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sábado, 17 de agosto de 2013

Carácter relativo de lo “correcto” en nuestro idioma





Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni

por Róger Matus Lazo

El estándar es la variedad de la comunicación entre los diversos dialectos de una lengua. ¿Cuál es su función? Facilitar la comunicación entre los distintos hablantes de una lengua. Constituye, además, el modelo lingüístico y el marco de referencia para la corrección utilizado por todas las variedades. Es una variedad “supradialectal” –como explica Daniel Cassany en Enseñar lengua (2002)- porque “se configura paulatinamente a medida que existen comunicaciones de tipo general entre toda la comunidad lingüística”.


¿Qué rasgos caracterizan una variedad estándar?

- Un sistema de escritura que establezca las convenciones ortográficas usadas para fijar las normas comunes y estables. En español está expresado en el manual de Ortografía de la lengua española.

- Un diccionario o grupo de diccionarios estándar que registran el vocabulario con la ortografía estandarizada. Nuestro idioma cuenta con el Diccionario de la Real Academia Española.

- Una gramática prescriptiva que registra las formas, reglas y estructuras del lenguaje. El español cuenta ahora con una Gramática panhispánica, de carácter descriptivo y prescriptivo, elaborada con la participación de las 22 academias de la lengua.

- Un sistema de pronunciación estándar, considerado como “educado” o “adecuado” y exento de rasgos regionales.

- Una institución o instituciones que promueven el uso considerado aceptado por la norma culta, como la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española.

- La enseñanza escolar basada en la ortografía y la gramática estandarizadas.

La lengua estándar corresponde, en nuestro caso, a la lengua española constituida de un vocabulario y construcciones sintácticas de orden general, susceptible de ser utilizado en situaciones comunicativas diversas sin riesgo de ininteligibilidad. Todo hispanoparlante emplea la lengua estándar en la escritura, en la enseñanza del español como lengua materna y como segunda lengua, en situaciones formales y en la interacción con usuarios de otras variedades del español.

Pero la norma no funciona con criterio absoluto en una lengua. Cada variedad dialectal cuenta con una “subnorma” que emplea como criterio de uso en el país. En el Diccionario de la RAE (edición de 1989), por ejemplo, se prescribía como correcto “quechúa”, cuando en América -dueña de la palabra- se ha dicho y escrito “quechua”. Un conflicto social y político, derivado del carácter excluyente que en ese tiempo tenía la lengua estándar.

Caballo es una voz culta, derivada del latín. Pertenece al español estándar y todo mundo, en España e Hispanoamérica, entiende lo que significa “caballo”. Pero si usted recurre al concepto de “caballo” en los distintos países hispanohablantes, se dará cuenta de que cada comunidad lingüística tiene sus propias variantes populares, con un contenido semántico diferente. Por ejemplo, en Nicaragua, Costa Rica, Perú, Guatemala, Colombia, Uruguay y Argentina significa “persona bruta o estúpida”. En Cuba significa “persona que posee amplios conocimientos o habilidades para hacer algo”. En Chile, “caballo” es un adjetivo que significa “estupendo, magnífico” (lo que en Nicaragua llamamos “caballada”). En España dicen “le vi en una biblioteca”, lo cual es correcto de acuerdo con la norma española, pero no conforme a la norma de otras zonas de habla española, como en Nicaragua y otros países hispanoamericanos que dicen “lo vi”.

Debe señalarse que lo normativo no siempre coincide en todos los lugares debido a la existencia de diversas variedades lingüísticas. Dentro del territorio de dominio del español, el “seseo”, por ejemplo, es “norma culta” en Andalucía, Canarias e Hispanoamérica, pero no lo es en el habla de Castilla. En España se dice: “Ese libro es vuestro”, y en Hispanoamérica: “Ese libro es suyo”. En España y México se dice “tú” como norma culta, en Argentina “vos” y en el resto de los países “usted”.

La norma no funciona con criterio inmutable, sino que cambia a medida que evoluciona la lengua. La palabra “abogado” es un ejemplo cuyo uso se impuso con “b”, pese a que antiguamente se escribía con “v” por su raíz etimológica latina: advocatum. O el caso contrario: “maravilla” se escribe ahora con “v” y procede de la voz latina con “b” mirabilia.



* Escritor y lingüista
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