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quinta-feira, 14 de novembro de 2013

EL ESPAÑOL, SIN DUDA

JESÚS GARCÍA CALERO en ABC - MADRID

El Instituto Cervantes edita un libro con los 500 errores más frecuentes de nuestra lengua
El español, sin duda
El español es la lengua que compartimos, en la que pensamos y dialogamos, en la que juramos y discutimos, en la que nos equivocamos. La corriente de la consciencia de 500 millones de personas fluye en este idioma que, según tantos indicios, cada día cuidamos menos. Nadamos en esa corriente y con nosotros fluyen nuestras dudas.


Tantas dudas como hablantes o más. Para todos se ha creado una guía muy útil en el Instituto Cervantes, publicada por Espasa. Resume en 500 casos muchos millones de consultas frecuentes, de tropiezos y trabalenguas en los que caemos a menudo. El que tiene boca se equivoca y el que tiene Twitter no digamos.

No maltrate el español

Saber si en los SMS se permiten faltas de ortografía, o abreviaturas sin puntos, poder consultar de un vistazo todas las dudas, ordenadas a tal efecto, es el fin de este libro. Aunque también es un gusto hojearlo (y ojearlo, a la caza de nuestros propios errores) .

En el acto, que tuvo lugar ayer en el Instituto Cervantes de Madrid, se presentó el volumen «Las 500 dudas más frecuentes del español», un volumen que da continuidad al publicado el pasado año: «El libro del español correcto». Pero para Víctor García de la Concha,director del Cervantes, habría que dar un paso más y emprender una campaña: «No maltrate el español. Hable y escriba bien».

Durante la presentación del texto dirigido por Florentino Paredes y en el que han colaborado Salvador Álvaro García y Luna Paredes Zurdo, De la Concha se refirió al Cervantes como la «casa del bien hablar y bien escribir» y señaló que los institutos «están en la calle de muchos países. Se trata de enseñar un español correcto pero muy vivo».

El esfuerzo de resumir las infinitas dudas en las 500 más habituales ha sido ímprobo. «Dudar es comenzar a acertar», dicen sus responsables, y el libro pretende responder a «esas dudas que todos tenemos y que es importante que tengamos». La tecnología ha sometido a nueva presión al idioma, ya que nos comunicamos en cada vez más plataformas. Como consecuencia, en los últimos años internet y el uso de los teléfonos móviles han acelerado el proceso de mutación y han traído consigo numerosos cambios significativos, variando la forma en la que nos comunicamos. El lenguaje está más vivo que nunca y las dudas son un mar cada vez más inmenso. Este libro permite navegarlo.

Rigor y claridad son las virtudes buscadas y a buen seguro logradas en el proyecto: es «fácilmente legible evitando los tecnicismos gramaticales» y es actual, «ya que se ajusta a lo que hoy es la norma, que se va transformando con el paso del tiempo». Por eso tiene tres apéndices sobre la bibliografía utilizada, un índice de dudas y un índice de palabras, expresiones y materias. Todo ello ayudará a una mejor utilización del español en el que es imprescindible, en opinión del director del Instituto Cervantes, la lectura.

Pero no se aprende a hablar bien leyendo tratados, por más que ayuden. De lo que se trata es de aprender leyendo. Y en eso, García de la Concha reconoce que España, al menos, no lo está haciendo bien. Cada día llegan estudiantes más incapacitados para la expresión y el raciocinio a la Universidad. Hablemos bien.

García de la Concha: «Todos somos unos deslenguados»

–¿Cuáles son los errores más comunes?
–Depende. Unos se hacen comunes en una época. Otros desaparecen. Hay cosas que empiezan siendo errores y al final dejan de serlo. Álgido es frío desde el punto de vista léxico y ya todos lo entendemos como el punto candente. Casi todo el mundo dice «de este agua no beberé», en lugar de «de esta agua…» que es lo correcto.
–¿Y los medios somos culpables?
–Basta que, en un programa del corazón alguien haya dicho «punto y final» para que todo el mundo lo repita.
–¿Qué fue del dequeísmo?
–Pues hubo una época en la que todo el mundo era dequeísta, y ahora ha decaído hasta el extremo de que la mayoría es queísta. Cada gazapo va evolucionando, porque la norma es cambiante
–Pero la fija la Academia.
–La norma la hace el pueblo. Porque el lenguaje es dominio del pueblo y el uso es el que hace que una cosa sea considerada más o menos correcta.
–¿Hay alguien que no cometa errores?
–Sería alguien bastante intratable.
–¿Y Víctor García de la Concha? ¿Cuál fue su último error, o duda?
–El otro día estaba escribiendo y dudé si «a gusto» era junto o separado. Primero pregunté a la secretaria y ella tampoco estaba segura, así que fuimos al diccionario los dos para resolverlo. La duda surge de la manera más estúpida.
–Usted dice que usamos un español zarrapastroso...
–Lo dije el año pasado y ha tenido mucho eco. Estamos en una etapa de poco cuidado de la lengua. Tendríamos que hacer una campaña: «No maltrate usted el español, hable bien y escriba bien». Lo maltratamos. Todos sabemos que no es lo mismo hablar coloquialmente que en un discurso, pero lo que está ocurriendo es que el lenguaje conversacional se ha deslenguado. Somos todos unos deslenguados. La vida social comportaba condicionamientos antes. Hoy una chica de 14 o 16 habla como un carretero. Con el respeto que merecen los carreteros que era una profesión muy digna, pero trabajaban con las bestias y no las decían: «Caballo, adelante por favor».
–¿No es de temer la fragmentación que provoca el SMS y el Twitter?
–Le tengo menos miedo, es un lenguaje convencional. La escritura nació con abreviaturas porque el espacio era poco...
–Sí, el español nació en los márgenes, con las glosas.
–Sí, y aprovechaba la abreviatura para ganar espacio a la comunicación.
–¿Pero es culpa de los periodistas?
–Los periodistas son profesionales del lenguaje que no son muy proclives a cometer errores, lo que ocurre es que cuando los cometen son mucho más evidentes.
–¿Echa en falta «El dardo en la palabra», aquellos artículos de Lázaro Carreter?
–Marcaron una época. Pero muchos de aquellos pecados son hoy virtudes.
–¿No es un dardazo este libro?
–No, es un libro que invita a repensar.
–Un ciudadano que habla peor…
–Es menos libre y está empobrecido. La riqueza lingüística de la persona no va al terreno de ser erudito, se trata de un problema que afecta al ser. Es que somos lengua y si nuestra lengua se degrada, se degrada nuestro ser. ¡Se degrada nuestro ser! Nuestra capacidad de pensar, enjuiciar, defender, reclamar...

RAE





¿Es sexista el Diccionario de la RAE?

por NOEMÍ LÓPEZ TRUJILLO (GONZOO, 20MINUTOS.COM)

La polémica vuelve a salpicar a la Real Academia de la Lengua tras publicarse en diferentes medios que la reconocida institución recoge los adjetivos 'débil' y 'endeble' en la acepción de «femenino», y los de 'varonil' y 'enérgico' en la de «masculino». En la próxima edición del Diccionario, la del 2014, que sustituirá a la vigente actualmente, ambas acepciones ya han sido modificadas por la RAE.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua (DRAE), «periquear» se utiliza cuando «una mujer disfruta de excesiva libertad» y un «huérfano» es «una persona de menor edad a quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre». Es posible que a estas alturas ya estés tirándote de los pelos, pero hay más. Según el Diccionario, una de las acepciones de «femenino» es ‘débil, endeble’ y de «masculino», ‘varonil, enérgico’. Seguramente creas que te van a sangrar los ojos al leer esto, pero espera, contén la sangre y la respiración: el DRAE no es un diccionario de uso, sino que, tal y como explican desde la Academia, «aspira a contener todos los términos como para que puedas entender tanto un texto actual, de Pérez-Reverte por ejemplo, como uno histórico como el Quijote».

Sin embargo, muchos y muchas (hagamos uso del lenguaje inclusivo) se llevaron las manos a la cabeza cuando los medios publicaban las acepciones de «masculino» y «femenino». No es para menos. Pero la cuestión es si obedece a un sesgo ideológico machista por parte de quienes elaboran el Diccionario o se trata de una institución anacrónica que mantiene acepciones que no corresponden a la época actual.

El primer diccionario que publica la Academia es el llamado de autoridades, entre 1726 y 1739, y el actual está en parte contaminado por prejuicios y adherencias de aquel. «El DRAE sigue siendo el tataranieto del Diccionario de autoridades. Uno de sus problemas no es lo que le falta, sino lo que le sobra», aseguraba el académico de la RAE Pedro Álvarez de Miranda en una entrevista.

Es la opinión que también defiende Jesucristo Riquelme, doctor en Filología Hispánica y académico de honor en la Academia Internacional de Ciencias, Tecnología, Educación y Humanidades (AICTEH). «El DRAE, en su última edición, todavía hereda múltiples facetas obsoletas de la vida. Que recoja términos antiguos, o insista en ellos, no favorece el avance en la comunicación. ¿Qué adelantamos ahora con incluir «crocodilo» o «murciégalo», a pesar de que su origen fuera este?», argumenta Riquelme. El lingüista califica el lema de la RAE de «anacrónico». «”Limpia, fija y da esplendor” presupone que la lengua ya ha alcanzado su cima, la suma perfección. La lengua sigue afortunadamente viva».

«Hombre» y «mujer»

Pero, ¿por qué entonces la Academia mantiene todavía acepciones como las de «femenino» o «masculino»? «Probablemente el motivo, no confeso, consiste en que la sociedad así lo usa, y que este uso es mayoritario en ambos sexos», sostiene el académico de la AICTEH. Eulàlia Lledó, doctora en Filología Románica, apunta que «a los académicos esta manera de definir les gusta. Encuentran estas acepciones adecuadas, acertadas». La RAE se defiende: «Se ve que no es así porque ya han sido modificadas».

LAS VERRUGAS DEL IDIOMA













Las peores amenazas para el idioma son la falsificación de las ideas y la voluntad de ocultar la realidad con las palabras
EL PAÍS - ESPAÑA por MARCOS BALFAGÓN


Allá en la localidad cacereña de Coria y delante de Ortega y Gasset, don Pío Baroja dejó para la posteridad la prueba de su desaliño gramatical. “No hay cosa peor —protestó— que pararse a pensar en cómo se dicen las cosas. Yo había escrito aquí ‘Aviraneta bajó de zapatillas’ y ahora no sé si se dice ‘Aviraneta bajó de zapatillas’, ‘bajó a zapatillas’ o ‘bajó con zapatillas’”. A don Pío le preocupó lo justo la corrección gramatical. Al Instituto Cervantes, alarmado por el deterioro en la calidad del lenguaje, le preocupa mucho. Por eso acaba de publicar Las 500 dudas más frecuentes del español, un texto cuyo título expone sin rodeos el propósito de sus editores. En los últimos años, probablemente desde las filípicas de Lázaro Carreter, se ha extendido la idea, un tanto extremada, de que el castellano es un idioma maltratado por sus propios hablantes (a diferencia del inglés, maltratado generalmente por españoles y especialmente por alcaldesas). Por eso menudean los libros sobre el español urgente; de hecho, el Instituto Cervantes publicó el año pasado El libro del español correcto, que fue un modesto éxito editorial.

Nadie negará la importancia de evitar el leísmo o el dequeísmo generalizado, las infames expresiones tales como ‘el equipo ganó de dos puntos ’ o ‘si me queréis, irse’ (que bien podría definirse como lolismo), los plurales del impersonal haber en muchos lugares o los usos impropios del condicional. Los esfuerzos por extirpar las verrugas del idioma siempre serán útiles, sobre todo si, como se deduce de la proliferación de libros al respecto y de sus ventas, los ciudadanos están interesados en expresarse con más precisión. Pero eso no es todo.

Porque los ácidos más corrosivos del idioma son la falsificación de las ideas, la voluntad de ocultar la realidad con las palabras o el circunloquio ambiguo. Mientras el hablante dice lo que quiere decir sin dobleces, el idioma vive, aunque sea con imperfecciones; cuando miente, inventa parodias (‘avance elástico sobre la retaguardia’) o insulseces (‘está desacelerando la tasa desempleo’), el idioma languidece.

Por cierto, la expresión correcta que buscaba don Pío es ‘Aviraneta bajó en zapatillas’. ¿O no?

CRO-QUE-TA





Se dice "cro-que-ta": las palabras del español que peor pronunciamos


Algunos usos incorrectos de las palabras se han extendido incontrolablemente. (Corbis)
Marta Jiménez Serrano en El Confidencial - España

"Que no, abuela, que se dice cro-que-ta. Cro-que-ta. Cocreta no existe. Se lo repito despacio: cro-que-ta". ¿Quién no se ha visto en una igual? Mucho se ha dicho acerca de si la RAE iba a incluir o no dicha desviación lingüística –por el momento, no figura en el diccionario–, y el debate no es tontería, pues son muchas las palabras que pronunciamos mal. Si ese uso incorrecto se extendiera lo suficiente pasaría, sin duda, a ser correcto, como ha ocurrido numerosas veces a lo largo de la historia de la lengua.

Se dice con frecuencia que los españoles pronunciamos muy mal en inglés, y el comentario resulta irónico ya que lo que realmente pronunciamos mal es el español. Sea por razones fonéticas, fonológicas o de dialectología, varios vocablos se desvían del uso pertinente y se pronuncian con otras variantes que, si bien normalmente son reflejo de un estrato cultural más bajo, podrían llegar a implantarse como normativas de la lengua si su uso se fijase realmente.

Las palabras que peor pronunciamos

¿Cuáles son, pues, las palabras peor dichas en castellano? Según una encuesta que realizó la empresa SpinVox, son las siguientes:

1. Veniste

Los tiempos verbales son los que más padecen la mala pronunciación. La conjugación verbal española es compleja y presenta múltiples irregularidades, por lo que a menudo son objeto de confusión cuando el nivel cultural es bajo. Veniste en lugar de *viniste es uno de los errores más frecuentes en castellano aunque, dentro de los verbos, tampoco se quedan cortos *conducí en lugar de conduje y *andé en vez de anduve.

2. Transtorno

Es sencillo observar de dónde procede este error: se dice transporte, transatlántico, transformación. Sin embargo, se dice trastorno, sin n. La adición de la nasal en esta palabra es frecuentísima por analogía con todas aquellas que en castellano sí la presentan –que son muchas–.

3. Perjuicios

La palabra perjuicios, efectivamente, existe en español, el problema es que mucha gente la utiliza cuando quiere referirse a los prejuicios. No debemos confundirlas, pues son bien distintas: los perjuicios son los daños ocasionados, y los prejuicios, la opinión acelerada y sin fundamento que tenemos de algo o alguien.

4. Idiosincracia

En muchas zonas hispanohablantes, como en todo el sur de la Península Ibérica, se confunde el sonido de la ese con el de la zeta. Sin duda, éste debe ser el origen de la mala pronunciación de idiosincrasia, palabra ya de por sí enrevesada, y que además presenta la confusión entre esos dos sonidos.

5. Zarpullido

Lo mismo sucede con la mala pronunciación de sarpullido, a la que debemos añadir, quizá, una asociación semántica: es con la zarpa con la que nos rascamos cuando nos sale un sarpullido, de manera que la asociación de ambas, unida a la confusión fónica, da lugar a este frecuente error.

6. Inaptitud

La falta de aptitud o capacidad se llama en castellano ineptitud, y la *inaptitud, sin embargo, no existe.

7. Madrí

La última d de la capital española brilla por su ausencia, en una típica relajación de la pronunciación de las consonantes finales que no tienen apoyo en otra vocal: no seamos vagos, y pronunciemos Madrid, con todas sus letras.

8. Esparatrapo

De nuevo, se unen aquí razones fónicas y semánticas. Por un lado, la t y la d sólo se distinguen en un rasgo: una es sorda y la otra sonora. Por el otro, es obvia la relación con el trapo, pues ambos, el esparadrapo y el trapo, sirven para limpiar. De ahí la divertida confusión entre uno y otro.

9. Helicótero

Sucede aquí lo mismo que con *Madrí, y es que hay consonantes que carecen de apoyo en otra vocal y requieren un mayor esfuerzo en la pronunciación. Por eso nos comemos la p de helicóptero.

10. Tortículis

El famoso dolor de cuello se llama tortícolis, que no *tortículis. Tal vez porque la molestia se origina en esa parte del cuerpo, tendemos a pasar la sílaba –cu– de cuello al dolor que se expande por dicha zona. Pero un término tan técnico no deja lugar a dudas.

LA LENGUA VIVA






Más equívocos y disparates
Amando de Miguel en Libertad Digital


Jesús García Castrillo replica a mi teoría (de andar por casa) sobre el sentido despectivo de la letra z. Con gracejo andaluz me insiste en que muchos habitantes de su tierra de adopción cecean para hacer más amable la conversación. No lo dudo, aunque hay otros muchos que sesean. A lo que voy. Son legión las palabras con el sonido z, inicial o intermedio, que transmiten una idea despectiva o insultante. Recojo algunas en mi libro Hablando pronto y mal. El repertorio se puede ampliar con las entradas del Diccionario sohez (sic) de uso del español cotidiano, de Delfín Carbonell. Abro por la z: zampabollos, zangolotino, zapatiesta, zarrapastroso, zombi, zorra, etc. Estos días de otoño aprovecho para desbrozar de malas hierbas el jardín. Es un trabajo de azada, hoz y zaranda, que resulta bastante zafio. En mi pueblo de nación se asignaba a los zagales. Como profesor que soy resulto más bien un manazas y un tuercebotas para esas labores, bastante atroces, pero sientan bien. Algo tiene el sonido z que transmite algo desagradable. Puede que sea onomatopéyico. Es el sonido de un mosquito molesto.

Juan J. Carbonell sostiene que la inercia supone que no hay ninguna otra fuerza que se oponga a ella. No es mi campo el de la Física, pero entiendo que la inercia cuenta necesariamente con la fuerza de la gravedad que se le opone o que la apoya. Llamo a declarar a los de Ciencias para que nos ilustren sobre el particular. Una pregunta: ¿Puede haber gravedad cero, como tantas veces se dice en las crónicas sobre los viajes espaciales? Supongo que no, pero no estoy seguro. ¿Y crecimiento cero?

Maribel Fernández (que todo lo lee) se ha quedado atónita ante esta noticia de El Mundo sobre un accidente: "Fue necesaria la intervención de los bomberos para excarcelar una de las puertas del turismo y recuperar los cuerpos sin vida". La libertaria de las Montañas Rocosas se lamenta de ese abuso de la voz excarcelar. Tampoco sabía yo que también es la operación de descerrajar una puerta. De pasada, añado que me llama la atención que sigamos diciendo "bomberos" cuando lo de las bombas de succión es solo un instrumento de los que utilizan los esforzados funcionarios. Luego está ese miedo a decir "cadáveres", por lo que se acude al circunloquio de "cuerpos sin vida". Peor es cuando se dice simplemente “cuerpos”, claramente un anglicismo. También me llama la atención que sigamos diciendo “turismos” para designar a los coches particulares.

Aprovecha doña Maribel para contar un suceso divertido. Un colega norteamericano le reprochó que no supiera pronunciar bien miscelaneous. Herida en su amor propio, doña Maribel retó al americano a pronunciar Zaragoza. Naturalmente, no lo supo decir, y eso que la española no le pidió que la pronunciara a la aragonesa, esto es, con acento en todas las vocales. Como es sabido, algunos sonidos del castellano (como la z, la doble r y la j) son muy difíciles para un angloparlante. Mi maestro Juan Linz era siempre Guan para los norteamericanos. Y yo, Amano. A la inversa, intenté decir que yo iba de investigador visitante a la Universidad de Yale y pronuncié algo así como cheil. Suena muy parecido a la pronunciación inglesa de jail (= cárcel). Se me perdonó porque, después de todo, yo era Espanish, dado que me resulta imposible pronunciar Spanish. La s líquida no se hizo para el aparato fonador de los españoles.

No es un gran disparate, pero sí un cierto despiste en el uso correcto de las expresiones en castellano. En algunas tertulias de la tele me ha sorprendido la locución "al albur de" en el sentido de a la sombra de. La voz albur es tanto como decir contingencia, azar, lo aleatorio. No veo cómo puede significar a la sombra de. Pero, si se repite mucho, acabará cristalizando.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE




opa, en minúscula

Recomendación urgente del día

La grafía opa, en minúscula, es la recomendada en el Diccionario académico para referirse a una oferta pública de adquisición.

Sin embargo, en los medios es muy habitual encontrar frases con OPA en mayúscula: «La mexicana Sigma lanza una OPA sobre Campofrio por cerca de 700 millones» o «Las grandes compañías están preparadas para reaccionar ante intentos de OPA».

A veces, ciertas siglas siguen un proceso de lexicalización que las lleva a transformarse en nombres comunes: ovni, geo, grapo, pyme, etc. Así, en su día, SIDA dejó de ser solo una sigla de síndrome de inmunodeficiencia adquirida para transformarse en una palabra común con una grafía distinta: sida.

Igualmente, la sigla OPA se ha convertido en un nombre común y, por lo tanto, los hablantes ya no tienen la referencia directa al significado original de las siglas: oferta pública de adquisición.

Al tratarse de un nombre común, lo apropiado es escribirlo con minúscula, opa, término ya incluido en el Diccionario académico definido como ‘oferta pública dirigida a los socios de una compañía cotizada en bolsa en la que se les propone la adquisición de sus acciones en plazos y condiciones determinadas’.

Por otra parte, las palabras creadas a partir de siglas forman su plural conforme a las normas académicas regulares (opa, plural opas) y pueden producir derivados como el verbo opar, incluido en el diccionario Clave con el significado de ‘hacer una opa sobre una empresa para intentar controlar un gran número de sus acciones’.

Así pues, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «La mexicana Sigma lanza una opa sobre Campofrío por cerca de 700 millones» y «Las grandes compañías están preparadas para reaccionar ante intentos de opa».

Por último, se recuerda que, en relación con la opa lanzada hoy sobre Campofrío, el nombre de esta empresa lleva tilde.

Ver antiopa y contraopa, términos adecuados y OPV, en mayúscula.

EL IDIOMA PORTUGUÊS

El portugués es el segundo idioma más utilizado para crear programas maliciosos

La creación de un código malicioso se está convirtiendo cada vez más común, pero a veces se hace difícil darse cuenta de cuál es su origen. El fundador de Kaspersky Lab, Eugene Kaspersky, decidió levantar el velo un poco y reveló que el mandarín es el idioma más utilizado en la creación de malware, seguido de los portugueses y los españoles, que ocupan el segundo lugar, dice el sitio web de la revista Exame Informática.

Reuters

24:18 – 13 de noviembre 2013 | Por Noticias Minuto

Durante una conferencia sobre la seguridad de la información, el fundador de Kaspersky Lab, Eugene Kaspersky, dio a conocer algunos secretos sobre el malware que afecta a ordenadores y dispositivos móviles.

Según el empresario, citado por la revista Exame Informática, el idioma más utilizado en la creación de malware es el mandarín, seguido por el segundo lugar portuguesa y española, que ocupa una pequeña diferencia entre ellos y, finalmente, la Federación de Rusia .

Aunque la lengua rusa aparece en tercer lugar, Kaspersky advierte contra hackers representar a Rusia. “Los ingenieros rusos son los mejores software que los ingenieros rusos de malware son los mejores”, advirtió.

Borges, profeta de la física cuántica








En sus tramas, en sus metáforas, el autor de El Aleph anticipó muchos de los postulados a los que más tarde llegaría la ciencia; un ejemplo de que la ficción y la poesía pueden ser instrumentos certeros para indagar el universo
Por Alberto Rojo | Para LA NACION - Buenos Aires


ROCHESTER, Michigan.-Borges es el poeta más citado por los científicos. Si uno pone "Borges Jorge Luis" en la Web of Science, el banco de datos de artículos de ciencia, aparecen miles de citas a su obra en trabajos de matemáticas, física, biología, economía, lingüística y paleontología. Quizá se deba a que Borges, el supremo conciliador del lirismo con la precisión, hace de sus metáforas un reservorio de imágenes donde conviven la ciencia con la visión mágica del mundo. O a que detrás de los planteos científicos fundamentales hay un precepto de raíz borgeana: para entender algo del universo, primero hay que dudar de todo.

Mis ejemplos favoritos de irradiación de la literatura de Borges a la ciencia involucran laberintos. Uno es de la física y el otro, de la economía (sí, diré que la economía es una ciencia).

Herbert Simon, premio Nobel de Economía en 1978 por sus trabajos sobre la teoría de toma de decisiones, dedica un capítulo de su biografía a la gravitación de Borges en su obra. Para Simon, el laberinto es metáfora de la vida. En consecuencia, la resolución de problemas supone "la búsqueda a través de un vasto laberinto de posibilidades". En uno de sus trabajos técnicos de 1956, con entonación borgeana, dice Simon: "El espacio vital de un organismo no es una superficie continua, sino un sistema en ramificación, como un laberinto, donde cada punto de ramificación representa un punto de decisión". Años después, en una carta al escritor argentino donde le pide una entrevista personal en Buenos Aires, Simon, admirador de "La biblioteca de Babel" y de otro cuento icónico, "El jardín de senderos que se bifurcan", le escribe: "Usted concibe la vida como una búsqueda a través de un laberinto".

Borges se interesa mucho por las matemáticas, pero no venera la ciencia, y reemplaza el rol que otros autores asignan a la curiosidad científica por el humor, la ironía y, siempre, la duda. El resultado es una imaginación que transgrede los límites del conocimiento parcial y una ficción que invade la realidad.

En "El jardín...", el autor de El libro de arena se anticipa a una teoría de la física de un modo pasmosamente literal. De acuerdo con la teoría de la mecánica cuántica (junto con la relatividad, una de las teorías más revolucionarias del siglo XX), las partículas microscópicas tienen una llamativa ambivalencia: pueden estar simultáneamente en varios lugares y sólo pasan a estar en un lugar definido cuando se las observa (o se las mide) con algún detector del mundo macroscópico. La idea de estar en algún lugar implica una realidad objetiva que no existe en la teoría cuántica, según la cual la ubicación de la partícula, antes de la medición, está objetivamente indeterminada. En cualquier caso, la teoría (extensamente confirmada por el experimento) anticipa la probabilidad de encontrar la partícula en un lugar dado sólo luego de ser detectada.

Una explicación coherente para esto -aunque extravagante para muchos- es la llamada "Interpretación de los muchos mundos", una teoría que el físico Hugh Everett III publicó, con otro nombre, en 1957 (la expresión "muchos mundos" fue acuñada por Bryce DeWitt años después). Según esta teoría, en el momento mismo de la medición el universo se divide y se multiplica en varias copias, una por cada resultado posible. Sin embargo, el primero en concebir universos paralelos que se multiplican no fue Everett sino Borges en "El jardín...", publicado en 1942. Allí, el escritor propone un laberinto temporal en el que, cada vez que uno se enfrenta con varias alternativas, en vez de optar por una y eliminar otras, "opta -simultáneamente- por todas. Crea así diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan".

Las correspondencias entre el cuento de Borges y el trabajo de Everett llegan incluso a las metáforas botánicas, ya que Borges habla de un jardín de senderos y Everett, como Herbert Simon, de un árbol ramificado: la "trayectoria" de las configuraciones de la memoria de un observador que realiza una serie de mediciones no es una secuencia lineal sino un árbol que se ramifica, dice. Si uno pone los párrafos lado a lado, en el de Everett la ciencia suena a ficción y, en el de Borges, la ficción se lee como ciencia.

Hoy, los mundos paralelos son parte de la lengua franca de la ciencia ficción, pero Borges es el primero en formular esta alternativa al tiempo lineal, al menos la más aproximada a la teoría de Everett. En 1999 le pregunté a DeWitt (Everett ya había muerto) si tenían conocimiento de "El jardín..." cuando escribieron sus artículos. Me dijo que no, que se había enterado del cuento un año después gracias a la mediación de Lane Hughston, un físico de la Universidad de Oxford. En una compilación editada por DeWitt y publicada en 1973 hay una referencia a "El jardín...". Hay también una cita de William James, a quien Borges leyó por influjo paterno: "Las realidades parecen flotar en un mar de posibilidades más ancho que aquel de donde fueron escogidas, y en algún lugar, dice el indeterminismo, esas posibilidades existen y forman una parte de la verdad".

En 1971, la revista Primera Plana publicó el diálogo que Herbert Simon y Borges tuvieron en su despacho de la Biblioteca Nacional. Ante un Simon curioso por entender el origen y la lógica de los laberintos borgeanos, el escritor, fiel a los planteos fantásticos antes que a la búsqueda de respuestas, da una clave de la transmigración de su ficción a la realidad: "Cuando escribo no pienso en términos de enseñar. Pienso que mis historias, de algún modo, me son dadas y mi tarea es narrarlas. Tampoco busco connotaciones implícitas ni parto de ideas abstractas. No soy un cazador de símbolos".

Mi primer encuentro con este cúmulo de citas borgeanas fue en Thermal Physics, de Charles Kittel, un libro de texto que usábamos en el Instituto Balseiro en mis tiempos de estudiante de física. Kittel alude a "La biblioteca de Babel" como un "estudio literario-científico". En un encuentro circunstancial que tuve con Borges una mañana de julio de 1985, se lo comenté, y me dio una respuesta desconcertante que yo habría de repetir hasta el cansancio en conversaciones con mis colegas: "¡No me diga! Fíjese qué curioso, porque lo único que yo sé de física viene de mi padre, que me enseñó cómo funcionaba el barómetro".

Lo dijo con modestia oriental, moviendo las manos como si dibujara ese aparato en el aire. Y luego agregó: "¡Qué imaginativos son los físicos!".

© LA NACION.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE




cooperación internacional, términos relacionados

Recomendación urgente del día
Con motivo del vigésimo quinto aniversario de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, se ofrecen algunas claves para una adecuada redacción de las noticias relacionadas con esa actividad.

La vigésima tercera edición del Diccionario académico incluye la sigla ONG, de organización no gubernamental, como ‘organización de iniciativa social, independiente de la administración pública que se dedica a actividades humanitarias, sin fines lucrativos’. Su plural es invariable y se marca con las palabras que la acompañan (las ONG, no las ONGS ni las ONGs). El DRAE también recoge oenegé (plural, oenegés) como un nombre común derivado de la sigla anterior.
En los últimos años, algunas de estas organizaciones han añadido a sus nombres la expresión para el desarrollo (organización no gubernamental para el desarrollo) y han convertido sus siglas en ONGD. Como en el caso anterior, es invariable en plural (las ONGD). La correspondiente lexicalización (oenegedé) está bien formada aunque aún tiene poco uso y no está recogida en los diccionarios.
Uno de los términos que aparece con frecuencia en las informaciones dedicadas a la ayuda para el desarrollo es resiliencia, que ya figura ya en el avance de la vigésima tercera edición del DRAE como una voz propia de la psicología que alude a la ‘capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas’.
También las palabras empoderar y empoderamiento se recogen en el avance de la nueva edición del Diccionario. Empoderar es un antiguo verbo español que significaba ‘apoderar’ y que ha tomado un nuevo significado, ‘hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido’, válido para traducir el verbo inglés to empower y el sustantivo correspondiente empowerment.
Contraparte, otra palabra usual en las informaciones sobre cooperación, no es lo mismo que homólogo, ya que la primera incluye un matiz de oposición entre dos partes, mientras que la segunda alude a dos personas que realizan funciones similares en dos empresas o instituciones sin que tenga que haber oposición entre ellas.
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