispone a desentendernos también de otros bienes compartidos y, por supuesto, a malentendernos entre nosotros. Cuidar las palabras permite afinar sentimientos y escoger las razones adecuadas, mientras que destrozarlas a nuestro antojo conduce a disfrazar intenciones y a trampear con menor reparo. Así que, con permiso de la Academia, volveré a referirme a esa dolencia de nuestro idioma que es la profusión de archisílabos. Ya saben, esos términos artificial y pomposamente alargados con los que pretendemos dar mayor empaque a lo dicho y ganar estatura a los ojos del otro. Aquí va la séptima entrega de esta serie iniciada hace casi veinte años.

Solo de pasada mencionemos los incubados en los círculos más pedantes del mundo publicitario y de la moda. Son esas novedosas palabras que anteponen exagerados prefijos para denotar así algo ultraexclusivo o la hiperexclusividad de un diseño, una mansión de macrolujo o una persona superpositiva. Pero lo habitual es que el grueso de los archisílabos se forme añadiendo desinencias innecesarias a un sustantivo para expresar peor lo mismo que ese sustantivo ya decía mejor y con mayor brevedad. En unos casos, el hablante se eleva a un plano de aparente abstracción que al parecer le conforta. De suerte que la ‘reflexión’ se convierte en reflexividad, el ‘gobierno’ o la ‘gobernación’ dejan paso a la gobernabilidad e incluso a la gubernamentalidad, un poema revela no tanto un tierno ‘sentimiento’ como una delicada sentimentalidad. Nuestro presidente explicó tan terne que el Banco Europeo nos concedía su multimillonario rescate sin condicionalidad alguna, esto es, ‘sin condiciones’.

Como en este país tratamos mucho más con vaporosas entidades que con ‘entes’ reales, no sufrimos una crisis de ‘empleo’, sino de empleabilidad. Ya no hay que contener el ‘gesto’, sino la gestualidad, ni despertar ‘emoción’ o ‘emotividad’, sino emocionalidad. La presencialidad suena más densa que la mera ‘presencia’, igual que el ‘óptimo’ resultado de una gestión empresarial alcanza la optimalidad. Rizando el rizo del ridículo, una revista de filosofía hablaba hace poco de contradictorialidad en lugar de ‘contradictoriedad’, lo mismo que en las peluquerías femeninas ofrecen ungüentos que dan voluminosidad —y no '’volumen’— al pelo.

Nos inclinamos hacia ciertos vocablos por su mayor largura
Hay casos en que el estiramiento verbal parece deberse a un deseo irrefrenable de calcar usos del inglés. Aludimos entonces a una campaña promocional, que no ‘promotora’, a una actividad fundacional en lugar de ‘fundadora’ o bien a la gracia creacional del artista más que ‘creadora’ o ‘creativa’. ¿Y a que resulta hermoso el confusional, para aludir a lo ‘confuso’ o ‘confundente’? Algo que sea ‘operativo’ se califica hoy (perdón, a día de hoy) de operacional y unos intereses volicionales, por si no lo saben, designan intereses ‘volitivos’ o de la voluntad. Claro que a estas invenciones contribuye lo suyo que ese hablante ignore la raíz latina de los términos que emplea. Por eso olvida la ‘desinfección’ para escoger la desinfectación, la ‘interacción’ nada puede frente a la interactuación y por la misma tendencia se prefiere el infusionarse al ‘infundirse’. Las películas hay que versionarlas en lugar de ‘verterlas’ a otras lenguas y en un cartel publicitario pueden tropezarse con un movedor que no pasa de ser el ‘motor’ de toda la vida.

Recuerde el lector cuántas veces escucha desfasamiento por ‘desfase’, enmarcamiento por ‘enmarque’, mejoramiento por ‘mejora’ y decantamiento por ‘decantación’. El motivo más probable de inclinarnos hacia los primeros vocablos es su mayor largura frente a los segundos. Lo mismo ocurre con muchos delincuentes cuando les detienen: que son sometidos a un procesamiento judicial mejor que a un ‘proceso’. Pero ese lector puede también preguntarse por qué una empresa internacionalizada (‘internacional’) requiere un apoyo profesionalizado más que ‘profesional’ y, a ser posible, particularizado mejor que ‘particular’. El otro día me hablaron de un interés bancario anualizado, con el significado de ‘anual’, de una decisión política territorializada para decir ‘territorial’ y de una situación lingüística normalizada, o sea, ‘normal’. ¿A que en televisión las lluvias siempre son generalizadas y nunca ‘generales’? Pues eso.

La lista no se ha agotado, ¡qué va! Nunca hablen de un grupo ‘colaborador’ cuando pueden llamarlo colaborativo. Pero si quieren causar efecto profundo, atrévanse a prescindir del simple ‘capaz’ y acuñar el capacitivo, según promovía un reciente anuncio de tablets en la prensa. Hay archisílabos que alteran el sentido del sustantivo originario o incluso lo traicionan del todo. Quien rechaza reiteradamente algo que se le imputa no se aferra a la ‘negación’ de los hechos, sino que incurre nada menos que en negacionismo, de igual manera que la mera ‘oscuridad’ que rodea un crimen viene a tildarse de oscurantismo.

El ampuloso crecimiento de vocablos ofrece todavía numerosas ocasiones a nuestro afán de encampanarnos. Habrán notado que no hay autoridad que exprese hoy su ‘juicio’ sobre cualquier novedad acontecida, sino en todo caso una valoración, de modo parecido a como la ‘pena’ de una multa se torna una penalización. Ya no exigimos una ‘rentabilidad’ para nuestras inversiones, sino su rentabilización, y la financiarización está dejando corta a la ‘financiación’. ¿Qué pinta un ‘contraste’ al lado de una contrastación y cómo poner el ‘acento’ donde cabe una acentuación? En boca de una exministra el ‘presupuesto’ cobraba mayor prestancia si pasaba a denominarse presupuestación. Al paso que vamos, mucho me temo que las edificaciones acaben ganando en altura a los ‘edificios’.

Abruma tanta riqueza léxica cuando tanto escasea la conceptual
Una ‘división’ o ‘reparto’ de algo no puede compararse con su segmentación, la defraudación oculta un delito más turbio que el ‘fraude’, como le pasa a la repudiación frente al escueto ‘repudio’. Algunos buscan la igualización antes que la ‘igualación’, no se contentan con la ‘objetivación’ cuando pueden pronunciar objetualización, aunque tampoco dejan claro si presentan proposiciones o ‘propuestas’. El perverso placer obtenido de añadir sílabas forzadas se detecta asimismo en la desregularización que equivale a la mera ‘desregulación’, en la deteriorización como ‘deterioro’ o en la sociabilización, que es como una ‘socialización’ sólo que más prolongada. Al terrible significado de ‘exterminio’ le ha salido un competidor en la exterminación. Y algún concurso televisivo debería sortear un premio entre quienes adivinen a qué viejas palabras pretenden sustituir ahora mismo engendros como expertización, titulización o mutualización.

Los nuevos verbos puestos a nuestro alcance son legión; tienen el ligero inconveniente, eso sí, de que también son inútiles por sobrantes. Entre ellos encontramos algunos tan encantadores como audializar para ‘escuchar’ música u oficializar una misa que debe de valer para el cura mucho más que ‘oficiarla’. Súmenle ustedes el nulificar para decir ‘anular’, y el ficcionalizar para ‘ficcionar’, y el provisionar para ‘proveer’, y el potencializar para ‘potenciar’, y el narrativizar para ‘narrar’ y así hasta cansarse... Pues abruma esta extraordinaria riqueza léxica cuando tanto escasea la conceptual.

¿Qué quieren que les diga? Una vez más, la razón parece estar de parte del entrañable Chesterton: “Es indudable que la prudencia es mejor que el ingenio; pero, leyendo los extraños polisílabos de los modernos libros y revistas, parece mucho más evidente que hemos perdido el ingenio y no hemos adquirido prudencia”.

Aurelio Arteta es catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad del País Vasco.

UNA REVOLUCIÓN EN EL DICCIONARIO







La Academia completa la nueva edición del DRAE, que se publicará en octubre con 95.000 voces
Es la versión más revisada de la historia con 100.000 enmiendas

TEREIXA CONSTENLA Madrid en El País - España


Más voces, más acepciones, más americanismos, más debate lexicográfico y lingüístico, más matices, más, más, más... la 23ª edición del Diccionario de la Real Academia, ya completada y que verá la luz en octubre, se caracteriza por sus impresionantes números (93.000 voces, es decir 5.000 más que en la edición anterior de 2001; 100.000 enmiendas, 200.000 acepciones...) pero también por sus pequeñas revoluciones, como la de añadir la palabra “malsonante” a ciertas voces rodeadas de controversia social, tales como mariconada.



El DRAE cierra sus puertas a...

acupear. tr. C. Rica. Defender, respaldar.
alidona. f. Concreción lapídea que se suponía encontrarse en el vientre de las golondrinas.
bajotraer. m. desus. Abatimiento, humillación, envilecimiento.
bigorrella. f. Piedra de gran peso que sirve para calar las collas.
boleador. m. germ. Hombre que hace caer a otro.
dalind. adv. desus. De allá.
fenicar. tr. Echar ácido fénico a algo.
sagrativamente. adv. desus. Con misterio.
Seguramente el diccionario más políticamente correcto de la historia de la Real Academia Española fue el primero, publicado entre 1726-39, cuando la corrección política no existía. En su prólogo, los autores avisaban de que se habían omitido “todas las palabras que significan desnudamente objeto indecente”. Básicamente, nada de sexo. Pero ahora que los lexicógrafos se han liberado de tabúes, son los diferentes colectivos sociales quienes exigen que se excluyan voces con cargas peyorativas por razones diversas, desde las étnicas (la mencionada judiada) a las físicas (sordomudo). Ambos términos se mantendrán en el nuevo DRAE, que ayer pasó de las manos académicas a las editoriales (Espasa).

Es el Diccionario más modificado de las 23 ediciones de su historia: incorporará 100.000 enmiendas aunque en este bloque se incluyan desde cambios menores, como la supresión de una coma, a otros radicales, como la eliminación de palabras caídas en desuso (bajotraer: “abatimiento, humillación, envilecimiento”) o la incorporación de americanismos como jonrón (del inglés home run), muy utilizado en países de América con gran afición al béisbol.

El 10% de las 200.000 acepciones son americanismos. “Queremos que sea el Diccionario de referencia para todo el mundo. Se nos criticaba que en el lenguaje del deporte estaban sobre todo representados los de España y en esta edición hemos introducido términos americanos”, explica el secretario de la RAE, Darío Villanueva. En la elaboración del texto, que también experimentará modificaciones formales (en formato, tipografía y presentación, entre otras), han participado las 22 academias de la lengua española.

Puede que algunos cambios lexicográficos contenten demandas de colectivos —se eliminan acepciones sexistas del tipo de femenino: “débil, endeble”, masculino: “varonil, enérgico”, huérfano: “Dicho de una persona de menor edad: a quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre”— pero el director del DRAE, el académico Pedro Álvarez de Miranda, subraya que desaparecen porque han dejado de ser “definiciones veraces”.

Continuarán términos que irritan por hirientes porque siguen circulando en la lengua, aunque se puntualizan con una marca: mariconada aparecerá identificada con la mencionada etiqueta de “malsonante”. “Hay que procurar no herir la sensibilidad de nadie pero la lexicografía no puede hacer dejación de su responsabilidad, que es consignar lo que en la lengua existe”, señala Álvarez de Miranda, responsable desde 2011 del DRAE. “El lexicógrafo que recoge en un Diccionario la palabra maricón no es homófobo. Esa palabra existe”, añade.

Darío Villanueva recurre a una cita de Aristóteles para exponer la visión de la RAE: “La palabra existe para manifestar lo conveniente y lo dañino, así como lo justo y lo injusto”. “Sería absurdo”, añade Villanueva, “que el DRAE solo recogiese las palabras bonitas. Incluir palabras que no son políticamente correctas en el Diccionario no es una forma de avalarlas. La lengua es de todos, también de quienes son menos sensibles y usan el lenguaje para insultar”.

Para Pedro Álvarez de Miranda, la cosa está clara: “La lengua es así, no es de la Academia ni de los lexicógrafos. Con quien hay que enfadarse es con nosotros mismos, los hablantes. Un diccionario es bueno si es veraz. Lo otro es matar al mensajero”.

...y se las abre a...

Audioguía: Dispositivo electrónico portátil de uso individual que, a través de grabaciones, proporciona información en la visita a una exposición, paseos turísticos, etc.
Bótox: Toxina bacteriana utilizada en cirugía estética.
Cameo: Intervención breve de un personaje célebre, actor o no, en una película o una serie de televisión.
Cortoplacista: Que persigue resultados o efectos a corto plazo.
Dron: Aeronave no tripulada.
Hipervínculo: enlace.
Identikit: retrato robot.
Jonrón: En el béisbol, jugada en que el bateador golpea la pelota enviándola fuera del campo, lo que le permite recorrer todas las bases y anotar una carrera.
Medicalizar: Dotar a algo, como un medio de transporte, de lo necesario para ofrecer asistencia médica. Dar carácter médico a algo.
Naturopatía: Método curativo de enfermedades humanas mediante el uso de productos naturales.
Pilates: Método gimnástico que aúna el ejercicio corporal con el control mental, basado en la respiración y la relajación.
Precuela: Obra literaria o cinematográfica que cuenta hechos que preceden a los de otra obra ya existente.
Serendipia: Hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual.

LA LENGUA VIVA






Delicias de la lengua
Amando de Miguel en Libertad Digital - España



Las cuestiones de la lengua son todo menos aburridas. José Carlos Sánchez ha registrado la variante universitaria del politiqués. Se trata de un reciente texto administrativo; un concurso para dos plazas de "Funcionarios Interinos, grupo C, subgrupo C1, de la Escuela de Técnicos Especialistas en Informática". Su misión es "elaborar el estado instrumental de la revisión del plan de movilidad sostenible de la caracterización del marco territorial y socioeconómico del área de Zaragoza y proyección de población 2020". La solicita el Departamento de Geografía.

Juan A. Fernández me envía unos mensajes muy didácticos sobre ortografía y similares. Transcribo algunos:

Anuncio: "Busco hombre de buena ortografía para tener una buena relación textual".

Reflexión: "Si me gusta tu ortografía es porque me sugiere que sabes poner las cosas en su lugar, que puedo confiar en ti, porque quien respeta hasta la forma correcta de escribir una palabra seguro sabrá respetar cosas más importantes en la vida".

Aforismo: "Leer es como besar. A quien no lo hace con frecuencia, se le nota a la lengua".

Advertencia: "La mala ortografía es una enfermedad de transmisión textual".

Comas: "Vamos a comer niños" no es lo mismo que "vamos a comer, niños".

Damián Galmés razona que la prescindencia del artículo delante de algunos nombres puede resultar molesta. Por ejemplo, "informa Casa Real" o "conforme a Derecho". Entiendo que va a ser difícil enmendar esa tendencia que por todas partes se impone. Es más, se amplía a sustantivos nada egregios: "Subir a dirección (de la empresa)", “bajar a planta (del hospital)”. La supresión del artículo es otra de esas modas que provienen del inglés ubicuo. Aunque también cabría pensar en la influencia del vascuence. Por ejemplo, se dice “el IRA” o “las FARC”, pero “ETA” (sin artículo).

J. Alberto Torrijos Regidort, al hilo de los neologismos de las lenguas regionales en España, comenta un caso muy característico del gallego. En España hay muchas localidades que llevan el nombre de "Puebla de…". Se debe a la repoblación que hicieron los castellanos en las cartas pueblas medievales. Ahora en Galicia hubo esa han decidido alterar los nombres de algunas de esas localidades y las llaman "Povoa de…".

Añado una coda a mi artículo anterior sobre el prefijo des-. El comienzo de una voz con des ya nos indica algo desagradable. No hace falta que sea la negación de lo que sigue. Por ejemplo, destruir, destrozar, descacharrar, descalabrar, desbaratar. No existen los verbos truir, trozar, cacharrar, calabrar o baratar.

Me encanta el neologismo popular de descambiar. Consiste en hacer que te devuelvan el importe de la compra o bien la entrega de un artículo equivalente. No se quiere decir que no se cambia algo, sino, al revés, volver a cambiarlo, a deshacer la compra o a rehacerla.

Aunque el diccionario nos diga que el descamisado es el que no lleva camisa, más bien nos imaginamos una persona que no lleva nada encima de la camisa. Puede ser por penuria o por rebeldía.

La lógica nos dice que desfallecer sería algo así como resucitar. Pero ese verbo y sus derivados los empleamos para exagerar el estado próximo a la muerte al perder el aliento, las fuerzas, el ánimo. Es una estupenda analogía.

TRADUCCIÓN PERIODÍSTICA




Unos 30 intérpretes participan en un taller de traducción periodística

Una treintena de titulados en Filología Árabe o Traducción e Interpretación y traductores profesionales analizarán fragmentos de los géneros periodísticos más representativos como noticia, crónica, reportaje y opinión, en un taller de traducción
clm24 | 14 Marzo 2014 - 12:53 h.


Una treintena de titulados en Filología Árabe o Traducción e Interpretación y traductores profesionales analizarán fragmentos de los géneros periodísticos más representativos como noticia, crónica, reportaje y artículo de opinión, en el taller de traducción periodística que se desarrolla este fin de semana en la Escuela de Traductores de Toledo, dentro del XV Curso de Especialista en Traducción Árabe-Español de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM).

El encargado de impartir este taller será el arabista y traductor jurado Pablo García Suárez, quien ha señalado que prevé un incremento de tareas de traducción en los medios de comunicación a medida que "se consolide el proceso globalizador en la sociedad, lo que aumentará la necesidad de traductores que sirvan de intermediarios lingüísticos", tal y como ha informado en nota de prensa la Universidad regional.

Según ha explicado Pablo García, la principal peculiaridad de la traducción periodística es que la labor puramente lingüística habitual de la profesión está supeditada a la labor informativa. "En este campo, el traductor debe complementar su destreza lingüística con la visión propia de un periodista", ha afirmado.

"Profesionalmente, como es lógico, el principal campo de actuación del traductor periodístico es el de los medios de comunicación, si bien también se ejerce esta profesión en ámbitos tan dispares como el mundo de la empresa o el de las embajadas", ha indicado el traductor, quien ha comentado que en el caso de la lengua árabe las oportunidades profesionales no son tan abundantes como las existentes en la traducción de lenguas europeas.

Sin embargo, ha continuado, "es de esperar que el creciente interés que suscita el mundo árabe y el afianzamiento de los vínculos con esa cultura aumente las posibilidades profesionales en este terreno".

La traducción en los medios

Acerca de la situación actual de la traducción especializada en los medios de comunicación, ha señalado que no es aún una tarea plenamente consolidada, "máxime cuando la relación laboral entre los traductores y los medios de comunicación carece de estabilidad en general", ha comentado.

"Lo paradójico es que a pesar de ser cada día mayor el volumen de los textos traducidos que conforman las ediciones de los periódicos, la situación profesional de los traductores no ha mejorado. Por un lado, los traductores sufren el intrusismo de algunos periodistas, que improvisan traducciones de idiomas que no conocen con la necesaria profundidad; y por otro, reclaman un merecido reconocimiento profesional por parte de los medios. Raramente se citan en la prensa los nombres de los autores de las traducciones", ha aseverado.

El próximo taller de especialización de la Escuela, que será impartido los días 11 y 12 en abril por el traductor de la ONU en Ginebra Jaime Sánchez Ratia, iniciará a los participantes en las particularidades y dificultades de los documentos de Naciones Unidas y en los procedimientos habituales de este organismo, en el que el árabe es una de las lenguas oficiales.
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