Google+ Badge

Google+ Followers

Se você procura um serviço de tradução português-espanhol profissional e de máxima qualidade, podemos ajudar-lhe...

quarta-feira, 6 de novembro de 2013

Vigencia y defensa del español para un porvenir sin fronteras

M. DE LA FUENTE / ABC MADRID

Vocento organiza el foro Futuro en Español, sobre la fortaleza de nuestro idioma

El español es un barco que navega viento en popa a toda vela. Segunda lengua global del planeta, su crecimiento es imparable, especialmente en los Estados Unidos, donde ya son cincuenta millones de hablantes, que forman parte de los casi quinientos millones que hablan nuestra lengua en todo el mundo.

En este contexto se encuentra el foro Futuro en Español, organizado por el grupo Vocento, con la colaboración del CAF Europa (Banco de Desarrollo de América Latina), el Gobierno de La Rioja, el ayuntamiento de Logroño; Iberdrola; la Fundación Mare Australe; la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR); FNPI (Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano); el Ministerio de Asuntos Exteriores; y el Instituto Cervantes.

Las dos primeras jornadas del foro, que llega a su tercera edición, se desarrollarán los días 28 y 29 de noviembre en Logroño, de donde se trasladará a Valencia los días 3 y 4 de diciembre. Ya en febrero de 2014 se presentarán en la Casa de América en Madrid las conclusiones de lasjornadas.

Oficio grande
Ayer, durante la presentación, Enrique de Ybarra recordó al maestro Gabriel García Márquez y su trascendental discurso «Botella al mar para el dios de las palabras», en el que el Nobel colombiano hablaba de que «la lengua española tiene que prepararse para un oficio grande en ese porvenir sin fronteras».

«Con gran lucidez —continuó Enrique de Ybarra— declaraba al español como un derecho histórico, no por su prepotencia económica como otras lenguas, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su gran experiencia cultural y su fuerza de expansión. Con toda la modestia del mundo este Futuro en Español que presentamos aquí no trata de ser otra cosa que una pequeña aportación para ganar puntos en ese porvenir sin fronteras».

Más adelante, el presidente de Vocento señaló que «vamos a roturar caminos nuevos en ámbitos tan diferentes como el comercio, la economía, y la tan necesaria actividad empresarial. Un camino que Vocento apoyará con sus doce periódicos regionales, con ABC y con todas sus web».

ORALIDAD Y EFECTO RADIAL





Refiriéndose al lenguaje radial, Diego Vesciunas afirma que es fugaz, que su existencia es efímera pero que, sin embargo, la oralidad radial puede presentarnos instantáneamente una oposición, un combate discursivo y desarrollar argumentaciones sobre distintas temáticas con el objetivo de convencernos.
Por Diego Vesciunas * en Página 12 - Buenos Aires

El surgimiento de la radio (allá por los años ’20) supuso, entre muchas cosas, el reverdecer cultural de la oralidad al servicio del surgimiento de un nuevo dispositivo. Como ningún otro antes, la radio revalorizó un componente fundamental de la cultura popular, siempre desdichado por miembros de la cultura dominante, quienes promovieron la escritura como valor.

La aparición de la radio implicó el nacimiento de un nuevo discurso. Su estructuración rescató muchas de las características que la oralidad manifestaba en las culturas más antiguas: fugacidad, repetición, memoria, instantaneidad y agonismo.

El lenguaje radial es fugaz. No es posible detener el sonido de las palabras. Su existencia es efímera. No poseen huella que permita rastrearlas. Las palabras son en el momento en que se emiten. Aquellos que hacen uso de ellas en una emisión radiofónica sólo pueden volver sobre éstas si consideran que no fueron escuchados o necesitan enfatizarlas. La repetición, por lo tanto, es uno de los rasgos centrales de la oralidad radial. Es el recurso por excelencia para potenciar y fortalecer su velocidad. Aun con temor de no haber sido atendida, al igual que en las culturas primarias, la oralidad se sustenta en la memoria. Es por ello que muchos de los sujetos contemporáneos de la edad de oro de la radio son capaces de recordar emisiones, locuciones, comerciales, radioteatros, intervenciones, transmisiones deportivas, etcétera.

En las culturas primarias, las palabras adquirían significado en-el-mundo. Ello las tornaba enormemente poderosas, ya que su utilización demandaba una significación instantánea. Las palabras y las cosas jamás habían estado tan cerca. Nombrar era ser. La pronta referenciación resultaba el rasgo central del intercambio comunicativo. Por lo tanto, cuando alguien habla en una emisión, refiere al mundo y a nosotros en tanto oyentes. Interpela, distinguiendo, rivalizando, emparentando y confrontando. La palabra radial, entonces, es agonista. Un magazine, con un conductor, especialistas y movileros, puede arrojar una variedad de intercambios: elogios, contrastes, debates, porfías, agarradas, distensiones, insultos, discrepancias, coincidencias, etc. Todo allí, en el momento, al aire, sólo sonidos, palabras y silencios. En este sentido, podríamos citar como un claro ejemplo de agonismo en la oralidad radial a las entrevistas que Magdalena Ruiz Guiñazú le ha realizado al ex jefe de Gabinete Aníbal Fernández. En una entrevista del 19/7/2010 se suscitó el siguiente intercambio:

Magdalena Ruiz Guiñazú: “Dígame, ¿sigue siendo amigo de Moreno ahora que le quebró un dedo al abogado Soaje Pinto?”.

Aníbal Fernández: “No, Soaje Pinto le pegó al titular de la Sigen, que es más bueno que Lassie. Soaje Pinto es un pendenciero defensor de nazis y de...”.

M. R. G.: “Y su amigo Moreno es uno que anda con karatekas de custodia...”.

A. F.: “Si, dígame cuánta gente mató Moreno o a cuánta gente pegó. ¿Sabe qué le decía esta gente mientras estaban en esa reunión? ¿Sabe qué le decía este Soaje Pinto, este nazi? Le decía a Reposo: ‘Yo estoy cansado de matar montos y yo me voy a encargar de matar a los que faltan’”.

M. R. G.: “Bueno, mire, eso no se transcribe...”.

A. F.: “Está en la denuncia, quédese tranquila, que está en la denuncia...”.

M. R. G.: “¿Y quién saca los afiches contra los periodistas? Y sin firma además...”.

A. F.: “¿Y por qué no se preocupó quien sacó la nota en Clarín, que no la firmaron, imputándome a mí, por ejemplo, que yo soy uno de los que generan este tipo de cosas? No la escuché decir nada a usted”.

M. R. G.: “Mire, hágale juicio al diario...”.

A. F.: “¡Y hágales juicio a quienes hicieron los afiches!”.

M. R. G.: “¡Hágale juicio al diario, pero por favor!”.

A diferencia de la escritura, capaz de describir un enfrentamiento tomando distancia, creando el clima necesario a través de una introducción, una contextualización que sitúe al lector, la oralidad radial puede ser situacional, presentarnos instantáneamente una oposición, un combate discursivo sin preludio: lo que estamos oyendo es la pelea.

En definitiva, el lenguaje radiofónico conformó una oralidad secundaria en tanto no es independiente ni de la escritura ni de las conciencias literarias, soportándose en el sonido de la palabra. Por otra parte, existe una combatividad que atraviesa el lenguaje radiofónico, en donde continuamente existen contrapuestos, oposiciones y enfrentamientos. Sus recursos y sus variantes pueden percibirse hoy en cualquier programa de radio: argumentaciones que transitan los tratamientos de temáticas políticas, deportivas, económicas y hasta meteorológicas con el objetivo de convencernos, siempre.

* Docente de Políticas y Planificación de la Comunicación (UBA).

EL LENGUAJE EN EL TIEMPO


Exónimos
Por: FERNANDO ÁVILA |

Fernando Ávila, delegado de la Fundéu BBVA para Colombia, explica este concepto.

Cita: “Eike Bautista se acogió el miércoles a la protección por bancarrota en un tribunal de Rio de Janeiro”.
Comentario: Aunque en portugués el nombre de esta ciudad brasilera se escribe sin tilde, Rio, en español debe hacerse con tilde, Río.

Antes de hablar de los exónimos, aprovecho para recordarles tres cosas: una, que fluminense y carioca son gentilicios de Río de Janeiro, por lo que es incorrecto, aunque bastante frecuente, referirse a los brasileros de otras ciudades como cariocas. Otra, que los gentilicios de Brasil son brasilero y brasileño, ambos igualmente válidos. Y la tercera, que Brazil, con z, es la forma inglesa de Brasil. Esta última, Brasil, con s, es la que debe usarse en español para referirse a ese país.
Y ahora sí: Exónimo es la traducción de un topónimo (‘nombre geográfico’). El nombre del lugar en la lengua nativa se llama endónimo. La Academia recomienda el uso de los exónimos españoles, especialmente cuando tienen tradición, como Londres, Inglaterra, Maguncia, Alemania, exónimos de London e England, inglés, y de Mainz y Deutschland, alemán. Otros de uso habitual son París, del francés Paris; Turín, Milán y Florencia, del italiano Torino, Milano y Firenze; Bombay, del maratí Mumbai, y Nueva Delhi, con esa extraña h, que coincide con la escritura inglesa (New Delhi).
La Academia recomienda escribir Belice, y no Belize; Pekín, y no Beijing; Corea del Norte y no Norcorea; Fiyi, y no Fiji.
Uno de los países de Oceanía se puede denominar Nueva Zelanda o Nueva Zelandia, que en maorí es Aotearoa, ‘tierra de la gran nube blanca’. Para la capital de Australia son igualmente válidas las formas Camberra y Canberra, mientras que para la ciudad de Sídney, es impropia en español la escritura Sydney.
New York se traduce Nueva York, y su gentilicio es neoyorquino. El nombre de la capital japonesa se escribe Tokio y no Tokyo. Uno de los países africanos tiene la denominación española de Kenia, con i latina, y no Kenya, con i griega, que es su nombre en inglés.
Qatar e Iraq pasaron a escribirse a partir del 2010 Catar e Irak, pues la consonante q en español se reduce ahora a las sílabas que, de Quebec, queso, quereme, y qui, de Quirinal, quinto y quisiera.
La capital de Haití se llama en español Puerto Príncipe, del francés Port-au-Prince, que en la lengua criolla haitiana es Pòtoprens.
FERNANDO ÁVILA
DELEGADO PARA COLOMBIA DE LA FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

LAS PRIMERAS PALABRAS




Exposición recoge las primeras palabras escritas en español, en torno al año mil
06/11/2013 | AGENCIA EFE

Las hazañas de reyes y héroes, textos religiosos y documentos que registraban actos de la vida diaria configuran la cuna del español en torno al año mil, según recoge una exposición inaugurada en Ávila (España) por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua con el lema de «Los orígenes del español».


La muestra recoge los primeros pasos de una lengua «universal» y «fascinante», ha explicado a los medios el comisario de la exposición y director del Instituto, Gonzalo Santonja.

Ha abierto sus puertas en Ávila porque esta provincia es «la capital de la pizarras», donde aparecieron estructuras «prerromances» que, en época visigoda y cerca de la población de Diego Álvaro, están consideradas como «fundamentales» para certificar el «desmoronamiento» del latín, ha añadido Santonja.

Coordinada por el profesor Antonio Álvarez Tejedor, de la Universidad de Burgos, la exposición se articula en torno a tres áreas temáticas que son los documentos, los beatos y los cartularios.

Los elementos expuestos, como el documento fundacional de la Colegiata de Covarrubias (Burgos) o la Nodizia de los kesos, que gastó Jimeno, un monje del desaparecido Monasterio de San Justo y Pastor, de Rozuela (León), en el año 954, permiten conocer los primeros pasos de una lengua que se empezó a escribir siguiendo expresiones que se empleaban en la vida cotidiana.

En el apartado dedicado a los cartularios, se muestran códices diplomáticos, elaborados al copiar los documentos existentes en los archivos de los destinatarios, sobre todo instituciones eclesiásticas, pero también seculares, como el Crismón y Signo Rodado del Privilegio Rodado de Sancho IV.

De la misma forma, la exposición, que permanecerá en Ávila hasta finales de noviembre, recoge algunas muestras de beatos, un conjunto de códices altomedievales con magníficas miniaturas procedentes, en su mayoría, de los scriptoria monásticos de Castilla y León, como el Beato de Valcavado (Palencia), copiado en el año 970 por el monje Oveco.

“El error de hoy puede ser norma de mañana”



El académico y lexicógrafo está al frente de la revisión del Diccionario de la Real Academia
TEREIXA CONSTENLA en El País - España

Los lexicógrafos parecen señores normales que trabajan en un banco. Engañan. Se pasan la vida haciendo inventarios de palabras, analizando si han envejecido, si tendrán futuro, si se han colado de fuera o si han sumado otro significado al que ya tenían. Como si radiografiar el vocabulario fuese tan común como radiografiar esqueletos. Pedro Álvarez de Miranda (Roma, 1953), el académico y lexicógrafo que está al frente de la revisión del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), también parece un señor normal cuando llega al restaurante. Hasta que se sienta y desvela cuándo percibió la llamada de la selva. O, cuando menos, el primer toque del futuro.

A los 15 años, sin saber claro está que sería el principio de una larga amistad, asistió a una sesión de ingreso en la Academia. Convengamos que el hecho, a tales edades, resulta singular. Su efecto lo es más: “Me impresionó”. Se convirtió en coleccionista de discursos. En 2011, cuando leyó el propio tras ser elegido académico, disponía de 258 de los 260 publicados hasta entonces. De ellos echó mano para construir el suyo, un repaso por la oratoria desplegada por los académicos el día que accedían a la casa y que arrancó más de una sonrisa. “Hay que tener piedad del público, no puedes endosarle un discurso técnico sobre lexicografía. Creo que resultó ameno”, recuerda en este local situado a pocos minutos de la RAE.

Zorrilla lo hizo en verso. Azorín trenzó una pieza literaria. Galdós teorizó sobre la novela. Merino contó un cuento. ¿Han cambiado los temas? “En el XIX había una gran preocupación por el purismo. Hay discursos muy conservadores y alarmistas sobre los peligros que acechan a la lengua. Hay un académico que pone el grito en el cielo por el lenguaje del telegrama diciendo que va a destrozar la sintaxis, que no sufrió el más mínimo menoscabo. La lengua es muy sabia y sobrevive a los fenómenos novedosos”. El telegrama de ayer es el SMS de hoy. A Álvarez de Miranda, catedrático de Lengua española en la Universidad Autónoma de Madrid, no le asusta. Si un alumno wasapea donde puede y redacta un examen como debe, nada preocupante observa el lexicógrafo, que incluso elogia el impacto positivo de esa “gimnasia mental”.

La historia de la lengua, además, aconseja huir del integrismo. “El error de hoy puede ser la norma de mañana. No se puede poner puertas al campo. Es más fácil rasgarse las vestiduras que ser eficaz, pero si la lengua decide ir por un camino, es soberana para hacerlo. Es imprevisible y muy democrática”, sostiene.

Otra cosa son los diccionarios. Por lo general, lentos en la era Gutenberg (se presume que sus ritmos digitales cambiarán). El actual, con 88.000 entradas, se publicó en 2001. “El DRAE necesita refundarse, sigue siendo el tataranieto del Diccionario de autoridades. Uno de sus problemas no es lo que le falta sino lo que le sobra”, afirma su director. La versión 23ª saldrá en 2014, como guinda del tricentenario de la RAE. Incorporará nuevas voces que representan nuevas realidades. Mileurista, por ejemplo. Una palabra acuñada en una carta enviada a este periódico y que hizo fortuna. Álvarez de Miranda la cazó al vuelo y la sometió a debate en la Academia. Una palabra que la realidad económica ha matizado, como reconoce el lexicógrafo: “Qué más quisieran muchos ahora que ser mileuristas”.

EL ESPAÑOL NUESTRO

abajofirmante
MARÍA LUISA GARCÍA MORENO (GRANMA, CUBA, 14 AL 24 DE OCTUBRE DEL 2013)

Se consideran neologismos —palabras nuevas— abajofirmante, 'persona que firma un escrito o documento', sinónimo de firmante; abc, 'nociones básicas de una disciplina o actividad'; abrir el fuego, 'iniciar una conversación o debate'; ambientalista, 'que es favorable a la defensa del medio ambiente'; animatrónico, 'robot creado generalmente en el mundo del cine para sustituir a personas o animales reales'; antiecológico, -a, 'que no respeta el medio ambiente o lo perjudica' y antiecologista 'que está en contra del ecologismo'.

Emplear marquetería, del francés marqueterie, como sinónimo de carpintería constituye un error. Marquetería es ‘trabajo de ebanistería’ y ‘embutido en las tablas con pequeñas chapas de madera de varios colores’; ebanistería es el arte del ebanista —’persona que tiene por oficio trabajar en ébano y otras maderas finas’—; mientras que carpintería es ‘oficio de carpintero’ y ‘obra o labor del carpintero’. Se llama carpintería metálica a ‘la que en vez de madera emplea metales para la construcción de muebles, armaduras de puertas y ventanas, etc.’.

El sustantivo estabilidad, del latín stabilĭtas, -ātis, quiere decir ‘cualidad de estable’; mientras que estabilización es ‘acción y efecto de estabilizar’. En cuanto a los adjetivos de esta familia, estabilizador, -a, y estabilizante comparten como significado ‘que estabiliza’. Además, estabilizador es un ‘mecanismo que se añade a un aeroplano, nave, etc., para aumentar su estabilidad’ y estabilizante una ‘sustancia que añadida a ciertos preparados sirve para evitar su degradación’.

Toilette, voz francesa, significa ‘tocador, mueble para arreglarse’, ‘peinado o aseo personal’ y ‘lavabos, servicios, cuarto de aseo’. Según Etimologías de Chile, se deriva del francés toile, ‘tela’ + el sufijo diminutivo ette y se aceptan las siguientes acepciones: ‘atavío personal (hacerse la toilette)’, ‘aseo personal’, ‘tocador’ y ‘servicios públicos, por influencia del anglicismo toilet, que ha derivado en el americanismo toilet, ‘aseo o servicios públicos’. La palabra no tiene ninguna acepción médica.

La palabra albergue está tan vinculada a nuestras realidades que quizás usted piense que es muy nuestra; pero no es así: Procede de la voz germana haribaírgo, ‘campamento de tropas, lugar donde se alberga el ejército’, formada por harjis ’ejército’ y baírgan ’conservar, guardar’. Del germano pasó al alemán antiguo heriberga, que evolucionó hacia el actual herberge. En las lenguas europeas, derivó hacia el italiano albergo, el francés auberge y el español albergue.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE




hacerse a la idea no es lo mismo que hacerse una idea

Recomendación urgente del día

La expresión hacerse a la idea de algo significa ‘aceptarlo’ o ‘familiarizarse con cierta idea’, mientras que hacerse una idea de algo es ‘imaginárselo o formarse concepto al respecto’.


En los medios de comunicación es frecuente ver un uso inadecuado de hacerse a la idea en frases como «La existencia de numerosas casas de dos plantas y de hasta 250 metros cuadrados permite hacerse a la idea del poderío económico de este minúsculo pueblo» o «Después de ocho jornadas, uno puede hacerse a la idea del equipo tipo que más le gusta al entrenador».

En esos casos, y ya que lo que se quiere expresar es que uno puede imaginar el poderío económico del pueblo o los gustos del entrenador, lo apropiado habría sido escribir «La existencia de numerosas casas de dos plantas y de hasta 250 metros cuadrados permite hacerse una idea del poderío económico de este minúsculo pueblo» y «Después de ocho jornadas, uno puede hacerse una idea del equipo tipo que más le gusta al entrenador».

En cambio, esa expresión sí resulta adecuada en frases como «A los ciclistas aún les cuesta hacerse a la idea de que esto se acaba y de que su equipo desaparecerá la próxima temporada», ya que en ese caso lo que se quiere decir es que a los ciclistas aún les cuesta aceptar la desaparición del equipo.

El Diccionario de uso del español de María Moliner añade una tercera forma, hacerse idea o hacerse la idea, con el significado de ‘formarse un propósito’, como en «Ya me he hecho idea de visitarle mañana».
Se procura um serviço de máxima qualidade e profissionalidade, podemos ajudar-lhe