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sábado, 5 de outubro de 2013

HACKER






Hacker, esa palabra que siempre usamos mal
Por Ariel Torres | LA NACION - Buenos Aires
Twitter: @arieltorres

¿Qué es algo nimio? Algo pequeño, sin importancia. Nada, una nimiedad. ¿Cierto?

Falso. O, al menos, era falso hasta mediados del siglo XVIII. No sólo falso. Era lo opuesto.

Nimio viene del latín nimius, que quería decir excesivo, desmesurado.

Aunque el Diccionario de la Real Academia menciona, todavía, el sentido original en la segunda acepción de la palabra, en algún momento, hace más de 2 siglos, su significado, simplemente, se invirtió. Una secuencia de hechos fortuitos y, se supone, interpretaciones incorrectas convirtieron la altiva nimio en algo insignificante, sin importancia. Tal vez por su parecido con la palabra miniatura.

Algo semejante estamos observando ahora, en vivo, en tiempo real, con la palabra hacker . Se la usa como sinónimo de pirata informático o equivalente. Y los hackers no sólo no eran, en su origen, delincuentes informáticos, sino que ni siquiera tenían relación con las computadoras.

ÉRAMOS TAN JÓVENES

Para los que llevamos muchos años involucrados con las tecnologías digitales, que llamen hacker al sujeto que se roba números de tarjetas de crédito invadiendo un sistema informático es un oprobio. Peor aún, carece por completo de sentido.

Un hacker , en nuestro diccionario mental, es un sujeto que sabe todo sobre cuestiones informáticas y encima se las arregla para mejorarlas. Esas mejoras se llaman hacks. Hackear algo, para mí, no significa ni por asomo quebrantarlo. Significa perfeccionarlo, incluso completarlo y, en una medida no menor, también embellecerlo.

Hackear puede ser también meterse en un sistema, ¡pero no para dañar o robar! Es que el hacker no soporta las cosas mal hechas. Si el sistema es vulnerable, se meterá para demostrarlo y comunicárselo al administrador. Aunque no tenga autorización para hacerlo. O precisamente por eso.

Ahora, nos guste o no a los veteranos, la palabra ha ido mutando. Esa transformación no comenzó en la Argentina y no tiene mayor sentido inculpar a los periodistas por usar el término en un sentido del que se impregnó hace ya más de 20 años. Si buscan hacker en la Wikipedia verán al menos tres apartados para cubrir su actual diversidad semántica.

QUEDA ESCRITO

Además, el periodismo tiene sus propias reglas y urgencias. Desde ese punto de vista, la palabra hacker ofrece un número de atractivos.

Primero, en español suena muy bien, es muy potente. El término correcto para hablar de un delincuente informático es cracker , pero entre una palabra que suena a galletitas (en inglés, cracker es un tipo de galleta salada) y otra que suena a poner en jaque, no hay nada que pensar. Usamos hacker .

Pero hay algo más. Los manuales técnicos no sólo deben, sino que además pueden usar el término correcto 96 veces en una carilla. La redundancia no es un problema. Un artículo periodístico es otra clase de criatura. La redundancia está prohibida, punto. Si no la arregla el redactor, lo hará el editor, y si el editor no la vio, el corrector la enmendará.

Dicho fácil: huimos de la redundancia como de la peste y, la verdad, no hay 100.000 formas de resolver el intríngulis. Hay una sola: sinónimos y circunloquios.

Cerebro electrónico es un caso típico. Decime qué tiene de cerebro un microprocesador. Nada.

Sí, hace cuentas y eso, pero las neuronas funcionan de una manera muy diferente de los transistores. Nunca vas a ver el humor de un microprocesador alterarse debido a una hormona, vamos.

Pero qué ocurre. Si sólo usamos el término correcto (microprocesador) llega un punto, más o menos en el segundo párrafo, en que el lector abandona el texto, fastidiado. No podemos exagerar con CPU (Central Processing Unit), porque las siglas son poco amigables, excepto cuando de tan usadas equivalen a palabras, como ONU o AFA. Si abusás con las siglas, la nota empieza a sonar como el manual de vuelo de un Boeing 747.

Entonces, desesperados, echamos mano del término chip. Pero ya no está tan bien, porque hay muchas clases de chips, y no todos son microprocesadores. Pero bueno, sale.

Nueva idea: acortamos y decimos micro o procesador . Cualquier cosa con tal de no caer en la redundancia. Pero tampoco alcanza, y entonces empleamos la frase cerebro electrónico. No está tan mal. Después de todo la CPU hace cosas que nosotros hacemos con el cerebro.

Con hacker pasa algo semejante. Podremos poner delincuente informático una vez. Dos. Tres. Pero más tarde o más temprano el redactor necesita otra cosa, y la palabra hacker , como dije, es demasiado tentadora.

Ah, y todavía queda un asunto. Los verbos.

Los verbos y las nuevas tecnologías se maridan de formas extravagantes. ¿Cómo se dice invadir un sistema informático de forma remota utilizando herramientas de software que explotan vulnerabilidades -o tal vez un acceso no autorizado concedido por un empleado infiel- con el fin de robarse información reservada, contraseñas o dinero? Ocurre que no hay un verbo para eso. Bueno, sí, lo hay: hackear. Nos guste o no, por otra larga secuencia de hechos fortuitos y malas interpretaciones, llegamos a que hackear es hacer todo lo que dice arriba. Y mucho más.

Hackear también es desactivar un sitio mediante un ataque DDOS; robar una cuenta de correo electrónico; intervenir el hardware de un punto de ventas para robar números de tarjeta de crédito y otras 6 o 7 millones de cosas más.

En total, la magnitud semántica de este verbo es exorbitante. Evitarlo resulta por completo imposible.

Hace unas semanas, cuando hubo un robo informático más o menos sonado, varios administradores de sistemas se quejaban amargamente de la ignorancia de los medios al usar la palabra hacker en el sentido de alguien que invade y roba. Saben que los comprendo, pero la acusación es injusta. Lo que ocurre -y a mí tampoco me complace- es que una palabra se encuentra mutando; ha ocurrido otras veces en la historia de los lenguajes y el proceso es generalmente irreversible. Basta ver el título de esta nota en el muy respetado sitio The Register.

TRENCITOS Y COMPUTADORAS

Nos queda el consuelo, sin embargo, de que la palabra hacker tiene una historia tan polifónica como su semántica.

Según Brian Harvey, de la Universidad de California en Berkeley, en la década del 60 ya estaba bien instalada en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) para distinguir a los alumnos diligentes, a los que se llamaba tools (herramientas), de los que faltaban a clase y se pasaban la noche de juerga (conocidos como hacks). El texto completo, en inglés, pero imperdible, aquí.

Los hacks del MIT no eran exactamente vagos. Eran más bien excesivamente curiosos y poco apegados a las reglas, un rasgo que cualquier universidad decente valora; de esos grupos suelen salir los que descuellan. Las juergas nocturnas, además, no tenían que ver con embriagarse y frecuentar tugurios de mala muerte, sino con investigar lugares que no estaba permitido visitar (¿les suena?) y, eventualmente, crear instalaciones bromistas (también llamadas hacks) que ocupan un lugar destacado en la cultura del MIT.

Como explica Harvey, para considerarse un hack era también menester profesar un hobby. El ferromodelismo era uno de los más populares. Hola, Sheldon.

Cuando aparecieron las computadoras fue amor a primera vista. ¡Había tanto por perfeccionar, tanto código por escribir, nuevas formas de cablear, de diseñar circuitos! Las tecnologías digitales incorporaron el gen hacker en su ADN desde el principio. Otra que trencitos, las computadoras y las redes eran el paraíso de los hackers .

Creo que tiene razón Harvey cuando dice que un hacker es ante todo un esteta, en el sentido griego del término, el de experiencia (de allí viene la palabra anestesia). El hacker no se plantea mejorar el mundo desde un punto de vista moral o ético. Lo que se propone es que funcione mejor, que la experiencia del mundo sea mejor. Ni el dinero ni la intención de hacer daño figuran entre sus móviles. Diré más: pocas personas tienden a ser tan benévolas como un hacker . Su manía es que las cosas marchen bien. ¿Qué puede haber de malo en eso?

Y LLEGARON LOS PIRATAS

En algún momento entre mediados de la década del 80 y principios de la del 90, cuando la cultura hacker empezó a aparecer en los medios, de la mano de la popularización de las PC, metió la cola la ética y la palabra hacker se asoció a los asuntos de la seguridad informática. No porque sí.

El 2 de noviembre de 1988, Robert Tappan Morris, estudiante del (adiviná) MIT, quiso hacerse una idea del tamaño de la recién nacida Internet y lanzó uno de los primeros gusanos informáticos de la historia, conocido como gusano Morris (Morris worm). No tenía la intención de hacer daño, según declaró, pero explotaba varias vulnerabilidades de Unix (el sistema dominante en esa época). Además, cometió un error de programación. Un error fatal.

En las 99 líneas de código del programa no había ninguna que verificara si en la siguiente máquina por infectar no había ya un gusano Morris corriendo. Por razones obvias el experimento se convirtió en epidemia y al menos el 10% de las computadoras que constituían la Internet de entonces (unas 60.000) se infectó. Saturadas sus memorias con copias del Morris, las máquinas dejaron de funcionar. El incidente fue tan grave que motivó la creación del Computer Emergency Response Team (CERT) , y Robert Morris fue el primer caso de una sentencia firme por fraude informático.

De modo que un estudiante del MIT, ese lugar lleno de hackers , había causado la primera epidemia electrónica de que se tenga memoria. No se necesitó mucho más para que hackear rotara al cuadrante peyorativo y para vincular hacker con alguien que se pasa todo el día frente a una computadora comiendo pizza, tomando gaseosas y tratando de invadir sistemas.

Una mala interpretación del significado original, pero bueno, "los hackers son los que andan en eso de las computadoras, ¿no?" Ese, me imagino, fue el proceso mental que disparó la mutación semántica. En 1988 pocas personas sabían de qué se trataba eso de la informática; Internet ni siquiera era de acceso público. Eran cosas de hacker . Los medios no hicieron sino reflejar el espíritu de los tiempos y la bella y bondadosa palabra hacker se convirtió en sinónimo de vandalismo. Una pena, pero no fue lo único. También la sociedad despertaba a un hecho abrumador: los hackers poseían un poder notable, casi mágico. Eso suele dar miedo.

En 1991 el tufillo ilegal ya estaba instalado en el significado de la palabra hacker . Ese año, por ejemplo, salió un libro titulado Cyberpunk: forajidos y hackers en la frontera informática, de Katie Hafner y John Markoff, ambos de The New York Times. Morris es uno de los tres personajes retratados. Los otros dos son Kevin Mitnick y Hans Heinrich Hübner, del Chaos Computer Club de Hamburgo.

En 1995 se estrena la película Hackers , un ejercicio en estereotipos espantoso (Rotten Tomatoes le da un 34 por ciento), pero sintomático: la película hizo foco en la lucha entre hackers buenos y hackers malos, con lo que terminó de clavar a la espalda de la palabra hacker el componente ético.

***

Sé que las palabras significan lo que las personas quieren que signifiquen. Por eso (o a pesar de eso) seguiré evitando usar hacker como sinónimo de delincuente. Tanto como pueda, digamos. No es fácil. Y lo haré por respeto a los miles de hackers que nos han dado desde Linux hasta la Internet y porque, para mí, la palabra es sinónimo de otra cosa. Es sinónimo de inteligencia..

LA LENGUA VIVA

La jerga de los porcentajes
Amando de Miguel


El lenguaje público (y no digamos el sociológico) se ve acometido de la jerga numérica, y más específicamente de los porcentajes. El porcentaje no es más que una proporción: "Una parte es al todo como x es a 100". Es decir, los porcientos numéricos no son más que una condensación de palabras. Sin embargo se manejan muy mal. Veamos algunas ilustraciones.

En un telediario reciente oí (no solo escuché) este titular: "La cifra de muertos en accidente de tráfico ha sido el año pasado la más baja de toda nuestra historia". Ese enunciado es un disparate. Habría sido más preciso decir algo así: “El número de muertos en accidentes de tráfico, con relación al número de vehículos automóviles, ha sido el más bajo desde que se tienen cálculos”. Naturalmente, esa frase habría que apoyarla con el porcentaje correspondiente, aunque podría ser mejor por cien mil vehículos.

Ahora se ha puesto de moda lo de los "puntos básicos". No se sabe bien lo que quiere decir. Sospecho que equivale más o menos a "puntos porcentuales", aunque a veces los multipliquen por 100. En las cotizaciones de bolsa los “puntos básicos” equivalen a lo que antes eran “enteros”. Es decir, se trata de puntos porcentuales sobre la base de la cotización anterior. En la famosa “prima de riesgo” (otro misterio) los puntos básicos son también un valor porcentual respecto a la base del bono alemán. La gran pregunta es: ¿cuáles son los puntos que no puede ser considerados como básicos?

Un error muy común es decir que, si algo que vale 5 sube a 7, "ha subido un 2%". No es así; ha subido realmente 2 sobre 5, esto es, un 40% (x = 100 · 2/5).

Es notorio que las informaciones de las piezas periodísticas están llenas de porcentajes. Dan una impresión de seriedad científica. Lógicamente la distribución de los valores de esos porcientos tendría que ser aleatoria. Es decir, se darían todos los valores, de uno a 100 más o menos con parecida incidencia. Sin embargo eso no sucede. Hay dos porcentajes que se repiten mucho más que otros y son complementarios: el 20 y el 80. La razón es simple. Los porcentajes se enuncian muchas veces para precisar la incidencia de algo. Por ejemplo, un 20% de pobres en la población o un 80% de partidarios de tal cosa. Durante siglos y milenios la humanidad contó con los dedos de la mano (a veces de las dos). El mínimo posible de los dedos de una mano es un dedo (el 20%). El máximo es cuatro dedos (el 80%). Ese redondeo viene bien para indicar que algo es un suceso llamativo, por abajo o por arriba.

En las encuestas periodísticas los porcentajes se dan muchas veces con un decimal. Eso es una falsa precisión y hasta un timo estadístico. El margen de error estadístico de una buena encuesta no suele alejarse mucho del ± 2%. Un suponer. En una encuesta bien hecha se puede decir que una respuesta la suscriben el 17,2% de los españoles. Pero eso equivale a asegurar que la respuesta está entre el 15 y el 19%. Por tanto, bastará con redondear al 17%. No se fíen nunca de las encuestas que proporcionan un decimal a los porcentajes (y no digamos dos decimales).

Los porcentajes con decimales se deben emplear cuando las variaciones esperadas son pequeñas. Por ejemplo, para medir la fiebre está bien que digamos los grados (de cero a 100) con un decimal (las "décimas"). La razón es que la temperatura del cuerpo humano oscila entre 36 y 42 grados centígrados. Pero resulta irrelevante si decimos que la economía va bien si el paro baja del 27,0 al 26,8% de la población activa. Esas décimas son poco válidas, entre otras cosas porque la medición de la tasa de paro se presta a muchos errores.

LA LENGUA VIVA








Juan Linz: un hombre para todas las estaciones
Amando de Miguel


Se nos apagó la intensa vida de Juan José Linz Storch de Gracia (JJL). El animal heráldico de su familia materna es la cigüeña (Storch), un ave viajera, de querencia urbana y costumbres monogámicas. JJL ha sido el sociólogo español más influyente de todos los tiempos. Probablemente no haya otro sociólogo en el mundo con tantos discípulos realmente productivos, residentes en docenas de países. La Sociología de JJL es ante todo comparada. Solía decir el hombre que "para entender un país (España) hay que entender otros varios". Su ventaja inicial fue la doble titulación española en Derecho y Ciencias Políticas. En los Estados Unidos se puede estudiar "Ciencia Política" en singular, lo que supone un exceso de especialización no siempre agradecida.

El género preferido de los escritos de JJL no es el libro propiamente dicho, ni el artículo, ni la conferencia. Lo suyo es el paper con su peculiar estilo: un texto exhaustivo de datos y sugerente de hipótesis. Realmente habría que traducirlo por monografía. Puede ser un capítulo de un libro colectivo o una comunicación en un congreso. Me siento orgulloso de haber sido el coautor con mi maestro de una veintena de esas monografías. Son muchos los asuntos que tocó JJL. Lo más sustantivo fue su esfuerzo por entender la España de la época franquista y, a partir de ahí, los que denominó "regímenes autoritarios" que por el mundo son. La distinción suya (analizada con datos) entre los regímenes totalitarios y autoritarios es ya clásica en el mundo académico.

Personalmente, debo reconocer que JJL ha sido la persona que más influido en mi dedicación profesional. Si nos atenemos a la cronología, paso por ser su discípulo más añoso, aunque puede también que el más rebelde. Me contagió su entusiasmo por el trabajo investigador.

De manera más concreta, JJL me enseñó a analizar los datos de encuesta, los estadísticos y los testimonios cualitativos. Intenté aprender la lección de que la sociedad española debía comprenderse como un complejísimo prisma y no solo su faceta política. Me hizo chapuzarme en la Historia contemporánea de España, en los libros de memorias o en las novelas.

Por encima de todo, el magisterio de JJL consistió en desarrollar una actitud de integridad ética ante la vida pública e intelectual. El modelo podría ser Max Weber o Tomás Moro. Me viene a la memoria la obra de teatro de Robert Bolt A Man for all Seasons, el éxito de Broadway en los primeros años 60. Mi mujer y yo fuimos con Juan a ver esa obra, que luego se convertiría en película igualmente famosa. No quisiera que esta página de homenaje al maestro cediera demasiado a la nostalgia. Baste decir que la imagen del científico social que representa JJL hay que completarla con ese lado de una persona con una sorprendente sensibilidad artística. Durante muchos años Juan J. Linz y su mujer, Rocío de Terán, han sido una especie de embajadores culturales de España en los Estados Unidos. Son legión los estudiantes españoles que se han beneficiado de ese patrocinio.

HONDURAS





En Honduras ya se habla en portugués
04/10/2013 05.19Redaccion:Luis Licona


Esta fue la camiseta que usó el seleccionador Luis Suárez este viernes.

El entrenador de la Selección de Honduras, Luis Fernando Suárez continúa con sus palabras de aliento a la afición y a sus jugadores, solo que este viernes sumó un mensaje en portugués, el idioma que se habla en Brasil, sede del Mundial en 2014.
El técnico de la Bicolor hondureño se presentó a la práctica de este viernes con un mensaje en la parte trasera de la camiseta que en español significa: "La unión es nuestra fortaleza".
Mientras en la parte frontal y abajo de la H, la palabra motivacional fue "Corazón".
El combinado nacional siguió esta tarde con sus entrenamientos en el estadio Olimpico a la espera de los demás legionarios que se sumarán este fin de semana. Solamente Víctor Bernárdez y Marvin Chávez fueron liberados por su equipo , San José Earthquakes, para que se integraran a la concentración desde el lunes anterior.
"Entre el domingo y lunes llegan 12 jugadores y el martes esperamos entrenar con todo el grupo" , anunció Gerardo Ramos, gerente de la Selección.

ALAJUELA










Diario Extra
Los superdefensores del idioma andan por Alajuela
Pele el ojo como escribe porque lo pueden boletear


Este grupo está conformado por doña Flora Jara, Annie Brenes y Marco Crisanto Brenes, quienes conformaron la Comisión Alajuelense de Defensa del Idioma Español que está estipulada en la Ley Número 7623.
Una de las peleas más grandes que han dado como grupo es sobre el letrero donde se lee Alajuela con “a” minúscula, pese a ser un nombre propio, al parecer ganaron la lucha y esta va a ser cambiada. titulo_noticia Doña Flora Jara, Annie Brenes y Marco Crisanto Brenes conforman la Comisión Alajuelense de Defensa del Idioma Español. titulo_noticia Una de las peleas más grandes que han dado como grupo es sobre el letrero donde se lee Alajuela con “a” minúscula, pese a ser un nombre propio, al parecer ganaron la lucha y esta va a ser cambiada. titulo_noticia Doña Flora Jara, Annie Brenes y Marco Crisanto Brenes conforman la Comisión Alajuelense de Defensa del Idioma Español.

Si usted vive en Alajuela y tiene un letrero en su casa u oficina, o está entre sus planes colocar uno, pellízquese a escribir correctamente porque de lo contrario le caerán los superdefensores del idioma y le podrían hacer una boleta.

Este grupo está conformado por doña Flora Jara, Annie Brenes y Marco Crisanto Brenes, quienes conformaron la Comisión Alajuelense de Defensa del Idioma Español que está estipulada en la Ley Número 7623.

Ellos tienen como misión fortalecer el uso del idioma español, pero de una manera adecuada, por eso es que su imagen es una manguita la cual representa a la provincia y las cientos de maestras que velan porque sus estudiantes aprendan a escribir y hablar correctamente.

CONFORMADOS POR LEY

Algunos pensarán que este grupo se conformó para andar corrigiendo los errores de los demás solo por gusto, pero no es así, pues existe una ley que obliga a cada uno municipio a contar con una comisión de este tipo.

Pero lo más importante es que las personas tienen el deber de acatar las recomendaciones o exponerse a sanciones.

Por ejemplo, un error con el que se encuentran casi a diario es con respecto a las siglas de las instituciones públicas como el ice, ina, mep, pani, imn, ccss, ellos aseguran que muchas personas las escriben en minúscula cuando lo correcto es que cuando son menos de 5 vayan todas en mayúscula. Uno de los casos donde esta regla no aplica es cuando se habla de la Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica (Japdeva) pues al ser tantas letras no se deben poner en mayúscula.
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