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segunda-feira, 7 de outubro de 2013

LA ESQUINA DEL IDIOMA

No lo dijo ella mismo, ¡sino ella misma!
El adjetivo «mismo» tiene variación de género y número. Esto indica que cuando se usa como refuerzo enfático precedido de un pronombre personal debe guardar la concordancia con este elemento.

El problema suele presentarse cuando el grupo de interlocutores está compuesto por hombres y mujeres o solo por mujeres, y ellas se incluyen en el mensaje. Así es que se producen frases erradas como «ella mismo dio las instrucciones» o «nosotras mismo aceptamos esas condiciones».

Aunque este fenómeno es de registro coloquial, hay que reflexionar en que el adjetivo «mismo» exige el género femenino o masculino y el número singular o plural dependiendo de las circunstancias del acto comunicativo: Yo misma di las instrucciones (habla una mujer). Nosotras mismas aceptamos esas condiciones (grupo femenino). Siempre tengamos fe en nosotros mismos (grupo masculino o puede incluir al mismo tiempo a hombres y mujeres).

¿Pero qué mismo es lo que dices?
Además de los usos establecidos por la mayoría de hablantes, la palabra «mismo» se emplea en el Ecuador para transmitir diferentes valores e, incluso, actitudes del interlocutor. De ahí que la pregunta «¿pero qué mismo es lo que dices? puede indicar enojo o asombro y emitir los sentidos de «concéntrate, reflexiona en lo que dices», «medita antes de hablar», «no puedo creer lo que dices», entre otros matices.

¿Y por qué se emplea «las gentes» en vez de «la gente»?
«Gente» (sin ese al final) es sustantivo colectivo que significa ‘personas’; por lo tanto, tiene implícito el rasgo de pluralidad: La gente de los pueblos ecuatorianos es trabajadora, cariñosa y hospitalaria.
Pero admite también un plural de característica expresiva que suele emplearse, igualmente, como sinónimo de ‘personas’ e incluye a los individuos que constituyen un pueblo, una muchedumbre, una nación.

Este uso especial se registra en el ámbito literario y también en algunos géneros de la prosa periodística: Había gentes de buena voluntad en todos los rincones del pueblo...

«Dizque» equivale a ‘conjetura’
Se deriva del apócope antiguo diz (de dice) y de la conjunción que = ‘dice que’.
Se usa como sustantivo con el sentido de ‘murmuración’. Como adverbio significa ‘al parecer’. Y como adjetivo se antepone a un sustantivo para indicar que el asunto en cuestión es ‘supuesto o hipotético’.

Fuentes:
Diccionario de la lengua española (2001), Diccionario panhispánico de dudas (2005) y Nueva gramática de la lengua española (2009), de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española; Diccionario de ecuatorianismos El habla del Ecuador, de Carlos Joaquín Córdova (2008).

EL LENGUAJE EN EL FÚTBOL

De inicio se decía al principio de titular


El once titular supone siempre una declaración de intenciones, un aviso del modo en que el entrenador ha planteado el partido, al ataque o a la defensiva. Por este motivo, la prensa suele llenar sus páginas con toda clase de quinielas sobre los futbolistas que jugarán de inicio cada jornada.

¿Ha notado el lector algún giro llamativo en el párrafo previo? Aun repasándolo ahora, es probable que muchos no reparen, de puro habitual, en el uso de la locución adverbial de inicio acompañando al verbo jugar.

Se emplea tan a menudo esto de jugar de inicio o salir de inicio en sustitución de al principio, desde el principio o de titular, es tan frecuente entre los periodistas deportivos que resulta al oído de lo más natural: «Ancelotti no desvela si Bale jugará de inicio», «En punta podrían salir de inicio Stuani (1 gol) y Sergio García (2 goles)», «Décimo triunfo seguido del Atleti, que arrolló de inicio y sufrió al final»…

Sin embargo, no por reiterativo resulta menos curioso que en España —no tanto en América— se trate de un uso restringido a un ámbito concreto, característico sobre todo del lenguaje deportivo. Desde luego, en otros contextos, cuando se quiere expresar que algo sucede desde el principio o al principio, se tiende a recurrir justo a estas variantes u otras similares, no a de inicio.

Así, una persona puede causarnos una buena impresión inicial o caernos bien de primeras; es posible que congeniemos con ella al instante o hacer migas desde el saludo de presentación. Como se prefiera. Ahora bien, como esa persona afirme que simpatiza de inicio con nosotros, sin duda pasará lo que le ocurre al jugador que cabecea un balón pegado al larguero: que choca.

Y ya metidos en quebraderos de cabeza, no está de más preguntarse a qué se deberá que de inicio triunfe tanto cuando el español ya contaba años ha con la locución en desuso de comienzo. Con ser una mera cábala, acaso haya influido la ubicuidad de los ordenadores personales, todos ellos con su botón de Inicio en las pantallas dándonos los buenos días, así como con sus recomendaciones de reiniciar el equipo cada vez que se instala un programa o se completa una actualización.

De un modo u otro, coincidencia temporal o auténtica relación causa-efecto, lo cierto es que, antes de esta era digital, iniciar apuntaba singularmente —además de equivaler a empezar— a una primera experiencia vital: uno se inicia solo una vez en una práctica espiritual o en el sexo (a partir de ahí será devoción o afición) y en muchas tribus se marcaba el paso de niño a adulto mediante determinados ritos llamados iniciáticos.

Aunque pervive, este matiz de primera experiencia va difuminándose de tanto elegir continuamente iniciar en lugar de alternar más con empezar, comenzar, principiar, debutar, estrenarse o inaugurarse, según el contexto, por no mentar el también omnipresente y ya pelmazo arrancar.

Bienvenida sea, en cualquier caso, la locución adverbial de inicio. Pese a no estar registrada aún en ninguno de los diccionarios principales de referencia, no cabe duda de que puede considerarse perfectamente válida dado su tremendo arraigo entre los futboleros. Confiemos, esto sí, en que tamaña invasión de iniciar no termine por conquistar todo el idioma. El español es un bien común perteneciente a sus usuarios. Que así siga ocurriendo es cuestión de principios, no de inicios.

Como siempre, la RAE contra el resto del mundo

Por Graciela Melgarejo | LA NACION
Twitter: @gramelgar | Mail: lineadirecta@lanacion.com.ar |


Siempre estamos un poco más cerca de la verdad cada día. Específicamente, nos estamos refiriendo al español y a sus hablantes. Según la agencia de noticias EFE, en un artículo del 29/9, don Víctor García de la Concha, que fue director de la RAE durante doce años y ahora dirige el Instituto Cervantes, "ha cifrado en 528 millones el número de personas que habla castellano, gracias a Hispanoamérica, cifra significativa para colocar el idioma como segunda lengua franca, unido a la presencia en Internet o a que se la considera lengua de trabajo".

De ahora en adelante, y por un tiempito, podremos decir con bastante precisión que hay 528 millones de hispanohablantes, con sus más y sus menos, obviamente. ¿Por qué? Porque hay muchos de esos 528 millones que tienen enormes reparos con respecto a cómo habla y escribe el español todo el resto. Pruebas al canto: el 21/9, por ejemplo, el escritor vasco Fernando Aramburu publicó en Babelia un divertido artículo, "Pequeña magnitud" ( http://bit.ly/159LetW ), una especie de rosario de ingeniosos aforismos. El primero era: "Es admirable la fortaleza de la lengua española. Ha logrado sobrevivir al trato diario que le dispensan los españoles".

No es el único que se queja. También Javier Marías, que es además miembro de la Real Academia Española, escribía en El País Semanal , el 22/9, un artículo, "Rendición incondicional" ( http://bit.ly/19n6m3m ), en el que hablaba de las "incontables barbaridades" que admite hoy la RAE "porque los hablantes las emplean" y remataba así su pensamiento: "Quienes consultan el Diccionario no se fijan en si hay una marca tras cada vocablo, menos aún en si indica «vulgar» o «desaconsejable». Sólo reparan en que el vocablo o la expresión en cuestión «están en el DRAE », y por lo tanto sancionados por él como correctos". [Marías sigue usando la tilde para sólo cuando es adverbio, y así demostrar cuán contrario es él a la norma académica que la elimina en todos los casos.]

Javier Marías es español, asertivo y arbitrario. Sin embargo, aunque con enormes diferencias, no está solo en esto de juzgar severamente a la RAE. El 17/9, en el diario argentino Página 12 , se publicó un interesantísimo y largo artículo, una suerte de manifiesto, "Por una soberanía idiomática" ( http://bit.ly/1gaWIlF ), firmado por numerosos narradores, poetas y ensayistas locales, en el que se plantea "la necesidad perentoria de establecer una corriente de acción latinoamericana que recoja la pregunta por la soberanía lingüística como pregunta crucial de la época". Aunque los firmantes aceptan que ahora el lema de la RAE (y de las 21 hermanas de la lengua) no es más "Limpia, fija y da esplendor", sino "Unidad en la diversidad", comprueban que todavía la RAE "define políticas explícitas en la conformación de diccionarios, gramáticas y ortografías", por lo que "el matiz de «diversidad» que propone termina perdiéndose en el marco de decisiones normativas y reguladoras que responden a su tradicional espíritu centralista".

En fin, hay un viejo refrán que dice: "Roma no se hizo en un día". La RAE está cumpliendo gloriosos 300 años, y nada impide discutir, entre todos, cómo debemos entendernos mejor 528 millones de hablantes con un código común.

EL IDIOMA ESPAÑOL






Buscan que el español sea el segundo idioma en el mundo

Esa es la meta de la Real Academia Española y el Instituto Cervantes. Aseguran que 528 millones de personas lo hablan. "Depende mucho de Estados Unidos", aseguraron

La Real Academia Española y el Instituto Cervantes quieren que el español sea el segundo idioma en el mundo, según expresaron sus directores José Manuel Blecua y Víctor García de la Concha.


El debate surgió en el encuentro de literatura y arte llamado "Hay Festival" en Segovia, España. Según el director del Instituto Cervantes, son 528 millones las personas que hablan castellano en todo el mundo.

"Estamos en una situación no definitiva para poder consolidarnos como segunda lengua internacional, aspecto que se juega en Estados Unidos, donde habrá 100 millones de hispanohablantes en el 2050", dijo el director.

Para consolidar el idioma en el país del norte, los trabajos del Cervantes se están centrando en la creación de un centro en Harvard y de un Observatorio del Español en Estados Unidos.

García de la Concha aseguró que en Brasil los ocho centros del Cervantes están "a rebosar", ya que el español se ofrece como segunda lengua opcional, y que se necesitan más de 20 mil profesores para poder cubrir la demanda, con más de 30 mil alumnos en el aula virtual.

A pesar del auge del idioma, los directores de ambas instituciones reconocen que el número de páginas del ámbito científico en la red es mínimo, y también, hasta el momento, su reconocimiento internacional.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE



bío se escribe con tilde

Recomendación urgente del día

El término bío, utilizado para denominar los alimentos procedentes de la agricultura o la ganadería ecológicas, procede del elemento compositivo bio-, pero ha pasado ya a utilizarse como un sustantivo que ha de escribrirse con tilde en la i por ser un bisílabo ortográfico.


Sin embargo, en los medios de comunicación —y, en general, en todos los ámbitos— tiende a escribirse sin tilde, como si fuera una palabra monosílaba: «Los alimentos bio, protagonistas esta semana» o «Los productos bio florecen en plena crisis».

No suele utilizarse en plural porque se emplea casi exclusivamente en aposición, complementando a otro sustantivo (productos bío), pero si aparece en otros contextos debería recurrirse al plural regular bíos: «Encontrará los bíos en el tercer pasillo».

Bío se utiliza también en el entorno de internet como acortamiento de biografía: «Cómo mejorar tu bío en Twitter». En ninguna de sus acepciones es necesario el empleo de resaltes tipográficos, de modo que lo recomendable es escribirlo siempre en redonda, sin comillas.
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