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terça-feira, 22 de outubro de 2013

Lincoln, ese hombre









por LORENZO ESTEVE en La Gaceta - España
Es uno de los presidentes más populares y el tópico lo asocia con la salvación de la Unión y la liberación de los esclavos, pero las sombras comienzan a aflorar, casi 130 años después de su muerte.

Si preguntaramos a cualquier español cual fue el presidente más importante de EEUU diría sin dudar que Abraham Lincoln. ¿Por qué? Porque defendió la unión, luchó por la libertad y liberó a los negros de la esclavitud.
Lo cual es una simplifación que no responde a la realidad. La culpa la ha tenido el cine, la televisión y las novelas, que han mitificado al decimosexto presidente norteamericano. Sin negar sus méritos, no se pueden olvidar las sombras que enmarcan su trayectoria, incluidos sus ataques a la libertad.
La verdad completa sobre Lincoln (1809-1865) se va abriendo camino gracias a nuevos estudios sobre su figura. En los últimos años ha surgido una historiografía liberal muy crítica con él. Es el caso obras como When in the Course of Human Events, de Charles Adams, y Emancipating Slaves, Enslaving Free Men, de Jeffrey Rogers Hummel.
Hay aspectos de su vida que van aflorando y que ponen en cuestión rasgos que parecian intocables. Por ejemplo el antiesclavismo: su biografía tiene datos sorprendentes y muy poco conocidos que revelan más bien lo contrario.
Contra el matrimonio interracial
Así, mientras estuvo de abogado en Illinois, Lincoln apoyó leyes que prohibían a los negros vivir en ese Estado; estaba en contra de matrimonio interracial y dijo que los negros podían ser iguales, pero no en los Estados Unidos.
Cine y novelas tratan de transmitir la imagen de que el presidente poco menos que arriesgó su vida por otorgar el derecho de voto de los negros, pero casi nadie recuerda que en 1865 barajaba un proyecto llamado 'Liberia' para enviar a negros a Liberia (Africa).
La idea no era tan descabellada, ni debería escandalizar tanto, porque desde 1822 la Sociedad Americana de Colonización marcó a Liberia como lugar donde enviar a esclavos afroestadounidenses liberados. Quince años después, en 1847, convertidos en colonos declararon la independencia de la República de Liberia. Consideraban África su «tierra prometida», pero no se integraron en la sociedad africana.
Para formar a sus elites, se puso en marcha en EEUU la Universidad Lincoln, fundada en 1854, de donde salieron los primeros líderes que luego se encargaron del Gobierno de Liberia.
Es decir, que el proyecto de Abraham Lincoln no era una ocurrencia, sino que obedecía a un viejo proyecto.
Pero es un error juzgar la figura del presidente con criterios del siglo XXI. Lincoln participaba de la mentalidad de la época, que no era precisamente antirracista. El presidente llegó a declarar públicamente que Estados Unidos “se construyó para la gente blanca y no para los negros", y en no menos de 21 ocasiones se opuso a la igualdad de derechos de para los negros".
Según el historiador Thomas Di Lorenzo, autor del libro Lincoln the racist, el presidente manifestó e incluso dejó por escrito que “lo que más deseo es la separación de las razas blanca y negra".
¿Entonces? ¿De dónde viene el aura idealista que rodea a la figura de Lincoln, como liberador de esclavos? Es importante tener en cuenta que el Partido Republicano de la época, tenía una facción abolicionista fuerte y creciente que constantemente hacía presión ante el Gobierno.
La Guerra, su oportunidad
Al cabo, fue la Guerra Civil la que brindó una oportunidad a Lincoln para usar la esclavitud como pretexto. Fue entonces cuando enarboló el abolicionismo como bandera. No se olvide que en su propio discurso inaugural, el político manifestó su apoyo a enmiendas a la Constitución que defendían que la esclavitud no era un tema del que debiera encargarse el Gobierno Federal, sino objeto concerniente a los Estados.
La guerra fue el gran éxito personal de Abraham Lincoln, lo que reservó un puesto en el podio de la gloria. Sin la contienda, es dudoso que hubiera pasado a la historia como ha pasado.
Pero la gloria estuvo teñido de sangre. Acabó con una cifra de entre 650.000 y 850.000 fallecidos. Algunos autores sostienen que, en números absolutos se trata del mayor número de bajas sufridas por los EEUU en su historia bélica.
En esa como en todas las guerras, la primera víctima fue la verdad. Pero lo peor no fue la censura sino que Lincoln aprovechó la contienda para reforzar su poder personal. Otro aspecto bastante desconocido de su perfil.
¿Es justo calificar a Abraham Lincoln de dictador? Cuestión compleja. Algunos dirán que sí, porque durante la guerra se suspendió el habeas corpus, se practicaron miles de detenciones de personas que se oponían al conflicto o defendían el derecho a la secesión, y se cerraron más de 300 periódicos.
Todo lo cual iba directamente contra la primera enmienda de la Constitución, que prohibe que el legislador promulgue ley alguna que prohíba la libertad de expresión, de prensa, de reunión, o de petición.
De los trabajos publicados en los últimos años, el más crítico es el de Thomas J. DiLorenzo. Este historiador sostiene que el político republicano tenía una agenda, un objetivo, un programa que coincidía esencialmente con el "sistema americano" de Henry Clay, basado en tres ejes: creación de una banca central, defensa del proteccionismo e instauración de subvenciones para la creación de infraestructuras, lo que entonces se llamaba "mejoras internas".
Sur proteccionista
El Sur tenía poca industria propia, y necesitaba importar bienes manufacturados del exterior o comprárselos a empresas del Norte. En tanto que el Norte, granero electoral de los republicanos, quería eliminar la competencia exterior con aranceles prohibitivos, algo que suponía un auténtico descalabro para el Sur. Ya con la "aduana de la abominación", inspirada por Clay, parte del Sur amenazó con separarse. Ese fue el germen de la Guerra Civil.
Según DiLorenzo, las mejoras internas, eran muy impopulares en el Sur. Y respecto del banco central y las políticas inflacionistas, fue el primer presidente demócrata y del Sur, el gran Andrew Jackson, quien se opuso eficazmente a Henry Clay en el intento de éste de dar vida al segundo banco norteamericano de ese tipo.
Los planes de Clay chocaban radicalmente con los Estados del Sur, de suerte que uno y otros estaban abocados a un choque de trenes. Contra lo que se deduce del tópico peliculero, la razón final de la Guerra de Secesión no fue ideológico, sino burdamente económico.
No fue la lucha por los derechos de los negros, reducidos a la esclavitud en los campos de algodón, sino el comercio y la industria. El objetivo de Clay y de Lincoln no era acabar con la esclavitud, sino preservar la Unión; que era imprescindible para preservar el sistema económico americano.
A ese objetivo se supeditó todo lo demás. Por eso, Abraham Lincoln no tuvo empachó en atropellar derechos elementales. El Tribunal Supremo americano le recordó que no tenía poder para suspender el hábeas corpus, pero su Administración "nunca se molestó en recurrir esa decisión", según DiLorenzo; "simplemente, la ignoró". El hecho de que un juez de un estado encausase a un funcionario federal por hacer arrestos ilegales se convirtió en delito.

LA LENGUA VIVA

Modas y manías ante las 'alcachofas'
Amando de Miguel


Me refiero a los micrófonos, ese aparato que convierte el habla en un espectáculo; más todavía si en frente hay una cámara de televisión. El hablante se transfigura. No es que se ponga nervioso o le entre la timidez. Suele suceder lo contrario, una extraña facundia. El efecto es similar cuando se trata de escribir algo que va a leer el público. Es un hecho que en esos casos el discurso se puede tornar un tanto errático. En esta seccioncilla abundan los ejemplos.

Maribel Torbeck insiste en que la expresión, tan habitual en los medios, de "catástrofe humanitaria" (en lugar de simplemente "humana" cuando hay víctimas) resulta incoherente. Para su tesis maneja el DRAE. Me siento dubitativo al respecto. Comprendo que lo correcto sería decir "catástrofe humana”. Sin embargo, tiene más fuerza decir “humanitario” cuando se rompe la solidaridad básica entre las personas. Doña Maribel (en su isla de Colorado, USA) se sorprende con este titular de ABC: "El Tribunal Constitucional inadmite el recurso…". Suena raro, pero en la jerga de los tribunales se utiliza ese retorcido término de inadmitir. Peor me parece lo de "recepcionar", que tanto cunde en el lenguaje oficinesco. Doña Maribel no descansa. Se escandaliza del nuevo sentido que se da de la voz complicidad y derivados. Ante las alcachofas y las cámaras circula ahora como amistad íntima o entendimiento profundo para el bien. Toda la vida de Dios la complicidad se había reservado para la colaboración en un delito, pero ahora es casi lo contrario: una relación amorosa y tierna. Qué le vamos a hacer. La lengua no solo está viva sino coleando, como los renacuajos.

La admiración por las palabras y expresiones de moda no tiene límites. Por todas partes veo el edificante letrero de "Punto Limpio". Quiere decir sucio, maloliente, pues en él se deposita la basura. En los diccionarios está la voz conllevar (= soportar con paciencia, aguantar estoicamente). Por lo visto no debe de ser una cualidad plausible, pues ahora se utiliza más bien como suponer. Si don José Ortega y Gasset levantara la cabeza y repitiera su famoso lamento de que "la cuestión catalana hay que conllevarla", nadie le entendería.

Hay veces en que el efecto de la alcachofa y la cámara producen una especie de borrachera mental. Acabo de oír (que no escuchar) a un presentador de una tertulia en Televisión Española esta expresión: "En romano paladino". Supongo que es "en el que suele el pueblo hablar a su vecino". Pero no el pueblo romano.

Ya que estamos con el efecto alcachofa. No alcanzo a comprender ese sistemático sesgo que se produce en la entonación de las frases. Convengamos en que la pausa en el hablar se escribe con este signo: /. Lo lógico sería enunciar una frase como esta: "En Alemania se han celebrado elecciones/ en las que ha ganado la cancillera". Pues bien, no es infrecuente oír esta caprichosa entonación: "En Alemania/ se han celebrado elecciones…". Es decir, se rompe bonitamente la unidad de la frase, por corta que sea, con una pausa detrás de las primeras palabras, antes de llegar al verbo. No me cabe una explicación para esa anomalía tan frecuente. Más grave es cuando la frase se lee así: “Y en Alemania/ se han celebrado elecciones…”. ¿Por qué la necesidad de anteponer una y a cualquier noticia? ¿No se estudian esas cosas en los másteres de comunicación?

EL NUEVO IDIOMA ESPAÑOL





ANTONIO Domínguez en El Periódico de Aragón.

Carta de una señora a la radio:

"Desde que las insignias se llaman pins, los maricones, gais, las comidas frías, lunch, y los repartos de cine, casting, este país no es el mismo: ahora es más, muchísimo más moderno. Antaño los niños leían tebeos en lugar de cómics, los estudiantes pegaban posters creyendo que eran carteles, los empresarios hacían negocios en vez de bussines y los obreros, tan ordinarios ellos, sacaban la fiambrera al mediodía en lugar del tupper-ware. Yo en el colegio hice aerobic muchas veces pero, tonta de mí, creía que hacía gimnasia. Nadie es realmente moderno si no dice cada día cien palabras en inglés. Las cosas en otro idioma nos suenan, nos suenan mucho mejor. Evidentemente no es lo mismo decir bacon que panceta, aunque tengan la misma grasa, ni vestíbulo que hall, ni inconveniente que handicap... Desde ese punto de vista los españoles somos modernísimos. Ya no decimos bizcocho, sino plum-cake, ni tenemos sentimientos, sino feeelings. Sacamos tickets, compramos compacs, comemos sandwiches, vamos al pub, practicamos el rappel, en lugar de acampar hacemos camping y, cuando llegan los fríos, nos limpiamos los mocos con kleenex. Esos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres y mejorado nuestro aspecto. Las mujeres no usan medias, sino pantys, los hombres slips en lugar de calzoncillos y tras afeitarse usan after shave en lugar de tónico. No corremos, hacemos footing, no estudiamos, hacemos masters, y nunca logramos aparcar pero encontramos un parking". Profesor de universidad

ATLAS SONORO V

Atlas sonoro /5: Elige las palabras de Argentina, El Salvador y Venezuela
Por:
Winston Manrique Sabogal

ESPECIAL EN EL PAIS: VI CONGRESO DE LA LENGUA ESPAÑOLA, EN PANAMÁ

¿Cuál es el argentinismo más argentino? Cuál es el salvadoreñismo más salvadoreño? ¿Cuál es el venezolanismo más venezolano?

A estos tres países está dedicado el quinto capítulo del Atlas sonoro de las palabras más autóctonas del español, que hemos propuesto en EL PAÍS y Papeles perdidos en el contexto del VI Congreso Internacional de la Lengua que se celebra en Panamá, del 20 al 23 de octubre. Argentina, El Salvador y Venezuela entran en ese Atlas sonoro tras las propuestas, ayer, de España, Bolivia y Honduras.

Los escritores Juan Gelman, Horacio Castellanos Moya y Rafael Cadenas han elegido la palabra más autóctona de sus respetivos países. Con ellas dan el pie para que ustedes propongan el vocablo que consideren más auténtico o que refleje o represente mejor a dichos países. Este Atlas sonoro incluye los 20 países hispanohablantes más Estados Unidos. Cada día propondremos tres países en los que sus respectivos escritores sugieren una palabra por cada país y ustedes continúan con sus aportaciones.

Esta iniciativa de pluralidad y diversidad del castellano coincide con la presentación en Panamá de la edición digital del Diccionario de Americanismos, publicado por la RAE y la Asociación de las 22 Academias de la Lengua, a cargo del académico Humberto López. Un volumen de consulta gratuita en la Red que contiene más de 70.000 entradas y unas 120.000 acepciones sinónimos y variantes de muchas de las voces, etimología o procedencia de las palabras en la mayoría de casos.

Ahora sí, las palabras propuestas hoy por escritores de Argentina, El Salvador y Venezuela:

Argentina: BOLUDO
Juan Gelman. Es un término muy popular y dueño de una gran ambivalencia hoy. Entraña la referencia a una persona tonta, estúpida o idiota; pero no siempre implica esa connotación de insulto o despectiva. En los últimos años me ha sorprendido la acepción o su empleo entre amigos, casi como un comodín de complicidad. Ha venido perdiendo el sentido insultante. Ha mutado a un lado más desenfadado, pero sin perder su origen.

El Salvador: CIPOTE
Horacio Castellanos Moya. Palabra de uso común sinónimo de niño, joven, adulto inmaduro. Es exclusiva de El Salvador, donde no se le asigna ninguno de los significados castizos (hombre grueso o torpe, miembro viril). Nunca se entendería en El Salvador, por ejemplo, la frase “se le templó el cipote”. Un clásico de la literatura salvadoreña, Cuentos de cipotes, de Salarrué, relata historias de niños. Y a nadie se le ocurriría en el país relacionarlo con Los once mil falos, de Apollinaire.

Venezuela: BOCHINCHE
Rafael Cadenas. No es propiamente un venezolanismo, pero es “voz de origen americano”, según asienta Francisco Javier Pérez en su Diccionario Histórico del Español de Venezuela y añade que es “una de las voces más expresivas del español”. Inicialmente, solo tuvo el sentido de fiesta escandalosa, luego significó desorden, alboroto, tumulto, después pasó al ámbito político. Francisco de Miranda la hizo célebre cuando al ser derrotado, al comienzo de la guerra de independencia, exclamó sobre su tropa: “Bochinche, bochinche, esta gente no es capaz sino de bochinche”. Y bochinchero se aplica a alguien irresponsable, falto de seriedad.

Ahora tú tienes la palabra. Dinos cuáles son para ti las palabras más autóctonas o que mejor representan o son más populares de Argentina, El Salvador y Venezuela.

LA REFORMA ORTOGRÁFICA














Propuesta para eliminar ocho letras del español y crear tres, incluida en la novela 'Casablanca la bella', último libro de Fernando Vallejo
FERNANDO VALLEJO en El País - España

Y mi reforma ortográfica, señorías, que en esencia es la que propuso en el Siglo de Oro Gonzalo Correas (quien escribía «Korreas») pero acomodada a la realidad actual del idioma, la de que los hispanoamericanos hoy por hoy somos sus dueños, va así: «Casa» con ka de «kilo»: «kasa». «Queso» con ka de «kilo» y sin u: «keso». «Aquí» con ka de «kilo» y sin u ni tilde: «aki». «Cielo» con ese de «suelo»: «sielo». «Zapato» con ese de «suelo»: «sapato». «General» con jota de «joder»: «jeneral». «Guerra» con ge de «ganas» pero sin u: «gerra». «Güevón» con u sin diéresis ni tilde: «guevon». «Burro» con be de burro: «burro». «Vaca» con be de burro: «baca». «Hijueputa» sin hache: «ijueputa». Nuestras tres letras dobles con sonido sencillo, que son la che, la elle y la erre, se escribirán respectivamente s, l y r. Y así tenemos: «Chapa»: “sapa”, con ese africada postalveolar sorda y sin hache. «Caro»: «karo» (como para decir que las prepago están muy «caras») con ka y ere suave. «Carro» (como para decir que las prepago quieren carro): «karo», con ka y erre dura. «Río» se escribirá «río», con erre dura. «Cigarro» se escribirá «sigaro», con ese y erre dura. «Loco» se escribirá «loco» con ele normal. «Llama» se escribirá «lama», con ele rara. «Calle» se escribirá «kale» con ka y ele rara. «Yegua» se escribirá «legua» con ele rara. La ye de «el hombre y la mujer» irá con i latina: «el hombre i la mujer». «Wagneriano» se escribirá «bagneriano». «Examen» se escribirá «ecsamen». Se suprimen pues, señorías, la ce, la hache, la cu, la ve, la ve doble, la equis, la ye, la zeta, las tildes y la diéresis; a Dios se le quita la mayúscula y se les pone a tres letras viejas tres rayitas como la de la eñe, pero abajo en vez de superpuestas. Ahora, que si en vez de las tres letras con las rayitas ustedes prefieren signos nuevos, adelante, a dibujarlos, señorías, soy todo ojos y oídos. Voilà tout. Verán como desbancamos al inglés. Y no me explayo, señorías, porque me voy corriendo a Casablanca a ver qué desastre me hicieron.

—Un momento, no se vaya, una pregunta...

—¿Qué duda hay?

—¿Y España, donde pronunciamos «zielo» y «zapato», qué?

—¡Que se joda España!

—¿Y Gonzalo Korreas, que escribía «Gonzalo» con zeta?

—¡Que se joda Gonsalo Korreas!

Y punto, carpetazo. El español acaba de perder la zeta y de ganarme a mí. Vuelta pues atrás a los fenicios y a los griegos, a un signo por cada sonido. Donde nosotros tenemos la c, la k y la q con u los griegos sólo tenían la kappa. Y donde nosotros tenemos la b y la v, los griegos sólo tenían la beta. Y como fue volverá a ser en cumplimiento de la revolución inmóvil priista que guiará en adelante al mundo. Ortografía fonética sin resabios etimológicos, señorías. A este idioma le sobran ocho letras y al hombre dos tetas.

LA ARGENTINA, UNA INMENSA TRADUCCIÓN






A partir de la investigación y de su propia experiencia como traductor, el autor de este artículo reflexiona sobre las variadas formas que puede adquirir el delicado arte de expresar en una lengua lo que está escrito en otra, y destaca la importancia que ha tenido esa tarea en la constitución de la identidad cultural del país
Por Alejandro Patat | Para LA NACION

La traducción literaria en la Argentina -afirman en los últimos años casi por unanimidad todos aquellos que la han estudiado o practicado- no es un factor al margen de la identidad cultural del país, sino uno de los pilares sobre los que se funda tal identidad. Sin traducciones pensadas, programadas y elaboradas por argentinos a lo largo de dos siglos, nuestra cultura sería otra o probablemente no sería. Anna Gargatagli y Patricia Willson han ejemplificado de manera magistral cómo la busca de un estilo propio de nuestros escritores ha sido y es inescindible de la vasta experiencia en el campo de la traducción.

DOS IDEAS INCONCILIABLES

Si se me permite una síntesis brutal, creo que es posible reducir todos los debates modernos sobre la traducción, fuera y dentro de nuestro país, a dos grandes polos inconciliables. A la primera posición, férrea en su afán totalitario, la llamaría "semiótica", porque considera la traducción un acto comunicativo, susceptible de ser catalogado minuciosamente en una serie finita de fenómenos. Quienes levantan esa bandera están persuadidos de que la traducción es una práctica codificada, que implica determinados procedimientos y estrategias, aplicables en los distintos casos que todo texto presenta. Para ellos, el traductor es un técnico que ejercita una labor mecánica con mayor o menor desenvoltura. Hoy existen asociaciones, colegios de traductores públicos, carreras específicas, publicaciones y congresos de traductología en universidades de todo el mundo. En estas instituciones han nacido verdaderos grupos "fundamentalistas", que excluyen de la órbita de la "buena" traducción a quienquiera no haya recibido su formación, y que congelan, por lo tanto, el concepto de la traducción como profesión.

Del otro lado, en continua posición de combate o, peor aún, con agresiva indiferencia a la idea de la profesionalización, se ubican los que defienden la perspectiva de la traducción como un hecho que yo llamaría "estético". Como es razonable, quienes sostienen este otro postulado ahondan sus raíces en los primeros debates filosóficos y religiosos para llegar a la idea de traducción como producto artístico, con sus propias convenciones y poéticas. Para estos últimos, es inútil que un traductor conozca las abstrusas taxonomías que la tradición académica difunde sin cesar y que cambia según los caprichos de las modas universitarias. El acto de traducir, argumentan, se basa en un trabajo de excavación en la propia lengua, con agotadoras intuiciones explorativas y experimentales. La traducción esconde las mismas insidias de cualquier actividad artística, y el traductor enfrenta plenamente los desafíos de la escritura.

PROBLEMAS

Dado que he optado por la brutalidad, espero se me conceda otra síntesis. La ya casi infinita biblioteca acerca de la traducción guarda en realidad un engaño. Como la filosofía, la traducción vuelve siempre a los primeros interrogantes, que, son, desde ya, irresolubles. Según Franco Buffoni, el mayor estudioso de la traducción en Italia, director de la magnífica revista Testo a Fronte , todos esos interrogantes se han presentado a lo largo de la historia como ejes binarios de carácter opositivo. Libertad/sumisión; traición/fidelidad; estilización/literalidad; sentido/palabra; domesticación/extranjerización son algunos de los ejes claves que dieron lugar a las diversas tipologías traductivas que Antione Berman ha examinado en su brillante ensayo La traduction et la lettre ou l'auberge du lointain . Más allá de estos excelentes materiales, propongo -modestísimamente - otro camino.

UN ESTUDIO POR CASOS

En distintas oportunidades, ya sea en el café o en las aulas universitarias, me he visto obligado a discutir acaloradamente sobre uno de los lugares comunes más difundidos en nuestro país: el hecho de que la cultura argentina es el resultado de una conmixtión original de ideas y soluciones que provienen de Francia o de Inglaterra. La idea de una elite cultural filofrancesa y filoinglesa ya en el siglo XIX no me parece discutible. Demasiados testimonios lo confirman.

Ahora bien, si en vez de concebir las traducciones argentinas del inglés y del francés como hegemónicas y paradigmáticas nos detuviéramos a pensar aquello que deriva del contacto de nuestra literatura con otras lenguas, obtendríamos nuevas perspectivas y cuestiones. Dada mi limitado conocimiento, querría ilustrar sólo algunos fenómenos que resultan del contacto entre la literatura italiana con las tradición traductora de nuestro país.

Insisto, todavía no existe una historia de la traducción en la Argentina, pero si existiera, debería organizarse por "casos", y debería tener en cuenta esas otras empresas no tan marginales que los argentinos emprendieron más allá de las literaturas inglesa y francesa. Los "casos" son simplemente los distintos modos de haber entendido y ejecutado la práctica de traducción.

LA TRADUCCIÓN POLÍTICA

Los románticos, se sabe, abrazaron la idea de la traducción como gesto iluminista, como arma capaz de borrar las fronteras y de universalizar las ideas fundacionales de la modernidad. En la Argentina, la traducción de las tragedias de Alfieri o de las novelas de Foscolo y Manzoni significó dar a conocer la catástrofe italiana, especular de la argentina, en cuanto naciones en busca de una auténtica libertad. La apropiación política de esos textos claves de la literatura italiana del siglo XIX fue fundamental también para la generación del 80, que vio a Italia no como nación-modelo, sino como nación-hermana. Quizás éste sea uno de los motivos por los cuales los lectores argentinos de hoy siguen leyendo las grandes obras inglesas y francesas del siglo XIX como obras "maestras" de mundos acabados, pero desconocen en general esas obras italianas. Porque fue su circulación en traducciones políticas, demasiado apegadas a las urgencias históricas de nuestro país, la que no permitió ni siquiera entrever los motivos por los que esas mismas obras son imprescindibles en Italia: su innovación formal y su grandiosa experimentación lingüística.

No será la primera ni la última vez que los textos italianos entrarán por la puerta de la política (Gramsci, por mencionar el caso más importante del siglo XX), para desatender la imponente grandeza estética de sus escritos.

LA TRADUCCIÓN DEMIÚRGICA

La traducción de La Divina Comedia , hecha por Bartolomé Mitre, sufrió los embates violentos de los irreverentes jovencitos reunidos en torno a la revista Martín Fierro , allá por los años veinte. Desde entonces, la versión del poema dantesco ha sido injustamente olvidada o denigrada. Sin embargo, la traducción de Mitre ha tenido un rol imprescindible en nuestro país, nos guste o no nos guste su versión. ¿Por qué? Porque al cabo de largos años de trabajo, que van desde 1891 hasta 1897, considera su propia versión a la par del original. Es más, antepone al texto una "Teoría del traductor" e incluye cientos de notas a la traducción (y no al texto). Todo eso implica que estamos leyendo La Divina Comedia de Mitre, más que la de Dante.

Traducción demiúrgica significa que el traductor se sobrepone al autor. Porque si éste construye y crea, el segundo se sumerge y penetra en el misterio de la creación.

LA TRADUCCIÓN POR IDENTIFICACIÓN

"La tarea del escritor no es imaginar sino percibir", sentenció Proust. Propongo que el predicado se aplique plenamente a la tarea del traductor. "Un traductor debe primeramente perder y luego recuperar su propia identidad", afirmaba Elsa Gress, escritora danesa, en ese precioso volumen sobre la traducción que la revista Sur publicó en 1977. La Argentina ofrece muchos casos de escritores abocados a la percepción sutil de una obra imaginada por otro. La llamaré traducción por identificación. A tal punto que un traductor de este tipo sufre una especie de ensimismamiento y apropiación de una identidad ajena, cuyo síntoma final consiste en transformarse en álter ego del autor. Permítaseme contar una anécdota curiosa. Cuando en 1997 traduje junto con Carlos Ripso una antología de Montale, no preví que esa acción, efectivamente audaz y osada, despertaría las justas sospechas de Horacio Armani, el famoso traductor de Montale en la Argentina. Nuestra operación no guardaba ningún rencor contra aquel texto excelente que había circulado y sigue circulando notablemente en nuestro país. Armani, sin embargo, no concebía que existieran dos versiones simultáneas. La paradoja -lo descubro después de años- es que muchas veces la nueva identidad del traductor es tan perfecta que termina por velar la del escritor mismo, y no viceversa.

LA TRADUCCIÓN QUE DA VOZ

En aquel número inolvidable de Sur , tres textos subyacen a las discusiones de los latinoamericanos que participaron del volumen: la famosa diatriba Newman-Arnold en torno a la intraducibilidad de Homero, el artículo "Miserias y esplendores de la traducción", de Ortega y Gasset, de 1937, y el notable ensayo de Octavio Paz, Traducción: literatura y literalidad , publicado en Barcelona en 1970.

Ortega había esclarecido la diatriba acerca de la intraducibilidad de todo texto, desplazando la imagen banal de la inadecuación de los códigos retórico-semánticos de una obra clásica hacia una disquisición mucho más fina acerca de lo que una lengua manifiesta o acalla.

Cada lengua es una ecuación diferente entre manifestaciones y silencios. Cada pueblo calla unas cosas para poder decir otras. Porque todo sería indecible. De aquí la enorme dificultad de la traducción: en ella se trata de decir en un idioma precisamente lo que este idioma tiende a silenciar.

A estas alturas, habría que pensar el rol esencial que cumplieron en la dictadura argentina algunos textos de Pavese, escritos también ellos en clave durante el fascismo. La influencia de Pavese entre la generación de escritores como Piglia o Saer es notoria, pero todavía no se ha hecho hincapié en todo lo que la literatura argentina "dijo" a partir de los escritos de Pavese. O si se quiere, basta con leer muchas de las versiones de Rodolfo Alonso y Pablo Anadón para comprender cuántas más cosas dijo nuestra poesía a partir de la poesía italiana del siglo XX.

LA TRADUCCIÓN REIVINDICATIVA

Digamos que la reivindicación del estatuto de las lenguas coloniales respecto de la lengua de la madre patria acompaña los debates desde la Independencia hasta nuestros días, con las posiciones que ya conocemos, y que van de un extremo al otro.

Lo cierto es que la industria editorial de los últimos años en lengua castellana, como resulta del hermoso volumen La traducción literaria en América Latina , compilado por Gabriela Adamo, ha privilegiado la variedad ibérica a la hora de difundir textos en lenguas extranjeras. No se trata sólo de una política lingüística normativa, ciega ante un público masivo latinoamericano que tiene problemas tangibles para digerir las traducciones españolas. Con el pase de las grandes editoriales argentinas a manos españolas, se trata más bien de una cuestión de política editorial. Uno de los más espinosos es la circulación inquietante de traducciones argentinas manipuladas. Como señala Gargatagli en el volumen recién citado, "a partir de 1976, se trasladaron a España catálogos enteros de las empresas argentinas que iban desapareciendo y las traducciones nacionales pasaron a ser un inmenso borrador que podía corregirse, plagiarse, editarse, denigrarse, peninsularizarse y enviarse otra vez a la Argentina".

A este propósito resulta imperdible el ensayo de Andrés Ehrenhaus, incluido en el volumen. Argentino exiliado y radicado en España desde hace décadas, Ehrenhaus, se reconoce traductor "huésped" en la lengua de España. A las objeciones de sus connacionales por la adaptación de la propia variedad lingüística replica que, a fin de cuentas, cualquier manipulación o sumisión de la propia variedad a la normativa peninsular implica siempre un desborde, una filtración, un desangrarse de la lengua materna, que deja sus huellas y sus manchas.

Cuando en los años noventa Antonio Aliberti, poeta argentino nacido en Sicilia, concluyó sus traducciones de Leopardi, confesándome que ese enorme trabajo lo había purificado y lo había preparado para su muerte inminente, no imaginaba quizá que su versión del monumental poeta italiano nos quedaría como testimonio maravilloso de esa lengua particular que los argentinos construyeron con el aporte de los inmigrantes italianos.

LA TRADUCCIÓN COMO COMPENSACIÓN

Sin embargo, los argentinos no deberíamos olvidar tan a menudo que la lengua que hablamos tiene una larga historia, que no está hecha sólo de glorias, "el bronce de Francisco de Quevedo", según rezan los versos de Borges. En 1971, en Nueva York, el político, periodista e historiador catalán Víctor Alba (1916-2003), militante del Partido Comunista español, preso por el franquismo en Alicante y luego en Barcelona, exiliado en México y luego en Estados Unidos, fue invitado a participar de unas importantes jornadas sobre traducción. El original escrito de Alba, recogido por Sur , razona en torno a un tema ajeno a la cultura norteamericana, pero impelente en el caso de la lengua española: nuestra lengua ha hecho siempre las cuentas con contextos dictatoriales, dominados por el control y la censura de Estado. El traductor no ha sido indemne a los juegos acrobáticos de la lengua y a las paráfrasis disuasivas.

LA TRADUCCIÓN IDEOLÓGICA

Los años setenta fueron propicios para la ideologización de la práctica de traducción, cuyo principal problema pasó a ser la cuestión de la traducibilidad cultural. En esos años, la revista Pasado y Presente , en Córdoba, al traducir los Cuadernos de la cárcel , de Gramsci, planteó el siguiente problema: ¿hasta qué punto los postulados y las ideas relativas a la realidad italiana son traducibles en América Latina? ¿Conceptos como "hegemonía" o "intelectual orgánico" significan la misma cosa de un lado y del otro del Atlántico? El debate no era otra cosa que la traducción del propio debate que Gramsci había generado en sus Cuadernos , donde se preguntaba si las literaturas populares francesa y rusa del siglo XIX eran del todo traducibles en la Italia del mismo período. La historia de las ideas en América Latina ha sido, de por sí, una respuesta a la cuestión.

LA TRADUCCIÓN COMO EXPERIMENTACIÓN

Patricia Willson, en La Constelación del Sur , ha trazado un panorama de las traducciones argentinas del grupo Sur, analizando las soluciones de Victoria Ocampo, José Bianco y Jorges Luis Borges. De las innumerables intuiciones críticas de la ensayista, rescato aquí una en particular: la idea de que la traducción fue y es en la Argentina un laboratorio estilístico, cuyo ejercicio de reescritura traductiva termina por filtrarse en las obras.

A los tres modelos que Willson propone, yo les sumaría las soberbias interpretaciones de Enrique Pezzoni de algunos textos italianos, que no han recibido hasta ahora la misma atención que sus textos críticos. Porque no habría que olvidar la bella metáfora de Jaime Rest en su ensayo "Reflexiones de un traductor":

El texto original es siempre una partitura que atesora en su silencio la forma ideal de la composición: el traductor no en vano es un intérprete, un ejecutante de la partitura.

LA TRADUCCIÓN COMO SAQUEO

He dejado deliberadamente para el final la visión de la traducción como saqueo, idea que Borges ha injertado en nuestra cultura. Para Ricardo Piglia, el germen de las ideas borgeanas se halla en la traducción desviada del epígrafe " On ne tue point les idées " del Facundo , que Sarmiento atribuye equívocamente a Fortoul en vez de Diderot, y que traduce "mal" en la edición de 1845: "A los hombres se los degüella, a las ideas no". Allí estaría la vocación apócrifa de nuestra literatura.

Las distintas posiciones de Borges en torno a la traducción han sido analizadas puntualmente por Sergio Waisman. Así, la célebre frase de Borges "el concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio", hoy incluida en Discusión , lo llevó a afirmar que "la superstición de la inferioridad de las traducciones -amonedada en el consabido adagio italiano- procede de una distraída experiencia". Éstos serían los corolarios que conducen a la idea de traducción como falsificación, distorsión, desdoblamiento, apropiación, saqueo. Al final de su carrera, en "El oficio de traducir", en 1975, Borges afirma -expandiendo aún más las infinitas posibilidades de la traducción- que ésta no es sino una forma de "sentir el universo".

Si Borges se apropió de una gran cantidad de textos escritos en otras lenguas, será útil saber que en 1965 se negó a aceptar la invitación de los intelectuales latinoamericanos a traducir La Divina Comedia . Claudia Fernández Greco, estudiosa de la Universidad de Buenos Aires, está llevando a cabo un análisis titánico de las traducciones de Dante en la Argentina y acaba de aportar una interesante interpretación de esa negativa. Porque una literatura está hecha también de textos que nunca existieron.

FINAL

En 1958, Juan Rodolfo Wilcock se encuentra en Londres, lugar que había elegido para escapar de la Argentina reducida al enfrentamiento entre peronismo y antiperonismo. Desde su exilio voluntario, escribe cartas desesperadas a Miguel Murmis, a quien había conocido y frecuentado en Buenos Aires. Y entre notas personales, agrega críptico: "Veo la Argentina como una inmensa traducción". Wilcock, el amigo íntimo de Silvina Ocampo, que se había enemistado con Victoria, deja suspendida esta idea. Creo que con esta frase Wilcock quiso subrayar que lo que más añoraba de Buenos Aires era el espíritu cosmopolita de esos años, visible en la vocación omnívora por la traducción. La suya era una consideración elegíaca de aquello que había dejado para siempre. Su destino romano, así como su pasaje deslumbrante a la literatura italiana en breves años, no hubieran sido posibles sin ese recurrente sueño argentino, que consiste ante todo en traducir.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE




IPREM se escribe con todas las letras en mayúsculas

Recomendación urgente del día
IPREM, acrónimo de indicador público de renta de efectos múltiples, se escribe con todas las letras en mayúsculas.


Sin embargo, en los medios de comunicación es habitual encontrar frases como «El Gobierno congela el Iprem y deja abierta la revisión del SMI» o «El salario mínimo subirá en torno al 0,6 % y el Iprem se congelará».

Tal como indica el Diccionario panhispánico de dudas, un acrónimo es, por un lado, el término formado por la unión de elementos de dos o más palabras (como teleñeco, de ‘televisión’ y ‘muñeco’; Mercosur, de ‘Mercado Común del Sur’), y, por otro, la sigla que se pronuncia como una palabra (OTAN).

La Ortografía de la lengua española recomienda escribir con mayúscula solo la primera letra de los acrónimos de nombres propios de más de cuatro letras (como Sareb o Fundéu); sin embargo, puesto que los índices, tasas e impuestos no se consideran nombres propios, sus acrónimos se escriben con todas las letras en mayúscula.

Así pues, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «El Gobierno congela el IPREM y deja abierta la revisión del SMI» y «El salario mínimo subirá en torno al 0,6 % y el IPREM se congelará».

Por último, conviene aclarar que, dado que no se trata de un nombre propio, cuando aparezca el desarrollo de este acrónimo, lo adecuado es escribir todas las palabras que lo componen con inicial minúscula: indicador público de renta de efectos múltiples, igual que impuesto sobre el valor añadido, a partir de IVA.
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