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quinta-feira, 16 de janeiro de 2014

LOS 5 BENEFICIOS DE LA LECTURA




La Sociedad Española de Neurología ha informado sobre los beneficios de leer, y seguramente te vas a sorprender. El informe apuesta a convertir la lectura en un hábito, para lograr que todos estos beneficios que leerás a continuación sean reales.


¿Qué beneficios tiene leer?

1. Aumenta la agilidad mental
Leer aumenta la capacidad de concentración, promueve la empatía, favorece las conexiones neuronales y, si es un hábito frecuente, es un ejercicio útil para evitar la pérdida de las funciones cognitivas asociadas a la edad.

Diversos estudios han constatado que un cerebro activo no sólo realiza mejor sus funciones, sino que incrementa la rapidez de la respuesta ya que, mientras se lee, se obliga al cerebro a pensar, a ordenar ideas, a interrelacionar conceptos, a ejercitar la memoria y a imaginar, lo que permite mejorar la capacidad intelectual estimulando nuestras neuronas.

2. Favorece las relaciones sociales
Según los expertos, la lectura también puede generar temas de conversación, lo que facilita la interacción y las relaciones sociales. En un estudio publicado por investigadores de la Universidad de Búfalo (Estados Unidos) en Psychological Science aseguraba, tras un estudio en lectores de la popular saga de Harry Potter, que este tipo de lecturas puede favorecer el aumento del sentimiento de pertenencia a un grupo, lo que es bien sabido que mejora el estado de ánimo y la satisfacción, similar a la de formar parte de grupos reales.

3. Reduce el nivel de estrés
Fomentar la lectura también tiene otras ventajas para nuestra salud, como la reducción del nivel de estrés (sobre todo cuando uno lee novelas de ficción). Recordemos que demasiado estrés es origen o un factor de empeoramiento de muchas dolencias neurológicas como cefaleas, epilepsias o trastornos del sueño. Asimismo, la lectura antes de acostarse proporciona buenas rutinas de higiene de sueño.

4. Activa el sistema visual
Aprender a leer activa el sistema visual en las regiones especializadas en la forma escrita de las letras y también en las regiones visuales primarias, es decir, aquellas donde llega toda la información visual. Además, la lectura “activa el sistema del habla” para tomar consciencia de los sonidos y permite “establecer relaciones entre el sistema visual y el sistema del habla, entre las letras escritas y los sonidos.

5. Podría predecir el éxito profesional
Según un estudio de la Universidad de Oxford, la lectura por placer predice el éxito profesional. Los lectores habituales en la adolescencia tienen más posibilidades de éxito profesional cuando son adultos. Durante más de dos décadas, los investigadores analizaron los hábitos y actividades de casi 20.000 jóvenes para conocer qué actividades predecían el éxito profesional a los 30. Sólo la lectura (y no otras actividades, como ir al cine o hacer deporte) logró tener un impacto significativo en el éxito profesional.

¿Existe algún tipo de lectura que potencie todos estos efectos beneficiosos?

En realidad, los beneficios se dan cualquiera que sea el género elegido. No obstante, sí que es cierto que los expertos aseguran que las narraciones, sean o no de ficción, nos ayudan también a mejorar las habilidades sociales y la empatía, precisamente porque nos permiten sumergirnos en las vivencias de los personajes y en las interacciones que establecen entre ellos.

Fuente: medciencia.com

RECOMENDACIONES DE ESTILO PARA LA REDACCIÓN EN ESPAÑOL






“La vida, la palabra y el pensamiento son inseparables; pensar y saber es querer decir y poder decir, porque lo que el hombre siente y piensa lo incorpora al mundo de las palabras. El juicio, pieza nuclear del pensamiento lógico, solo existe en el cerebro del hombre por su traducción en frase”.
Fidelino de Figueiredo


Llamamos ESTILO a cada una de las diferentes opciones que una lengua nos ofrece para la expresión de las ideas. En efecto, en una lengua tan extendida y de tan larga tradición de escritura como el español, un mismo contenido básico puede expresarse de muy diversas maneras, o mejor dicho, en muy diversos estilos.
También llamamos estilo, y más específicamente estilo personal, al repertorio de formas que, entre las opciones que ofrece la lengua, un hablante ha escogido y ha hecho características de su expresión particular.
Una primera clasificación puede asimilar los estilos a los niveles de lenguaje: culto y popular, formal e informal. Respecto de la formalidad, es posible distinguir los niveles con mayor precisión:
Solemne - Mayor formalidad / menor informalidad
Formal
Familiar
Íntimo - Menor formalidad / mayor informalidad
Hay estilos diáfanos (de expresión clara y comprensión fácil), y estilos oscuros (de expresión confusa y difíciles de interpretar). Asimismo, hay estilos macrológicos (con tendencia a los enunciados largos y complejos) y estilos braquilógicos (con tendencia a las frases cortas o a las expresiones elípticas).
Existen además estilos modernos (como el de la redacción periodística) y estilos anticuados (como el lenguaje legal).
Finalmente (solo para dar por concluida esta clasificación, que podría extenderse mucho más), mencionaremos que hay estilos “correctos” (ajustados a las normas de la lengua culta), y estilos “incorrectos” (no ajustados a esas normas).
Si no tenemos mucha experiencia en la composición de textos o si percibimos dificultades en el modo en que nos expresamos, nuestra meta ha de ser lograr, al menos en nuestra escritura, un estilo normal correcto medio, es decir, un estilo que reúna las siguientes cualidades:
• Claridad: Entendemos aquí por claridad una construcción tal de las frases y oraciones, que permita identificar sin dificultad los sujetos, los predicados, los complementos y las relaciones entre ellos.
• Precisión: Es la expresión de cada idea con la palabra exacta y más conveniente. No emplee la palabra <> en la frase un libro bueno si puede usar otra más precisa: interesante, entretenido, instructivo. En vez de ver un asunto prefiera examinarlo.
• Propiedad: Es el empleo de una palabra con el significado que le corresponde según la tradición culta o la autoridad. Detentar un cargo no es desempeñarlo, americanos no son solamente los estadounidenses. Por tanto, evítense las trasgresiones semánticas.
• Corrección: Es la adecuación de los enunciados a lo que se tiene por correcto según la norma culta de la lengua general o corriente, con relación tanto al léxico como a la sintaxis. Evite, pues, los errores gramaticales.
• Coherencia: Es la unidad de sentido del texto, constituida por la relación apropiada entre los sentidos parciales de cada oración y los de cada párrafo. En consecuencia, a menos que se avise convenientemente al lector del cambio de tema, respetando el encadenamiento lógico entre las ideas y los hechos (aunque sean ficticios), no puede tratarse en un mismo texto las especulaciones metafísicas de Aristóteles y pasarse abruptamente a discutir los resultados de un partido de fútbol.
• Trabazón o cohesión: Es el enlazamiento formal adecuado de una palabra con otra, de modo que los enunciados no parezcan entrecortados, truncados o desligados. Por lo tanto, úsense apropiadamente los medios de cohesión textual y los signos de puntuación, y evítense los anacolutos.
• Medianía o naturalidad: Es decir, el justo medio entre las tendencias extremas: ni tan diáfano que llegue a la perogrullada, ni tan oscuro que sea incomprensible; ni tan formal que parezca afectado, ni tan informal que llegue a la vulgaridad; ni tan macrológico que la expresión resulte enrevesada y vacía, ni tan braquilógico que omita lo indispensable para el sentido; ni tan “a la moda” que esté plagado de neologismos, ni tan “arcaico” que parezca de una época anterior.
• Adecuación al contexto: Es la adecuación del discurso al destinatario real o potencial, y a las circunstancias. No escriba una carta al rector como si estuviera escribiendo a un amigo íntimo, o viceversa; no refiera una anécdota graciosa como si estuviera exponiendo un asunto grave, o viceversa (a menos, claro está, que se busque deliberadamente el efecto gracioso que aquello puede producir).
Habiendo aprendido a emplear un estilo correcto medio, podremos entonces dar rienda suelta a nuestra expresión particular, a nuestro estilo personal. Podremos también seguir conscientemente nuestras tendencias estilísticas, aunque se aparten del justo medio recomendable, o incluso —si tenemos la habilidad y los conocimientos para ser audaces— de la corrección normativa.
No obstante, los muy variados modos de expresión de los que puede disponer una lengua ampliamente extendida y de larga tradición escrita, el español, como cualquier otro idioma, tiene tendencias o preferencias estilísticas que es conveniente conocer y, en la medida de lo posible, respetar, a fin de que los enunciados no parezcan inusitados, exóticos o inadecuados. Así pues, de tales tendencias pueden derivarse recomendaciones de estilo para la expresión individual, y en el caso que nos atañe, para la redacción.
Si bien las siguientes recomendaciones no son propiamente estilísticas, resultan, sin embargo, sumamente útiles para perfeccionar el estilo de escritura:
1. Planifiquemos nuestros textos
Ciertamente, hay personas que prefieren escribir un texto in promptu, es decir, sin planificarlo, confiando en la “inspiración momentánea”, en la espontaneidad. Sin embargo, la mayoría de nosotros, en la mayoría de los casos, obtenemos mejores resultados si planificamos el escrito.
Para planificar un texto es de gran utilidad buscar información suficiente y adecuada sobre el tema del cual se piensa escribir, y elaborar un esquema o esbozo en que se enumeren y enuncien sucintamente las ideas principales y secundarias, las cuales guiarán la composición del borrador (de cada parte del texto, e incluso de cada párrafo).
2. Revisemos nuestros textos
Puede parecer una labor molesta, tediosa y aburrida, pero es de la mayor importancia que el escritor revise sus propios textos, sea durante el proceso mismo de escritura, sea al terminar el texto (cada cual escoge el momento que le parezca más oportuno). Si es necesario, compongamos una nueva versión; y si no resulta satisfactoria o adecuada, otra más. Afortunadamente, los modernos procesadores electrónicos de texto facilitan en gran manera esta labor.
La razón de efectuar revisiones y componer varias versiones es que son muchos los aspectos que deben tenerse en cuenta: la ortografía, el léxico, la gramática, la claridad, la coherencia, el destinatario, el contexto... Así pues, no basta revisar solamente el uso correcto de las letras y de la tilde, a lo cual se limita la mayoría de las personas que desean escribir mejor.
3. Pongámonos en el lugar del lector
A menudo, nos habrá pasado que un texto compuesto por nosotros y que juzgamos perfectamente claro y comprensible no lo es tanto o no lo es de ningún modo para el lector al cual lo destinamos. Esto ocurre porque generalmente suponemos que, si entendemos nuestros propios escritos, los demás los comprenderán igualmente y sin dificultad.
Por tanto, para mejorar el estilo es indispensable desechar el egocentrismo; en otras palabras, es necesario ponerse en el lugar del lector. Si es posible, ofrezcamos nuestros textos a otra persona para que lo lea y para que verifique si resulta comprensible.

La presente publicación está basada en un resumen del trabajo del Profesor Francisco Morales Ardaya, APUNTES PARA LA REDACCIÓN.
Resumen de Currículo
Licenciado en Letras por la Universidad de Los Andes, Mérida (1996), Licenciado en Educación por la Universidad de Los Andes, Mérida (1998), Especialista en Promoción de la Lectura y la Escritura por la Universidad de Los Andes Táchira, San Cristóbal (2003), Profesor Instructor Ordinario del Departamento de Idiomas de la Universidad de Los Andes Táchira, San Cristóbal (desde 1999), Docente de las Cátedras de Lenguaje y Comunicación (carrera de Educación, todas las menciones, primer año, secciones 01 y 07), de Filología Grecolatina (carrera de Educación, mención Castellano y Literatura, tercer año, secciones 01 y 02), y de Taller de Competencias Comunicativas 10 (carrera de Comunicación Social, primer año, sección 03), Jefe del Área de Lingüística del Departamento de Idiomas (desde 2001), Representante Profesoral del Departamento de Idiomas ante el Consejo Técnico de la Especialización en Promoción de la Lectura y la Escritura (desde 2003), Facilitador del Curso de Redacción, ULA Táchira (desde 2003), Colaborador de la revista Contexto (Maestría en Literatura Latinoamericana y del Caribe, ULA Táchira), Colaborador de la Coordinación de Literatura de la Dirección de Cultura del Estado Táchira (San Cristóbal).

PARA SABER MÁS:
Álvarez, Alexandra, y otros (1992). El idioma español de la Venezuela actual. Caracas: Cuadernos Lagoven. Véase especialmente: Paola Bentivoglio y Mercedes Sedano, Morfosintaxis, pp. 46-70; y María Josefina Tejera, El léxico como elemento diferenciador, pp. 72-91. Álvarez Undurraga, Gabriel (s. f. e.). Manual de redacción e investigación documental. s. l. e.: Ediciones Librería Destino. Véanse Capítulo V: Algunos problemas gramaticales en el uso del lenguaje, y Capítulo VI: La redacción y construcción lógica. Basulto, Hilda (1996). Curso de redacción dinámica. 3.a ed. México: Trillas. Véase Parte Seis: Enfoques idiomáticos, especialmente el capítulo sobre Problemas de construcción; y Parte Siete: Estilística. (1996). ¡Mejore su redacción! 2.a ed. México: Trillas. Bello, Andrés (1847/1981). Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos. 2.a ed. facsimilar. Caracas: La Casa de Bello. Véanse los Caps. XVI y XLII. Grijelmo, Alex (1998). El estilo del periodista. s. l. e.: Taurus. López Guix, Juan Gabriel, y Jacqueline Minett Wilkinson (1997). Manual de traducción: inglés/castellano. Barcelona (España): Gedisa. Véase Capítulo tercero: El genio de la lengua y su importancia para la traducción; y Capítulo quinto: Rasgos diferenciales entre el inglés y el castellano (II): estructuras sintácticas. Martínez de Sousa, José (1998). Diccionario de usos y dudas del español actual. 2.a ed. Barcelona (España): Vox Bibliograf. Véanse las secciones 1.2.2 y 1.2.3. (2001). Manual de estilo de la lengua española. 2.a ed. Gijón: Trea. Véase Introducción: La normalización, el estilo y la edición; y Primera Parte, 2. La escritura. Mesanza, Jesús (1995). Cómo escribir bien: ortografía y temas afines. 2.a ed. Madrid: Editorial Escuela Española. Véase II. 14. El lenguaje administrativo, y III. Gramática. (2000). Los puntos sobre las íes: libro de estilo para profesores y estudiantes. Barcelona (España): Cisspraxis Metz, M. L. (1990). Redacción y estilo. En colaboración con Dolve Bolzoni. 2.a ed. México: Trillas. Núñez Ladevéze, Luis (1995). Introducción al periodismo escrito. Barcelona (España): Editorial Ariel. Romero Gualda, María Victoria (1996). El español en los medios de comunicación. 3.a ed. Madrid: Arco Libros. (Cuadernos de Lengua Española) Sabaté, Emilio (1998). Para escribir correctamente. 9.a ed., revisada y puesta al día por José María Nebreda. Barcelona (España): Editorial Juventud. Véanse los capítulos: ¡Cuidado con los gerundios!; Pronombres; Póngase la palabra adecuada, y Verbos. Seco, Manuel (1996). Gramática esencial del español. 4. ed. Madrid: Espasa Calpe. (Biblioteca El Nacional, 4). Véase V. 16. El hablante ante la lengua. Francisco Morales Ardaya APUNTES PARA LA REDACCIÓN Vivaldi, Gonzalo Martín (1998). Curso de redacción: teoría y práctica de la composición y del estilo. 27.a ed. Madrid: Editorial Paraninfo. Véase Capítulo II: Claridad y orden; y Capítulo III: Precisión en el empleo del lenguaje.
Y por supuesto, a pesar de algunas simplificaciones abusivas en las que pueden incurrir, siempre es útil consultar los numerosos manuales de redacción y estilo que publican las agencias periodísticas y los diarios, y leer las obras sobre el lenguaje dirigidas especialmente a los comunicadores sociales. He aquí algunos títulos:
• El País (1999). Libro de estilo. 15.a ed. Madrid: Autor.
• El Nacional (2001). Manual de estilo. 2.a ed. Caracas: Los Libros de El Nacional. (Colección Quirón, 11).
• El Tiempo (2001). Manual de redacción. 5.a ed. Bogotá: Autor.
• Equipo Editorial de Firmas Press (1994). Manual general de estilo Firmas Press. Editorial Playor.
• FUNDÉU - Departamento de Español Urgente - Agencia EFE (2000). Diccionario de español

EL ARTE DE ESCRIBIR











Lic. Ileana R. Alfonso Sánchez


Desde el momento en que el hombre escribe y expresa sus pensamientos en forma comprensible a los demás, se cumple el fin del lenguaje «transmitir lo pensado a lo escrito». 1 El uso del lenguaje es un fenómeno complejo en el cual si fácil no es hablar, tampoco lo es escribir con corrección.
Martín Vivaldi, 2 al tratar el tema, se refiere a las expresiones de Fidelino de Figueiredo, el cual afirma: “La vida, la palabra y el pensamiento son inseparables; pensar y saber es querer decir y poder decir, porque lo que el hombre siente y piensa lo incorpora al mundo de las palabras. El juicio, pieza nuclear del pensamiento lógico, sólo existe en el cerebro del hombre por su traducción en frase”.
Todos se han encontrado alguna vez con el problema de descifrar algo escrito por quien ignora lo más elemental del arte de escribir, y se puede decir que no es por lo que escribe sino por el cómo lo escribe. El pensamiento más sencillo resulta ininteligible en ciertas ocasiones. El estilo de la escritura añade precisión, elegancia, claridad y armonía al texto que se expone.
Toda persona necesita expresar sus pensamientos de forma escrita con corrección y elegancia. Es preciso emborronar muchas cuartillas, tachar y corregir constantemente, la habilidad se adquiere a fuerza de tropezar con las dificultades. Algunos dicen 2 que escribir es un don del cielo, aunque es verdad que algo de este arte no se aprende; mucho depende del empeño y el trabajo. Pensemos, por un momento, en las palabras del estilista francés L Veuillot 2 «A fuerza de trabajo se puede llegar a ser un escritor puro, claro, correcto e incluso elegante». El arte de escribir es el producto de un arduo esfuerzo.
El estudio de los manuscritos y de cada una de sus ediciones revela las numerosas correcciones que experimentan las obras antes de ir, definitivamente, a la imprenta. Escribir es luchar con las palabras y las frases, corrigiéndolas una y otra vez. Este arte lleva consigo la virtud de la paciencia. Cada uno podrá crear un estilo propio para expresar sus ideas y pensamientos.
A la luz de estas reflexiones, pensemos en Fialho de Almeida, 3 quien expresó: «Sólo para criar la lengua son necesarios veinte años de trabajo»; en Tito Livio, 3 que aún teniendo a su disposición los archivos del imperio, trabajó durante veinte años en la elaboración de la historia romana; en el poeta alemán Johann Wolfgang, 3 conocido por Goethe, una de las figuras cumbres de la literatura de su país y de las altas letras universales, el cual dedicó largos años en escribir la obra Götz von Berlichingen, que cambió constantemente su forma; en el poeta latino Virgilio Maron que demoró doce años en componer la Eneida, gran epopeya nacional y religiosa, 3,4 y qué decir de Gustavo Flaubert, 3 novelista francés, maestro del género realista y prosista, considerado como el gran artífice de la forma, que se levantaba de la cama para transformar una expresión y pasaba noches enteras en reelaborar cinco o seis veces una simple página.
Aprender a utilizar nuestra lengua nos obliga a estudiar sus infinitos recursos para huir de la monotonía y pobreza de vocabulario. La gramática -como dice Salvá - si bien es el primer libro que toma en las manos quien se propone estudiar la lengua, llegará sin dudas a convertirse en un compañero inseparable de aquel que nunca pierde de vista el ánimo de perfeccionarse en ella. 3
Todo escritor debe procurar ver en sí mismo la revelación a perpetuidad de su persona y obra. Rodríguez Marín -erudito español- afirma que quien escribe sólo con palabras es como el que construye exclusivamente con ladrillos; si se desea decorar y embellecer el edificio se han de utilizar también las esculturas y las tallas. 3
En los escritos deberán no sólo estar presentes frases hechas, sino pensamientos e ideas que contribuyan a engrandecer nuestras aseveraciones y nuestra autoridad en la escritura. Un académico no está excepto de estas exigencias porque el arte de escribir también está presente en los trabajos científicos. La ciencia precisa de conocimientos rigurosos, objetivos y receptivos a la crítica. 5
Los aportes científicos requieren de precisión al presentar los resultados, ellos deben de estar distantes de lo fugaz y lo impreciso.
Sin libros y revistas, sin artículos, ponencias o informes de investigación, la ciencia moderna resultaría inconcebible. Es, por lo tanto, imprescindible para cualquier científico, investigador, profesional o estudiante, el dominio del lenguaje escrito y de sus diferentes formas en el ámbito de la comunicación científica.
En el lenguaje científico las frases deberán ser exactas y claras, porque las largas fatigan el espíritu, distraen la atención y terminan por apartar la visión del objetivo principal. El dominio de la expresión escrita y la formación académica sólida es difícil; aunque muchas personas poseen una considerable experiencia acumulada, al respecto Charles Darwin, confesaba al final de su vida «todavía tengo la misma dificultad que antes para expresarme clara y concisamente.» 6
Si el genio -según expresión conocida- es hijo en gran parte de la paciencia, si los grandes del mundo literario deben, asimismo, su grandeza a la capacidad de trabajo; fácil será comprender que el reto para el académico y el profesional radica en la creación de su estilo propio de escritura, sobre todo si se considera que en el arte de escribir está la perpetuidad de su trabajo a las futuras generaciones.

Referencias bibliográficas
1. Alfonso Sánchez I. Un mensaje para quienes escribir es algo insignificante [Editorial]. Acimed 1999; 3(2):77-9.
2. Martín Vivaldi G. Del pensamiento a la palabra. Curso de redacción: teoría y práctica de la composición y del estilo. La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 1970:16-7.
3. Lasso de la Vega J. Técnicas de investigación y documentación: normas y ejercicios. 2 ed. Madrid: Paraninfo, 1980:288-31.
4. Toro Gilbert M de. Pequeño Larousse Ilustrado. París: Laurousse, 1964:1646.
5. Sabino CA. Cómo hacer una tesis y elaborar toda clase de trabajos escritos. Santa Fe de Bogotá: Panamericana, 1996:8.
6. Darwin CH. Recuerdos del desarrollo de mis ideas y carácter. Barcelona: El Laberinto, 1983:125.

Autora: Lic. Ileana R. Alfonso Sánchez. Especialista en Información Científico Técnica y Bibliotecología. Red Telemática de Salud en Cuba (INFOMED).
Correo electrónico: ileana@infomed.sld.cu

El INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA




La primera edición de "El Quijote" se publicó un 16 de enero

Obra mayor del idioma español, un día como hoy es publicada la primera edición de "El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha", cuyo autor, Miguel de Cervantes Saavedra es considerado el padre de las letras castellanas.



1605.- En Madrid, España, se publica la primera edición de “El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha”, novela escrita por el español Miguel de Cervantes Saavedra, considerada una de las obras más destacadas de la literatura española, la literatura universal y una de las más traducidas.

LA LENGUA VIVA






La elegancia en la lengua escrita
Amando de Miguel en Libertad Digital - España



Antaño los que escribían eran unos pocos; sistemáticamente los letrados o los escritores. Ya no hay una casta de escribas o escribanos. Ahora todos o casi todos juntan letras cotidianamente, o mejor, teclean en los artefactos electrónicos. La consecuencia es que la comunicación se empobrece, se licúa la noción de que un texto pueda ser correcto o incorrecto. Las cartas de antes podían llegar a ser un género literario, el epistolar. Los mensajes o meils de ahora pueden ser perfectamente ilegibles o por lo menos ileíbles (= se pueden leer, pero no se entienden).

Ante esa inundación de las costumbres de las comunicaciones escritas cabe insistir en que se debe insistir en algo tan olvidado como el estilo. No hay una lengua perfecta. Eso de que el alemán es para dar órdenes a un caballo y el español sirve para hablar con Dios es una majadería. No creo que se le ocurriera a Carlos V. La lengua castellana es muy expresiva en algunos aspectos. Por ejemplo, permite adjetivar con maestría, y no digamos insultar. Contamos con esa maravilla del subjuntivo (que desgraciadamente desaparece) y con la magnífica diferencia entre ser y estar. El castellano presenta la gran riqueza de haber importado voces de otras lenguas. Así, podemos decir "óleo" y "aceite". Aun así, admiramos la mayor facilidad que tiene el inglés para asimilar palabras de otros idiomas. Un tornado en los Estados Unidos no es más que la tronada de los españoles.

Más interesante es darse cuenta de las dificultades que presenta la lengua de Cervantes para escribir con soltura y precisión. Por ejemplo, abundan las palabras llanas (acento en la penúltima sílaba), lo que lleva a una cierta monotonía en el habla. Hay que festonearla con algunas voces esdrújulas. Esa uniformidad que digo hace que nuestra lengua tolere mal las repeticiones de palabras en el mismo párrafo y no digamos en la misma frase. Otra consecuencia desgraciada es el peligro de las rimas, sobre todo las de -ón. Hay que evitarlas a toda costa. No se deben decir cosas como "la repetición de la conversación en un medio de comunicación es un tostón".

Más sutil es otro obstáculo para conseguir un estilo aceptable. Consiste en el peligro de lo que podríamos llamar los adjetivos cristalizados por el uso. Se ha recurrido tantas veces a ellos que resultan estragantes. (Por cierto, el DRAE recoge estragar pero no estragante. Los inmortales es que son así de caprichosos). Pongo algunos ejemplos: lengua viperina, entera confianza, mundanal ruido, lágrima furtiva, densos nubarrones, lluvia pertinaz, cumbres borrascosas, doble vara de medir, denodado esfuerzo. Hay muchos más. El primero que se atreve a colocar un adjetivo nuevo a un sustantivo es un poeta. Pero la repetición cansina de ese hallazgo puede contribuir a la hartura. (No debo decir el hartazgo para no caer en el vicio de la rima).

Quizá el defecto mayor de nuestra lengua sea su carácter retórico, con repeticiones y circunloquios. Es muy arduo de evitar. Por eso mismo hay que marcarse una disciplina. Ofrezco el ejercicio que yo practico desde hace muchos años: las frases entre punto y punto no deben superar las 30 palabras. Parece un capricho de dómine, pero tiene su aquel. Por cierto, el vocablo aquel debe ser evitado a toda costa, salvo cuando se quiere indicar algo difuso o indeterminado, como en esa magnífica expresión de "tener su aquel". Recuérdese el "aquellas" (golondrinas) del famoso poema de Bécquer. En la prosa corriente el aquellos debe sustituirse ventajosamente por "los que".

Las normas anteriores no son tales. Las Gramáticas no las incluyen, pero pueden ser útiles para conseguir esa deseada elegancia de los escritos cotidianos. Son más bien trucos del oficio, pues no es otro el mío que escribir todos los días de mi vida consciente.

Un último argumento suasorio. Tampoco es que tengamos que ser todos eximios vates. Simplemente debemos comunicarnos con eficiencia. La razón es que hoy son muchos los textos que hay que leer. Si no están bien construidos, esa tarea puede ser cansina.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE





cuanto más, no contra más

Recomendación urgente del día

Las expresiones contra más y contra menos no son adecuadas con el sentido de cuanto más y cuanto menos, según recoge el Diccionario panhispánico de dudas.

Con frecuencia se oyen o se leen frases como «Contra más gente reunamos, más posibilidades tendremos de lograr esa victoria pacífica» o «Contra más cerca está el Barça, mejor responde el Madrid» en las que se utiliza impropiamente la preposición contra, que siempre tiene significado de ‘oposición a’.

En su lugar, lo adecuado es utilizar cuanto, que expresa cantidad, siempre en concordancia con el sustantivo que va detrás, por lo que en las frases anteriores lo apropiado habría sido escribir «Cuanta más gente reunamos, más posibilidades tendremos de lograr esa victoria pacífica» y «Cuanto más cerca está el Barça, mejor responde el Madrid».

Tampoco son correctas las deformaciones populares cuantimás, contimás y contrimás. La forma entre más se emplea en México y el área centroamericana, pero solo en esta zona se considera parte de la norma culta.

Por otro lado, cuanto más también es una locución que significa ‘con mayor motivo’ y, con este sentido, no debe confundirse con cuando más, otra locución que significa ‘a lo sumo’, tal como indica el Diccionario panhispánico de dudas.

Así, son correctas frases como «Ayuda a todo el mundo. Cuanto más a sus amigos» y «Su actitud fue cuando más educada, pero no amistosa», pero no «Ayuda a todo el mundo. Cuando más a sus amigos» ni «Su actitud fue cuanto más educada, pero no amistosa».
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