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domingo, 21 de julho de 2013

Ojo de Dios, oído del Diablo



Las revelaciones de Snowden han puesto al siglo XXI ante el espejo de sus propias aberraciones: abolición de la intimidad, apatía y sumisión. Ignorábamos que esto llegaría a ocurrir con nuestra participación activa
RAFAEL ARGULLOL en El País - España

El verano pasado fui a comprar un coche. Les ahorro los detalles automovilísticos para explicarles por qué no lo compré. A mí me preocupaba la altura del volante. El vendedor, un hombre muy atento continuamente pegado a la pantalla del ordenador, me explicó que en el modelo de coche del que estábamos hablando la altura del volante era adaptable. De repente pareció encontrar lo que buscaba en la pantalla y dijo: “Como usted mide metro ochenta y siete…”. Me quedé perplejo. Comenté: “¿Cómo sabe mi estatura?”. El hombre, al inicio, no reaccionó. Luego, por fin, sacó los ojos de la pantalla y me miró desconcertado. Se hizo el silencio. Le repetí mi pregunta. El vendedor pasó del desconcierto a la desesperación, como si no estuviese acostumbrado a este tipo de preguntas por parte de los clientes. Contestó con ansiedad, señalando a su ordenador: “Lo dice aquí”.

El resto de nuestra conversación duró 10 minutos, en los que no solo se frustró la venta de un coche sino que se aclararon algunos enigmas. Le pedí al vendedor que me dejara ver “lo que decía allí”. Alegó débilmente el carácter confidencial de aquellas informaciones, aunque se derrumbó pronto al advertir que se trataba precisamente de mi confidencialidad, y no de la de ningún otro cliente. Balbuceó que estaba avergonzado, pero que no se trataba de un asunto de su establecimiento sino de algo que procedía de la empresa multinacional de la que él era un mero empleado.

Siempre había información relacionada con hipotéticos clientes y, como todos los ciudadanos eran hipotéticos clientes, en el ordenador había información sobre todos. Me senté a su lado y leí en la pantalla las cosas que me concernían. Eran muchas, tantas que incluían una operación en la espalda a la que me había sometido años atrás. De vez en cuando interrumpía la lectura para mirar a los ojos a mi interlocutor. El hombre estaba con la frente sudada pese a que el aire acondicionado de su despacho era potente. Finalmente, harto de leer informaciones que, naturalmente, ya sabía, junto con otras que apenas recordaba, me levanté de la silla y me despedí. El vendedor se disculpó con bastante torpeza, pero creo que con sinceridad.

Tras el asesinato de Palme, Suecia alegó la importancia de preservar la privacidad de los ciudadanos
Desde el despacho en el que había estado recluido para la frustrada compra de un coche hasta la puerta de salida de la concesionaria advertí varias cámaras de vigilancia que, con toda probabilidad, habían grabado mis movimientos. Era lo mismo que ocurría en cualquier local. Me había acostumbrado, como mis conciudadanos, a que las lentes aéreas siguieran mis pasos. En esta ocasión reparaba en su presencia porque mi ánimo había sido golpeado por lo sucedido en el despacho del vendedor. Esos ojos de cristal me agredían singularmente. ¿Pero mañana me acordaría de la violencia que ejercen sobre nuestra intimidad esos centinelas omnipresentes? Seguramente mi reacción sería tan sumisa como la de los otros ciudadanos.

Hubo un tiempo en que eso producía escándalo. A la salida de la concesionaria de automóviles hacía mucho calor. De pronto me vi buscando cámaras de vigilancia y me fue fácil localizar varias en plena calle. Vino a mi memoria un acontecimiento que conmovió al mundo en mis años de estudiante: el asesinato de Olof Palme. Al primer ministro sueco, si no recordaba mal, lo mataron en una calle peatonal de Estocolmo, a la salida de un cine al que había acudido, como siempre, sin escolta. A consecuencia del magnicidio, alguien, en el Parlamento de Suecia, planteó la posibilidad de instalar unas cámaras en la calle peatonal. La inmensa mayoría se opuso. Se alegó que la primera regla de una sociedad libre era preservar la intimidad de los ciudadanos. Eran otros tiempos, me dije mientras rememoraba la figura, por tantos conceptos ejemplar, de Olof Palme. Aún no disponíamos de Internet y de teléfonos móviles. Faltaba bastante para que el atentado de las Torres Gemelas de Nueva York, en 2001, impulsara una drástica cesión de libertad a cambio de una proclamada seguridad.

Estos días me he acordado de la truncada compra de un coche el verano pasado a partir del caso Snowden. Nuestra imaginación con respecto a las posibilidades del mal es siempre muy pobre cuando la comparamos con la intensidad que el mal, en la realidad, puede alcanzar. Antes de estar en el despacho del vendedor de coches nunca habría imaginado que alguien tuviese tanta información sobre mí para conseguir algo tan banal como venderme un coche. Después de conocer el sistema de espionaje universal desvelado por Snowden, todas las tramas de control concebidas hasta ahora parecen infantiles. Ya no se espía a individuos, entidades o instituciones; se espía, y de manera global, la intimidad misma de las personas. El ojo de Dios lo ve todo; el oído del Diablo lo escucha todo. Y lo peor es que los seres humanos ya no ofrecen resistencia, sea porque se sienten impotentes, sea porque han olvidado que es propio de un ser humano que aspira a la libertad ofrecer este tipo de resistencia.

Una vez conocido el sistema de espionaje actual, todos los controles concebidos parecen infantiles
Ni Aldous Huxley ni Georges Orwell, en sus negras profecías, llegaron a una percepción de este estilo. No pudieron prever, al menos en toda su extensión, la forma ni tampoco las consecuencias sobre la naturaleza humana. Es curioso que ni ellos, ni prácticamente ningún otro escritor, fuesen capaces de intuir los instrumentos técnicos decisivos del futuro. La imaginación, aunque sea potente, es siempre pobre. El ojo avasallador del Gran Hermano estaba concebido según un modelo clásico: un Dios todopoderoso controlaría hasta el anonadamiento a los hombres, si bien, desde el siglo XX de Stalin y Hitler, ya se presuponía que en el siglo XXI ese dios no vigilaría desde el Sinaí o el Olimpo sino desde estilizados rascacielos de poder.

Pero las profecías fallaron, o no advirtieron la hondura de lo profetizado, precisamente por aplicar un modelo clásico. Ni Huxley ni Orwell podían intuir que sería el propio hombre el que pondría en pie gigantescos engranajes de control, no bajo la amenaza de los dioses o por la aplicación de ideologías totalitarias, sino por el uso aniquilador de la propia intimidad de invenciones maravillosas como Internet o la telefonía móvil. Es verdad que la sed de control por parte de los poderes es insaciable, pero lo más inquietante es la complicidad con que los ciudadanos se prestan gustosa e insensatamente a saciar aquella sed.

Las revelaciones de Snowden son demoledoras fundamentalmente porque ponen de relieve esta complicidad. Por mucha que sea la histeria acusadora contra este agente secreto que se ha convertido en delator, lo que, en el fondo, se le reprocha a Snowden es que, consciente o inconscientemente, haya puesto al siglo XXI ante el espejo de sus propias aberraciones: abolición de la intimidad, apatía, sumisión. Aunque quizá no con el celo que han demostrado Obama y Cameron, ni con la magnitud de las cifras, ya estábamos advertidos del amor al espionaje masivo de la humanidad por parte de quienes se han convertido en nuestros centinelas frente a la amenaza terrorista; lo que ignorábamos es nuestra colaboración activa en el arrasamiento de la libertad individual gracias a las conversaciones, mensajes, cartas e imágenes que cedemos a empresas sin escrúpulos para que, transformados en pura mercancía, seamos impunemente encerrados en cárceles de sospecha.

La magnitud de las cifras no ofrece dudas: toda la humanidad es sospechosa. Incluso puede extraerse una conclusión más radical: toda la humanidad es casi culpable. Por eso debe ser acechada, controlada, vigilada. No es una idea reconfortante del ser humano. Pero aún lo es menos que los propios hombres, por estulticia o por servilismo, se presten alegremente como víctimas del sacrificio.

Rafael Argullol es escritor.

FRANCISCO EN BRASIL

El Papa lanzará a América y al mundo su “evangelio social” desde Brasil
Francisco ha escogido el continente de donde salió para presentar su programa a un millón de jóvenes llegados de todo el mundo
JUAN ARIAS Río de Janeiro en El País


El pontificado del primer papa no europeo y el primero llegado de las Américas arrancará definitivamente con su viaje a Brasil, desde donde lanzará la próxima semana el programa revolucionario de su pontificado basado en el llamado “evangelio social”. Llegado a la silla de Pedro desde la periferia de la Iglesia, Francisco ha escogido el continente de donde salió para presentar su programa a un millón de jóvenes llegados de todo el mundo para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).



El Papa ha elegido el país con mayor número de católicos del mundo y que aunque está saliendo de la pobreza aún tiene las venas abiertas de una profunda desigualdad social. Desde Brasil hablará a todas las periferias abandonadas y humilladas del planeta y a todos los países emergentes que pueden caer en la tentación de poner sus riquezas en manos de los que menos las necesitan.

Amigos del Papa aseguran que la importancia que ha dado a su viaje a Brasil, donde permanecerá una semana, se debe a que desde allí desea presentar al mundo su programa de gobierno. Lo escucharán cerca de seis mil periodistas llegados desde todos los rincones del mundo.

En sus primeros cuatro meses de pontificado, Francisco ha ido mostrando con la simbología de los gestos y algunas afirmaciones clave que desea centrarse en los olvidados del planeta. Ha pedido que la Iglesia no solo se preocupe por los pobres sino que sea pobre ella misma y hasta mostró su tristeza en una visita al parque móvil de coches de lujo de los prelados del Vaticano, a los que pidió austeridad en su testimonio de vida. También ha arremetido contra las mafias anidadas en el Banco del Vaticano mientras él sigue viviendo en una habitación de hotel tras haber renunciado a los aposentos pontificios.

Francisco se ha ido despojando de los símbolos del poder que alejaron durante siglos al papa de Roma de sus los obispos de la Iglesia. Ni siquiera se ha llamado "papa" a sí mismo, solo obispo de Roma, que es lo que es. Ha criticado la “tiranía del dinero” y la “globalización de la indiferencia” hacia los que sufren.

En Brasil abrirá el resto de su caja de sorpresas y presentará la identidad de la Iglesia que él desea. Hay hasta quien apuesta que a partir de sus discursos en Brasil, el catolicismo de América Latina ya no será el mismo.

Se engañan los que han pronosticado que el papa Francisco va a Brasil y a América Latina para “frenar la avanzada de los evangélicos” en favor de los católicos, Francisco aspira a un programa para la Iglesia mucho más amplio, que sirva incluso como acicate para todas las otras confesiones religiosas, a las que pronto desea convocar a Roma.

La visión del futuro de la Iglesia que él sueña no pasa por las viejas teologías, ni siquiera por la teología de la liberación, que nació en tierras latinoamericanas como antídoto contra las injusticias sociales y que se inspiraba socialmente en las ideas de El Capital de Marx. La revolución que presentará Francisco en Brasil viene del cristianismo de hace dos mil años, del profeta Jesús que proclamó las bienaventuranzas de los pobres, de los que tienen hambre y sed de justicia, de los hacedores de paz. La teología que Francisco predicará es la del “evangelio social” del cristianismo, no ideológico sino práctico.

Hace unas semanas ya pudo escucharse de sus labios el eco de lo que será el verdadero y definitivo mensaje de su pontificado, cuando recordó en la periferia de Italia el drama de los emigrantes ilegales que arriesgan su vida en busca de trabajo. El Papa se preguntó "quién llora por ellos” en el mundo y en la Iglesia.

En la idílica playa de Copacabana, en Río de Janeiro, han organizado un vía crucis representado por artistas. Quienes conocen de cerca al papa Francisco han alertado de que bajo ese escenario casi irreal de la Pasión de Cristo, él dirá a los jóvenes cuales son las “nuevas heridas del crucificado”, las “venas aún abiertas en su carne” por las injusticias sociales que conviven con la opulencia del consumismo mundial.

Hace 15 días Francisco anticipó parte de lo que dirá en Río: “El cuerpo de tu hermano está herido porque tiene hambre, tiene sed, está desnudo, humillado, porque es un esclavo, porque está encarcelado, porque sufre en un hospital”. Y añadió: “Estas son las heridas de Jesús, hoy”. Esa quiere que sea la nueva revolución social de la Iglesia, con menos perifollos teológicos e ideológicos y más encarnada en el hermano que sufre.

El de Francisco será, según los obispos brasileños, un programa y un mensaje que servirá para creyentes y agnósticos, para todos los que dicen inspirarse en el evangelio de las bienaventuranzas y para los creyentes de cualquier dios. En ese contexto, no extraña que el Papa haya confirmado que estará al lado de los jóvenes brasileños que están saliendo a las calles a pedir más justicia social y mejor calidad de vida para todos.

Por eso, Francisco ha pedido que no quiere estar blindado en sus encuentros con la gente. Quiere poder mirarles a los ojos sin que se interpongan ni cristales antibalas ni militares armados. Ya le había dicho a su amigo, el rabino de Buenos Aires, Abraham Skorka, que él “no tiene miedo a morir”.

Por amor a Marcel Proust


Reeditan el ensayo que Samuel Beckett escribió inspirado en su colega francés. El dramaturgo irlandés supo detectar del autor de "En busca del tiempo perdido" la tensión entre la memoria voluntaria e involuntaria, entre el aburrimiento, el tedio, la costumbre y la impostura.
En "Proust", Samuel Beckett armó en 1931 un ensayo corto, compacto que es una pieza maestra de ironía y serenidad alcanzada después de mucho pensar y descartar cualquier forma de identificación con su objeto de estudio, que nunca es Proust sino el texto de Proust.
En este libro, reeditado por Tusquets, Beckett aparece no sólo como un políglota sino como un joven con una lucidez algo extraviada que le permitía leer "En busca del tiempo perdido" no como una celebración autobiográfica de su colega francés sino como un camino que tuvo que recorrer para acertar a dar con una voz propia.
Y como una manera de que ese polizón de las letras europeas despuntara su visión de las cosas después de cambiar de idioma, tomar distancia de su país, su familia y amigos de juventud.

VIAJES Y ALGO MAS

La inteligencia de Beckett nunca pierde de vista que no se trata de él sino de ese escritor al que André Gide devolvió un manuscrito que probablemente jamás haya leído.

Beckett nace en Dublin en 1906 y muere en París en 1989; estudia en la Portora Royal School y el Trinity College, y posteriormente es profesor de la Ecole Normale Supérieure de París. En esta ciudad participa en la resistencia francesa durante la segunda guerra mundial y en 1945 se instala definitivamente en ese país.

Premio Nobel de Literatura en 1969, Beckett es autor de obras de teatro como "Esperando a Godot", "Fin de partida" y "Eleutheria". Y de una trilogía de novelas excelentes: "Molloy", "El innombrable", "Malone muere".

Este texto, escrito porque sí, por amor a Proust, lo redactó de un tirón y es posterior a su primer viaje a París (cuando conoció a James Joyce) y su vuelta a Irlanda, para dar clases en el Trinity College. Jamás pudo hacerlo. Jamás soportó las camarillas. Explotó y terminó en el diván de Wilfred Bion.

Luego de dos años, dijo adiós al psicoanálisis, se dedicó a viajar, a las mujeres y al alcohol. Se cansó. Se quedó en Francia. Sabía dos cosas: tenía que cambiar de idioma y escribir.

Había escrito "Proust" y una serie de poemas. De Proust supo detectar la tensión entre la memoria voluntaria e involuntaria, entre el aburrimiento, el tedio, la costumbre y la impostura. Y cómo la interrupción de esa serie es causa de una epifanía o sorpresa, el acontecimiento que años después teorizará el filósofo de ultraizquierda Alain Badiou.

DE LA SOLEDAD

De Proust, Beckett aprendió que la soledad no es una cárcel sino una condición, y que mejor escuchar ese silencio porque es atronador cuando el ruido se convierte en obsesión y contra la obsesión no hay narcótico o anestesia que valga. En la cárcel de paredes abiertas, dirá el irlandés, lo único que consuela es esperar a Godot.
Porque "puede que la costumbre no esté muerta (o, lo que es lo mismo, condenada a morir), sino dormida. Esta experiencia, más efímera, puede estar o no exenta de dolor. No inaugura un período de transición", apunta.

"Pero la primera y más importante de estas formas es inseparable del dolor y de la angustia, del dolor del moribundo y de la angustia celosa del excluido -prosigue-. El viejo ego es difícil de matar. Estando como estaba al servicio del tedio, hacía también las veces de un agente de seguridad".

En "Proust", Beckett intuye la función de la mediocridad, el despecho y la envidia como válvulas de seguridad contra lo ignoto, lo desconocido, lo infinito, lo que no se sabe, lo que jamás podrá saberse. Para enfrentar a esas hidras ni la risa ni el resentimiento. Acaso la indiferencia que permita salir en busca del tiempo perdido.

La Prensa - Buenos Aires



LA LENGUA VIVA


El final del dinero
Amando de Miguel en Libertad Digital - España


El dinero no es más que una forma de lenguaje, de comunicación, de intercambio. Con el pago de una cantidad convenida de dinero se da por concluida una operación comercial, y todos contentos. Algo así ocurre cuando pronunciamos una frase que da sentido a una conversación, un intercambio de ideas.

El dinero es, por definición lo escaso. En su día, para los campesinos romanos, fue el ganado (= pecus). Todavía nos referimos al carácter "pecuniario" (= monetario) de una relación. En seguida se vio lo incómodo de traer y llevar las vacas o las ovejas como símbolos de las transacciones comerciales. Lo más general ha sido el trasiego de objetos más cómodos: conchas, piezas de metal. El oro o la plata han aventajado a todos los demás objetos monetarios. Son metales escasos, maleables y duraderos.

El progreso siguió con el papel-moneda, los billetes de banco. Durante siglos funcionaron como una especie de pagarés. Todavía se puede recordar lo de "el Banco de España pagará al portador...". Los billetes actuales no prometen nada, no pretenden ser un recibo del oro que hay en el Banco de España.

La función bancaria es esencial para la general productividad en que consiste el desarrollo económico. El banco toma dinero de unos y se lo presta a otros con el fin de que esté siempre en las manos más productivas. Esa función es tan esencial al mundo actual que el dinero empieza a ser más un apunte contable que un objeto de intercambio. Tanto es así que el cheque o talón se utiliza cada vez menos. En su lugar está la tarjeta de crédito. El cambio no es inocente. En el talón el responsable de tener fondos es el que lo firma. En la tarjeta de plástico el responsable es la empresa que la emite y, naturalmente, cobra por ese servicio. No solo desaparece el cheque sino que se nos ponen crecientes trabas para que utilicemos los billetes de curso legal. El pretexto es que así se controla la corrupción o el blanqueo del dinero ilícito. Paparruchas.

El último descubrimiento para evitar el tráfico del dinero real es la transferencia. Aporto mi experiencia. Hace años, cuando daba una conferencia, el organizador me abonaba el estipendio en metálico (se dice así, aunque eran billetes de papel). Luego se pasó a dar un cheque, que en la práctica era casi como dinero contante y sonante. Ahora la nueva práctica es "una firmita y le haremos una transferencia", se entiende, a la cuenta bancaria de uno. Resulta impensable no tener cuenta bancaria. El truco es manifiesto. El cheque se podía transformar en dinero casi instantáneamente, pero la transferencia suele ser una promesa sine die. De ese modo el que compra el servicio correspondiente se convierte en moroso legal. En realidad el dinero como tal se ha evaporado. Quien viene obligado a hacer una transferencia se convierte en un banco emisor. Seguramente es una buena institución para fomentar el desarrollo económico, pero es una lata para los pobres "transferidos".

EL IDIOMA EN LA GRAN RED

Al leer y escuchar tantos errores y vicios en el idioma hablado y escrito, lo primero que se busca es un culpable, y aunque no se puede negar el impacto del deficiente sistema educativo en el lenguaje, injustamente se les atribuyen faltas a los avances tecnológicos y al internet, cuyos únicos delitos han sido acelerar la búsqueda de datos y facilitar la interrelación social.
POR EQUIPO DE CORRECCIÓN Y ESTILO - PRENSA LIBRE

En la era digital, los jóvenes van perdiendo la capacidad de nombrar las cosas y el vocabulario promedio de cualquier adulto se va quedando corto. Es por ello que expertos advierten de que en los blogs y las páginas personales o institucionales se demanda una interacción por escrito que conlleva un creciente esfuerzo por expresarse correctamente.

Idioma y era digital

Los economistas han distinguido al menos tres funciones de la lengua: como mercado, como soporte de la comunicación y de la creación, y como puente para el comercio.

El Instituto Cervantes, en su Anuario del 2012, El español en el mundo, explica que el castellano es la tercera lengua más utilizada en la red, solo superada por el inglés y el chino. De los casi dos mil cien millones de internautas en todo el mundo, el 7.8 por ciento se comunica en español.

El avance de la era digital, con chats, páginas web, redes sociales, SMS, blogs y correos electrónicos ha permitido que ingrese en el idioma infinidad de términos, pero la mayoría de usuarios se permiten licencias que conllevan una “anarquía” idiomática que se contagia a menudo a los medios tradicionales de comunicación —televisión, radio y periódico—.

Ramón Urzúa-Navas, excatedrático de Lingüística de la Facultad de Humanidades de la Usac y actual doctorando en literaturas hispánicas por la Universidad de Nueva York, expone: “La tecnología, por sí misma, no corrompe el buen uso de idioma alguno. Piénsese en el torrente de vocablos que más bien multiplicó el léxico de todas las lenguas a partir de la Ilustración y la Revolución Industrial, cuando la ciencia comenzó a engendrar enciclopedias y la inventiva empezó a poblarlas con cada nuevo alumbramiento tecnológico. Y en esas seguimos en la actualidad: no pasa un día sin que nos enteremos del surgimiento de aparatos, artilugios, dispositivos o programas informáticos que obligan a acuñar palabras para dar nombre a aquello que no existía”.

Redes sociales

Expertos opinan que las redes sociales han convertido la expresión escrita en la primera carta de presentación. En una entrevista con el diario argentino La Gaceta, María Inés Estrella, docente especialista en nuevas tecnologías, dice que “la escritura, al convertirse en pública, adquiere un valor diferenciador”.

Estrella asegura que, contrario a lo que se cree, el internet puede sacar lo mejor del idioma. “Los malos textos se ven más ahora. No significa que no existían; estaban en privado”, resalta, e insiste en que no hay que demonizar la web, sino aprovecharla para elevar la calidad del lenguaje.

La argentina Elena Fortino, docente de español de nivel medio, sostiene que quienes escriben mal en las redes sociales son personas que no escriben bien fuera del internet.

Ambas señalan que a través de Facebook o Twitter los usuarios hacen de la escritura una potente fuente de comunicación, por lo que la “ortografía es crucial para ganar respeto”.

En los medios

“En un país con las características del nuestro, para efectos prácticos los medios masivos de información son también educadores. En regiones donde la escolaridad es mínima o precaria o donde faltan hasta los libros o ni siquiera hay maestros, un periódico o una emisora radial son pedagogos. De aquí la necesidad de una redacción pulida y de una locución, digamos, sin ripio”, afirma Urzúa-Navas.

Muchas veces las formas imprecisas de hablar pasan a ser de uso popular, cuando presentadores o locutores las emplean para sonar “distinto”, aunque sean inconvenientes o ilógicas. “En Guatemala, durante mi estancia más reciente, escuché que el clima y los mercados se ‘comportan’ de tal o cual manera, lo cual me hizo pensar en niños o reclusos. Aquello que empezó por ser una metáfora de meteorólogos y economistas, ahora es la forma corriente de presentar una noticia”, agrega Urzúa-Navas.

Negocios y lenguaje

En el mundo empresarial, quienes basan sus ventas en la comercialización en línea deben tener sumo cuidado en cómo se comunican. De acuerdo con el ejecutivo y editor británico Charles Duncombe, el gran problema para las empresas en línea no es la tecnología, sino la búsqueda de personal que sepa escribir correctamente.

“Los despistes hacen que las ventas de un producto se reduzcan a la mitad, pues ponen en duda la credibilidad de la empresa. Una ‘v’ en lugar de una ‘b’ puede echar por tierra la mejor campaña de márquetin”, advierte Duncombe.

El especialista mexicano en relaciones públicas y telemárquetin en la web Luis Daniel Durán comenta que es curioso navegar y ver errores infantiles de traducción o de equiparación de términos.

“Hay que tener mucho cuidado cuando se tenga que compartir información, sobre todo si se tienen seguidores que buscan el ejemplo en las palabras. Por respeto a la propia lengua, se deben cuidar los detalles, ya que eso dará un plus en la construcción de la imagen”, asegura.

Un correo electrónico con faltas ortográficas o palabras comprimidas al sonido de las consonantes, no solo da mala imagen, sino también sería considerado por los receptores como basura —spam—. “Puede tener efectos nefastos en la venta de un producto, en la gestión de un negocio, en la obtención de un trabajo o de una beca”, señala el francés Benoit Laurent, presidente de la plataforma Textmaster, quien ha ideado un sistema de corrección de mensajes a la carta.

El español es oficial y vehicular en 21 países, y mantiene una presencia cada vez mayor en el ámbito americano, especialmente en Brasil y Estados Unidos, por lo que dentro de dos décadas será bilingüe —inglés y español— por evolución demográfica. Porque de cada 10 personas que lo hablan, nueve son americanas y una europea.

No obstante, para sobrevivir, el español necesita mantener buena salud, puesto que si cada país, cada región, cada grupo de personas empieza a utilizarlo y modificarlo como le dé la gana, podría llegar a fraccionarse.

“En la Guatemala de estos tiempos, las necesidades son tan apremiantes que el interés en expresarse de manera clara y sin violentar la norma general está condenado a ser prioridad de segundo plano: se tiene por superficial. Interesa ganar dinero, no tanto hablar y escribir con corrección, pero no se advierte que de esto último puede depender lo primero. He visto más de un currículum vítae acabar en la basura por mala redacción. No se trata de un capricho de eruditos, se trata de gente que pierde oportunidades de empleo por no saberse expresar”, afirma Urzúa-Navas.

EL IDIOMA ESPAÑOL



El español, vehículo para dar a conocer la cultura china en el mundo

La potencia asiática traduce al castellano sus obras literarias para introducirse en Europa, Latinoamérica y África
El español, vehículo para dar a conocer la cultura china en el mundo

ABC - ESPAÑA

Cuando Mo Yan se convirtió en Premio Nobel de Literatura este año, en muchas partes del mundo se repitió la misma pregunta: ¿y quién es? El autor chino era muy conocido, pero de puertas para dentro. Esta es una de las situaciones contra las que China quiere luchar: el desconocimiento de su país en el exterior en todos los ámbitos... Menos el económico.

Pekín es más que consciente de que fue su crecimiento a doble dígito el que le hizo un hueco en los principales telediarios internacionales pero también de que eso, aunque consiguió auparle como segunda potencia mundial, no lo es todo.

Lo puso en evidencia un reciente encuentro en Pekín, impulsado por una de las más internacionales editoriales chinas, China Intercontinental Press, y al que estaban invitados diplomáticos latinoamericanos. La convocatoria ya es de por sí significativa: su objetivo era conseguir más traducciones de la literatura contemporánea china al español.

La clave la dio en la apertura del encuentro el propio presidente de la editorial, Li Hongjie: «La literatura contemporánea es el mejor canal para conocer la sociedad china».

Es a través de los escritos de autores conocidos en el país asiático y otros de menor calado como China busca dar a conocer sus costumbres, sus gustos y sus ideas al mundo.

«Una manera de conocernos es cara a cara; la otra es leer libros», señaló el conocido traductor chino Zhao Deming quien ha traducido obras tan importantes como algunas del peruano Mario Vargas Llosa.

Una vez marcado el objetivo, también tienen claro por dónde empezar: «El castellano es un gran vehículo de influencia en el mundo», destacó el presidente de la editorial frente al gran número de diplomáticos de México, Argentina, Cuba, Bolivia o Ecuador, entre otros.

Europa -con el foco puesto en España-, África y Latinoamérica, fueron las regiones destacadas por el presidente de la editorial y que coinciden con el rumbo marcado por el presidente Xi Jinping para que China pueda ejercer un «soft power» (poder blando) real en el mundo.

De ahí que China International Press sea la que más libros chinos haya traducido al español -aunque también tiene especialistas en inglés, francés y alemán- y que ahora busque el apoyo de otras editoriales extranjeras para conseguir más difusión. Pero también de gobiernos, ya que la cooperación entre empresas resulta aún difícil.

Desconocimiento
«Muchas editoriales en Latinoamérica no se atreven a lanzarse con publicaciones de autores chinos que no conocen. No saben el resultado, y no se meten», destacó la reconocida traductora de chino-español, Liljana Arsovska.

«El apoyo gubernamental es más que necesario», prosiguió Arsovska, miembro del Colegio de México, un país cuya representación en el encuentro fue la más destacada con hasta tres diplomáticos, mientras que de España no se encontraba ninguno.

El papel de los medios de comunicación también se coló en el debate, un punto que a China no le pilla desprevenida. «Hoy vemos la presencia de periodistas latinoamericanos aquí y cada vez más periodistas chinos en todas partes del mundo. Esto favorece a eliminar los malentendidos: nos llega la información de manera directa», resaltó el director de la editorial.

Y alabó, en concreto, el trabajo de la agencia estatal de noticias Xinhua o la televisión oficial CCTV, que hasta ha levantado un centro de producciones en Brasil «de casi la misma talla que el de Pekín». También los Institutos Confucio por el mundo -que enseñan el idioma milenario y, por ende, su cultura- juegan un papel importante. En 2011, el Gobierno chino ya se propuso llegar a los 1.000 centros en 2020 con más de 100 millones de personas adscritas y en cientos de países.

Todo ello en conjunto y con el impulso de, sobre todo, los gobiernos de países latinoamericanos -cuyo interés por la cooperación cultural lo evidencian sus diplomáticos en Pekín y las continuas visitas que recibe la capital de personalidades del otro continente.

No obstante, puede no tener el efecto esperado. Según una encuesta publicada hoy por el Centro de Investigación Pew, África y Latinoamérica recelan de las costumbres y la forma de pensar de los chinos. Entre una película, una canción o un avance tecnológico de China o de EEUU, la mayoría se decantó por el segundo. En cuestión de «soft power», Hollywood sigue ganando la partida.
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