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sexta-feira, 31 de janeiro de 2014

L&L (LENGUA Y LITERATURA)









Joyería y fisiología
Hoy: Lengua (modalidad buscadores de perlas)

LUIS MAGRINYÀ en El País - España


Según Rafael Lapesa (Historia de la lengua española, Escelicer, Madrid, 1942, p. 213), el verbo perlar es un neologismo de Rubén Darío. En su célebre poema “Era un aire suave”, de Prosas profanas y otros poemas (1896-1901), encontramos precisamente la primera documentación:

La orquesta perlaba sus mágicas notas;
un coro de sones alados se oía…
(Castalia, Madrid, 1993, p. 90)

Debido a nuestros fallos de imaginación poética, no sabemos muy bien lo que significa perlaba en estos versos: aventuramos que la orquesta enhebraba o ensartaba una nota mágica tras otra, pero una metáfora explicada con otra metáfora es un desastre de explicación. Nos parece, en cualquier caso, que aquí el significado de perlar no es el que el Diccionario de la Real Academia Española consigna en su definición: “tr. poét. Cubrir o salpicar algo de gotas de agua, lágrimas, etc. U. t. c. prnl.” (una definición, por cierto, que no respeta el principio de equivalencia sintáctica, pero en esto mejor no entramos hoy). El poeta creó el verbo pero, al parecer, nunca más volvió nadie a utilizarlo en el mismo sentido que él le dio. Después de él, todos los testimonios encontrados ejemplifican, de un modo u otro, la acepción del DRAE (que ya no se puede aplicar a una orquesta y a sus notas). Y así es ya en las documentaciones inmediatamente posteriores a Darío:

“… en los claros ojos diáfanos que las lágrimas perlaban” (Felipe Trigo, Los abismos, 1913, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes).

“… águila refulgente, con las poderosas alas perladas de rocío” (Miguel de Unamuno, Niebla (1914), Castalia, Madrid, 1995, p. 104).

“Se limpió con el dorso del puño el sudor que perlaba su frente” (Mariano Azuela, Los de abajo (1916), Arturo Azuela, Ayacucho, Caracas, 1991, p. 10).

Es digno de reseñar que autores tan distintos, y de tan distinta posición en el canon hispánico, fueran de los primeros en reproducir –tal vez sin saberlo– el invento modernista y en darle el significado que recoge el DRAE, que sería el que realmente se impondría. Digamos, simplificando, que perlar, con su nuevo significado pero sin dejar nunca de ser “poét.”, encontró rápidamente acomodo tanto en el género popular como en el culto, y que esta adaptabilidad se ha mantenido hasta hoy. Lo veremos dentro de nada.

Los personajes y el escenario de este verbo han sido diversos, pero no infinitos

Los personajes y el escenario de este verbo han sido diversos, pero no infinitos. Estos tres ejemplos fijaron la senda que recorrerían en el futuro los agentes perladores y los objetos perlados. Las derivaciones creativas de las lágrimas, el rocío y el sudor pueden haber perdido su componente húmedo pero en general han seguido en la lista de sospechosos habituales:

“… la concavidad azul e infinita del cielo perlado de estrellas” (Francisco Villaespesa, Las palmeras del oasis (1914), en Novelas completas, Aguilar, Madrid, 1952, p. 372).

“… el silencio misterioso de los bosques perlados de luciérnagas” (Pedro Aplicano Mendieta, Leyendas mayas, Impr. Calderón, Tegucigalpa, 1970, p. 38).

“La luz tamizada por un manto perlado de nubes” (José Luis Corral Lafuente, El número de Dios, Edhasa, Barcelona, 2004, p. 144).

“… un mar perlado de luna” (Francisco Javier Sánchez Gallardo, La mujer hermética, Club Universitario, San Vicente del Raspeig, 2008, p. 91).

Estrellas en el cielo, luciérnagas en los bosques, nubes en el manto (celeste), la luna en el mar: recordemos que estamos en el ámbito más socorrido de lo “poét.”, donde es frecuente perlar allí donde se habría podido salpicar, otra metáfora recurrente, pero sin duda menos enjoyada, para expresar la acción de esparcir o diseminar alguna cosa. El fenómeno se da tanto en textos originales como en traducciones:

“… recorriendo la hierba perlada de flores” (Florence Marryat, El mensaje del muerto (1894), Alba, Barcelona, 2012, trad. de Eugenia Vázquez Nacarino, p. 77).

“Menudas gotitas de lluvia perlaban el borde de su sombrero” (James Joyce, Gente de Dublín (1914), Andrés Bello, Santiago de Chile, 1988, trad. de L. A. Sánchez, p. 119).

La diferencia entre estas traducciones es que, en la primera, perlada traduce begemmed (de begem, ‘adornar con joyas’) y, en la segunda, perlaban traduce hung (de hang, ‘colgar, estar suspendido’). Es decir, una reproduce el gusto por la joyería del original, y la otra sencillamente lo aporta. En español, la atracción de la perla parece irresistible.

Esta afición tan extendida lo cierto es que, en los testimonios encontrados, no depara grandes sorpresas. Las cosas que se perlan y las cosas que producen el perlado suelen repetirse. Algunos usos, quizá, nos han parecido algo extremos:

La afición tan extendida al uso poético del término no depara grandes sorpresas

“Diole el señor del Busto unas palmadas cariñosa en las ancas perladas de sudor” (Fernando Vizcaíno Casas, Isabel, camisa vieja (1987), Planeta, 1992, p. 15).

“Sus micropuntos oculares se perlaban de luces violeta” (Jordi Sierra i Fabra, Crónica de Tierra 2, Minotauro, Barcelona, 2002, p. 33).

Y otros pocos, francamente, nos han dado un poco de repelús:

“… era guapo, pese a los granos que perlaban sus labios” (José María Gironella, Un millón de muertos (1961), Planeta, Barcelona, 1989, p. 585).

“… con el bigote perlado de espuma cervecera” (Alicia Giménez Barlett, Serpientes en el paraíso, Planeta, Barcelona, 2002, p. 306).

Pero, en la inmensa mayoría, como digo, no ha habido sorpresas. Ni siquiera nos ha extrañado el paso, muy previsible, al género erótico, abonado instintivamente a la cursilería:

“Nikki también tiene un orgasmo y su agua perla el pubis de Krys como una bella telaraña engalanada de rocío” (Alexánder Obando Bolaños, El más violento paraíso, Perro Azul, San José de Costa Rica, 2001, p. 78).

“… pequeñas gotas de semen perlaron la excitada cabeza de su pene” (Dolores Domínguez, “Mi marca en tu piel”, Wattpad).

En cualquier caso, la asociación que ha hecho carrera, dilatadísima ya, ha sido la del sudor y la frente. Vincular una reacción fisiológica u orgánica a un esfuerzo o emoción es una constante en la descripción de los personajes de las novelas en los momentos de dramatismo: los ojos se les llenan o empañan de lágrimas (las cuales saltan, o brotan, o manan, a veces a raudales o copiosamente, y ruedan por las mejillas); ellos se ponen o tornan lívidos, o palidecen, o –más a la italiana– empalidecen; los pelos o vellos se les erizan, o ponen de punta (a veces como escarpias); la carne, de gallina; un escalofrío recorre, o atraviesa, o cruza, su columna vertebral, o todo su cuerpo, de arriba abajo y de la cabeza a los pies; se estremecen, muchas veces también de arriba abajo y de la cabeza a los pies; los músculos se les agarrotan; las mandíbulas también, pero igualmente se les desencajan; los dientes les rechinan y castañetean; las piernas se les entumecen o desentumecen; se les hace un nudo en el estómago o en la garganta; el corazón se les desboca, o encoge, o desgarra, o lo tienen en un puño; se quedan sin aliento, se les corta la respiración, o respiran entrecortada o pesadamente; también prorrumpen en llanto, o en carcajadas, o bien, más comedidos, ahogan o sofocan un sollozo, o una risa (con una risita ahogada es de mis favoritas).

Ni siquiera nos ha extrañado el paso al género erótico, abonado instintivamente a la cursilería

Pero ninguna de estas fórmulas tan conocidas –entre tantas otras– ha conseguido superar a la del sudor que perla la frente. No es posible describir mejor ese efecto del cansancio o la ansiedad. Más de un siglo ha pasado desde que el mexicano Mariano Azuela la descubriera, pero sigue siendo tan bonita, goza de una salud tan excelente y es tan prodigiosamente democrática en su poesía que reina por igual en el centro de la prosa laureada y en los márgenes del escabroso pulp.

Se podría entonar con este triunfo una hermosa letanía:

“Unas gotitas de sudor le perlaban la frente” (Torcuato Luca de Tena, Los renglones torcidos de Dios (1979), División, México D. F., 1987, p. 228).

“Unas gotitas de sudor le perlaban la frente” (Luis Landero, Juegos de la edad tardía (1989), Tusquets, Barcelona, 1993, p. 177).

“Unas gotitas de sudor le perlaban la frente” (LucyCullenBB, «Construyendo fantasías», FanFiction, 31/III/2011).

Combinada con esta otra, ciertamente muy distinta:

“Gotas de sudor perlaban su frente” (Corín Tellado, Orgullo sin venganza (1983), MTC, Pamplona, 2011, Google Libros).

“Unas gotas de sudor perlaban su frente” (Soledad Puértolas, Todos mienten (1988), Anagrama, Barcelona, 1993, p. 78).

“Gotas de sudor perlaban su frente” (Santiago Roncagliolo, Tan cerca de la vida, Alfaguara, Madrid, 2010, Google Libros).

“Grandes gotas de sudor perlaban su frente” (Bram Stoker, Drácula [1897] anotado, Akal, Madrid, 2012, trad. de Julio Rodríguez Puértolas, p. 332).

Una vez más nos vemos abocados a preguntarnos en qué consiste el estilo, y qué es la novela. Y, ante tan angustiosa incógnita, digámoslo groseramente, empezamos a sudar.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE



Real Racing Club de Santander, sin tilde en Racing

Recomendación urgente del día


Real Racing Club de Santander, sin tilde en Racing, es el nombre oficial de este equipo de fútbol cántabro.

En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como «Jugadores del Rácing de Santander deciden no jugar un partido en la Copa del Rey por falta de pago», «El Rácing completa la machada y se mete en cuartos» o «El Rácing busca la sorpresa».

Sin embargo, la denominación oficial de este equipo es Real Racing Club de Santander, sin tilde, tal como puede verse en su página oficial y en la web de la Real Federación Española de Fútbol.

Lo mismo sucede, por ejemplo, con la denominación oficial del Athletic Club, que tampoco ha de llevar tilde, pese a que a menudo se escriban frases como «Diego Pablo Simeone prefiere no meterse en problemas luego de que el Atlético de Madrid derrotó al Athlétic de Bilbao» o «El Athlétic de Bilbao tratará de eliminar al campeón, el Atlético de Madrid».

Así pues, en todos los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir Racing y Athletic sin tilde.

23.ª edición del ‘Diccionario de la lengua española’

¿Cómo elabora la RAE cada nueva edición del diccionario?
MARTA ORTIZ GINESTAL (20MINUTOS.ES)
http://www.20minutos.es/noticia/2043343/0/nuevo/diccionario/rae/





Ilustración sobre las nuevas palabras que se incorporarán al 'Diccionario de la lengua española' de la RAE en su 23.ª edición. (Riki Blanco)



Trece años después de publicar su última versión, la Real Academia Española casi ha terminado la 23.ª edición del ‘Diccionario de la lengua española’. Verá la luz en el mes de octubre, como broche a la celebración del III Centenario de la institución.

La evolución de algunas palabras es muy curiosa y se puede consultar en el 'Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española'.

Los libros nuevos emanan un delicioso olor a tinta, a papel recién cortado, a sabiduría. Un aroma que te traslada a la Feria del Libro, al mes de septiembre y los libros de texto. Entre nuestras manos, culpable de semejante ensoñación, se alza orgulloso el primer volumen de una flamante edición facsimilar del que fuera entonces, allá por 1726, el Diccionario de autoridades. Una obra creada en los albores de la Real Academia Española, cuyo fin fue convertirse en su primer repertorio lexicográfico y en la norma culta que nuestra lengua demandaba, y que otras lenguas europeas ya tenían. Su particularidad, quizás, y lo que le concedió el apellido de autoridades, fue el sustento sobre el que se apoyaron sus directrices: los grandes escritores de las letras hispánicas; aquellos que, según el prólogo de la obra, trataron nuestro idioma con la mayor propiedad y elegancia y de los que se tomaron citas para justificar las acepciones de las palabras.
Hoy, esta creación, que tardó 13 años en ver completada su publicación, regresa a las librerías con motivo del III Centenario de la Casa de las Palabras, en edición facsimilar popular y en versión de lujo para coleccionistas.

DICCIONARIO. (Del b. lat. dictionarium) 1. m. Libro en el que se recogen y explican de forma ordenada voces de una o más lenguas, de una ciencia o de una materia determinada. El De autoridades fue el primer diccionario de una saga que daría a luz 22 hijos, o diccionarios, o más bien 22 ediciones de un diccionario que ha llegado hasta nuestros días con buena parte de la esencia inicial que invadió a la valiente Academia. Con pocos medios pero mucho empeño, sacó adelante el libro de referencia que es hoy el Diccionario de la lengua castellana y que no cambiaría su nombre por el de Diccionario de la lengua española hasta su 15.ª edición (1925). Su primera edición, del año 1780, contaba con 46.000 artículos (poco más de la mitad de los 88.000 lemas que posee la obra de 2001). Suprimió las citas de autoridades que sirvieron para justificar las definiciones de cada artículo en la primera gran obra de la Academia y consolidó el sistema de abreviaturas y marcas del diccionario.

La 'edición del centenario' del diccionario de la RAE verá la luz en octubre.

Hoy, la institución ultima el más joven de sus retoños, una 23.ª edición del diccionario que ya se encuentra en proceso de revisión. En marzo comenzará a editarse en Espasa y, si todo discurre según lo previsto, verá la luz probablemente en el mes de octubre, coincidiendo con el final de la celebración del III Centenario de la Real Academia Española. Este aniversario le confiere un cariz especial que no poseen sus antecesoras, pues la dota –quizás– de mayor importancia al ser "la edición del centenario", según recalca Darío Villanueva, académico de la institución elegido en 2007 y secretario de la misma desde 2010. Más sabihonda que sus predecesoras, y también algo más rellenita, la 23.ª edición tendrá 5.000 lemas más que su precursora, hasta llegar a los 93.000.

Se editará en un único tomo de 2.880 páginas frente a las 1.672 de su hermana mayor.

A pesar de la situación actual del sector editorial, su tirada arranca sin timidez: unos 50.000 ejemplares, cifra nada desdeñable; además de una edición especial para coleccionistas y otra popular en dos volúmenes destinada al mercado americano, de las que no dan todavía números.

EDICIÓN. (Del lat. editĭo, -ōnis). 1. f. Conjunto de ejemplares de una obra impresos de una sola vez, y, por ext., la reimpresión de un mismo texto. ‘Edición del año 1732’. ‘Primera, segunda edición’.Entretanto, sus 23 ediciones han dado para mucho más que los 93.000 lemas que conforman la que verá la luz en 2014. Si bien el total de entradas en el diccionario queda así cifrado (aproximadamente), hay que tener en cuenta que otros tantos artículos han sido suprimidos (1.359) o enmendados (59.739), y que las supresiones compensan las adiciones. Con todo, el espacio del diccionario, como el de cualquier producción editorial, está limitado, así que "hay que dejar fuera algunas palabras", confiesa Villanueva. Pero eso no significa que esas no sean palabras "de uso perfectamente legítimo" en nuestro idioma, aclara. Así que ya no encontraremos al ‘boleador’ como el hombre que hace caer a otro, porque esta voz abandonará las páginas del diccionario en la 23.ª edición. Y si alguien quiere echar ácido fénico a algo, tendrá que vérselas y deseárselas para ‘fenicar’, verbo que también desaparecerá. Quien pretenda actuar con misterio, a ojos del diccionario no lo hará ‘sagrativamente’, y las ‘bigorrellas’ ya no sabremos que son piedras de gran peso que sirven para calar las collas. Sin embargo, ya podremos hablar de una ‘serendipia’ sin preocuparnos de que alguien no nos comprenda, porque ahora podrá buscar su significado en el diccionario. Echaremos al coche ‘biodiésel’ sin remordimientos y nos resguardaremos con conocimiento de causa de los (o las) ‘cazafortunas’. Podremos ser fieles ‘escuchantes’ –porque hasta ahora solo éramos ‘escuchadores’– de quien intente timarnos con el ‘timo de la estampita’, un hurto con engaño "basado en la codicia del estafado" que hasta ahora no estaba registrado en el diccionario. También se permitirá presenciar un ‘estriptis’ (o ‘estreptís’, si nos gusta más) mientras tomamos con ‘glamur’ una copa de ‘brandi’, pero uno con ‘i’ latina y no con ‘i’ griega, que siempre suena menos anglófono. Baby-sitter, full time o gigabyte son algunos extranjerismos crudos que estarán también en el diccionario pero, eso sí, irán en letra cursiva, para que no nos despistemos. Que una palabra no esté en el diccionario no significa que su uso no sea perfectamente legítimo.

PANHISPÁNICO,CA. 1. adj. Perteneciente o relativo a todos los pueblos que hablan la lengua española. El término ‘despendole’ se incorporará al diccionario con la marca Esp., por ser un vocablo propio del habla de España, y no tanto de otros países hispanoparlantes. Evidentemente, no podía ser de otra manera ni podríamos imaginar a un chileno, un ecuatoriano o un panameño practicando el despendole con tanta gracia como lo hacemos en nuestro país. Por su parte, algunos términos médicos se han hecho un hueco tan grande en nuestra lengua que también entrarán a formar parte del selecto club del diccionario, como ‘celiaquía’, ‘presbiacusia’ o ‘medicalización’. También algunos propios de otras ciencias, como ‘ciclogénesis’ (¿acaso alguien no ha oído hablar últimamente de las ciclogénesis explosivas?), ‘parabeno’ o ‘hexano’. La informática sigue ganando terreno en nuestro idioma; encontraremos ‘escaneo’ e ‘intranet’ si las buscamos, y ‘pantallazo’ relegará a su segunda acepción la actual ("destello intermitente de la luz de un faro", que en realidad era solo un avance de la 23.ª edición) para poner como primera acepción la "captura del contenido que se visualiza en la pantalla de una computadora". Ojo, que no en la de un ‘ordenador’, que este término es propio de España pero no de la mayor parte de los países hispanohablantes.

INTEMPORAL. (Del lat. intemporālis). 1. adj. Que está fuera del tiempo o lo trasciende. Aunque algunas incorporaciones puedan llamarnos la atención, hay que tener en cuenta que no es tan sencillo reflejar un patrimonio lingüístico que hoy hablan 500 millones de personas repartidas en medio mundo. El diccionario ha llegado hasta nuestros días con la responsabilidad a la espalda de hacerse cargo de una lengua que evoluciona al vertiginoso ritmo de la sociedad, pero no puede olvidarse tampoco de las obras que se editaron hace tres, cuatro o cinco siglos, ni del vocabulario que se empleó en ellas. "El Diccionario de la Real Academia Española es singular frente a otros que están en el mercado porque mantiene una impronta histórica, tiene una dimensión proyectada hacia la historia; ha de servir para entender los textos escritos desde el año 1500 hasta ahora", sostiene Darío Villanueva. Y desde luego, ello explica la presencia de términos que parecen arcaicos, caídos (casi) en desuso o sencillamente desconocidos para la mayor parte de los hablantes, pero sin los cuales no podríamos entender, seguramente, algunas partes esenciales de El Quijote, El Lazarillo de Tormes o, sin ir tan lejos, los Episodios nacionales de Galdós.

ACABAR. (De cabo). 1. tr. Poner o dar fin a algo, terminarlo, concluirlo. U. t. c. prnl. 2. tr. Apurar, consumir. 3. tr. Poner mucho esmero en la conclusión de una obra. Se trata de hallar el equilibro entre las palabras de siempre, las que parece que llevan en el diccionario toda la vida, y las que acaban de instalarse en nuestra lengua. Y el término ‘acabar’ en la Academia adquiere una amplitud inusitada, pues si por algo se caracteriza nuestro diccionario es por caminar siempre despacio, con pies de plomo. Porque las palabras nacen, se reproducen y, en ocasiones, mueren. Pero si se demuestra lo contrario, que una palabra –o una nueva acepción adquirida por una palabra– está suficientemente presente en el habla de una sociedad; y además está también arraigada en libros, o en los medios de comunicación, entonces y solo entonces se podrá plantear que entre a formar parte del diccionario. Cuando esto ocurra habrán pasado, probablemente, varios años desde que el vocablo comenzara a utilizarse. Para que una palabra se incorpore, hay que estar seguros de que no es una moda pasajera. "La Academia no puede estar en un ejercicio permanente de incorporación y eliminación de términos. Debe sopesar su uso, su permanencia, comprobar que una palabra nueva no responde a modas o a creaciones relacionadas con un desarrollo tecnológico que va a tener una vida breve", cuenta Joaquín Müller-Thyssen Bergareche, director de la Fundéu (la Fundación del Español Urgente) que, patrocinada por la Agencia EFE y BBVA y asesorada por la RAE, impulsa el uso correcto de la lengua española en los medios de comunicación.

DEBATE. (De debatir). 1. m. controversia (x x discusión).2. m. Contienda, lucha, combate. Sin combate, sin lucha y seguramente también sin contienda. Pero si algo caracteriza a la Academia –y también a la Fundéu– es el continuo debate que mantienen sus integrantes, siempre a vueltas con las palabras. El libro Compendio ilustrado y azaroso de todo lo que siempre quiso saber sobre la lengua castellana, de la Fundéu, define las reuniones matutinas de la institución como "un aquelarre en el que se usan como material de combustión para la hoguera los periódicos, las teles e incluso las webs, y ahora también los tuits", así que no es difícil imaginar el enjambre de errores o deslices gramaticales con el que tienen que lidiar sus lingüistas. En la Academia, la situación no es muy diferente; cada jueves por la tarde analizan en sus diferentes comisiones cuestiones que atañen a las palabras. Mientras, reciben el respaldo del Instituto de Lexicografía de la Academia, que documenta, perfila y apoya todo el trabajo que requiere elaborar "este diccionario, que no es un diccionario cualquiera, porque es muy peculiar", cuenta Elena Zamora, directora técnica del Diccionario de la lengua española. "Es llamativa la cantidad de años que tarda en elaborarse", pero es que en su proceso de creación no solo intervienen nuestros académicos y lexicógrafos, sino también las academias de la lengua de América y Filipinas, que aportan su visión de las palabras. Además, la sobreinformación del mundo digital puede enriquecer a la par que ralentizar el trabajo. Por ejemplo, cada vez es más complicado justificar la supresión de una palabra en el diccionario, porque la herramienta Google Libros permite verificar que algunos términos que se sospechaban en desuso todavía se emplean en algunas obras.

CORPUS. (Del lat. corpus; propiamente ‘cuerpo’).1. m. Conjunto lo más extenso y ordenado posible de datos o textos científicos, literarios, etc., que pueden servir de base a una investigación. Y además está el CORPES XXI, un corpus de la Academia que reúne miles de textos elaborados entre 2001 y 2012 y que dan cobijo ya a 160 millones de formas de nuestro idioma, que serán 300 millones a finales de 2014. Con todo, a pesar de que la elaboración del diccionario resulta realmente gratificante, Elena Zamora reconoce que "lo más difícil es su maquinaria, el peso de la historia, la coordinación de las personas que intervienen en él". Darío Villanueva, un hombre de imponente rectitud que emplea las palabras ‘gazmoñería’, ‘circunloquio’ y ‘pacatería’ sin vacilación en una misma frase, deja asomar un atisbo de entusiasmo: "Lo más bonito es precisamente lo más difícil: su singularidad. Trabajar como académicos con palabras que ya se utilizaban en el año 1713 y que ahora están en boca de una comunidad de casi 500 millones de hispanohablantes es lo que más nos congracia". La versión web del diccionario de la RAE recibe 40 millones de consultas al mes.

ZAGA. (Del ár. hisp. sáqa, y este del ár. clás. sāqah, retaguardia). 1. f. Parte trasera de algo. a la ~, a ~, o en ~. 1. locs. advs. Atrás o detrás. A pesar del intenso trabajo, hay quien piensa que nuestro diccionario anda siempre un poco a la zaga, pero ello no se debe en todo caso a pereza ni holgazanería del diccionario ni de quienes lo elaboran. Quieren estar muy seguros de que todo cuanto se incluye en sus páginas está perfectamente justificado, no es producto pasajero y seguirá teniendo cierta validez con el paso de los años. Por el contrario, algunas acepciones quedan obsoletas después de varias décadas, y el diccionario responde a su época atendiendo las necesidades de cada tiempo. "La Academia revisa el diccionario y adapta la descripción de las palabras y de las acepciones a la sensibilidad del momento", cuenta Villanueva. En la edición de 2001, ‘masculino’ observa en su tercera acepción la descripción "varonil, enérgico", mientras que la acepción sexta de ‘femenino’ no es otra que "débil, endeble". Ninguna de ellas parece propia de una edición del siglo XXI y han sido tachadas por la crítica de sexistas. Por su parte, la 23.ª edición del diccionario modificará las acepciones de sendos términos omitiendo estos adjetivos y elaborando descripciones homólogas que eliminarán este matiz que tan poco ha gustado. Este cambio es necesario para buena parte del público, para el lector y, por supuesto, para la sociedad, "pero no es fruto de una censura sino de esa revisión que cada edición hace para ir mejorando el acomodo del diccionario a los usos reales de la lengua", cuenta convencido el secretario de la RAE. Porque no hay que olvidarse de que la labor del Diccionario de la lengua española no es en ningún caso establecer una moral más correcta, o más deseable. "La Academia no inventa palabras ni acepciones, y tampoco las promociona –insiste–. Que en el diccionario aparezca una palabra que es grosera, injusta o machista no quiere decir ni que la Academia la haya inventado ni mucho menos que la Academia diga que esa palabra debe ser usada". Es, sencillamente, una palabra que está ahí, que existe, que se utiliza en mayor o menor medida por algunos hablantes y a la que el diccionario –que no entiende de corrección política– no puede dar la espalda. Si bien el primitivo Diccionario de autoridades editado entre 1726 y 1739 evitó en sus páginas los términos referidos "a objeto indecente", tres siglos más tarde la posición de la institución es bien distinta. "Nosotros no podemos censurar el diccionario. No podemos hacer un diccionario de palabras bonitas, porque además sería una pendiente sin fin; siempre habría alguien que considerase que una palabra es ofensiva en función de una determinada sensibilidad", dice el académico. La Academia no inventa palabras ni acepciones, que incluya una palabra no significa que deba ser usada. La Fundéu, cuya virtud principal es, en palabras de su director, "su conexión con la actualidad, y la tensión informativa", reconoce un posicionamiento tal vez más arriesgado. "De la misma manera que nos consideramos minusculistas, también somos partidarios de la feminización, por ejemplo, de los cargos profesionales, de la jueza frente a la juez o la médica frente a la médico, o incluso de la pilota frente a la piloto", recalca Joaquín Müller-Thyssen. No obstante, al margen de pensar si es o no es deseable –o posible– lograr un habla políticamente más correcta, o un diccionario políticamente más correcto ("¿Pero quién marca lo correcto?", reflexiona Villanueva), lo que realmente hay que plantearse es si los hablantes se expresan así o, por el contrario, estos nuevos giros que adopta el lenguaje resultan forzados.

ENTRESIJO. (Etim. disc.). 1. m. mesenterio. 2. m. Cosa oculta, interior, escondida. Tal vez la respuesta no esté muy clara y haya opiniones diversas, pero lo que sí es notorio es que los hablantes de nuestro idioma tienen sed de corrección lingüística, desean hablar adecuadamente y sobre todo, conocer los entresijos de la gramática y la ortografía. La Fundéu registró en 2012 más de tres millones de visitas a su web, donde se hospedan, entre otros recursos, recomendaciones lingüísticas tanto generalistas como ligadas a los acontecimientos sociales que surgen a diario. Sus visitas, procedentes mayoritariamente de España, México y Colombia (en este orden), aumentaron un 83,49 % con respecto al año anterior. Las recomendaciones más visitadas fueron aquellas que aclaraban el uso de ‘por qué, porque y por que’; ‘asimismo, así mismo y a sí mismo’; ‘sino y si no’. Dudas clásicas –fáciles de entender pero difíciles de recordar– que durante 365 días al año son respondidas por cinco personas de la Fundación del Español Urgente (bien sea por correo electrónico, por vía telefónica o a través de las redes sociales) hasta sumar un total de aproximadamente 120 consultas diarias. En el futuro, el diccionario será una publicación digital y luego tendrá versiones en papel.Por su parte, el portal on line de la Real Academia Española recibe una media de 40 millones de consultas mensuales a sus diccionarios en línea, una cifra abismal que ha ido creciendo poco a poco desde que en 2004 lanzaran el diccionario a la Red. Tan amplia es la participación, que incluso se ha dado a los usuarios de la web la posibilidad de colaborar activamente en la elaboración del diccionario a través de la Unidad Interactiva del DRAE (UNIDRAE): un servicio que atiende y canaliza propuestas y sugerencias lingüísticas de los hablantes, y que ha servido para tomar conciencia de algunos usos que han ido adquiriendo ciertas palabras. Incluso cabe la posibilidad de aprovechar el vasto torrente de visitantes al diccionario de la web introduciendo en él contenidos publicitarios –aunque no de forma inminente, porque no es un tema que esté cerrado, según confirma la Academia– como medio para desahogar la situación económica de la RAE. Como reconoció José Manuel Blecua (director de la institución), el pasado 20 de enero en el Foro de la Nueva Comunicación celebrado en Madrid, "en estos momentos pasa por un momento difícil; nos hemos encontrado con la reducción de las subvenciones estatales, el descenso de los patrocinios (…), lo que lleva a la Academia a buscar un nuevo modelo" que sea capaz de "proporcionarnos independencia y autonomía económica".

DIGITAL. (Del lat. digitalis) 1. adj. Perteneciente o relativo a los dedos. 2. adj. Referente a los números dígitos y en particular a los instrumentos de medida que la expresan con ellos. ‘Reloj digital’. Cifras tan estratosféricas ligadas al registro de consultas recibidas por un diccionario en su versión on line nos llevan a preguntarnos por la dudosa vigencia de un diccionario pensado, elaborado y editado en papel. Un diccionario acaso pesado, incómodo y que podrá costar a quien lo compre alrededor de unos 150 euros –a juzgar por el precio de su última edición–, frente a su versión gratuita, ligera e indudablemente más rápida de la web. Así que cabe preguntarse, ¿será esta la última edición en papel del Diccionario de la lengua española? Tajantemente, no. "Hasta ahora, la versión en papel ha sido la matriz y posteriormente se ha hecho una digital", cuenta el secretario de la Real Academia Española. Pero "en el futuro el orden se va a invertir, el diccionario será una publicación digital que luego tendrá versiones en forma de libro. Ello permitirá, mediante la hipertextualidad, un tránsito fluido e inmediato entre diferentes obras de la Academia", como los diccionarios, las gramáticas y las ortografías, que hasta ahora podían contradecirse mutuamente en ciertos puntos debido a la distancia temporal entre la publicación de unos y otros y a las diferentes posturas adoptadas por la Academia a lo largo de ese tiempo. Pero eso será cuando esa sucesiva 24.ª edición del diccionario de planta digital llegue a pergeñarse, tal vez dentro de una década. Mientras tanto, la incipiente vigesimotercera edición se revisa, se retoca y se ultima al ritmo de un lema que limpia, fija y da esplendor a una lengua cuyo diccionario se escribe despacio, pero con muy buena letra.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2043343/0/nuevo/diccionario/rae/#xtor=AD-15&xts=467263

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE



retirada gradual (de estímulos), mejor que tapering

Recomendación urgente del día

Retirada gradual (de estímulos) es una alternativa en español a tapering, término frecuentemente empleado en relación con la política monetaria del Sistema de Reserva Federal de los Estados Unidos.


En los medios de comunicación es habitual encontrar frases como «Casi nadie espera que el banco central estadounidense frene el tapering» o «Tras el anuncio del tapering por sorpresa en la reunión de diciembre, las subidas iniciales de los selectivos americanos resultaron engañosas».

El verbo inglés to taper significa simplemente ‘disminuir o estrechar gradualmente’. A partir de aquí, el sustantivo tapering se ha cargado de significado para referirse específicamente a la disminución paulatina de las inyecciones de liquidez o de la compra de activos del Sistema de Reserva Federal.

Así pues, en los ejemplos anteriores habría sido recomendable escribir «Casi nadie espera que el banco central estadounidense frene la retirada de estímulos» y «Tras el anuncio por sorpresa de la reducción de estímulos en la reunión de diciembre, las subidas iniciales de los selectivos americanos resultaron engañosas».

II ENCUENTRO DE LA LIGA DEL ESPAÑOL URGENTE




¿«Entrenar» o «entrenarse»?, ¿«crack» o «crac»?… a debate en la prensa deportiva
30/01/2014 | AGENCIA EFE


¿Los futbolistas entrenan o se entrenan? ¿Es correcto escribir crack o es más apropiado crac? ¿Debe un periodista que reproduce un tuit de un futbolista mantener las abreviaturas y acortamientos que este utiliza o no? ¿Por qué hay que poner tilde en récords si es palabra llama acabada en s?

Esas son algunas de las cuestiones sobre las que han debatido hoy casi medio centenar de periodistas deportivos y representes de la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) en el II Encuentro de la Liga del Español Urgente.

Esta iniciativa pretende, a través de recomendaciones breves, crónicas sobre el lenguaje futbolístico y recursos gráficos que se distribuyen en las webs de la Liga BBVA y la Fundéu y a través de las líneas informativas de la Agencia EFE, impulsar el buen uso del español en los medios de comunicación y de forma particular en las informaciones relacionadas con la competición liguera.

Como parte de este proyecto se han programado además encuentros periódicos entre miembros de la Fundéu y profesionales de la información deportiva en los que se pretende intercambiar puntos de vista sobre las dificultades lingüísticas a las que se enfrentan los primeros y las propuestas que hacen los segundos.

En el segundo de estos encuentros el lingüista y miembro del Consejo Asesor de la Fundación, Leonardo Gómez Torrego, subrayó la viveza del lenguaje del periodismo deportivo que «crea palabras nuevas todos los días: tiquitaca, jugón, resultadista…».

Advirtió, no obstante, de algunos errores comunes, como la supresión del artículo en frases como «avanzó por banda derecha y disparó con pierna izquierda» o la ausencia de tilde en palabras llanas que acaban en grupo consonántico como récords.

Mencionó también casos en los que son igualmente válidas los plurales terminados en s o en es, como en el caso de clubs y clubes.

David Gallego Barbeyto, redactor de Fundéu y autor de las crónicas lingüísticas que se difunden cada lunes, ha subrayado la riqueza de los comentaristas deportivos, que, en partidos con muchos goles, «recurren a sinónimos como disparo, zambombazo, misil, obus, y hasta tomahawk“.

Subrayó casos de riqueza y originalidad como el de la palabra jugón, que curiosamente tiene una connotación positiva (se usa para referirse a buenos jugadores), pese a que los habitual es que los aumentativos que proceden de verbos suelen tenerla negativa (chupón, mirón, preguntón…)

La castellanización de algunos términos futbolísticos propuesta por la Real Academia Española como golaveraje o crac, sobre las que hubo disparidad de criterios entre los profesionales, centró parte del debate.

El subdirector de la Fundéu BBVA, Javier Lascurain, anunció la celebración de más encuentros entre periodistas y lingüistas y la puesta en marcha de talleres sobre el buen uso del español en la prensa deportiva.

Avanzó, además, la intención de la Fundación de preparar, de cara al Mundial de fútbol de Brasil, una guía de pronunciación de los nombres de jugadores, árbitros y entrenadores de todos los países participantes, al estilo de la que lanzó con ocasión de la Eurocopa de 2012.

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