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domingo, 7 de julho de 2013

ESPANHOL PARA FINS ESPECIFÍCOS


Na medida em que o mundo reduz suas distâncias através de viagens aéreas, Skype, Facebook e Internet, a necessidade de aumentar a compreensão e de melhorar a comunicação entre todos os cidadãos também tem se voltado mais urgente. O intercâmbio internacional de ideias é essencial em áreas que vão desde o meio ambiente – aquecimento global e o emagrecimento da capa de ozônio– e a pesquisa médica – engenharia genética e distribuição equitativa das terapias com drogas modernas– até os desafios políticos duma economia global.
Para satisfazer estas necessidades de comunicação, cada vez mais pessoas têm motivos acadêmicos e profissionais altamente específicos para tentar melhorar seu nível do idioma espanhol. Para estes estudantes, geralmente adultos, resultam particularmente atrativos os cursos que se classificam baixo a categoria
EFE, Español para Fines Específicos.


Os programas de EFE se concentram no desenvolvimento da competência comunicativa num campo específico, como por exemplo, aviação, negócios ou tecnologia.
Outros cursos preparam aos estudantes para trabalhar em campos como medicina, engenharia, turismo ou desenho gráfico.
O Programa de Espanhol para Fins Específicos tem sido desenhado para profissionais internacionais que desejam melhorar a forma em que se comunicam em situações profissionais, inclui ensino em áreas como: interação social; linguagem e estratégias para reuniões e negociações; comunicação escrita e telefônica; e apresentações.
Os cursos de EFE se definem para satisfazer as necessidades específicas dos alunos, o EFE utiliza as metodologias e atividades subjacentes da disciplina à qual se subordina. O EFE se concentra na linguagem correspondente a estas atividades em termos de gramática, vocabulário, habilidades de estudo, discurso e gênero.
O programa também organiza atividades que fomentam o aprendizado através de situações da vida real. Como por exemplo, Problemas nos Negócios, Vocabulário Financeiro e Comunicação sobre Negócios. Também se incorporam aptidões para o emprego; como redigir um currículum vitae e participação em entrevistas.

Estereolitografía




La estereolitografía (SLA o SL; también conocida como fabricación óptica, foto-solidificación entre otras) es una forma de tecnología de manufactura (o impresión 3D) utilizada para la producción de modelos, prototipos, patrones, o piezas definitivas.
Es la técnica de prototipado y fabricación rápida más antigua.
El térmico “estereolitografía” fue acuñado en 1986 por Chuck Hull1 quien lo patentó como un método y equipo para realizar objetos sólidos mediante impresión sucesiva de finas capas de un material que cura mediante luz ultravioleta.


La patente de Hull describía cómo un haz de luz ultravioleta se focalizaba sobre la superficie de una cuba rellena de líquido fotopolimérico. Los rayos de luz dibujan el objeto en la superficie del líquido, capa a capa, usando fotopolimerización (o cross-linking) para crear el sólido. En 1986, Hull fundó la primera compañía que generalizaba y comercializaba esta técnica, 3D Systems Inc. la cual todavía está localizada en Rock Hill, Carolina del Sur.

La próxima revolución industrial

POR ANDRÉS OPPENHEIMER AOPPENHEIMER@ELNUEVOHERALD.COM

Esta semana vi por primera vez una impresora 3D de uso casero, la máquina de la que el presidente Obama dijo recientemente que “revolucionará la manera en que hacemos todo” y que, según los expertos, podría cambiar el mundo tanto como lo hizo la máquina de vapor en el siglo XIX, o internet a fines del siglo XX.

Un distribuidor de Miami me enseñó la nueva tecnología —en realidad, fue inventada hace casi tres décadas, pero recién se ha popularizado ahora— y me explicó cómo funciona.

Su máquina no era más grande que una computadora de escritorio, y parecía una cruza entre una máquina de coser hogareña y el torno de un dentista. No puedo decir que me dejó boquiabierto, pero sentí que estaba viendo una versión rudimentaria y en cámara lenta de una máquina que pronto será tan esencial como las computadoras o los teléfonos inteligentes.

Muchos economistas coinciden en que las impresoras 3D producirán una nueva revolución industrial, y cambiarán la economía del mundo. La nueva máquina puede producir casi cualquier objeto, de manera semejante a la que las actuales impresoras 2D imprimen un texto en papel.

Uno pone el diseño de un producto en la pantalla de su computadora, tipea las medidas y colores que desea, oprime “enter” en el teclado de la computadora y ¡listo!, la impresora empieza a fabricar ese producto. La aguja móvil de la máquina empieza a inyectar plástico, o cualquier otro material, en una pequeña superficie, e inicia la construcción del producto por capas.

Abraham Reichental, el presidente de 3D Systems, una de las empresas más grandes del mundo de impresoras 3D, me dijo en una entrevista que esas máquinas ya se usan extensivamente en la industria aero-espacial para hacer partes de aviones, y también las usan los médicos para hacer implantes de rodilla o de cadera personalizados, o dispositivos auditivos a medida para sus pacientes.

Además, las impresoras 3D ya hacen zapatos, accesorios de moda, juguetes y otros artículos de consumo, dijo.

“Esto es sólo el principio”, me dijo Reichental. Durante los próximos doce meses, veremos las impresoras 3D produciendo chocolates y toda clase de alimentos con valores nutritivos a medida. La NASA ya ha encargado una impresora 3D capaz de hacer pizzas en el espacio.

A medida que las impresoras 3D se abaraten, y a medida que se haga más fácil bajar diseños complejos a la pantalla de la computadora, veremos máquinas y componentes más sofisticados impresos en 3D, dijo.

“La misma tecnología que hoy es solamente accesible para las corporaciones más acaudaladas será accesible para todo el mundo a través de la nube”, dijo Reichental. “Eso democratizará la producción...y permitirá la re-localización de las manufacturas, que es lo contrario de fabricar las cosas en países remotos”.

En otras palabras, consumidores de todo el mundo podrán usar las impresoras 3D para producir artículos en su casa, o en una tienda de impresión próxima a su hogar, y habrá menos necesidad de importar productos de China o de México.

Según Reichental, ni la economía de China ni la de México sufrirán un golpe devastador, porque los cambios en la manufacturación industrial no serán súbitos, ni absolutos.

Pero muchos economistas creen que habrá países ganadores y países perdedores. Vivek Wadhwa, profesor de Singularity University y Duke University y un gurú de la innovación, me dijo que el cambio global hacia una producción más individualizada y doméstica con las impresoras 3D perjudicará a China.

En cuanto a Latinoamérica, Wadhwa dice que el pasaje hacia la impresión 3D beneficiará a los países importadores y perjudicará a los exportadores.

Pero esta revolución tendrá lugar junto con un auge de la manufacturación con robots, y los países manufactureros como México podrán aprovechar esto trabajando conjuntamente con empresas estadounidenses gracias a su proximidad con el mercado de Estados Unidos, dijo.

Mi opinión: La mayor parte del mundo todavía ni ha escuchado hablar de todo esto, pero creo que la impresión 3D producirá una nueva revolución industrial que tendrá un enorme impacto sobre cuáles países prosperarán y cuáles no.

Cada vez nos internamos más profundamente en la economía del conocimiento. En un futuro no muy distante, los países no exportarán productos sino diseños de productos, que otros países importarán a través de internet y producirán localmente con impresoras 3D.

Los países con buenas universidades, y con escuelas que les enseñan a los niños a ser emprendedores, podrán exportar sus diseños innovadores a través de internet, y cobrar sus regalías.

Y los países con malos sistemas educativos tendrán que piratear esos diseños —corriendo el riesgo de convertirse en estados parias— o pagar grandes regalías por sus importaciones de propiedad intelectual. La educación de calidad será, como ya lo es, la palanca para la prosperidad.



Read more here: http://www.elnuevoherald.com/2013/07/06/v-fullstory/1516462/oppenheimer-la-proxima-revolucion.html#storylink=cpy

ALTEROCENTRISTA

La voz alterocentrista no aparece recogida en los diccionarios generales de la lengua española consultados. Sin embargo, otras fuentes revisadas emplean y definen la palabra alterocentrismo de la forma siguiente: altero-centrismo: Estado del espíritu que consiste en centrar el interés en los demás, en oposición al egocentrismo que es la exagerada exaltación de la propia personalidad, hasta considerarla como centro de la atención y actividad generales. (Diccionario didáctico, Ramón R. Abarca Fernández, Editorial ROTESA, 1993, Digital revisado, 2009, Arequipa). "Para Gina Lombroso una de las características fundamentales de las características fundamentales de la psicología femenina es el "alterocentrismo", es decir, esa tendencia a ocuparse voluntariamente de los otros". (Preparación a la maternidad, A. Aguirre de Cárcer, Ediciones Morata, S.A., 1989, Madrid). De estas definiciones se desprende que la voz alterocentrista es un adjetivo que se refiere a las personas que practican el alterocentrismo. (Depto. Lingüística, ILL)

JUAN CARLOS ONETTI

Para releer al mayor escritor uruguayo
Se trata de un real acontecimiento editorial. Desde el próximo sábado 20 de julio, El País y Galaxia Gutenberg ofrecerán, en doce tomos, las obras completas de Juan Carlos Onetti.








La literatura uruguaya habría sido algo muy diferente sin él

por Guillermo Zapiola en El País - Uruguay.

No es exactamente descubrir la pólvora decir que Onetti es la figura masculina más importante de la historia de la literatura uruguaya: hay en todo caso dos mujeres (y nada más que dos) que podrían competir con él, aunque en un rubro diferente, la poesía: Delmira Agustini e Idea Vilariño. Fue también el precursor de la Generación del 45 (tenía unos diez años más que la mayoría de los representantes de esta, e influyó sobre casi todos ellos) y probablemente, en opinión que Mario Vargas Llosa comparte, el fundador de la novela moderna latinoamericana: con La vida breve, en la que además inició realmente la construcción de su universo literario personal (la mítica ciudad de Santa María), la novela del subcontinente se vuelve universal. Nunca ganó el Nobel, pero fue seguramente el único uruguayo al que se podría haber propuesto para el premio sin que sonara un poco ridículo.


Hay fechas que quedan en la historia. Onetti nació en Montevideo el 1º de julio de 1909, y murió en Madrid el 30 de mayo de 1994. No había querido volver a un Uruguay que lo exilió por formar parte del jurado del semanario Marcha que premió un cuento con cuya procacidad discrepó por escrito. Tal vez no lo necesitaba. Echado en su cama, entre el humo de su eterno cigarrillo, el cercano vaso de whisky y una probable novela policial (casi seguramente de James Hadley Chase) en la mano, no debía haber para él demasiada diferencia entre su habitación española y la de su anterior departamento en la calle Gonzalo Ramírez. Llevaba al Uruguay (o al Río de la Plata: ¿Santa María es una ciudad uruguaya o argentina?; nunca lo sabremos) en la cabeza.

Otra fecha a retener: 1939. Carlos Quijano funda el semanario Marcha y lo nombra secretario de Redacción. De ese medio periodístico saldrá casi toda la Generación del 45, desde su joven amigo Homero Alsina Thevenet (a quien dedicará su cuento Bienvenido Bob) a Emir Rodríguez Monegal, de Hugo Alfaro a Mario Benedetti, de Ángel Rama a Carlos Maggi y un largo etcétera. Pero ese mismo año editará El pozo, su primera novela, que un muy joven Alsina intentará colocar más bien inútilmente en las librerías y que en su momento nadie leyó, pero que anticipa el fin del optimismo de la Generación del Centenario: su protagonista Eladio Linacero puede quejarse de que tras él no hay nada. A lo sumo "un gaucho, dos gauchos, treinta y tres gauchos".

Es posible que ese pesimismo existencial le haya retaceado lectores. Su filosofía de letra de tango, con vocación por descargar desgracias sobre sus personajes (incidentalmente, en eso se parece a James Hadley Chase, un escritor menor pero que, como él, recibió también influencias de William Faulkner), podía descender en sus momentos malos al teleteatro y comprometer la suspensión de la incredulidad del lector. Pero esos momentos son los menos en su obra.

Y en los mejores, que son los más, hubo en él un literato de excepcional calidad, un constructor de mundos imaginarios, un creador de personajes a los que contemplaba con una secreta ternura por detrás de la desesperación y la oscuridad. En la geografía literaria del siglo XX, Santa María tiene una importancia equivalente al condado de Yoknapatawpha de Faulkner o el Macondo de García Márquez.


Entre los galardones que Onetti recibió a lo largo de su vida figuran el Premio Nacional de Literatura de Uruguay (en 1962), el Cervantes (1980), el Gran Premio Nacional de Literatura de Uruguay (1985), el Premio de la Unión Latina de Literatura 1990 y el Gran Premio Rodó a la labor intelectual, de la Intendencia Municipal de Montevideo (1991). Una encuesta realizada entre escritores uruguayos por el semanario Marcha en 1972 lo proclamó "el mejor narrador uruguayo de los últimos 50 años", y es probable que ese resultado no cambiaría si esa encuesta se hace hoy.

Cuando Onetti ganó el Cervantes en 1980, el ministro de Cultura de entonces, Daniel Darracq, dijo que había oído hablar de él pero nunca lo había leído. A partir del próximo 20 de julio no habrá excusas.

Esfuerzo editorial de primera
En 2009, por primera vez, y gracias al esfuerzo de Hortensia Campanella, que dirigió la operación, apareció en España la primera edición de las Obras Completas de Juan C. Onetti, por parte de la editorial Galaxia Gutenberg. Cuatro años después, ese mismo trabajo editorial, incluyendo prólogos, estará al alcance de todos los lectores uruguayos.

Para promover el lanzamiento de la colección se realizará el viernes 19 de julio, a las 09:00, en el Teatro del Centro "Carlos E. Scheck" una tertulia abierta de El Espectador sobre Onetti, en la que participarán Carlos Maggi, Mauricio Rosencoff, Matilde Rodríguez Larreta y Juan Grompone. La salida de los libros será semanal, a un precio accesible: 150 pesos.

La colección se iniciará con la edición de "La vida breve", con prólogo de Dolly Onetti. En sábados sucesivos saldrán "El astillero" (prologado por Hortensia Campanella), "Juntacadáveres", "Dejemos hablar al viento", "Novelas breves", "Cuentos completos", "Tierra de nadie", "Para esta noche", "Últimas novelas", dos tomos de artículos periodísticos (el primero de ellos con materiales entre 1939 y 1968, el segundo que abarca el período 1975-1992) y un tomo final de materiales misceláneos.

EL PREMIO MUNDIAL DE ALIMENTACIÓN 2013

EL PREMIO MUNDIAL DE ALIMENTACIÓN 2013 AVIVA EL DEBATE
Alimentos transgénicos: ¿la solución al hambre en el mundo o un riesgo rentable?

El fallo del Premio Mundial de la Alimentación 2013, que ha reconocido por primera vez en sus 27 ediciones la labor de investigación y desarrollo en biotecnología agrícola, ha vuelto a desatar la polémica en torno a los alimentos transgénicos.

Por Laura Crespo en El Imparcial - España.

El pasado 19 de junio se falló el Premio Mundial de Alimentación 2013 (World Food Prize 2013), un galardón internacional que reconoce los logros de personas que han promovido el desarrollo humano mediante la mejora de la calidad, cantidad y disponibilidad de alimentos en el mundo. El conocido como Nobel de la Alimentación y la Agricultura ha desatado este año la polémica al distinguir, por primera vez en sus 27 ediciones, la labor de investigación y desarrollo en biotecnología agrícola, lo que se traduce —no de forma rigurosa pero sí popularmente- en la creación de plantas modificadas genéticamente o cultivos transgénicos.
La chispa la ha encendido especialmente el reconocimiento a uno de los tres investigadores que comparten el premio, Rob Fraley, ejecutivo de la mayor multinacional de transgénicos del mundo, Mosanto, contra la que se han lanzado duras campañas por parte de asociaciones ecologistas y que actualmente es el principal exportador de maíz modificado genéticamente a Europa.

La oposición del sector ecologista al fallo del premio toma los dos caminos por los que atacan a la comercialización de transgénicos. Uno, el de los riesgos para la salud y el medio ambiente que, según dicen, no están claros. Dos, el modelo de explotación que se ha construido en torno a estos productos, monopolizado y no orientado, tal y como pretende el premio, a la paliación de los problemas de hambre en el Mundo. Los investigadores que hoy siguen la línea de Fraley y sus co-galardonados -el belga Marc Van Montagu y la estadounidense Mary-Dell Chilton- coinciden en que el modelo comercial de los transgénicos no está orientado a combatir las hambrunas de los lugares más desfavorecidos pero subrayan su seguridad y lamentan que el mensaje negativo haya calado en la sociedad hasta el punto de demonizarlos. Mientras, desde Monsanto aseguran que la necesidad de satisfacer la creciente demanda de alimentos en el mundo es “más importante” que estas diferencias de opinión.

Más alimentos y ¿mejor repartidos?
“Los logros combinados de los tres investigadores galardonados han contribuido significativamente a aumentar la cantidad y disponibilidad de alimentos, y pueden desempeñar un papel fundamental a la hora de enfrentar los desafíos globales del siglo XXI para producir más alimentos, de manera sostenible y en un clima cada vez más volátil”. Kenneth M. Quinn, presidente del Premio Mundial de la Alimentación, justifica así el fallo del galardón en declaraciones a El Imparcial.

Según cifras facilitadas por la organización del premio, más de 17 millones de agricultores en todo el mundo han plantado cultivos genéticamente mejorados en más de 170 millones de hectáreas. Según Carlos Alberto Vicente, Responsable de Sostenibilidad de Monsanto para Europa y Oriente Medio, “es un honor que se reconozcan los beneficios de esta tecnología, una de las que más rápido se ha adaptada en la historia de la agricultura”.

Sin cuestionar las cifras de Monsanto, los ecologistas ponen en duda que los cultivos a los que los que la compañía estadounidense se refiere se destinen a alimentar a esa población creciente a la que alude la organización del premio y que, sobre todo, vive en los países subdesarrollados. El responsable de la campaña de Agricultura y Bosques de Greenpeace, Luis Ferreirim, califica de “lamentable” la concesión del premio a Fraley. “Tanto los transgénicos como los productos químicos que comercializa Monsanto responden a intereses particulares y no a los intereses generales de la población”, critica en declaraciones a este periódico.

“La gran mayoría de los transgénicos alimentarios, cerca de un 80 por ciento de todos los que se cultivan en el mundo, se están utilizando para alimentar a la cabaña ganadera de los países desarrollados”, denuncia Ferreirim, para quien los alimentos modificados genéticamente “no están cumpliendo las expectativas”.

“Los transgénicos son una falsa promesa de la industria biotecnológica. Desde el momento en que se pusieron los primeros en el mercado se ha vendido la idea de que iban a ser la solución al hambre y, en veinte años, el número de personas que la padecen en el mundo no ha hecho sino aumentar. Si fueran la solución a las hambrunas, ya deberíamos de empezar a ver efectos”, expone el activista de Greenpeace.

Desde el World Food Prize, Quinn puntualiza a El Imparcial que el galardón “honra al avance científico inicial realizado por estas tres personas” y que “otras cuestiones relacionadas con cómo las empresas utilizan estas tecnologías, son asuntos importantes que discutir pero están fuera del alcance del premio de este año”.

“Lo primero que habría que hacer es cuestionar la independencia de esta fundación”, rebate Ferreirim. El ecologista asegura que de las 125 empresas que financian el Premio Mundial de la Alimentación, 26 están “profundamente relacionadas” con la agroindustria y que Monsanto se encuentra entre ellas. “En 2011, estas empresas aportaron cerca de medio millón de dólares para financiar esta fundación”, afirma.

Modelo de explotación
Según Ferreirim, “el juego” de las multinacionales como Monsanto es que “los campesinos sean totalmente independientes de sus tecnologías” y que, “año tras año”, tengan que comprar sus semillas y sus productos asociados”. Esta fórmula no es, a juicio del activista, la fórmula adecuada para paliar el hambre, sino que habría que “dar herramientas a los pequeños agricultores para que sean autosuficientes”.

Para el investigador del departamento de Genética Molecular de Plantas del Centro Nacional de Biotecnología -dependiente del CSIC-, Juan José Sánchez Serrano, las asociaciones ecologistas han tomado los transgénicos “como bandera” de cuestiones “más amplias”. Según Sánchez Serrano, la situación de monopolio de la que se acusa a la comercialización de los transgénicos no es distinta de la que vive la industrial agrícola no transgénica. “Las semillas tradicionales que usan las grandes explotaciones también las venden muy pocas empresas, no hay una gran diferencia”, asegura el investigador, para quien los ecologistas “han encontrado en los transgénicos el nicho para hacer su trabajo”.

Sánchez Serrano sí comparte con Ferreirim que los transgénicos no se han desarrollado como paliativo del hambre mundial. “Los cultivos que se han comercializado hasta ahora se han modificado para que adquieran ventajas para los agricultores de los países desarrollados”, asegura el científico del CSIC. Los transgénicos actuales no gozan de, por ejemplo, resistencia a la sequia para poder cultivarse en los secarrales africanos, sino que son resistentes a plagas, como el taladro, presentes en las grandes extensiones de países fundamentalmente desarrollados, según explica el investigador.

Según Sánchez Serrano, los alimentos modificados genéticamente no se han enfocado en ese prometedor sentido de remedio contra la desnutrición por dos cuestiones. La primera es meramente de mercado: “Desarrollar un transgénico, entre que tienes tu planta y pasas una cantidad enorme de test de seguridad, puede llevarte entre 10 y 15 años, además de muchísimo dinero, por lo que se tiene que estar seguro de que se va a poder recuperar la inversión”, explica. Los transgénicos que llegan a comercializarse son, entonces, los que van a tener un mercado donde venderse, es decir, los que se crean pensando en las necesidades de los países que van a tener dinero para comprarlos. “Si una empresa desarrolla una planta resistente a una plaga de África no va a recuperar la inversión porque su diana no va a tener el dinero para comprar las semillas”, ilustra.

En segundo lugar, el investigador opina que el mensaje de rechazo a los transgénicos lanzado por los ecologistas “ha calado mucho entre la población” y que “el debate está tan encarnizado que cualquier cosa que se plantea se aborta de raíz”. Según Sánchez Serrano, “es cierto que no se ha empezado” por crear transgénicos que alimenten a la población mundial desnutrida, “pero también es verdad que ha habido tal oposición desde el principio, que se han parado muchos de los desarrollos posibles que a lo mejor hubieran ayudado en esa dirección”.

Seguridad
¿Está este rechazo a los transgénicos justificado? ¿Son seguros? “Los alimentos transgénicos son absolutamente seguros”, defiende Sánchez Serrano, quien asegura que el foco de la crítica está desvirtuado.

Un cultivo transgénico es el resultado de introducir genes nuevos en una especie que, de forma natural, no los presenta, ya sea un gen artificial, uno extraído de otra especie o uno de la propia planta que se reintroduce después de haber cambiado algunas características. El investigador del CSIC recuerda que, a través de la llamada “mejora clásica” se han ido cruzando unas plantas con otras a lo largo de los siglos para crear especies mejoradas. Por ello, considera que las críticas de los últimos años se dirigen más hacia la técnica que hoy se utiliza para crear transgénicos, la ingeniería genética, que a la planta resultante en sí, cuando en ambos casos la semilla final es resultado de la mediación del hombre y puede ser invasiva con el medio ambiente, uno de los argumentos en contra por parte del Ecologismo.

“Los alimentos transgénicos no son más inseguros por haberse hecho por métodos de ingeniería genética, que es lo que las organizaciones ecologistas ponen por delante”, expone Sánchez Serrano, que recomienda trasladar el debate desde el método, “que es absolutamente seguro”, a las modificaciones que se hacen en las especies, ya sea a través de tecnologías nuevas o de la mejora clásica.

Para el responsable de Agricultura y Bosques de Greenpeace, sin embargo, hay técnicas, como la selección genética, que son “menos invasivas” que la modificación genética. Luis Ferreirim defiende que “la modificación genética provoca efectos dentro del mismo organismo que no se pueden del todo predecir” y denuncia que “no existen estudios suficientes que demuestren su inocuidad antes de ponerlos en el mercado y en nuestros campos”.

El activista señala que en Europa son las propias empresas que piden la autorización de sus productos transgénicos las que elaboran los informes de evaluación de riesgos ante la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, unos estudios que no se hacen públicos. Además, según Ferreirim, la exigencia europea es de tres meses de pruebas alimentando ratones de laboratorio con el producto a evaluar, cuando el ciclo vital de este animal es de dos años. “Seguimos, por lo tanto, sin saber cuáles son los riesgos a largo plazo”, asegura.

La última gran polémica en torno al consumo de transgénicos surgió a raíz del estudio desarrollado en septiembre de 2012 por el francés Gilles-Eric Séralini, de la Universidad de Caen, que determinó una mayor incidencia de cáncer en ratones alimentados con maíz transgénico. Sánchez Serrano se suma a las voces que, tras la publicación del estudio, cuestionaron su validez y critica que se diera mucha más publicidad al informe de Séralini que a las refutaciones del mismo. “Es un estudio que no se tiene en pie, pero que sale cada cierto tiempo”, lamenta y abre el debate de la independencia: “cada vez que un científico dice que los transgénicos son seguros se le acusa de estar financiado por Monsanto, pero este científico tenía financiación de organizaciones vinculadas con grupos ecologistas”.

La hierba de Platón




por Simon Royo Hernandez
SIMON ROYO HERNÁNDEZ es Profesor en la UNED y Doctor en Filosofía - siroyo@rocketmail.com

Recientemente escuché una homilía por parte de un clérigo en la que mencionaba que Platón había dicho que a lo largo del camino teníamos que retirar las malas hierbas para mantenerlo transitable. Desde luego que Platón jamás dijo tal cosa en ninguno de sus alrededor de 36 diálogos escritos, pero el clérigo lo citaba porque quedaba bien o le iba bien a su discurso.

Lo mismo ocurre con innumerables sentencias que pululan por las redes sociales, en las cuales, personas sin ningún pudor, realizan cuadros con sentencias que atribuyen a quien se cayó en el puchero del druida cuando era pequeño, esto es, a Superman o a quien se compraba Rolls Royces sin freno hasta que la muerte se lo llevó consigo, el Oso.

De este modo hemos de lamentar que las Redes Sociales, que bien pueden cumplir ciertas labores pedagógicas, estén alimentando la atrevida ignorancia de las masas que por no saber, no saben ni citar una frase, supuestamente entresacada de alguna fuente que debería poder ser verificable. No se cita la procedencia de una frase por querer hacerse el interesante, por dárselas de erudito, ni por epatar al sandio; se hace para que todos los lectores puedan comprobar que lo que se les dice es verdad y no una mentira.

Pero es que nosotros vivimos en una época parecida al helenismo, en una globalización en la que lo propio se nos queda lejano y lo lejano se mal adopta como propio. Vivimos en una época acusada de materialismo en la que todo lo que suene a “espiritualidad” es bienvenido pero en la que se vive con una materia dada por conseguida definitivamente que bien pudiera sufrir un retroceso dadas las virulencias de las crisis, cada vez de mayor calibre. Alguien tendrá que explicarme entonces que es esa espiritualidad que puede vivir gozosa sin electricidad, sin higiene, sin agua potable o sin un excusado, porque así es como viven muchas personas en el mundo que se mueren, literalmente, por procurar emular en esos aspectos tan materiales a los malditos occidentales.

Con la lectura de novelas (nada de leer ciencias ni de leer humanidades) cubren muchas personas un ocio alienante. Pero peor aún son aquellos que leen cosas como: “La sabiduría de los templarios”, “La sabiduría perenne”, “La esencia del yoga”, “El poder de las piedras”, “La magia secreta de los talismanes”, “La energía de los egipcios”, o las supuestas enseñanzas de gurús como Aurobindo u Osho, que se convirtieron en millonarios muy materialistas con sus vendibles sabidurías.

Quien quiera leer filosofía de verdad con la finalidad de que tal filosofía le ayude a adoptar hábitos de existencia saludables bien pudiera acudir a Plutarco, Séneca o Michael Onfray. Quien en lugar de pretender ser santo y adoptar caminos espirituales tendentes a esa situación desee simplemente saber la verdad tiene mucho Platón y mucho Aristóteles con los que contentarse primero, si es que Kant o Hegel les parecen demasiado inasequibles.

Un serio problema de masas lleva extendiéndose por Occidente desde los Estados Unidos de los años 60 del pasado siglo hasta nuestros días y nuestra geografía. Los burguesillos adocenados y alienados por la cadena de montaje han decidido que fuera de sus horas de trabajo pueden ser poetas, filósofos, músicos o artistas. De ese modo resisten la explotación creyendo que no les afecta íntimamente y viven como aturdidos, privados de una formación real en las áreas a las que se quieren sumar por simple falta de tiempo, ganas y energías. El vampírico sistema de producción y consumo les succiona la vida hasta convertirlos en zombis pero ellos consideran que con sus cuadraditos en Facebook plagados de citas falsas alcanzan ya el Nirvana. Algo habría que hacer para que la hierba de Platón no sea satisfactoria y no baste como referencia. ¿Qué se puede entonces hacer? Aconsejarles que vuelvan a la escuela, que trabajen menos y estudien más. ¡Ah! ¿Pero acaso no se estudiaba para trabajar? No mis amigos, no se estudiaba para trabajar, se estudiaba para engrosar las filas de los esclavos, sin que hubiese casi otra opción.

¡Qué lío! Y al final que hacemos con la hierba de Platón. ¡Mirad! Lo mejor es que os la fuméis y dejéis de querer cosas que están fuera de vuestro alcance. Nada de escribir cuadraditos con frasecitas epatantes que atribuir a cualquiera.

INTERNET OF THINGS


La revolución tecnológica industrial
La conectividad de las máquinas y el análisis de grandes cantidades de datos en tiempo real dibujan nuevos modelos de producción y sistemas de fabricación | Los dispositivos conectados a internet crecen exponencialmente y hoy nadie sabe dónde está su límite | La comunicación entre máquinas sin intervención humana es ya una realidad. El mundo físico -la producción, en definitiva- se digitaliza y ello supone el inicio de una nueva etapa para la humanidad


En 1981 había menos de 300 ordenadores conectados a internet. En el 2003 eran 500 millones. Y se estima que en el 2020 habrá 50.000 millones de dispositivos conectados: en un mundo con 7.000 millones de habitantes, es evidente que detrás de cada dispositivo ya no hay una persona, no hablamos ya sólo de teléfonos móviles, tabletas o PC. Los 50.000 millones se refiere sobre todo a objetos conectados, en un sentido industrial, y lo importante no es tanto el número, sino el concepto. El término internet of things (internet de las cosas) hace años que circula pero ahora es una tendencia caliente en el mundo tecnológico. Es un gran paraguas bajo el cual se desarrollan e interactúan diferentes tecnologías como el M2M (conexión entre máquinas), big data (analítica de grandes datos en el cloud en tiempo real) o la manufactura aditiva a partir de modelos digitales (las impresoras en 3D).

Todos ellos son conceptos que nacen de la digitalización del mundo físico, se relacionan con las mejoras de eficiencia y productividad, y están en pleno auge en un momento en el que las economías desarrolladas necesitan un nuevo impulso al crecimiento. Nadie duda de que se trata de un paso adelante importante, pero hay quien está incluso planteando si nos encontramos en una nueva revolución industrial, que cambie radicalmente, como hicieron la máquina de vapor y el ferrocarril y la electricidad, la manera en la que se organizan los sistemas de producción.

Lo que parece seguro es que la revolución tecnológica que viene cambiará la industria tanto o más que el internet de consumo ha cambiado los medios, las comunicaciones, el ocio y la publicidad en la última década.

"La nueva tecnología fusiona big iron (gran hierro) con big data (grandes datos) para crear máquinas brillantes", describe General Electric en su documento Industrial internet: pushing the boundaries of minds and machines (empujando los límites de mentes y máquinas) en el que Peter Evans, director de estrategia, y Marco Annunziata, economista jefe, definieron a finales del 2012 los parámetros y oportunidades del modelo industrial que viene. Calculan que el 46% de la economía global se puede beneficiar de lo que General Electric ha bautizado como internet industrial.

Este nuevo paradigma "surge de la convergencia del sistema industrial global con el poder de la computación, la analítica, los sensores de bajo coste y nuevos niveles de conectividad gracias a internet", definió Jeff Immelt, el presidente de General Electric.Pero el concepto no es estrictamente nuevo: las máquinas y el software ya hace mucho tiempo que hablan entre sí. El cambio ahora es que lo hacen sin la intervención humana, mediante sistemas estandarizados y abiertos y a gran escala, porque el coste de los dispositivos y herramientas ha caído en picado; y orientadas a solucionar problemas y con objetivos de retorno (productividad, eficiencia energética).

Y todos los actores en el sector industrial están por ponerse las pilas, con grandes estrategias: Siemens lo llama industria 4.0, IBM smarter planet, Cisco internet of everything; sin olvidar que la mayoría de las innovaciones salen de nuevas y emergentes start-up. Este cambio se está empezando a ver de forma verticalizada, en sectores concretos: en la gestión de ciudades (smart cities), en transportes, energía, o en salud. Y la manufactura lo ve venir.

La tecnología no tiene freno, pero la velocidad a la que esta revolución avance sí que tiene una limitación: la capacidad de las empresas para implementar las nuevas plataformas, los nuevos procesos, alerta la consultora especializada Beecham Research.

Siemens también le ha puesto un nombre a todo este fenómeno de transformación industrial: la personalización de los procesos de masas (mass customisation), que para el gigante alemán vendría a ser la cuarta revolución industrial (la primera fue la mecanización del textil a finales del siglo XVIII; la segunda, a principios del XX con la producción en masa y el Ford T, y la tercera, a mediados del siglo XX, con la creación de controladores de producción y autómatas.

Para Siemens, la industria 4.0 consiste en un modelo en el que los productos contendrán en sí mismos los requisitos de producción; instalaciones con producción integrada de toda la cadena de valor, y flexibilidad de intervenir en el proceso de producción sobre la base de la necesidad real. Esto significa un cambio en cómo se hacen las cosas, pero también en dónde. "La manufactura está cambiando más rápido que nunca", dice Siemens.

Se empieza a hablar de relocalizar producciones, pero de momento son buenas intenciones. Y se cuantifican posibles y grandes ahorros de costes. Según un estudio de Boston Consulting Group, en áreas como el transporte, ordenadores y maquinaria industria, entre el 10% y 30% de los productos que Estados Unidos importa de China podría fabricarlos en el país en el 2020. Y este desplazamiento supondría un aumento de ingresos de hasta 55.000 millones de dólares al año.

Por su parte, General Electric se ha basado en lo que llama "el poder del 1%": si con la combinación de máquinas y analítica se consiguiera sólo una mejora de un 1% de la eficiencia, el resultado ya sería sustancial. En una aproximación enfocada a Europa, GE considera que el internet industrial podría aportar 2,2 billones de euros al PIB europeo en el 2030, e incluso ha estimado que en España el impacto positivo sería de 91.000 millones de euros.


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