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segunda-feira, 3 de fevereiro de 2014

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE






Día Mundial contra el Cáncer, claves de redacción

Recomendación urgente del día



Con motivo del Día Mundial contra el Cáncer que tendrá lugar el próximo 4 de febrero, se ofrecen algunas claves para la redacción de las informaciones relacionadas con este asunto.

• Los sustantivos y adjetivos de la denominación Día Mundial contra el Cáncer se escriben con mayúscula inicial, como recoge la Ortografía académica; su lema «Desenmascarar los mitos» solo se escribe con mayúscula en su palabra inicial.

• El término cancerígeno (‘que produce o puede producir cáncer’) no debe confundirse con canceroso (‘que tiene las características o la naturaleza del cáncer’), por lo que resulta inapropiado decir célula o tumor cancerígeno en lugar de célula o tumor canceroso.

• La expresión cáncer maligno es redundante, ya que un cáncer es un tumor maligno o una neoplasia maligna; de modo que un tumor maligno es un cáncer, no un cáncer maligno.

• La palabra cirugía se aplica a la disciplina médica que se ocupa de la curación mediante operaciones, por lo que se recomienda no emplearla como sinónima de operación o intervención quirúrgica, como en «Tras una cirugía de cáncer de próstata, el paciente se recuperó muy rápidamente».

• El verbo recaer con el significado de ‘volver a caer, especialmente en una enfermedad o en un vicio’, se construye con la preposición en, y no con de como en «El test sirve para determinar qué pacientes de cáncer de colon tienen riesgos de recaer de la enfermedad».

• Utilizar el adjetivo severo con el significado de grave, serio, importante o extremo es un préstamo inapropiado de la palabra inglesa severe, como en «Afectado por un proceso de cáncer severo».

LA ESQUINA DEL IDIOMA






Por Piedad Villavicencio Bellolio en El Universo - Ecuador

¿Está lloviendo o serenando?
No hay que confundir llover con serenar. Cuando llueve cae mucha agua de las nubes; cuando está serenando el agua que cae no es abundante, sino menuda; es decir, serenando equivale a lloviznando o garuando.

Con el soporte del DRAE, en este contexto de las lloviznas, lluvias o aguaceros conviene saber también que chaparrón se refiere a una lluvia intensa de corta duración; un chubasco, a un aguacero con vientos constantes; un diluvio es una lluvia copiosa que ocasiona la inundación de grandes áreas del planeta; un calabobos corresponde a una llovizna incesante que, por su prolongada duración, empapa la ropa y cala hasta los huesos; el chirimiri (o sirimiri) y el orvallo son, asimismo, lloviznas persistentes.

¿Y qué son la borrasca, la tempestad y la tormenta? Estas voces se usan para referirse a precipitaciones fuertes que vienen acompañadas de vientos impetuosos y fenómenos eléctricos.

Preste atención al uso de cegar y segar
Estos verbos suenan igual pero tienen significados diferentes, por lo tanto entran en el grupo de los homófonos. Las palabras de estas características causan imprecisiones cuando no se presta atención al contexto.Cegar (con c) es quitar o perder la vista, encandilar, turbar el entendimiento, taponar u obstruir lo que estaba abierto. Se conjuga como acertar: El accidente le cegó el ojo izquierdo. Esos destellos me ciegan. No escucha consejos porque esa decepción lo cegó. Un derrubio o deslave cegó la antigua mina.

Segar (con s) es cortar hierbas, cereales o cualquier cosa; es interrumpir algo de manera violenta y repentina. También se conjuga como acertar: Con la guadaña siega las mieses y la maleza de su finca. Ese nefasto accidente segó su vida.

PARA RECORDAR: Si escribe cegar (con c) indicará que se perdió el sentido de la vista; si usa segar (con s) denotará que se truncó la vida.

«Saber» como equivalente de «soler»
La fórmula saber + infinitivo se usa para indicar que alguien es muy hábil o está capacitado para realizar una actividad: Carlos sabe hacer barcos en miniatura.

Como equivalente del verbo soler o de tener costumbre, esta misma perífrasis verbal es de empleo común en el Ecuador y en otros países de América: Yo sabía caminar todos los días por el malecón Simón Bolívar. Las personas de la tercera edad saben conversar en el parque. Para estos casos en algunos ámbitos se prefiere el uso del verbo soler. (Este último segmento se reprodujo de La esquina del idioma, junio 6 del 2010).

FUENTES:
Diccionario de la lengua española (2001), Diccionario panhispánico de dudas (2005) y Diccionario de americanismos (2010), de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española; La esquina del idioma (2010)

Las palabras mágicas: el otro lenguaje sexual





Por: Silvia C. Carpallo - Blog Eros - El País - España

Ya hemos hablado aquí de las palabras que utilizamos para seducir, e incluso de ese sexo oral que nunca deberíamos practicar o de los diálogos de pareja como cuchillos. Está claro que el lenguaje, dentro y fuera de la cama, es importante, pero ¿conocemos realmente el lenguaje del sexo?


Sólo hace falta darse un paseo por internet o las redes sociales. Cada vez aparecen más palabras dedicadas a explicar técnicas o tendencias en el ámbito sexual, la mayoría importadas del inglés, que nos hacen mucho más complicadas cuestiones a veces bien simples. Parece que hoy todo tiene un nombre.
Hablamos por ejemplo del dogging o 'cancaneo', esa práctica que consiste en tener relaciones sexuales al aire libre, en coches o paisajes naturales apartados, donde pueden unirse más invitados para mirar o participar, y que en su versión homosexual es denominada cruising. Del cine porno aprendimos también lo que significaba el squirting, ese momento en el que la mujer llega al orgasmo eyaculando de forma llamativa; y del mundo del BDSM, que el trampling es lo mismo que pisotear o dejar que te pisoteen, por puro placer.
Incluso nos 'reeducamos' sexualmente gracias a las nuevas tecnologías. Si comenzamos hablando del bluetoothing, que se basaba en establecer contacto para tener relaciones sexuales a través del bluetooth, la cosa ha ido evolucionado hasta el sexting. Es decir, intercambiar imágenes o vídeos con contenido sexual explícito a través del móvil, o del propio ordenador.
De hecho, el lenguaje del sexo ha llegado incluso a marcar tendencias. Decimos, por ejemplo, que está de moda el vajazzling, que no es sino el arte de decorar con cristales y diamantes el pubis; o que ahora mismo son muy corrientes las relaciones precop, que es lo que toda la vida se ha llamado tener amigos con derecho a roce.
Un ejemplo de la tendencia 'vajazzling', de la mano de Bijoux Indiscrets.
Esto de poner nombre a nuestras formas de relacionarnos sexualmente no es nada nuevo. Ya aprendimos mucho en las antiguas páginas de contactos de los periódicos, donde los mensajes acababan por parecer un mapamundi. Que si especialistas en griegos (penetración anal); o que si se me da bien el francés (sexo oral) o el tailandés (un masaje usando todas las partes del cuerpo). Para expertos, teníamos 'nacionalidades' más rebuscadas como el ruso (masaje del ano con el pene sin llegar a penetrar), el turco (con las manos atadas, para dar placer o recibirlo) o el japonés (se realiza el coito en posturas en cuclillas y suelen ayudarse para ello de cojines y almohadones).
Aprendimos incluso que los besos podían tener diferentes colores que iban del blanco (intercambiando el semen en el beso) al negro (sexo oral anal). Pero lo que nunca nadie nos ha explicado bien es qué significa realmente la palabra sexo. Así, tal cual.
Sexo: No es el sexo que se practica sino el sexo que se es. Por tanto, se definiría como la forma en la que nosotros nos sexamos (o sexuamos) como hombre o mujer. Viene determinado por lo que siente la propia persona, y no por la sexación social, que suele basarse solo en la observación genital. No existe nadie sin sexo, porque todos somos seres sexuados. Esta definición no es algo cultural: se nace con ella y luego evoluciona con la propia maduración del individuo.
Muchas veces, el problema a la hora de expresar, o de entender nuestro propio cuerpo y nuestras relaciones, se basa en que no conocemos cuáles son las palabras adecuadas para utilizar. Hay que tener en cuenta que el poner nombre a las cosas ayuda a colocarlas en el lugar correcto de nuestra mente. Es por ello que desde la Sexología se entienden como fundamentales los siguientes conceptos:
Sexuación: Es el proceso por el que nos vamos formando como el hombre o la mujer que somos. Comienza con la concepción y acaba con la muerte de la persona; es decir, dura toda la vida. En un primer lugar viene determinado de forma natural por las hormonas que hacen que el embrión sea de uno u otro sexo, pero luego continúa con la sexuación social que realiza el individuo por sí mismo. Algunos puntos clave en los que el individuo se define o se redefine sexualmente son la adolescencia, la maternidad o la paternidad, la menopausia, etcétera.
Sexualidad: Define la vivencia de cada persona como ser sexuado. En otras palabras, es la parte de la vida que describe cómo nos sentimos con el hombre y la mujer que somos, y las vivencias que tienen que ver con este hecho.
Erótica: La palabra clave para hablar de erótica es 'deseo', es decir, que la erótica es aquello que define la orientación de nuestros deseos. Tiene una relación directa a la hora de hablar de homosexualidad y heterosexualidad, por ejemplo, pero también a la hora de explicar las peculiaridades eróticas; es decir, con todo aquello que pueda despertar el deseo de un sujeto sexuado.
Amatoria: El ars amandis o el arte de amar tiene que ver con el encuentro entre los sexos, y con su manera de expresar esos deseos en lo físico. Es el concepto que la gente confunde con 'sexo'.
Si estamos dispuestos a ponernos al día en las últimas tendencias, o incluso a aprender idiomas para poder seguir una conversación de contenido sexual, nunca está de más aprender también los conceptos básicos, y más reales, que influyen directamente en nuestra sexualidad.
Desde Eros, os animamos a aportar otras palabras o conceptos que queráis compartir, bien desde un ámbito educativo, o incluso a veces, desde un punto de vista más divertido. ¿Quién da más?

ESCRACHE






Un original regalo que cruzó el océano
Por Graciela Melgarejo | LA NACION
Twitter: @gramelgar | Mail: lineadirecta@lanacion.com.ar |



El tiempo de verano es propicio para vagabundear en el sentido de pasear sin rumbo definido. Esta actividad puede ser tanto física como mental: se puede ir "de tiendas", como dicen los españoles -o "de shopping ", como se dice en la Argentina, o simplemente puede uno perderse en ensoñaciones de todo tipo, como el narrador del poema de Antonio Machado, "Las moscas" ("¡Moscas del primer hastío / en el salón familiar, / las claras tardes de estío / en que yo empecé a soñar!"). Por eso, la propuesta de esta columna, hoy, es un paseo por ciertas palabras.

Si se hiciera un ranking -palabra inglesa lista para ser castellanizada en cualquier momento- de la palabra más usada el año pasado en los medios de comunicación en la Argentina, pocos dudarían de que fue el adjetivo contundente . Todo resultó contundente en 2013, sobre todo entre agosto y octubre, con las elecciones. Contundente fue el veredicto de las PASO, por ejemplo; más contundente fue después la respuesta del Gobierno, y contundente debe de haber sido, también, el hartazgo de los lectores y los oyentes ante la contundente presencia del adjetivo contundente .

Sin embargo, eso puede haber ocurrido entre nosotros, pero parece que entre los hablantes del español de España, con otra realidad política a cuestas, la palabra más popular fue, paradójicamente, una nacida en el seno del Río de la Plata. Efectivamente, Fundéu ( www.fundeu.es ) dio a conocer a fines del año pasado cuál fue, a su juicio, la palabra de 2013: nuestro irreemplazable escrache .

En un largo artículo ( http://bit.ly/1bh9U6O ) dice Fundéu que " escrache , un término que alude a las manifestaciones convocadas frente a los domicilios de políticos y otros personajes públicos, es la palabra del año 2013 para la Fundación del Español Urgente". Como contundente , escrache ha estado "en el primer plano de la actualidad en los últimos meses", pero además tiene otras características por las cuales también fue elegida: "Buscábamos -dicen en Fundéu- una palabra que tuviera cierto interés desde el punto de vista lingüístico, bien por su origen o por cómo está formada". Y así explica el director general de la entidad, Joaquín Muller, por qué decidieron, por primera vez en ocho años, desde su creación, elegir la palabra del año: « Escrache reúne cualidades en los dos aspectos: es una palabra con un origen no del todo cierto, pero muy interesante, que ha llegado al español de España desde el de la Argentina y Uruguay, y que se convirtió en protagonista de la actualidad y en el centro de una polémica en la que se cruzaban los elementos lingüísticos y los políticos".

Aunque no fue la única elegida en primer término -hubo una preselección que incluyó, entre otras, a copago , quita y austericidio -, esa particular combinación de factores lingüísticos (un origen incierto) y de actualidad ("para algunos representantes políticos no era más que un eufemismo para lo que consideraban un auténtico «acoso con métodos violentos»") pesaron a la hora de la elección final.

Una vez más, América le regala a España algo muy preciado: una palabra plena de connotaciones políticas, históricas y culturales, que los españoles han sabido usar en el contexto apropiado.

© LA NACION

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