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sexta-feira, 6 de setembro de 2013

HACKER




Se cumplen 30 años de la popularización de la palabra 'hacker'
Por: REDACCIÓN TECNOLOGÍA |El Tiempo - Colombia

Newsweek empleó el término hacker en su edición del 5 de septiembre de 1983.Foto: Archivo Newsweek



El 5 de septiembre de 1983, Newsweek empleó el término 'hacker' por primera vez como un sinónimo de criminales o piratas piratas informáticos. Ningún medio masivo de comunicación había empleado el concepto de esa manera antes.
La palabra 'hacker’ fue usada por la revista cuando Neal Patrick, un adolescente de 17 años perteneciente a un grupo de fanáticos de las computadoras, apareció en la portada de la publicación.
La portada se tituló “Computer Capers” (Criminales de las computadoras, en español). El pie de foto se refería a Neil Patrick como “hacker”.
Patrick formaba parte de un grupo llamado 414s. Se trataba de un equipo de seis amigos que habían logrado romper la seguridad de varios de los sistemas computacionales más reconocidos del momento: Los Alamos National Laboratory, Sloan-Kettering Cancer Center y el Security Pacific Bank.
El equipo se encontraba conformado por jóvenes entre 16 y 22 años y les encantaba superar desafíos tecnológicos.

SOBRE LA PREPOTENCIA

Según el diccionario, la palabra prepotencia significa tener más fuerza o más poder que otros. Pero el empleo común de ese vocablo alude en cambio a su segunda acepción, que apunta al alarde de esa superioridad sobre los demás, con lo cual su uso habitual refiere casi siempre al abuso de una capacidad y no simplemente a su manifestación.

TEMAS - Editorial del diario El País - Uruguay
prepotencia - convivencia social - manifestación callejera


El prepotente, en la comprensión popular, es quien se jacta de su poder y no quien se limita a ejercitarlo, con lo cual ese individuo no obtiene la estima sino el rechazo social, porque se excede en su privilegio. Los ejemplos al respecto son múltiples, como el de un empleado que recibe un ascenso y a partir de entonces comienza a aplicar una suerte de despotismo sobre sus subordinados.

Cuando la luz roja de un semáforo detiene la marcha de un automóvil, algunos conductores se paran sobre la senda destinada a los peatones. Ocasionalmente, uno de esos transeúntes puede hacerle una observación sobre ese comportamiento incorrecto, y en Montevideo es frecuente que el automovilista responda con una frase violenta, cuando no con un insulto, mostrando uno de los múltiples ejemplos de prepotencia que puede exhibir esta sociedad. La resistencia a admitir un error propio ante un reparo ajeno, es otra de las exhibiciones de prepotencia que no es difícil encontrar diariamente en la calle.

La prepotencia es un rasgo emparentado con la intolerancia, la de no aceptar puntos de vista opuestos a los propios, ideas contrarias a las que profesa uno o fanatismos (deportivos, políticos) que no coinciden con los del prepotente. Sin darse cuenta, los uruguayos practican una intolerancia bastante más aguda de la que creen tener, ejercitando así un hábito de prepotencia que parece complacerlos, a juzgar por la sonrisa de satisfacción y el gesto de dominio con que acompañan sus desplantes.

A veces un usuario se dirige al empleado que atiende un servicio y puede quejarse de una omisión o una falta de la entidad a la que concurre, y recibe repentinamente una respuesta del dependiente que se parece más a una declaración de guerra que a una aclaración sobre sus dudas. Entonces el usuario tiene derecho a pensar que ese empleado ha sido entrenado para mostrar una hostilidad que se contradice con la función que desempeña -la de informar y servir, no la de combatir o desdeñar-, datos que incorporan a ese ejemplar al catálogo de los prepotentes criollos.

La mala educación, una formación familiar precaria, unas costumbres rudimentarias y el recuerdo de haber sido tratado desde la niñez con más violencia que afecto, inciden en la formación de un prepotente, que en lugar de saber escuchar, saber comprender las razones del otro, saber argumentar verbalmente con sensatez o inteligencia, reacciona con rudeza, con más gritos que palabras, pretendiendo aplastar al interlocutor, en lugar de convencerlo. La gradual desculturización de buena parte de esta comunidad, donde la gente cada vez lee menos, sabe menos y olvida paso a paso el arte del diálogo y de la persuasión, no es ajena a la fabricación de prepotentes, que se caracterizan por la jactancia, la pedantería, la falta de lucidez, el estrépito verbal y la broma de brocha gorda para descalificar a su oponente. Aunque los prepotentes no se den cuenta, el espectáculo que ofrecen al prójimo es desairado y vergonzoso, pero ese sesgo de su conducta forma parte inseparable de su escaso desarrollo intelectual, un campo donde la mentalidad cerril va desalojando el manejo de las ideas.

Las formas adecuadas de convivencia, los caminos para afianzar la paz social, los métodos para entenderse debidamente con los demás, las vías de la cordialidad o el buen humor que hacen la vida colectiva más grata, son reflejos de un control, una mesura, una buena voluntad, un sosiego y un respeto por los congéneres que resultan enemigos de la prepotencia, esa inclinación que puede llevar a extremos dramáticos, como en algunos episodios de sangre a la salida de un estadio deportivo, algunos estallidos de bestialidad entre grupos infiltrados en una manifestación callejera, algunos casos de violencia doméstica donde un conflicto hogareño se resuelve a través de un castigo físico o una muerte. La prepotencia, es decir el abuso de poder sobre los demás, o el alarde de la fuerza que se tiene y se emplea de la peor manera, está vinculada a toda esa tristeza.

García de Cortázar:

«Escribir una novela es adictivo, eres creador, es asombroso»
MANUEL DE LA FUENTE-MANOLHITO / MADRID

El colaborador de ABC publica su debut narrativo, «Tu rostro con la marea», un friso del primer siglo XX
BELÉN DÍAZ
Fernando García de Cortázar, este jueves durante la entrevista con ABC
Se dice que los libros de los historiadores británicos se leen tan apasionadamente como las novelas por muy prolijos que sean los vericuetos históricos de los que traten. Fernando García de Cortázar, colaborador de ABC, ha conseguido que sus obras («Los mitos de la historia de España», «Atlas de historia de España», «Historia de España desde el arte», entre otras sesenta publicaciones) gocen del favor del gran público, probablemente porque como él afirma sabe «transmitir. Los historiadores no solo debemos saber historia, sino debemos saber contarla».

Pero a García de Cortázar aún debía saberle a poco y se ha pasado a la ficción, y debuta como narrador con una novela (histórica, por supuesto), «Tu rostro con la marea» (MR), con la que ya ha obtenido el Premio Alfonso X el Sabio. Tras la pista de un personaje de excepción, Ángel Bigas, hijo de la burguesía vizcaína de principios del siglo XX, recorremos una Europa por la que ya asoman los hocicos de las alimañas del fascismo y el comunismo, la caída de los zares, la Revolución Rusa, la I Guerra Mundial, los problemas de la República española, sazonados con una historia de amor que huele a clásico de Hollywood. Un trabajo exhaustivamente documentado al que no ha sido ajena la hemeroteca de esta Casa.

–Un historiador haciendo novela histórica. ¿Por azar o por necesidad?

–Hacer ficción me da la posibilidad de aumentar la capacidad de proyección de la historia, porque yo siempre he creído que la historia debe buscar al público. Con este libro, se me ensancha esa posibilidad de que la historia llegue a todos y no solo que explique el sentido de España, algo de lo que escribo normalmente, sino también de que hable del sentimiento de España.

–La novela abarca muchos espacios y muchos tiempos. El trabajo de documentación habrá sido prolijo.

–Ha sido enorme. Aparte de lecturas, no olvide que la novela se desarrolla en numerosos escenarios, Bilbao, Madrid, Bucarest, Varsovia, Roma, San Petersburgo, Buenos Aires... No se puede ir de falsete, aparte de ver los mapas, he ido a esas ciudades, a sentirlas y vivirlas.

–Todo es escritura, pero ¿cambia mucho la forma de trabajar de un historiador a la de un novelista?

–Sí, absolutamente. Escribir una novela te obliga a preparar con minuciosidad todo lo que hay detrás: los escenarios, los personajes, los sentimientos, hasta las canciones de la época... hay que leer mucho... pero es tan rico lo que te ofrece y lo que te impone, llega a ser adictivo, y te da un poder increíble, casi de creador, porque a los personajes les haces vivir, les haces amar, les haces entristecerse, les haces morir, es algo admirable y prodigioso.

–¿Quién está más vivo realmente un personaje histórico o un personaje novelesco?

–En una novela, los personajes tienen vida, lo que no sucede en la historia, donde actúas como un entomólogo. He vivido mucho más con los personajes de mi novela que con mis personajes históricos.

–Valle-Inclán, Galdós, Pérez de Ayala, Azaña, Agustín de Foxá, Juan Ignacio y Torcuato Luca de Tena, Anna Ajmatova, Malaparte, Rafael Sánchez Mazas... son algunos de los personajes de esta novela. ¿No es peligroso mezclar realidad y ficción?

–Puede serlo, sí, pero es algo que te proporciona mucha verosimilitud. De hecho, ya hay gente que me ha llamado para preguntarme si Ángel Bigas era real, hasta lo han buscado en Internet.

–Esta novela resulta equilibrada, sin atisbos partidistas.

–Me resulta un elogio, y me ha salido innatamente. De hecho, es más equilibrada que un libro de historia. Los personajes tenían tal vida propia que no dependían de mi posibilidad de manipulación. Quería que la novela fuera un friso de las ideologías de la época, pero sin ningún sectarismo.

–No faltan en ella los perdedores...

–Suelo decir que la literatura ha tenido una tendencia natural a escribir y a tener cierta empatía con los perdedores, algo que no ha hecho la historia, y creo que eso no debe ser así, por eso escribí «Los perdedores de la historia de España». La literatura me ofrece la capacidad de llegar a ese mundo y al de los que pierden, no solo al de los que ganan.

–¿Somos tan malos conocedores de nuestra historia, casi amnésicos como suele decirse?

–Sí sobre todo las últimas generaciones. En cuanto a la gente con cierta edad tenemos un conocimiento muy atomizado, sabemos nombres, fechas, pero no vemos la historia como un largo proceso. Algo que no deja de ser normal en un país que tiene tal sobrecarga de historia, como solo lo tienen dos o tres más en todo el mundo. Hay pocas naciones con un árbol genealógico tan frondoso y tan importante como España. La historia está muy presente, otra cosa es que se manipule desde la actualidad, pero desde mi experiencia en sesenta libros he podido recoger el interés y la preocupación por nuestra historia.

–¿Qué nos falta?

–La gran asignatura de la historiografía española es llegar a todos los públicos. Todos los historiadores importantes han hecho gigantescas labores de divulgación. Si la historia es la reina de las humanidades, tiene que ser una reina bella, con emoción, con fuerza, no algo abstruso, ni un rollo esotérico. Si alguien piensa eso, la culpa es nuestra no de los lectores, porque no hemos sabido transmitir la historia, no hemos sabido contarla como la crónica de una gran aventura.

Chispitas de Lenguaje









Por Enrique R. Soriano Valencia
http://www.periodicocorreo.com.mx/opinion/120612-chispitas-de-lenguaje-del-05-de-agosto-de-2013.html

Abreviaturas y símbolos

Parecen lo mismo, pero son diferentes. El primero es un procedimiento para eliminar letras de una palabra o sílabas; el segundo es una representación (que puede ser gráfica o no) de una realidad socialmente aceptada. Además, cuando se utilizan letras (como en el caso de los elementos químicos), se diferencian de las abreviaturas en el punto: en los símbolos es ausente y en las abreviaturas, obligado.
Respecto de las abreviaturas, existe la creencia popular que siempre deben escribirse con mayúscula. Solo en las correspondientes a personas: niveles académicos (Lic. por licenciado; Arq. por arquitecto; Ing. por ingeniero) y tratamientos (Sr. por señor; Ud. por usted o D. por don) está obligada la mayúscula inicial. En todos los demás casos, se sujetan a la ortografía. Es decir, por ejemplo, si inician párrafo le corresponderá, como en los cuadros, en que la primera columna regularmente se destina a número y suele aparecer en abreviatura. Pero si ‘núm.’ se localiza en medio de un enunciado, no le corresponde: «Vivo en bulevar Díaz Ordaz núm. 18».
Lo mismo sucede en caso de los nombres propios. Por ejemplo: Dirección General de Control de Procesos, podría abreviarse como Dir. Gral. Ctrl. Proso. o también el caso de Francisco Rodríguez Hernández por Fco. Rdz. Hdz. Aunque es poco atento para la persona un documento en que se abrevie su nombres y apellidos. Es más aceptable, no obstante, cuando se trata de uno de los nombres de pila: Enrique R. Soriano Valencia.
Las abreviaturas son un convencionalismo social y, por ello, pocas están definidas internacionalmente, responden más a la costumbre de la localidad. Esa es la razón por la cual en algunos países se usa Lic. para licenciado, mientras que en otros la abreviatura es Ldo.
Cuando una abreviatura sea una sola letra y deba referirse a plural, entonces se duplicará: EE. UU. para Estados Unidos de América o FF. CC. para ferrocarriles.
Hay símbolos de distinto tipo. Por ejemplo, una paloma blanca con unas hojas de laurel es el símbolo de la paz. Pero técnica y científicamente tenemos dos tipos de símbolos: los no alfabéticos y letras. De los primeros tenemos, por ejemplo, los de las diversas monedas ($, €, £: peso, euro y libra, respectivamente); los académicos: § (párrafo) y @, por mencionar solo algunos. De los científicos y técnicos tenemos los nombres químicos (Ag, plata; Mg, magnesio; Pb, plomo) y los medida (m por metro; kg por kilogramo). Por razones de nuestra cultura, las letras que representan libros bíblicos se consideran símbolos: Gn por Génesis; Ex por Éxodo.
Es muy importante destacar que los símbolos, cuando son letras no llevan punto y tampoco llevan tilde (acento gráfico). Además, los símbolos químicos y las unidades de medida que procedan de un nombre propio deben llevar mayúscula inicial (N por newton –fuerza necesaria para generar aceleración de 1 metro por segundo a un kilogramo–). Los demás casos, deber ir en minúscula, incluso en los encabezados en que todo esté con mayúscula: AUMENTARÁ EL kg DE TORTILLA. Los símbolos técnicos y científicos siempre se deciden por acuerdos internacionales.
sorianovalencia@hotmail.com

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE



éxito de taquilla o éxito de ventas, mejor que blockbuster

Recomendación urgente del día

Las expresiones éxito de taquilla y éxito de ventas son alternativas adecuadas al anglicismo blockbuster, de acuerdo con la traducción que el Diccionario Cambridge Compact English-Spanish da de dicho término.


Además, como variantes estilísticas coloquiales, también es posible optar, según el contexto, por los términos taquillazo, exitazo y bombazo.

En los medios de comunicación, sin embargo, suele verse el uso de la voz inglesa sobre todo en las informaciones sobre cine, aunque no solo en estas: «La película podría coronarse como el blockbuster del verano»,

Las expresiones éxito de taquilla y éxito de ventas son alternativas adecuadas al anglicismo blockbuster, de acuerdo con la traducción que el Diccionario Cambridge Compact English-Spanishda de dicho término.

Además, como variantes estilísticas coloquiales, también es posible optar, según el contexto, por los términos taquillazo, exitazo y bombazo.

En los medios de comunicación, sin embargo, suele verse el uso de la voz inglesa, sobre todo en las informaciones sobre cine aunque no solo en estas: «La película podría coronarse como el blockbuster del verano», «La nueva y esperadísima película del director es todo un blockbuster» o «Este medicamento llegaría a ser un auténtico blockbuster».

Así pues, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir «La película podría coronarse como el éxito de taquilla del verano», «La nueva y esperadísima película del director es todo un taquillazo» y «Este medicamento llegaría a ser un auténtico éxito de ventas».
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