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terça-feira, 11 de março de 2014

LA LENGUA VIVA

Una partícula mágica: 'des'
Amando de Miguel en Libertad Digital - España


Es maravilloso el poder de los prefijos en el idioma español. No solo refuerzan las palabras a las que se adhieren, sino que pueden darles la vuelta y, sobre todo, permiten alumbrar nuevos y sorprendentes significados. Uno de mis favoritos es des-. Hay miles de voces que empiezan por ese morfema, que parece tan anodino. Produce algo más que un efecto de negación.


Triste es vivir engañado respecto a una esperanza falsa, pero por eso mismo desengañarse equivale a caerse del guindo, saber a qué atenerse, poner los pies en el suelo. Y sin embargo, la sensación de desengaño suele ser doliente. Pocas cosas habrá más penosas que desengañarse de una relación afectiva. No sirve el consuelo de pensar que uno estaba confundido hasta que se produce el descubrimiento de la realidad y el triste desenlace.

Nuestra cultura es tan dinámica, aprecia tanto el cambio, que la palabra desarrollo adquiere tonos taumatúrgicos. No nos convence que las situaciones estén arrolladas sobre sí mismas, como el cangrejo ermitaño en su caracola. Hay que salir al sol y desperezarse.

De repente, después de muchos siglos en que colonizar era empresa noble y benéfica, nos dio a los europeos por la fiebre de la descolonización. Ahora sabemos que esa operación fue prematura, artificiosa y desgraciada. La desestabilización domina en los países apresuradamente descolonizados.

Es tal la obsesión por la velocidad, el movimiento, el cambio, que desacelerar el ritmo de cualquier cosa acarrea inquietud. El verbo descansar no produce la tranquilidad merecida. Tanto es así que se utiliza como alegoría de la muerte; encima se dice "descanse en paz", una desageración, que diría el pueblo llano.

La extrema sensibilidad por el dinamismo de nuestro tiempo nos lleva a apreciar los desafíos, esto es, las acciones que suponen riesgo o incluso peligro. Es parte de la mentalidad deportiva, tan general. ¿No sería mejor decir desportiva?

Bien está el alivio a una angustia, un desasosiego. Mas no parece razonable que a esa operación la llamemos desahogo. Y sin embargo qué palabra tan bonita.

Otras de las obsesiones de nuestra época es la búsqueda de la igualdad a toda costa. No queda claro por qué la desigualdad tiene que ser algo destructivo en todas las ocasiones. La prueba es que resulta un contrasentido tratar igualmente a los desiguales que lo sean sin culpa y sin daño.

La dichosa partícula no solo nos lleva a un sentido negativo; a veces sirve para agrandar, reforzar, enaltecer. Por ejemplo, descomunal, desaforado, desmelenado, desmesurado. En cambio el desayuno es poca cosa.

Tampoco sucede siempre que con el prefijo des- en un verbo se indique la acción contraria. Por ejemplo, desenchufar no equivale a "dejar de enchufar", o desilusionar no es "no ilusionar" sino perder la ilusión.

CLÁSICOS











La RAE sube al escenario a los clásicos de la literatura española
PRADO CAMPOS (ELDIARIO.ES)

Una docena de grandes actores acompañados por nueve académicos llevan al teatro la historia de la lengua española a través de clásicos de la literatura, desde el Cantar de Mio Cid hasta Valle-Inclán, en Cómicos de la lengua.


El académico José Luis Gómez dirige este mágico proyecto que se podrá ver desde hoy y hasta el 19 de mayo en las tablas de los teatros Español, La Abadía, María Guerrero, Pavón y la sede de la Real Academia Española.

«¿Qué podía aportar yo, un cómico a secas, a la excelente tradición de la RAE?». Esta pregunta retumbaba en la cabeza de José Luis Gómez, uno de los grandes de la escena española y director del Teatro de La Abadía, cuando fue elegido académico para ocupar el sillón Z de esta magna institución.

La respuesta no podía ser otra que la oralidad. El peso de las palabras en tinta y la forma que toman al decirlas en voz alta. Un poso que demuestra cómo ha evolucionado el castellano y cómo el lenguaje cobra vida.

Eso es Cómicos de la lengua, el ciclo de lecturas dramatizadas que recorre los grandes clásicos de la literatura española en la voz de una docena de actores a los que acompañan nueve académicos para situar cada texto en su contexto histórico, literario y en la evolución del español. Y también uno de los grandes actos programados para conmemorar el 300 cumpleaños de la RAE.

«Se llaman lecturas en vida porque se lee a viva voz. No es una mera lectura pegada a la literalidad sino que el texto pasa a través del cuerpo y la voz, y el texto resuena sobre el actor que lo transmite», explicaba José Luis Gómez en la presentación de este ciclo que comienza esta tarde y se extenderá hasta el 19 de mayo sobre los escenarios de los teatros Español, María Guerrero, Pavón, de La Abadía y la sede de la RAE.

Los encargados de poner ese cuerpo y esa voz a las palabras son grandes del teatro como el propio Gómez, Carlos Hipólito, Carmen Machí, Blanca Portillo, Julia Gutiérrez Caba, Ernesto Arias, José Sacristán, Emilio Gutiérrez Caba, Beatriz Agüero, Israel Elejalde, Helio Pedregal y Pedro Casablanc.

Serán diez sesiones todos los lunes a partir de hoy (abre el ciclo José Luis Gómez con el Cantar de Mio Cid en las que durante unos 40 minutos actores y académicos viajarán por nuestro idioma para trasladarnos, a través de textos clásicos que van desde el Cantar de Mio Cid hasta Valle-Inclán pasando por Don Quijote de la Mancha, La vida es sueño o el Libro de buen amor, el recorrido que ha hecho nuestra lengua en los últimos 850 años. «No se puede asumir la personalidad como en el teatro con toda la encarnadura y vivencia, pero sí con una huella de encarnadura que deja paso a la palabra en la vida del personaje», explicaba Gómez.

DEL IDIOMA




Del idioma: Papaloteando (III)
MARÍA LUISA GARCÍA MORENO

Con respecto al papalote existe una jerga especial, relacionada con sus denominaciones y también con las batallas que se hacían. Estos nombres vienen desde los tiempos en que los chinos introdujeron el pasatiempo en Cuba, allá por la época en que gobernaba el teniente general Miguel Tacón durante la primera mitad del siglo XIX.

De acuerdo con las diferentes combinaciones de colores y con el papel que se emplea en la construcción del papalote se llamaban: barillete, de varios colores dispuestos horizon­talmente en franjas paralelas; de barras, de franjas dispuestas de arriba abajo; alfajol, a dos colores en triángulos igua­les unidos por la base; de tablero, en forma de tablero de damas a dos o más colores; media luna, a dos colores, generalmente en fondo azul y con una media luna blanca.

Se denomina chiringa a una forma mínima de papalote, que se hace con un papel común doblado por las esquinas con la parte inferior recortada a pico, de manera que queden cogidas por tres hilos que forman el frenillo —’hilos que sujetan los extremos del papalote para elevarlo al aire e imprimirle movimientos a los lados’—. La chiringa tiene también su cola o rabo, que, bien medido y calculado en cuanto a tamaño y peso del papalote, lo convierte en dócil instrumento. Las chiringas eran el recurso de los niños más pobres.

Golilla es la parte superior de la cola o rabo, más pesada que el resto y con distintas formas según el gusto del papalotero; zapatilla, la rueda o recorte de cuero o cartón que se coloca en el centro del papalote sobre la cara recubierta de pa­pel a la que sirve de protección cuando pasa el hilo del frenillo; palitroque o monigote, el pedazo de madera en que se enrolla el hilo cuando termina el juego.

La acción de elevar y jugar con el papalote se denomina empinar; la de dar o soltar el hilo, arriar, y la acción rápida que se ejecuta con ambas manos para ir recogiendo el cordel con el fin de que el papalote cambie de posición a derecha o izquierda al hacer presión sobre el viento, halar o tirar.

Cuando el cordel de un papalote es cortado por la cuchilla que pende del rabo de otro se dice que aquel se fue a bolina, expresión que ha pasado a formar parte de nuestra variante del español no solo en referencia a este juego. Cuando dos papalotes se atacan y enredan uno al otro hasta quedar ambas cuerdas estiradas: la que parte primero da al otro la victoria y la codiciada presa; este accionar era conocido como embrollo. Cuando el papalote da vueltas sobre su eje central y se vuelve difícil de dominar, es necesario dar tortolilla, es decir, ‘dejar correr el hilo en banda hasta hacerle recuperar el equi­librio’.

A menudo, al recogerse el hilo, cae a los pies del papalotero, se enreda y forma un montón o maraña. Es el momento en que el papalotero ha de mostrar toda su maña para desenredarlo e impedir que se formen nudos.

En fin queda mucho por decir; pero te lo dejo para que investigues un poco al respecto.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE




preguerra y precrisis, en una sola palabra

Recomendación urgente del día

Preguerra y precrisis, mejor que pre guerra, pre-guerra, pre crisis o pre-crisis, son las grafías adecuadas de estos sustantivos.


Sin embargo, en los medios de comunicación es habitual encontrar frases como «El presidente de Ucrania acusa a Rusia de crear un clima de pre-guerra», «La plantilla del sector público ha vuelto a la situación de pre crisis» o «El volumen de contenedores canalizados igualó el registro máximo alcanzado durante el período de pre-crisis».

De acuerdo con la Ortografía de la lengua española, los prefijos se escriben unidos al término que modifican, sin espacio ni guion intermedio.

Así pues, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir «El presidente de Ucrania acusa a Rusia de crear un clima de preguerra», «La plantilla del sector público ha vuelto a la situación de precrisis» y «El volumen de contenedores canalizados igualó el registro máximo alcanzado durante el período de precrisis».

Cuestión diferente es la expresión pre guerra civil, que se escribe con el prefijo separado, no junto ni con guion, porque afecta no solo al sustantivo guerra, sino al conjunto guerra civil. Por tanto, en lugar de «Los últimos incidentes dejaron decenas de muertos en un escenario de pre-guerra civil», lo apropiado habría sido escribir «… en un escenario de pre guerra civil».
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