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terça-feira, 5 de novembro de 2013

LA ESQUINA DEL IDIOMA



Piedad Villavicencio Bellolio
pvillavi@eluniverso.com

¿Mandé llamar o mandé a llamar?

Las dos estructuras son correctas y se usan con el sentido de ‘ordenar’ (se exige que se haga lo que se indica en el infinitivo): Mandé traer las medicinas. Mandé a traer las medicinas.

«Mandar» también denota que ‘se envía a alguien a un sitio’ o que ‘se deriva algo hacia un lugar’: Mandó a sus hijos al campo. Mandé unos libros a España.

Con el significado concreto de ‘enviar a una persona a que ejecute algo’, se construye con un infinitivo o una frase subordinada introducida con «que» y precedidos de la preposición «a», como consta en estos ejemplos: Lo mandó a comprar frutas. Lo mandó a que trajera todo lo necesario para el viaje.

Así como se indica en el primer párrafo se usan en el Ecuador y en otras regiones americanas de habla española. Pero en España no funcionan de manera indistinta: la presencia o la omisión de la preposición marca el significado de la frase.

De ahí que cuando «mandar» se emplea sin la «a» se da una orden para que se ejecute algo: Le mandaron mejorar sus notas [denota que le ordenaron que mejorara sus notas]. Y cuando se usa con la «a» se indica que se envía a alguien a un sitio para que haga algo específico: Lo mandaron a hacer sus tareas [transmite que lo enviaron a algún lugar a que hiciera sus tareas].

¿Y siempre nos pondremos de acuerdo?

«Siempre» tiene la categoría de adverbio de tiempo y se emplea de manera general con los sentidos de ‘todo el tiempo’ o ‘frecuentemente’: Siempre llega atrasado.

También se usa con los significados de ‘por lo menos’ o ‘en todo caso’: Aunque no es seguro que te inviten, siempre podrás asistir a otras reuniones.

En algunos países de América, este adverbio además tiene un uso coloquial, sobre todo, en conversaciones. En este caso tiene la acepción de ‘por fin o finalmente’, como en la frase «¿y siempre fuiste al médico?» o como en la construcción de la consulta «¿y siempre nos pondremos de acuerdo?».

¿Qué significa «sic»?

Se deriva del latín y significa ‘así’, ‘de esta manera’, ‘léase como está’. Suele constar en impresos y manuscritos para indicar que lo que se está transcribiendo es textual o literal, aunque tenga faltas ortográficas o imprecisiones. Se escribe después del texto citado, generalmente entre paréntesis o corchetes: -Sientensen (sic) que va leer (sic) la acta (sic), dijo con voz sonora.



FUENTES:
Diccionario de la lengua española (2001), Diccionario panhispánico de dudas (2005) y Diccionario de americanismos (2010), de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

EL ESPAÑOL NUESTRO


El español nuestro: nombres abreviados de los países
por MARÍA LUISA GARCÍA MORENO (GRANMA, CUBA, 1º AL 10 DE OCTUBRE DEL 2013)

Los nombres abreviados de los países, que se utilizan, por ejemplo, en las competiciones deportivas, son siglas y, como tales, se escriben con mayúsculas y sin punto. Siguen la norma ISO 3166 (International Organization for Standardization, ISO), de lo que se deduce que no están en español, ni se ajustan a la ortografía de esta lengua. Existen dos códigos: el más antiguo, de tres letras y el más moderno, que se va imponiendo, de solo dos.


En cuanto al nombre de la prenda interior femenina, la palabra más extendida entre nosotros es blúmer, que aparece en el Diccionario panhispánico de dudas como adaptación gráfica de la inglesa bloomer. Su plural es blúmeres, aunque se acepta el anglicismo blumers. Se usa en Cuba, Venezuela y República Dominicana, junto a otros términos como pantaleta, panty (voz inglesa) y braga (quizá de origen germano).

Calzoncillo, procede de calzón y este de calza, a su vez derivado del latín calcea, ‘media’, de calceus, ‘zapato’; los romanos tomaron de los germanos el uso de las medias y les dieron un nombre similar al de los zapatos. Durante la Edad Media, las medias fueron cada vez más largas, hasta llegar a la cintura; en el siglo xvi esta prenda se dividió y la parte superior se llamo calza, cuyo aumentativo calzón se generalizó y, en la medida en que se redujo, calzoncillo. La prenda inferior se llamó medias calzas o simplemente medias.

Según el DRAE, la palabra efeméride —aparece desde 1970— quiere decir ‘acontecimiento notable que se recuerda en cualquier aniversario de él’ y ‘conmemoración de dicho aniversario’; también aparece efemérides, del latín ephemerĭdes, ‘libro o comentario en que se refieren los hechos de cada día’ y ‘sucesos notables ocurridos en la fecha en que se está o de la que se trata, pero en años anteriores’. El Panhispánico… precisa que efemérides como sustantivo femenino plural (las efemérides), significa ‘relación de los hechos notables ocurridos cada día’. Y añade este lexicón: «Cuando se hace referencia a uno solo de estos hechos, o a su conmemoración, corresponde usar el singular efeméride; no obstante, es frecuente y se considera válido, el empleo de efemérides como forma de singular (la efemérides). Usted elige.

No siempre, en las palabras que comienzan con la sílaba bi, esa sílaba es un prefijo. Son ejemplos: bisonte, del latín bison, -ōntis y de origen germánico; bisoñé, quizá del francés besogneux, ‘necesitado’, y bisoño, del italiano bisogno, ‘necesito’, ‘dicho de la tropa o de un soldado nuevo’, ‘nuevo e inexperto en cualquier arte u oficio’. Este último término era usado, de forma despectiva, por los italianos en el siglo XVI para designar a los soldados españoles recién reclutados, que llegaban a Italia enviados por Carlos I (Carlos V de Alemania), mal vestidos, pobretones y necesitados de todo, y repetían en mal italiano «bisogno comida, bisogno abrigo».

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE




carabineros, alternativa adecuada en español a carabinieri

Recomendación urgente del día
Carabinero, plural carabineros, es una alternativa adecuada en español a los términos italianos carabiniere y carabinieri.


En la prensa se encuentran frecuentes ejemplos en los que se utiliza el término italiano carabinieri, o su singular carabiniere, para referirse al ‘miembro de la Policía militarizada de Italia’: «Dos carabinieri fueron tiroteados a las puertas del Parlamento» o «Un parado indignado con los políticos dispara a dos ‘carabinieri’».

Carabinero es una palabra asentada en español para aludir a los miembros de este cuerpo y está recogida en el Diccionario de uso de VOX con la definición indicada, por lo que en los ejemplos antes citados también podría haberse escrito «Dos carabineros fueron tiroteados a las puertas del Parlamento» y «Un parado indignado con los políticos dispara a dos carabineros».

Se recuerda asimismo que, cuando se utilice el término italiano, se trate como un extranjerismo y se escriba, por tanto, en cursiva o, si no se dispone de este tipo de letra, entre comillas: «Dos carabinieri fueron tiroteados a las puertas del Parlamento».

La lengua en que vivimos











Por: SERGIO RAMíREZ |


Cervantes nos heredó esa lengua que se apropia con brillo de los neologismos y se abre a hibridaciones cada vez más sorprendentes. Una lengua que es ya del futuro. La lengua siempre viva de la imaginación.

Centroamérica fue el escenario del Congreso Internacional de la Lengua, que tuvo por tema central ‘El español en el libro’, en tiempos en que la tecnología digital afecta cada vez más no solo las maneras de leer y de escribir, sino también de percibir el mundo y, por tanto, de vivir la cultura.
Y Centroamérica es una tierra fundada por los libros. El nicaragüense José Coronel Urtecho señala que hay una obra de valor universal por cada período de la historia de Centroamérica: el Popol Vuh, el libro sagrado del pueblo quiché, en la época precolombina; la Verdadera relación, de Bernal Díaz del Castillo, en la época de la conquista; la Rusticatio Mexicana, de Rafael Landívar, en la época colonial, y la poesía de Rubén Darío en la época independiente. Agreguemos a esa lista las novelas de Miguel Ángel Asturias en el siglo XX.
Son libros que cuentan la historia como un gran mural en movimiento, y relatan la disputa trascendente entre la opresión y la libertad, la muerte, la guerra, el despojo, el exilio, y registran las maneras en que se ha formado nuestra cultura desde las civilizaciones prehispánicas, y cómo la lengua y sus transformaciones e invenciones van tejiendo esa red que nos impide caer en el vacío, porque no pocas veces hemos sido salvados por la palabra de la mediocridad y del olvido.
Pero estos libros que definen a Centroamérica también nos llevan, desde la lengua quiché en que, desde el anonimato, nos fue heredado el Popol Vuh, el latín clásico en que fue escrita la Rusticatio Mexicana por un jesuita exiliado en Bolonia, y el español del Siglo de Oro De Bernal, soldado de la conquista, hasta la virtud transformadora de la lengua, encarnada en Rubén Darío, modernista y modernísimo, que aún sigue abriendo puertas en el idioma como se las abrió a Neruda, a Vallejo, a García Lorca, a Borges. Con Rubén ganamos en la cultura el espacio de libertad que el caudillismo cerril nos negaba en aquel paisaje rural, desangrado por las guerras, poblado de analfabetos y donde medraban los “licenciados confianzudos, o ceremoniosos, y suficientes, los buenos coroneles negros e indios, las viejas comadres de antaño...”, según recuerda él mismo. Comenzamos a ser modernos en la literatura cuando seguíamos siendo arcaicos en el sistema democrático.
A la lista de libros fundadores que iluminan a Centroamérica bien pudo haberse agregado el Quijote, para que señoreara entre ellos, si es que Felipe II hubiese atendido la petición de Cervantes “de hacerle merced de un oficio en las Indias de los tres a cuatro que al presente están vacantes que es uno la contaduría del Nuevo Reino de Granada, o la Gobernación de la Provincia de Soconusco en Guatemala, contador de las galeras de Cartagena, o corregidor de la ciudad de la Paz”. El cargo que pedía en Soconusco, una tierra pobre de la Capitanía General de Guatemala, era el más humilde y desprovisto de todos; pero ni en ese tuvo fortuna, y se le respondió que mejor buscara una posición por aquellos mismos lados, la Mancha, que, de todos modos, llegaría a ser un territorio común de la lengua de aquí y de allá, como dejó dicho Carlos Fuentes. De haberse escrito el Quijote en América hubiera sido fruto de la añoranza por la tierra lejana de Castilla, como lo fue la Rusticatio Mexicana para Landívar por la tierra americana.
Cervantes fue quien nos heredó esa lengua que habita hoy las pantallas y tabletas electrónicas, lengua portátil que aguarda en las infinitas bibliotecas virtuales que ya estaban en la imaginación de Borges, y crea nuevos códigos, se nutre del lenguaje digital y de los nuevos paradigmas de la comunicación, se apropia con brillo de los neologismos y se abre a hibridaciones cada vez más sorprendentes. Una lengua que es ya del futuro. La lengua siempre viva de la imaginación.
Sergio Ramírez
www.sergioramirez.com

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE



programa Erasmus, pero estudiante erasmus

Recomendación urgente del día

El programa Erasmus y la beca Erasmus se escriben con e mayúscula, mientras que un (estudiante) erasmus y estar de erasmus se escriben con e minúscula y sin comillas, de acuerdo con el diccionario de uso Clave.

En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como «La Unión Europea estudia si hay que replantearse el programa ERASMUS, como consecuencia del recorte presupuestario», «Educación solo dará dinero a los Erasmus que tengan una beca general», «Educación quita la ayuda a miles de “erasmus” a mitad de curso» o «Entre ellos, miles de estudiantes que ya están de Erasmus en estos momentos».

El acrónimo Erasmus, que corresponde al desarrollo inglés European Region Action Scheme for the Mobility of University Students (Plan de Acción de la Comunidad Europea para la Movilidad de Estudiantes Universitarios), se escribe con mayúscula únicamente en la letra inicial del nombre de este conocido programa de la Comunidad Europea, según se desprende de los criterios de la Ortografía de la lengua española sobre acrónimos de nombres propios de cinco o más letras.

Por otro lado, cuando erasmus pasa a designar a los estudiantes que disfrutan de esta beca, como en la locución estar de erasmus, se considera que el acrónimo se ha lexicalizado como nombre común o adjetivo y, por tanto, lo apropiado es escribirlo en minúscula y sin necesidad de comillas.

Así pues, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «La Unión Europea estudia si hay que replantearse el programa Erasmus, como consecuencia del recorte presupuestario», «Educación solo dará dinero a los erasmus que tengan una beca general», «Educación quita la ayuda a miles de erasmus a mitad de curso» y «Entre ellos, miles de estudiantes que ya están de erasmus en estos momentos».

LA LENGUA VIVA







Palabras raras, oídos sordos
Amando de Miguel en Libertad Digital - España


Ya sé por qué a algunos libertarios nos gusta discutir sobre cuestiones léxicas. Porque no hay forma de que estemos todos de acuerdo. En teoría el habla es una convención, pero al ser algo vivo admite todo género de gustos y opiniones. Así pues, estamos en el reino de la libertad.

Ignacio de Despujol y Coloma suscribe la observación que aquí se comentó sobre la asombrosa capacidad de los norteamericanos para distinguir los puntos cardinales. Concluye que "en España, sin tanto alarde tecnológico, robamos igual en el centro, el noroeste, el nordeste y lo sur". Se refiere a lo que se llama "corrupción política", que no sé por qué no se le llama "hurto" y sí "robo". Es sabido que el robo es el hurto con violencia. Las calificaciones penales en España son tan difusas como la orientación por los puntos cardinales. Por ejemplo, ahora vemos que se acusa a una madre (quizá en colaboración con el padre) de matar a su hija. Se dice que se trata de un asesinato, pero para mí que es más bien un parricidio (= matar a un pariente cercano, padres, hermanos o hijos).

José Luis García- Valdecantos no tiene más remedio que aceptar el italianismo "chao" (ciao, hasta luego), pero se opone al "tontísimo chaoito". Pues no sé por qué nos vamos a oponer a ese natural diminutivo. ¿No decimos futbolín? Don José Luis avanza otro comentario con el que sí estoy acorde. Se refiere a la palabra corrupción (política), que se ha reducido al robo de fondos públicos. Para mí que mejor sería decir "hurto", como queda dicho. Pero hay aspectos aún más graves, como tolerar que roben los subordinados, mentir descaradamente al pueblo, elegir mal los dirigentes políticos o los funcionarios. Con todas esas taras los partidos se convierten en partidas y los partidarios se truecan en partidistas, o peor, en partisanos.

José Alberto Torrijos Regidor, a propósito del origen latino de la palabra consiliencia, se lamenta de que en su bachillerato de Ciencias no hubiera más espacio para los estudios clásicos. Es más, opina que la bifurcación entre el bachillerato de Ciencias y el de Letras fue un error. Coincido con él. Lo peor es que hoy se adelanta todavía más la edad para optar a los distintos bachilleratos. La decisión de que los estudiantes se hiperespecialicen es un error monumental. Me alegra mucho el dato que me proporciona don Juan Alberto: la opinión de Peter Higgs, el reciente Premio Nobel de Física. El sabio sostiene que los estudiantes universitarios no deben especializarse demasiado. Para ser creadores conviene que uno haya pasado por distintos campos científicos. Modestamente, es el consejo que me dio en su día mi maestro Juan J. Linz. Él mismo había seguido varias carreras y dominaba campos diferentes. La prueba es que ha sido una autoridad en la Ciencia Política y también en la Sociología. Por fortuna, en España la especialidad de Ciencia Política se llama en plural "Ciencias Políticas".

Maribel Fernández o Maribel Torbeck se queja (con razón) de que aquí le haya puesto Maribel Fernández (de) Torbeck. Aunque felizmente casada con el señor Torbeck, considera que la fórmula española de su nombre le permite "ser de mí misma, pero de nadie más". Pido perdón por la licencia que me tomé, pero era para resolver el dilema de los dos sistemas de escribir el apellido, el español y el norteamericano. Hay una excepción en los Estados Unidos. Las actrices de cine se llaman "señorita Tal" con el apellido de soltera, aunque estén casadas. La razón es que, con tantos matrimonios como a veces acumula una actriz, resultaría confusa su marca comercial con los apellidos de los sucesivos maridos. Advierto que la idea de conservar el apellido de soltera no hace a una mujer casada más independiente de los varones, pues su apellido suele ser el del padre. La verdadera liberación sería que cada adulto pudiera llamarse como quisiera. Eso no le gustaría mucho a la Policía.
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