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segunda-feira, 17 de fevereiro de 2014

Los pecados del tango











DIEGO A. MANRIQUE en El País - España


Tal vez conozcan a Dimitri Papanikas. Presenta un programa ecléctico, culto y elegante en Radio Nacional, Café del Sur (castigado por el nuevo régimen de R3, ahora se emite en directo a las ocho de la mañana de los domingos; sin comentarios). Si no han coincidido, busquen sus podcasts y ya me dirán.

Explica Papanikas que, anualmente, salen en Argentina unos 200 libros tangueros. Pero el suyo, La muerte del tango, ha sido publicado -en español- por Ut Orpheus, una editorial italiana. El subtítulo puntualiza: Breve historia política del tango en Argentina. Un aviso de que va a contar datos incómodos. Y también, sospecho, un reconocimiento de que el asunto necesitaría mayor profundidad.

Asistimos a una epopeya que se ha repetido en muchas latitudes: una música nacida en humildes circunstancias y que asciende a encarnación del alma nacional. Pero ningún recorrido tan extraordinario como el del tango. Sus orígenes no pudieron ser más suburbiales. En la memorable descripción de un adversario, Leopoldo Lugones, el tango era un “reptil de lupanar”. Papanikas refleja la feroz resistencia de los padres de la patria a la ascensión del tango, aunque gozara de la aprobación de París.

Y sin embargo, unas décadas después, el turbulento tango era oficializado como la destilación de la argentinidad, aunque en verdad representara una mínima parte del territorio nacional, el Río de la Plata, compartida además con Uruguay. Al final fue bendecido tanto por la última dictadura militar como por la democracia posterior. Y ahora hay una Academia Nacional del Tango, una Academia Porteña del Lunfardo, orquestas gubernativas y hasta una Ley de Protección del Bandoneón (para que no salgan del país los modelos vintage del venerable instrumento). Desde los tiempos de Menem, los aviones presidenciales se denominan Tango 01.

Lo que interesa a Papanikas es el proceso de construcción de la identidad argentina. Y el precio que pagó el tango por su vampirización institucional. Aquí no hay piedad. Anteriormente simpatizante de liberales y radicales, Carlos Gardel grabó ¡Viva la Patría!, en honor del general Uriburu, que inauguró en 1930 la era del golpismo con permiso para torturar y matar. Excepto por algunos testarudos, como el comunista Osvaldo Pugliese, encarcelado por Perón, los más destacados tangueros pasaron por el aro, rindiendo banderas ante el poder.

La pregunta subyacente: ¿se puede ser un artista excelso, incluso estéticamente revolucionario, y lamer las botas de los militares? Respuesta: Astor Piazzolla. Imposible alegar distanciamiento o desinterés por la política, cuando aceptó girar en 1977 por Europa, subvencionado por la Armada argentina. Hombre agradecido, Astor dedicaría Los lagartos a la unidad de comandos navales del capitán Alfredo Astiz, aquel ángel rubio de la muerte que usaba sus encantos para infiltrarse en los grupos de familiares de desaparecidos, señalando qué personas debían ser “chupadas.

Piazzolla podía proclamar, lo recogen sus Memorias, que Argentina necesitaba una dosis de fascismo, pero reaccionaba ágilmente cuando cambiaban los vientos: derrumbado el tinglado de la dictadura, tras la guerra de las Malvinas, rebautizó el mismo tema como Tanguedia. Ya había demostrado artes de prestidigitación: su álbum Mundial 78, encargado por la Junta Militar, mudó sus títulos poco después. Estaba en buena compañía: también Ennio Morricone aceptó la generosidad de Videla y compuso el himno del evento futbolístico.

Obviamente, no conviene entender esas conductas como exclusivas del tango. Bien sabemos que, enfrentados a similares tentaciones, los músicos de otros géneros suelen bajar la testa y ponerse en la cola de las prebendas. Lo que se deduce de La muerte del tango es el alto coste de su oficialización como música nacional. El libro se abre y se cierra con palabras amargas del gran Rodolfo Mederos. Por ejemplo: “El tango es como el latín, una lengua muerta. Simplemente no existe. Existe en el espectáculo y para el turista…como moda”. Y eso duele.

SCADA y YO:








IT-Harvest Press, en cooperación con el Centro de Ciberseguridad Industrial, Publica Traducción al Español de SCADA and ME: A Book for Children and Management
Por IT-Harvest

Birmingham, Michigan. Y Madrid, España, 17 de Febrero de 2014 –La extraordinaria acogida de SCADA and ME: A Book For Children and Management, escrito por Robert M. Lee e ilustrado de forma atractiva por Jeff Haas, ha llevado a la primera edición publicada en Español.


SCADA y YO: Un libro para niños y directores está ahora disponible en versión impresa y para Kindle en Amazon.
“Estoy asombrado y satisfecho con la tremenda respuesta de todas partes del mundo para el primer y único libro dirigido a niños sobre el tema crucial de SCADA”, dijo Lee. “La traducción al español llevará este trabajo a una audiencia más amplia alrededor del mundo”.
“De inmediato vimos el valor de este maravilloso libro”, dijo Samuel Linares, Director de Centro de Ciberseguridad Industrial (CCI) en Madrid, España. “Solicitamos copias para cada delegado del Primer Congreso Iberoamericano de Seguridad Cibernética Industrial en Madrid. Estamos entusiasmados de haber colaborado con la traducción y promoción de SCADA y YO”.
Conozca más en: www.SCADAandME.com
Sobre el autor:
Robert M. Lee es Oficial de Operaciones del Ciberespacio de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, Profesor Adjunto de Utica College y Director y Fundador de la organización educativa sin fines de lucro hackINT. En la actualidad está cursando un Doctorado en Estudios de Guerra en Kings College, Londres, con investigación en sistemas de control de la seguridad cibernética.
Sobre la Editorial:
IT-Harvest Press es una casa editorial de libros de no ficción formada en 2012 por Richard Stiennon, un analista de seguridad industrial y autor de Surviving Cyberwar (Government Institutes, 2010). Su objetivo es encontrar y publicar trabajos únicos de expertos reconocidos.
Acerca de Industrial Cybersecurity Center:
El CCI comienza con el apoyo del mercado (usuarios finales, firmas de consultoría e ingeniería, organismos públicos e instituciones, así como un gran número de profesionales de los sectores industriales) y aspira a ser un punto de encuentro independiente en el mundo hispanohablante, para información y experiencias de intercambio para empresas públicas y privadas así como para profesionales relacionados con la Seguridad Cibernética Industrial que deseen mejorar este aspecto en los sectores industriales. Infórmate al respecto en: http://www.cci-es.org.

De La Mancha al Río de la Plata





Versiones. Un recorrido por los tributos y reciclajes dedicados al “Ingenioso Hidalgo” en la obra de autores argentinos y uruguayos contemporáneos.

POR MARIA DE LOS ANGELES GONZALEZ en Revista Ñ - Clarín - Buenos Aires



Herederos del Quijote
Más allá de la buena fortuna del Quijote en la estimación de la crítica y de sus lectores modernos, no existe ninguna explicación suficiente para la proliferación desbordada de apropiaciones, continuaciones y reescrituras que ha generado desde su publicación. Ya en 1607 desfilaban Don Quijote y Sancho entre los disfrazados del carnaval de Lima, sólo dos años después de la aparición de la primera parte en España. Y en 1614 aparecía la primera imitación: un segunda parte espuria firmada con el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda. La continuación apócrifa no gustó nada a Cervantes, quien se ocupó, en la segunda parte de 1615, de atenuar algunos juegos que debilitaban la autoría de la primera, en cuyo prólogo, por ejemplo, declaraba no ser padre, sino “padrastro” de Don Quijote. Cervantes decide fortalecer su autoridad matando al protagonista, no sin antes hacerlo renegar de sus hazañas. Esta estrategia de cierre estuvo lejos, sin embargo, de desalentar a los admiradores futuros que, en estos cuatro siglos, y a través distintas culturas y lenguas, han reincidido una y otra vez en el intento de continuar o reescribir el Quijote.

En busca del original

Una de las formas que asumió la ficción cervantina en el Río de la Plata basó la anécdota en la llegada o el hallazgo de la primera edición del Quijote, volumen sacralizado, ungido con el valor del original y que, a su vez, contribuye a refrendar la legitimidad de la propiedad del clásico, que se quiere también originaria. Un relato del argentino Carlos Bosque, publicado en Montevideo en 1927, recreaba el revuelo de la llegada de un primer ejemplar a una viuda de Buenos Aires en 1612. En esta versión, la historia de Don Quijote circuló leída en tertulias y no faltaron quienes encontraron semejanza entre sus aventuras y las empresas poco heroicas de la conquista de Salta, hechas con bueyes remolones y “arreadas de porquerizos”. Alguno de los contertulios sugiere la inspiración americana: Cervantes debió enterarse de lo que ocurre por estas tierras, porque “lo que dice don Quijote tiene su origen en el sol indio que hace ver todo como heroico, grande, caballeresco”.

Más de dos décadas después, Mujica Lainez construye una historia imaginando la peor suerte de otro ejemplar, llegado de contrabando en 1605, entre víveres y municiones (“El libro”, Misteriosa Buenos Aires , 1951). Las minucias del relato explican la escasa supervivencia de algunos bienes simbólicos en el estrecho mundo colonial. Por su parte, Héctor Tizón revela la inaudita y poco explicable existencia de uno de estos valiosos y raros primeros ejemplares en una estancia en Jujuy, en la casona de un tal Marqués de Yavi ( Tierras de frontera , 2000).

Por otro lado va Los pelagatos , una novela de Alberto Gallo premiada por Planeta en 1997, que se desarrolla como una autoficción de aprendizaje de la difícil adaptación al mundo del protagonista adolescente montevideano, quien vive al lado de un cine y escucha cada noche diálogos de películas que no siempre puede ver. Los reiterados diálogos asaltan la memoria del protagonista en los momentos más insospechados y él hace de ellos un uso artificioso que sustituye su iniciativa, lo que recuerda los discursos librescos de Don Quijote imitando los relatos caballerescos. Antes de morir, su abuela confía al chico una primera edición del Quijote de 1605, dedicada por el autor a Juan Gallo de Andrada. El legado resulta una carga, no sólo porque él detesta el Quijote, mal aprendido y peor enseñado en las clases de literatura, sino porque su posesión lo va a ir enredando en una serie de líos propios del policial negro, con persecución incluida a una banda de mafiosos que huye con el libro por la frontera uruguaya con Brasil. La valiosa edición viene acompañada de seis cartas que Juan Gallo dirigió a Felipe III, dándole cuenta de su conocimiento de Cervantes y de las vivencias que compartieron en la juventud.

Hacerse caballero

Al hablar de Cervantes y América, suele evocarse un acontecimiento biográfico que ha sido muy productivo literariamente. Luego de su cautiverio y más de una decepción, sin empleo ni protectores, Cervantes solicita al Consejo de Indias un puesto vacante en América para probar mejor fortuna. Pocos días después, en junio de 1590, recibe una escueta negativa burocrática: “Busque por acá en que se le haga merced”. Desde que se conocen estas gestiones, se especula con que si Cervantes hubiera venido a América no habría escrito el Quijote, o habría escrito otro libro (¿un Lazarillo de ciegos caminantes tocado por el delirio?, ¿un “Quijote baldío”, como el que imaginó perdido Nicolás Rosa?).

A su vez, la ficción latinoamericana ha reincidido en el empeño de continuar las hazañas de Don Quijote en América como forma de reparación simbólica del frustrado viaje del escritor. No faltaron quienes recurrieran a una salida conjetural de Don Quijote por estas tierras como forma de testimoniar lo mal que van las cosas y la necesidad de heroísmos más puros, como es el caso temprano de Peregrinación de luz del día , de Juan Bautista Alberdi (1874). Y los variados títulos que han recreado nuevas aventuras españolas o americanas en clave rioplatense (en versos criollos, en diálogos patrióticos, en culturas y geografías alteradas): “El Quijote de Cuyo” (1818); “Don Quijano de la Pampa” (1922); “Don Quijote en la calle Florida” (1933); “Don Quijote en la Pampa” (1948), son algunos entre tantos que ha relevado Alejandro Parada.

En Uruguay no han abundado tanto, aunque pueden encontrarse textos con esas características, como “1616, Madrid, Cervantes”, de Eduardo Galeano ( Memoria del fuego , 1982). Sin embargo, un lector casi obligado del Quijote, Marcelo Estefanell, quien lo leyó en la cárcel, preso durante la dictadura, escribió años después una continuación de las más cabales: El retorno de Don Quijote, caballero de los galgos (2004), permitiéndose incluso cambiar el final cervantino. Don Quijote no ha muerto, sino que tras un período de vida pastoril, volvió a las andanzas, cuya memoria se conserva en unos manuscritos en catalán que alguien legó misteriosamente a Estefanell. Este deberá pedir ayuda a un pariente para la traducción –también aquí la ascendencia peninsular ingresa a la ficción–, y así reescribir su propia versión de las aventuras restantes y la muerte heroica del personaje en el campo de batalla, enfrentando al Caballero Rojo y Negro. Hasta donde sabemos, la lectura del Quijote en la cárcel no enloqueció a nadie, pero sí hizo nacer más de un escritor, como es el caso de Carlos Liscano, a quien inoculó la posibilidad de salvarse inventando ficciones, según su propio testimonio. No es novedad que el Quijote es una obra generadora de ficcionalidades, de las cuales la reescritura o continuación es un tipo, aquel en que la huella es más evidente. Pero no menos notable es el tipo que trata de lectores enfermos o personajes a quienes enferma la literatura. Esa marca lunática podría señalarse en La casa de papel (2002), de Carlos María Domínguez, en la que el protagonista transita de la lectura compulsiva a la acción, como Alonso Quijano, pero de bibliófilo deviene en libricida. Más cervantinos son los lectores del mundo creado por Onetti, quienes casi sistemáticamente son lectores, o escritores o artistas frustrados, que han salido de ese lugar pasivo, para transformarse en fabuladores y vivir una ficción propia, como Don Quijote.

Hacerse escritor después de Borges

Martín Kohan ha dicho que la lectura de Cervantes es agobiante para un escritor, porque “todo” está ya en su obra, que se percibe como “definitiva”. La misma angustia puede significar para las últimas generaciones escribir después de Borges, lo que hace que sólo pueda escribirse “a partir” de él. En ese sentido puede suponerse que, en épocas recientes, la lectura de Cervantes no ha podido sustraerse a la influencia de Borges, a sus asaltos periódicos al Quijote para afirmar o negar la idea de la obra preexistente a su escritura, o la individualidad de la autoría, especialmente a las consecuencias de la creación de Pierre Menard como “autor del Quijote”.

María Elena Fonsalido se ha ocupado de rastrear las huellas cervantinas en la obra de Juan José Saer, así como en los textos críticos y ficcionales de Carlos Gamerro y Martín Kohan. En diversos artículos, Saer ha dejado pistas sobre los ítems de su deuda temática y formal con el Quijote: el desmantelamiento del heroísmo, la transformación del personaje gracias a la literatura, la “moral del fracaso”, la confrontación del símbolo con el mundo empírico, la duda acerca del concepto de lo real que supuestamente existe fuera del texto.

Como crítico, Gamerro forja en Cervantes la teoría de las “ficciones barrocas”, que le será tan productiva para leer la literatura argentina actual y que ejercitará como creador en La aventura de los bustos de Eva (2004). Fonsalido observó los ribetes quijotescos de Ernesto Marroné, el protagonista, una versión paródica y fallida del Che Guevara, cuyas aventuras se inspiran en la lectura e imitación literal de libros de autoayuda.

En el caso de Kohan, señala el diálogo muy cervantino entre alta literatura y la de masas en Segundos afuera (2005) además del “juego de a dos”, contrapunto de personajes que responde al modelo de Don Quijote y Sancho. En Cuentas pendientes (2010), Kohan asume otro recurso nacido en el Quijote: la conciencia que la literatura puede tener de sí misma y de sus voces implícitas (firma, autor textual, narradores, personajes). Incluso Federico Jeanmaire, además dedicarse a la divulgación crítica del Quijote, ha escrito una novela biográfica de su autor, usando también sus recursos narrativos (Miguel, 1990).

A su modo, también Ana María Shua ha seguido la línea borgeana de borramiento de tiempos y autorías en un microrrelato de 1992, imaginando un Cervantes conocedor de la obra de Menard. La enorme cantidad de implícitos que el mito quijotesco trae anejo para cualquier lector occidental, hacen de él un material ideal para la escritura de microficciones, que deben condensar o sugerir un argumento en pocas líneas, por lo que los sobreentendidos resultan un perfecto atajo. En el Río de la Plata han incursionado en ellas: Marco Denevi (quien dedicó toda una serie al Quijote), Carlos María Domínguez y Fabián Vique, entre otros. Mario Levrero siguió el camino de la microficción crítica en segundo grado en “Giambattista Grozzo, autor de «Pierre Menard, autor del Quijote»” (1992), homenaje y parodia a Borges, de factura muy cervantina.

En Azul hay Dulcineas
Hay tantos perfiles de coleccionistas como objetos coleccionables, y cierto tipo de bibliofilia encaja en uno de estos tipos: la que busca ediciones únicas o especiales, en particular de una obra o un autor. El Quijote despierta la pasión del coleccionismo de quienes persiguen completar una totalidad imposible de ediciones, a la vez que anexan distinto tipo de objetos relacionados con la obra fetiche. El valor simbólico y el poder asignado a la colección retornan al coleccionista en forma de reconocimiento, invistiéndolo del prestigio de la cultura, y eso se potencia tratándose de un clásico.

Ciertos lugares comunes aseguran que el afán por la posesión, la búsqueda permanente, la necesidad de completar la serie, compensarían algunas formas de la carencia y la inseguridad, conjurarían la angustia ante el tiempo, la vulnerabilidad y la muerte (la colección está destinada a conservar y permanecer, a la vez que es siempre renovable). En el caso de coleccionistas de Quijotes hay que tener en cuenta los valores asignados al ambivalente personaje, cuya posesión simbólica se endosa el sujeto.

En Uruguay existieron al menos dos coleccionistas cervantinos muy destacables: Orlando Firpo (fallecido en 1964) y Arturo Xalambrí (1888-1975). La biblioteca cervantina de Firpo, hoy inubicable, poseía en 1950 miles de ejemplares, contando con un Quijote impreso en Valencia en 1605 y nueve ediciones del siglo XVII. La colección de Xalambrí, hoy bajo custodia de una universidad privada, llegó a reunir más de 1.000 ediciones del Quijote, una de ellas de 1611.

En Argentina, Bartolomé Ronco (1881-1952), radicado en la ciudad de Azul desde 1908, cultivó, como Xalambrí –a quien conoció– una desmesurada pasión cervantina. La muerte de su única hija acentuó su bibliofilia; fue además carpintero aficionado, fabricó ingeniosos juguetes de madera y, junto a su esposa, se volcó a tareas culturales comunitarias y caritativas. Ronco llegó a reunir una de las colecciones cervantinas más importantes fuera de España, y mantuvo una pasión paralela por las ediciones de Martín Fierro, del mismo modo que Xalambrí atesoró obras de Zorrilla de San Martín. Coleccionismo y tradición suelen llevarse bien, y en este caso, mientras Cervantes garantizaba el arraigo en la herencia española, los autores del canon local aseguraban la pertenencia nacional.

En 2007, la comunidad de Azul ha obtenido de la Unesco el “título” de ciudad cervantina de Argentina. Desde entonces lleva adelante un festival cada mes de noviembre, que reúne a artistas, académicos y aficionados, a la vez que estimula a los lugareños un particular culto al Quijote que bien podría haber nacido en una de las tantas ficciones cervantinas utópicas y trasnochadas que recorrieron el último siglo.

ESPAÑOL RIOPLATENSE

Ese énfasis nuestro, tan rioplatense
Por Graciela Melgarejo | LA NACION
Twitter: @gramelgar | Mail: lineadirecta@lanacion.com.ar |


A veces, en medio de tantísimas declaraciones, los dirigentes políticos traen involuntariamente a la actualidad ciertas palabras o expresiones. Por ejemplo, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, utilizó hace unos días el verbo amarrocar [Guardar, conservar ávidamente dinero u otros bienes materiales'] con singular precisión. Independientemente de que se esté de acuerdo o no con lo que dijo el ministro de ministros -muchos no lo están-, fue grato oír esa rotunda vibración de la erre en una palabra que tiene para los hablantes argentinos una historia larga y compleja.


Una historia que hoy mismo puede conocerse en profundidad, si uno está en la ciudad de Buenos Aires y va al Museo del libro y de la lengua, en la misma manzana de la Biblioteca Nacional, pero en el edificio sobre la avenida Las Heras. El llamativo color sangre de buey de la fachada se ve desde muy lejos.

Hasta mayo próximo, en la sala del subsuelo, se expone la muestra "Al uso nostro. El italiano en el lenguaje rioplatense". Como bien se explica en el prólogo del catálogo: "Nuestro castellano tiene (...) tonos del idish y del ucraniano, del guaraní paraguayo y del rumano, pero fundamentalmente del italiano. La gestualidad y el énfasis, que constituyen un matiz de nuestra oralidad vendrían de aquellos barcos que salían de los puertos de Nápoles y Génova".

Un gran mapa del mundo ítalo-argentino abre la muestra. Si desde Piemonti llegaron amarrocar , linyera , moscato y grisín hasta la provincia de Córdoba, por ejemplo, desde Veneto llegaron chimento , laburar y fayuto hasta la provincia de Río Negro. En este viaje iniciático por muchos motivos, también hicieron contribuciones Lombardía, Liguria, Sicilia y Campania. Lo que se quiere demostrar, en realidad, es que la mayoría de los inmigrantes italianos que llegaron a la Argentina no hablaban ese idioma sino dialectos regionales.

En el artículo "El italiano en la Argentina", la doctora Angela Di Tullio, asesora de contenidos de la muestra, lo confirma: "El cocoliche es la variedad híbrida, o interlengua, que el inmigrante va construyendo en su paulatino proceso de adquisición del español a partir del dialecto italiano de partida (...) por eso no hubo un solo cocoliche, sino casi tantos como inmigrantes". Y recuerda Di Tullio que Bioy Casares mencionaba esta frase de Borges: "Seguramente los argentinos hablamos y gesticulamos como cocoliches ".

Mucho es lo que nos ha influido lingüísticamente nuestro particular "crisol de razas". En un mail del 3/12/2013 dirigido a esta columna, lo destaca la escritora Beatriz Sarlo: "La vez pasada se le explicaba a un lector que los avisos vienen armados desde la agencia de publicidad, lo cual es completamente cierto, y el diario no podría ser juzgado responsable de los errores. Pero quizá pueda hacerse también un comentario sobre la mezcla de tilinguería y analfabetismo en lenguas extranjeras que se pone en escena en las publicidades de los restaurantes, generalmente en tapa de Espectáculos.

"Son desopilantes las concordancias de plurales italianos y singulares en castellano, o viceversa, y otras simpáticas combinaciones".

Memes, cultura en redes y televisión conectada a debate en Comunica 2.0




17/02/2014 | AGENCIA EFE
La analítica web, el mundo de los memes, o contenidos virales de internet, la cultura 2.0, la televisión conectada y la evangelización a través de la red son algunos de los asuntos que se tratarán la próxima semana en el IV Congreso Universitario sobre redes sociales Comunica 2.0.


El Congreso, organizado por la Universidad Politécnica de Valencia en colaboración con la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA), tendrá lugar los días 20 y 21 de febrero en el Campus de Gandía y reunirá a expertos de primer nivel en el ámbito de las redes sociales y la comunicación digital.

Margarita Cabrera, profesora de la Universidad Politécnica de Valencia y organizadora del evento subraya que se trata de un congreso ya consolidado. «Vamos por la IV edición y las expectativas van creciendo con los años».

En las ediciones anteriores, Comunica 2.0 logró convertirse en trending topic en las redes sociales. En el 2013 las etiquetas oficiales del congreso acumularon más de 5.500 tuits y las emisiones en directo, que este año pueden seguirse también en la página www.comunica2gandia.com, tuvieron más de 1.600 visitas únicas.

«Este año no tenemos un eje temático definido sino que trataremos los temas de más actualidad referentes al mundo de la comunicación en redes sociales, desde el turismo a los concursos, el emprendimiento en la red o la escritura en internet. Queremos que sea un evento cercano y abierto a todo aquel que quiera aprender y compartir», asegura Cabrera.

En las ponencias, mesas redondas, comunicaciones y talleres, participarán especialistas como Gemma Muñoz, consultora estratégica de analítica web, que hablará de la explotación estratégica de datos, y Delia Rodríguez, redactora jefe del Huffington Post que reflexionará sobre la «Memecracia: los virales que nos gobiernan», el título de un libro que ha publicado recientemente.

«Dime cómo escribes y te diré cómo eres. Lingüística en la red», por Xosé Castro y Judith González de la Fundéu BBVA, será otro de los asuntos que se abordarán en el congreso.

«Concursos y sorteos 2.0», por Vilma Núñez; «El día a día de una agencia en el social media», mesa redonda con representantes de las agencias Territorio creativo, Bee Social y Havas Media; «Emprender en internet», con Ángel Luis Quesada y «Redes sociales o privatización de la web», con Daniel Palacios y el grupo de juegos de EPSG – Media, son los títulos de algunas otras de las charlas y conferencias.

Seis talleres prácticos sobre usuarios y marcas, la obtención de clientes gracias a Instagram, la difusión de la ciencia en redes sociales, el turismo, el aprovechamiento de contenidos para las estrategias en redes sociales, los videojuegos y el emprendimiento en nuevos medios, completarán la primera jornada.

En la segunda, la religiosa Xyskia Valladares ofrecerá una charla sobre la evangelización a través de la web social, a la que seguirá otra sobre los nuevos medios que han emprendido en la red, con impulsores de las publicaciones Yorokobu, Materia y Revista Don.

Completan el programa dos mesas redondas, una sobre gestión cultural 2.0, patrocinada por Hoyesarte.com, y otra sobre la televisión conectada, en la que intervendrán representantes de Tuitele, Antena 3 y Canal+.

Singularidades de la palabra «Coño»






A. F. VERGARA / I. G. PEÑA@ABC_ES

Tanto políticos como escritores de renombre usan este sonoro término español para expresar sopresa e incluso molestia
Singularidades de la palabra «Coño»
ABC

Antonio Tejero hizo famoso el «Se sienten, coño», en el intento fallido de golpe de Estado del 23-F de 1981
Pese a los intentos -y los logros- de Camilo José Cela para incluir la palabra «Coño» en el Diccionario de la Real Academia de la lengua española, su pronunciación en el Congreso, en público, y en la tribuna, demuestra que su «especial sonoridad» hace que esté lejos de considerarse una palabra «refinada», aunque sí es de uso habitual.

Solo tenemos que recordar que el presidente del Congreso, Jesús Posada, pedía el pasado miércoles 12 de febrero disculpas y reconocía que debería haber tenido «más control» de sus propias palabras cuando se le escapó la palabra «coño» en el momento en el que trataba de imponer el orden en un rifirrafe del debate. «Estas cosas ocurren. Realmente yo tenía que haber tenido más control de mis propias palabras, pero en fin, pronuncié alguna interjección que no debía», decía Posada.

En el Congreso no es la primera vez que se oye esta palabra. El «Se sienten, coño» de Antonio Tejero durante el fallido intento de Golpe de Estado del 23-F se hizo tan famoso que tanto en películas, series y en conversaciones entre amigos se ha reproducido hasta la saciedad.

Oda al órgano femenino
Buscando referencias sobre esta palabra en nuestra literatura, uno de los primeros autores que nos encontramos es Camilo José Cela, quien empleaba este término de forma muy habitual. Es más, una de sus biografías, escrita por Gaspar Sánchez Salas, lleva por título «El coño de Don Camilo y otras anécdotas inéditas», lo que da cuenta de lo habitual que era en su vocabulario.

Precisamente fue el escritor gallego quien consiguió que la palabra «coño» se incluyera en el Diccionario de la Real Academia Española. Ya en el año 1968, en el preámbulo de su «Diccionario secreto», Cela se lamentaba porque el Diccionario de la Academia «ignora por ejemplo, la voz "coño" y no registra ningún cultismo que designe el concepto a que se refiere la palabra proscrita, con lo que se da el despropósito de que el aparato reproductor externo de la mujer no tiene nombre oficial en castellano».

Pero si seguimos con nuestro recorrido literario, no podemos dejar de hacer referencia a Juan Manuel de Prada, que publicaba «Coños» en el año 1994. Un libro de varios capítulos cortos, en cada uno de los cuales el autor describe la vagina de una mujer diferente. Un libro muy elogiado, por otra parte, por Francisco Umbral, otro de los autores de nuestra literatura que han contado en numerosas ocasiones con esta palabra entre sus expresiones más habituales.

¿Un término «sexista»?
Según el diccionario de la Real Academia Española, la primera de las acepciones de la palabra «coño» hace referencia a la «parte externa del aparato genital de la hembra» y como interjección se utiliza para expresar diversos estados de ánimo, especialmente extrañeza o enfado.

En Chile, según este mismo diccionario, el término se puede traducir por «Español», y tanto en este país como en Ecuador puede ser un adjetivo con el significado de «miserable o tacaño». Su origen es la palabra latina «cunnum», según explican Alberto Buitrago y Agustín Torijano en su «Diccionario del origen de las palabras (Espasa, 1998)», y, en este sentido, hace alusión a «cuño» que se forma en la zona pélvica de la mujer, entre las ingles.

El término coño en España tiene unas connotaciones un tanto «sexitas»
El término «Coño» en España tiene unas connotaciones un tanto «sexistas». Cuando algo nos molesta, nos fasatidia profundamente, usamos la palabra coño, en una referencia vulgar al miembro femenino. Lo mismo ocurre cuando nos aburrimos: «Vaya coñazo». Sin embargo, cuando un evento nos entusiasma exclamamos un «Es cojonudo», en este caso en referencia al órgano masculino.
En Italia la historia es al revés. Nuestros vecinos mediterráneos utilizan el joder, el «Cazzo», en una clara alusión a las partes íntimas del hombre, al igual que para señalar que una cosa es una tontería o gilipollez: «Che cazzata». Por el contrario, cuando una cosa encanta o soprende, utilizan una palabra que menciona el miembro femenino, la «figa»: «Che figata», que se traduciría en un «Qué chulada».

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE




FROB, mejor que Frob

Recomendación urgente del día
FROB, mejor que Frob, es la grafía recomendada de la sigla correspondiente al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria, de acuerdo con las normas de la Ortografía académica sobre la escritura de siglas y acrónimos.


Sin embargo, en las informaciones económicas es habitual encontrar frases como «El Frob busca un banco de inversión para vender Bankia», «El Frob pide al juez que Segura y Ordóñez no sufran “la pena del telediario” por las preferentes» o «El Frob cuenta con un patrimonio de 5.000 millones».

En general, las siglas se escriben con todas las letras en mayúsculas y sin acentos (CIA, BCE, PC, OPV), salvo los acrónimos que son nombres propios y tienen más de cuatro letras, en los que solo se escribe en mayúscula la inicial y se pone tilde o no en función de las normas habituales al respecto: Fundéu o Sareb.

Dado que esta sigla no está compuesta por más de cuatro letras, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir FROB, todo en mayúsculas.

Por otra parte, la Academia indica que tanto reestructurar como restructurar, con una sola e, son formas válidas, si bien resulta preferible la variante simplificada «siempre que la reducción vocálica se halle generalizada en la lengua oral», como sucede con este verbo.

No obstante, en el caso específico del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria, conviene respetar, por tratarse de la denominación oficial de este organismo, la grafía con la vocal e duplicada en Reestructuración.
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