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segunda-feira, 17 de junho de 2013

Francisco Márquez Villanueva, gran maestro de hispanistas

Un maestro de maestros
El autor de ‘Personajes y temas de El Quijote’ era uno de los mayores hispanistas
Era especialista en la la literatura española y gran conocedor de la obra de Cervantes

JUAN GOYTISOLO - El País - España


Francisco Márquez Villanueva, gran maestro de hispanistas.

Abarcar en unas pocas líneas una obra de la magnitud de la de Francisco Márquez Villanueva es una tarea tan imposible como la de intentar apresar con redes el agua del mar. ¿Cómo dar cuenta de su ingente labor investigadora, de la riqueza y variedad de sus fuentes, de la profundidad y agudeza de sus análisis? Nadie conocía mejor que él la literatura española desde sus orígenes hasta su decadencia a finales del siglo XVII. Mi deuda con él es inmensa. Su lectura asidua me abrió nuevos caminos y orientó mi curiosidad hacia temas que sin él no hubiera tenido la posibilidad de tratar. Decir que era el maestro de varias generaciones de hispanistas se ajusta exactamente a la verdad. Recuerdo que al leer una selección de ensayos de autores muy diversos sobre lo raro (queer) en la literatura castellana del siglo XV y del llamado Siglo de Oro, le dije que solo cuatro de ellos me habían interesado, y sonrió: los cuatro habían sido discípulos suyos.

Pero esta maestría, reconocida por cuantos examinan nuestro pasado sin anteojeras, es decir, en toda su riqueza constitutiva, suscitó lamentablemente el rechazo o, por mejor decir, favoreció la ignorancia voluntaria de quienes se aferraban y se aferran al canon literario de una España únicamente cristiana y occidental, sin componentes árabes ni judíos.

Abierto a todas las fuentes del saber, Francisco Márquez Villanueva emprendió su vasta obra desde un prisma integrador de cuantas corrientes convergían en el rico caudal de nuestra literatura. Desde sus primeros ensayos de la década de los sesenta de la pasada centuria, establecido ya en Estados Unidos, abordó el tema de la españolidad conflictiva del siglo XVI con una amplitud de miras, en la estela de Américo Castro, que atrajo inmediatamente mi atención. Durante mis años de profesor visitante en California, Boston y Nueva York tuve ocasión de frecuentarle y admirar su labor. Sus ensayos sobre Cervantes, desde Personajes y temas de El Quijote (1975) a Moros, moriscos y turcos de Cervantes (2010), pasando por Trabajos y días cervantinos (1995) son de obligada referencia para quienes calan en la obra de nuestro primer escritor. Nadie se ha aproximado a ella con tal variedad de enfoques y ha hondado en sus estructuras narrativas y semánticas con tanta lucidez y erudición. Desde su cátedra de Literaturas Románicas de la Universidad de Harvard ejerció su magisterio mediante una metodología interdisciplinaria fundada en su bien asentada convicción de que el medievalismo español debería comprender tanto lo románico como lo semítico y que no podía ni debía ignorar la tarea investigadora de los arabistas y hebraístas.

Como mostró a lo largo de sus trabajos, la situación vivida por una importante minoría de españoles privados de la facultad de expresarse a cara descubierta fomentó la creación de estrategias creadoras defensivas de autores tan dispares como el del Lazarillo y Fray Luis de León, de Mateo Alemán y Cervantes, una disidencia de fondo enfrentada a los escollos del Santo Oficio y a la opinión mayoritaria de quienes lo sostenían. Márquez Villanueva no fue nunca un heterodoxo ni se propuso serlo. Buscaba tan solo ampliar las bases y ajustar los criterios historiográficos en beneficio de los amantes y estudiosos de nuestra literatura. Sus Orígenes y sociología del tema celestinesco, que releí recientemente, me cautivó tanto por sus conocimientos en la materia como por su claridad y rigor expositivos.

Mientras redacto apresuradamente estas líneas, conmovido por la noticia de su fallecimiento, examino la buena docena de libros que tengo al alcance de la mano y no sé a cuál remitirme. Su obra, como dije, nos desborda y me resisto a hablar de ella en pretérito puesto que sigue vigente y seguirá siéndolo para cuantos consideramos la literatura española sin apriorismos de ninguna índole. Como escribí hace ya algunos años, subrayar a estas alturas la importancia de su obra en el campo de la literatura e historiografía hispanas desde la España “alegre” de Juan Ruiz a la de la “fúnebre conmemoración del vacío” posterior a Cervantes, Góngora y Quevedo sería a todas luces superfluo si el tenaz e incorregible desconocimiento por parte de nuestro país de la obra de sus mejores hijos no nos obligara a ello. Su postura valiente y esclarecedora, en las antípodas del conformismo predominante en nuestro Parnaso, ha alentado la conspiración de silencio que premia en España a todo lo perturbador y fecundo. Pero tarde o temprano, la valía de una obra se abre paso y la de Márquez Villanueva aguarda su hora sin prisas. El futuro le pertenece y volverá caducos los argumentos de quienes abiertamente o con sigilo se enfrentaron a ella.

TRADUCCIÓN

¿Cuándo tiene un dolor de cabeza, usted consulta a un veterinario?
Entonces…
Cuando necesite una traducción de calidad, por favor, consulte a un traductor…

¿Está buscando un traductor? (*)
Cinco conceptos erróneos que debe evitar
Se suele asumir que conocer bien un segundo idioma es suficiente para convertirse en traductor. De hecho, algunos piensan que no se necesita de ninguna otra habilidad para traducir un documento. Como resultado, muchas personas tienden a menospreciar el valor y esfuerzo de estos expertos. En este artículo analizaremos los cinco conceptos erróneos más comunes a la hora de contratar un traductor.
1. Ser bilingüe convierte a cualquiera en traductor
Ser bilingüe solo significa que alguien tiene un buen conocimiento de dos idiomas. Sin embargo, una traducción no es realizada palabra por palabra. Muy por lo contrario, traducir implica tener un conocimiento profundo del texto escrito en el idioma original y saber cómo elegir las mejores palabras y expresiones para transmitir el mensaje con exactitud en el idioma meta. No todas las personas bilingües pueden hacer esto.
Esto no significa que solo una persona con estudios de traducción puede convertirse en traductor. Existen muchos traductores excelentes que no poseen un entrenamiento formal pero, desafortunadamente, muchas personas piensan que están capacitadas para traducir solo porque estudiaron un idioma extranjero cuatro años en la secundaria. Aun si alguien domina un segundo idioma, eso no significa por defecto que pueda ser un buen traductor. De hecho, no implica que pueda escribir en ese idioma o traducirlo correctamente.
2. Los traductores automáticos modernos permiten que las traducciones sean más fáciles de realizar y ya no se necesitan traductores humanos
Estas herramientas de traducción disponibles en el mercado están muy lejos de producir traducciones confiables. Debido a que solo traducen oraciones totalmente aisladas del contexto, no pueden entender los diferentes significados que una palabra puede tener y, por lo tanto, el texto traducido suele ser palabras amontonadas ininteligibles. Asimismo, los traductores automáticos son incapaces de descifrar las diferencias que pueden existir en el orden de palabras del idioma fuente y el idioma meta y no es extraño encontrar oraciones mal redactadas que requieren de la edición de un traductor humano.
3.“La traducción está lista, ¿puede corregirla?”
Es bastante común que los clientes contacten a agencias de traducción o traductores freelance para que corrijan y editen una traducción hecha por un traductor automático o por alguien que no tiene un buen conocimiento del idioma original e idioma meta. Lo que el cliente desconoce es que corregir o editar este tipo de textos suele implicar volver a traducir el documento desde cero, lo cual significa que el precio por ese trabajo será mayor que el de corregir o editar.
4.Se puede traducir un documento de 5000 palabras en dos horas
¿Alguna vez ha intentado tipear 5000 palabras en dos horas? Necesita ser realmente rápido. Por lo tanto, traducir el mismo número de palabras es imposible. Es difícil para un traductor calcular cuántas palabras podrá traducir por hora ya que depende de varios factores. Entre ellos, podemos mencionar: el tipo de texto, el tema (una traducción técnica lleva más que una carta informal) y el formato.
En promedio, un traductor profesional experimentado suele traducir alrededor de 250-500 palabras por hora, por lo cual le llevaría entre 10 y 20 horas trabajar en un documento de 5000 palabras. Si contrata a una agencia, varios traductores pueden encargarse del texto simultáneamente para que la traducción esté lista antes. Sin embargo, debe tener siempre en cuenta que si espera una traducción de calidad, necesita calcular un tiempo razonable para que la traducción sea realizada.
5. Cada texto puede ser traducido en una sola manera posible
Diferentes traductores traducirán la misma oración de manera diferente y todas serán correctas. La traducción, como la lengua, no es una ciencia exacta y, por consiguiente, no hay una sola manera correcta de transmitir una idea en un idioma diferente. Es verdad, sin embargo, que algunas traducciones son más apropiadas para el contexto o más acordes para el público meta. Es por esto que siempre debe contratar a un traductor que tenga el conocimiento de la industria del documento y el público a quien está dirigida.

(*) Basado en un artículo editado en Facebook – Traductores de Español. Transpanish
Sobre Transpanish
Transpanish es una red de traductores expertos que ofrece servicios a empresas con deseos de tener éxito en la economía global, conquistar nuevos mercados y mejorar la comunicación con sus clientes. Nuestra compañía de traducciones de inglés-español ofrece servicios a clientes de todo el mundo, incluyendo compañías de Fortune 500, agencias gubernamentales, organizaciones sin fines de lucro y multinacionales en casi todas las grandes industrias.
Recientemente creamos TransPortuguese, una división dedicada a las traducciones al portugués y respaldada por más de 8 años de experiencia en la industria de las traducciones.

LA LLUVIA

Revelación

Bruscamente la tarde se ha aclarado
Porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.
Quien la oye caer ha recobrado
El tiempo en que la suerte venturosa
Le reveló una flor llamada rosa
Y el curioso color del colorado.
Esta lluvia que ciega los cristales
Alegrará en perdidos arrabales
Las negras uvas de una parra en cierto
Patio que ya no existe. La mojada
Tarde me trae la voz, la voz deseada,
De mi padre que vuelve y que no ha muerto.


Jorge L. Borges. La lluvia

DÍA E


Día E, la fiesta de todos los que hablamos español
El español es la segunda lengua del mundo en número de hablantes nativos, el segundo idioma de comunicación internacional –lo hablan más de 500 millones de personas– y el tercer idioma más utilizado en Internet. Para celebrar la riqueza de esta vasta cultura en español, el Instituto Cervantes organiza el próximo sábado, 22 de junio, el Día E, una jornada que aspira a consolidarse como la celebración de todos los que hablamos esta lengua.
Fuente: hoyesarte.com

Los centros del Instituto Cervantes distribuidos por los cinco continentes abrirán sus puertas con una programación de actividades culturales para todos los públicos. Puede consultarse el programa completo en el portal del Día E.

Ese día, además, se dará a conocer quién es el ganador del Concurso de cuentos que se ha puesto en marcha para la ocasión.

En la sede central del Instituto Cervantes en Madrid (c/ Alcalá, 49) se celebrará una jornada de puertas abiertas y un programa de actividades dedicadas al público infantil, que incluye:

De 11.00 h a 14.00 h. Cuentacuentos a cargo de Margarita del Mazo, Norma Sturniolo, Ana Cristina Herreros y Luisa Borreguero. El español es la fuente de un patrimonio cultural de extraordinaria riqueza y envergadura. Los más pequeños podrán saborear esta identidad cultural compartida a través de cuentos populares y leyendas españolas y de países iberoamericanos como México, Cuba o Paraguay.
De 11.30 a 12.00 h y de 12.30 a 13.00 h. La magia de las palabras. El ilusionista Pedro Volta ha diseñado un espectáculo en el que las palabras cobran una nueva dimensión gracias al arte de la magia. Una actividad que nos recuerda que la fuerza de la palabra y el lenguaje son tan poderosas que no sería posible materializar lo imposible sin palabras como “abracadabra”.
De 11.00 a 14.00 h. Taller de letras creativas. Los niños podrán elegir y crear su palabra favorita en español, y después llévarsela a casa.
De 11.00 a 14.00 h. Visita a la Caja de las letras. Los asistentes podrán conocer la historia y recorrer la cámara acorazada del Instituto Cervantes en la que se guardan los legados de importantes figuras de la cultura en español. Premios Cervantes como Antonio Gamoneda, Juan Gelman y Nicanor Parra, bailarines como Alicia Alonso y Víctor Ullate, científicos como Margarita Salas, el compositor Cristóbal Halffter, el cineasta Luis García Berlanga, además de varios actores y actrices, ya han dejado a buen recaudo su legado en esta «cápsula del tiempo».
De 10.45 a 14.00 h. Letras que vuelan. Globos para celebrar por todo lo alto la fiesta de los que hablamos español.
La sede central del Instituto Cervantes en Madrid abrirá sus puertas el 22 de junio de 10.45 h hasta las 14.00 h. Todas las actividades programadas son gratuitas y abiertas a todos los públicos.


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ASTROLABIUM


Revista de Cultura ASTROLABIUM
La Revista de Cultura Astrolabium es un medio de comunicación dedicado a la difusión de las artes y la cultura.

En la era 2.0, los escritores podemos perdernos con gran facilidad. Internet nos permite encontrarnos con otros escritores en blogs, foros, talleres... Por lo que es bueno compartir aquellos sitios que más merecen la pena. Una buena amiga y gran difusora de cultura, Alejandra Olaldé, me dio a conocer La Revista de Cultura Astrolabium, una aventura en la que trabajan hispanistas de varios continentes. A todos los que quieran escribir literatura o ensayo en una entusiasta revista y a quienes les interese el mundo de las letras, les recomiendo mucho La Revista de Cultura Astrolabium. A continuación, traslado la presentación de la revista y los enlaces donde es posible encontrarla.
La Revista de Cultura Astrolabium es un medio de comunicación dedicado a la difusión de las artes y la cultura. Nuestro objetivo es consolidarnos como un referente cultural en el ámbito hispanoparlante, especialmente en España y América Latina, pero también en los Estados Unidos y donde quiera haya alguien hablando español.
ASTROLABIUM es una iniciativa llevada a cabo por un grupo de profesionales de las artes y la cultura de varios países (España, Chile, Argentina, México, etc.). Los miembros del Comité Directivo de esta publicación nos encontramos repartidos en distintas latitudes pero hemos hecho realidad nuestro sueño gracias la magia de la Web 2.0. Nuestro sello distintivo es la excelencia, tanto en el diseño como en la selección del material publicable.
La publicación de nuestro Nº0 ha sido toda una hazaña en la que han participado, además del equipo de producción, más de sesenta colaboradores de diversas nacionalidades, la mayoría del ámbito hispano parlante ( VER Nº 0 DE LA REVISTA).
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EL CUERPO HUMANO


Descubren una parte desconocida del cuerpo humano
IRENE GÓMEZ PEÑA
ABC - España
Con el revolucionario hallazgo de la capa DUA los libros de anatomía tendrán que ser reescritos
La capa DUA estaría relacionada con enfermedades de la córnea
Investigadores de la Universidad de Nottingham han descubierto una nueva parte del cuerpo humano de la que nunca antes se había tenido indicios ni en estudios científicos ni en análisis médicos. Se trata de una capa fuerte y resistente situada en la córnea, la ventana clara y protectora de la parte delantera del ojo humano.

Este sorprendente hallazgo, que ha sido publicado en una famosa revista de Oftalmología Académica, servirá de gran ayuda a los cirujanos para mejorar dramáticamente los resultados en pacientes que se han sometido a trasplantes de córnea. La nueva capa recibe el nombre de DUA, en homenaje a su descubridor, el académico Harminder Dua.

«Con su presencia las operaciones de córnea serán más fáciles y seguras»
«Este es un descubrimiento muy importante que significará que los manuales de oftalmología deberán ser reescritos, literalmente. La identificación de este nueva capa distinta y profunda en el tejido de la córnea permite que aprovechemos su presencia para que las operaciones sean más fáciles y seguras para los pacientes», señala este profesor de Oftalmología y Ciencias Visuales.
La córnea humana es una lente protectora, responsable de dos terceras partes de la potencia total del ojo, a través de la cual los rayos de luz entran en el ojo. Los científicos siempre han señalado que la córnea tiene cinco capas o niveles: el epitelio corneal, la membrana de Bowman, el estroma corneal, la membrana de Descemet y el epitelio posterior o endotelio corneal. Ahora a estas cinco se le añade una sexta, la capa DUA.


Causa de algunas enfermedades
«Desde un punto de vista clínico, hay muchas enfermedades que afectan a la parte posterior de la córnea, hecho que los médicos de todo el mundo ya están comenzando a relacionar con la presencia, ausencia o ruptura en esta capa», advierte Harminder Dua.

Puede estar relacionada con enfermedades como la hidropesía aguda
La capa Dua separa la última fila de queratocitos en la córnea y puede estar relacionada con enfermedades como la hidropesía aguda, Descematocele y distrofias pre-Descemet. Tiene un espesor de 15 micrones -la córnea completa tiene un espesor de 550 micrones o 0,5 mm- y es increíblemente dura y resistente como para poder resistir una presión de 200 kilopascales.
Para la realización de esta investigación, los científicos tuvieron en cuenta la existencia de esta nueva capa en la simulación de transplantes corneales y de injertos humanos sobre los ojos donados para esta investigación tomados de un banco de ojos británicos situado entre Bristol y Manchester.

MARÍA NEGRONI

“Cornell es una especie de Baudelaire de Manhattan”
La autora plasmó en un libro tan inclasificable como fascinante su interés por la vida y la obra del artista experimental estadounidense. Negroni trazó un itinerario por las obsesiones menos visibles del flâneur neoyorquino.

Por Silvina Friera - Página 12 - Buenos Aires
Un reino en miniatura se despliega en el pequeño departamento de la calle Viamonte al 300. Hay muchos libros en la biblioteca, custodiados por muñecas antiguas que preservan un acertijo inmanente en esas pupilas lejanas. Podría ser el hogar de una coleccionista de juguetes y algún que otro cachivache bello e inútil. La primera impresión se disipa cuando la razón que todo lo mide y sopesa capitula ante la modesta evidencia de que en este “caleidoscopio divino” emerge una sensibilidad que juega a favor del deseo de anular las clasificaciones. El repertorio de objetos está en un mismo plano de rebelde igualdad. Las muñecas no custodian nada. “Bienvenidos al mundo de María Negroni” podría leerse en un cartel imaginario, un mundo-trampa para asir las cosas. Como los poemas, las novelas y los textos que escribe, cada vez más ambiguos y encantadores, hipnóticos por esa desfachatez con la que se imponen sin cartas de presentación eficaces. Sin etiquetas. Elegía Joseph Cornell (Caja Negra), como advierte David Oubiña en la contratapa, “debería leerse según la lógica de un ensamblaje, un collage, un ready-made”.

“Hace falta mucha infancia. Hace falta días y días de aliteración del misterio, y también noches y noches sin más movimiento que la falsa calma de los relojes”, se afirma en el primer poema en prosa, la primera ventana que abre Negroni para convidar con su travesía por Cornell (Nueva York, 1903-1972), un itinerario articulado por las obsesiones menos visibles de este artista estadounidense –más conocido por su famosas cajas–, como el collage cinematográfico conformado por Children’s Party (1940), Cotillion (1940), Aviary (1955) y Bande á Part (Mulberry Street, 1967), entre otros títulos. Un trayecto delineado por la tentativa de componer “Apuntes de una biografía mínima”; un conjunto que puede ser también una suerte de bazar íntimo de búsquedas residuales. “El libro gira en torno a un fotograma de una película, que es la chica que pasa desnuda sobre el caballo blanco. Ese es el principio organizador para mí, el núcleo del cual salen y al cual vuelven las cosas. Es una nena pre púber, de diez años, que aparece sobre un caballo blanco con el pelo como si fuera Lady Godiva, y está en el límite entre lo inocente y lo perverso. Esa imagen es un enigma y como tal es un estímulo para la poesía –cuenta la escritora a Página/12–. Ahí se me ocurrió empezar a rodear la imagen desde distintos puntos de vista. Hay momentos en que me acerco como si yo fuera Cornell; momentos en que me acerco como si fuera la nena; momentos en que me acerco como si fuera la asistente de Cornell; momentos en que me acerco como si yo fuera yo. Estos son los poemas en prosa.”

–¿De dónde viene esta pasión por Cornell? ¿Se conecta con el interés por “catalogar lo insólito”, como se lee en el prólogo del libro?

–Hay muchas cosas que me unen a Cornell. Lo primero y fundamental es el amor por la ciudad de Nueva York, una ciudad donde viví muchos años y que obviamente tuvo un efecto muy importante en mí, sobre todo los diez primeros años, que fueron de fascinación absoluta y de mucho aprendizaje. Cornell es una especie de Baudelaire de Manhattan, un flâneur dentro de esa ciudad que le encantaba. Él se metía por los barrios más marginales, los mercados de pulga. Otra cosa que tiene y con la que siento mucha afinidad es que el imaginario de Cornell está muy enraizado en la infancia y en el siglo XIX. Le gustaban las divas de la ópera, los poetas como Rimbaud, Verlaine y Nerval; y le fascinaba toda la música del período romántico, Schumann, Débussy... Cornell era un tipo anacrónico, un amante de una Nueva York perdida. En esa ciudad tan vital y tan siglo XX, Cornell buscaba remanentes de lo que precedió a Nueva York. Y lo raro es que es uno de los pocos americanos que tiene su imaginario centrado en Europa; para nosotros no es tan extraño porque la Argentina siempre ha mirado básicamente a Europa. Nuestros escritores hacían el famoso viaje a Europa; y sobre todo, la cultura francesa ha tenido mucha influencia acá. En Estados Unidos no es así. Y Cornell es una excepción entre los norteamericanos que no se fueron a vivir a Europa. Este sería otro punto en común. Y la fascinación con la infancia, con los chicos, con los juegos.

–Pero es una fascinación con una “infancia triste” o rota, como se menciona en Elegía...

–La infancia –por definición– es la infancia perdida, una infancia melancolizada en un punto. Es una infancia a la que le podemos poner varios adjetivos, pero siempre van a estar en la ruta de lo triste porque no es una infancia presente, sino añorada como un Edén perdido. El libro termina con esa especie de pregunta acerca de si es la muerte de la infancia o la infancia de la muerte, ¿no? Se puede pensar que lo que Cornell está lamentando es la muerte de la infancia. O que lo que él está mirando a través de los niños es el período de infancia de la propia muerte. La muerte vive con nosotros desde que nacemos; la muerte tiene un período de infancia. Ahí se produce un planteo interesante: qué pasa con esa muerte que crece. Cornell es uno de los artistas norteamericanos que más me ha convocado; aparte es muy literaria su obra. Las cajas que él hizo están llenas de referencias a Rimbaud, a Baudelaire a Emily Dickinson.

–Asombra leer que Cornell leyó Ficciones de Borges.

–Sí, es impresionante, ¿no? Está en la entrada de su diario, a fines de la década del ’50.

–Cuesta un poco asociar a Cornell con Borges...

–¿Por qué? Para mí hay relaciones. Borges es también anacrónico. Su literatura no es una literatura fechada, realista, que tenga que ver con problemas entre comillas contemporáneos. Era un escritor que se pasaba hablando de Schopenhauer, además de todas las otras cosas de las que habló. No sé cómo habrá llegado a manos de Cornell Ficciones, pero está registrado que lo leyó. Y me imagino que puede haberle gustado mucho por la literatura sobre la literatura, que eso lo tiene Cornell también: es el arte sobre el arte. No hay ninguna tentativa representacional en Cornell. Él toma las cajas y adentro pone los fragmentos y los residuos de la cultura. Tiene, por ejemplo, una caja maravillosa con fotos de Lauren Bacall. Le encantaban las actrices de cine. El arte de Cornell no representa nada, y en ese sentido está en la misma estética que Borges. Yo creo que hay una afinidad entre los dos.

–Cornell no leyó al Borges vinculado con las vanguardias. El Borges de Ficciones es un escritor “más clásico” y se suele pensar a Cornell como un vanguardista.

–Más que vanguardista, lo veo como un marginal. El nunca formó parte del establishment del arte norteamericano. Cornell es inclasificable, un enigma todavía al día de hoy, siendo que su obra está en todas las colecciones permanentes y se han hecho retrospectivas; pero en vida no era famoso como es ahora. Incluso no es un artista de fácil digestión hoy porque es demasiado irreverente, está demasiado corrido de todo. Es un artista plástico que no pinta, es un cineasta que no filma; trabaja sobre los residuos y hace collage. Cornell es muy extraño, es como un Marcel Duchamp. Y no descarto que haya sido Duchamp, que vivió acá, quien le haya pasado a Borges.

–¿Por qué Cornell es tan literario? ¿Por qué es tan afín al mundo de la literatura?

–Cornell tiene un imaginario muy literario. Le gustaba mucho leer y tenía sus fascinaciones con ciertos escritores. En su estudio se encontraron grabaciones de poesías de Robert Frost y de Walt Whitman. Cornell tenía sus héroes, que no eran muchos. Algunos escritores como Rimbaud y Nerval que se los sabía de memoria. Si yo hubiera podido elegir, hubiera vivido en el siglo XIX. Los escritores que Cornell ama los corre del lugar de escritores. Rimbaud y la bailarina Fanny Cerrito tienen la misma entidad para él. Pasan a ser figuras del imaginario. Su interés en la literatura es casi nostálgico. Son los mundos que hay detrás de esos escritores que le gustan; la sensibilidad, una cosa de afinidad estética que tiene con cierto tiempo, con ciertas prácticas y con ciertas maneras de mirar. Cornell tenía una mirada omnívora. Es fascinante observar cómo catalogaba sus cajas de material para trabajar. Tenía programas de agencias de viajes, fotos de actrices, de exposiciones universales y de animales del zoológico. Podía poner juntos a Nerval y a una foca en un circo haciendo girar una pelota de plástico. Y a renglón seguido, unos chicos saltando un aro. Así es la vida. No hay jerarquías. Todo ocurre todo el tiempo en esta especie de diversidad caótica que nos produce angustia, pero que también es maravillosa.

La mirada de Negroni se ilumina cada vez más, animada por la intensidad del flechazo que siente por la obra de ese hombre que amaba perderse en la ciudad, “el eremita de Utopia Parkway”, lo llama en el libro. “Me parece extraordinario cómo empezó Cornell con el cine –pondera–. Llevaba rollos de viejos films clase B para ver junto con su hermano paralítico. Cuando se aburrían de ver muchas veces el mismo film, Cornell se iba al sótano, donde tenía el estudio, y empezaba a cortar y a rearmar las escenas. Lo cual te prueba que el argumento de algo es lo de menos.”

–¿No hay una lógica?

–Hay una lógica, pero es otro tipo de lógica. Cornell prueba que no importa qué orden se les dé a las imágenes; en el orden en que se pongan siempre va a haber un sentido que se va armar. Y uno podría decir que con las palabras pasa lo mismo: uno podría cambiar el orden de los fragmentos y, si la escritura es buena, se va a seguir sosteniendo, aunque cambies el orden.

–Uno de los aspectos más inquietantes de Cornell es la idea del viajero fascinado por el viaje inmóvil.

–Sí. Cornell no salió jamás de Nueva York. Su mundo empieza y termina en Times Square. Yo he visto fotos de él. Era un hombre muy alto, muy delgado, con esos trajes medio raídos de color gris. No era un hombre atildado, sino un personaje gris que se movía como un “ratón de biblioteca” en la ciudad. Como esos personajes medio anodinos que no te llamaban la atención y que se pasan buscando cosas raras.

–Acá hay un contraste notable con su itinerario: de Rosario a Buenos Aires y de acá hacia Nueva York.

–Rosario no lo cuentes porque fue medio accidental. Mis padres se habían ido de Rosario y mi mamá volvió para que yo naciera, para estar con su familia, pero no viví en Rosario. Mi infancia fue en Mendoza y a los diez años vine a Buenos Aires. Y me fui a Nueva York a los treinta. No soy una viajera inmóvil (risas). A mí me encantan los mercados de pulgas, las ferias americanas, como a Cornell. Cuando entrás a una feria americana, tenés que tener un buen ojo porque hay doscientas porquerías y de repente hay algo que es maravilloso. Lo mismo pasa cuando vas a una librería de viejos. De repente agarrás un libro y te preguntás: ¿esto qué hace acá? Es una habilidad. Cornell salía a recoger sus materiales y con eso hacía su obra.

–¿Cómo explicar ese interés de Cornell por los residuos, por lo que se desecha?

–Residuo es todo, lo que pasa es que todavía no alcanzó esa categoría. Pero con un poquito de tiempo y de paciencia, lo será. Nosotros somos residuos. La idea de poner el ojo en lo que se perdió o en la basura es como tener intensificada la conciencia del tiempo. Hay un poema maravilloso de Pessoa –se llama “Tabaquería”– y él dice que con el tiempo se morirá el cartel, se morirá el idioma en que están escritas las palabras del cartel, se morirán los versos en que estoy escribiendo esto. Y sigue... Es una celebración de cierto fracaso. Celebrarlo y reciclar.

–¿Por qué le hubiera gustado vivir en el siglo XIX?

–El siglo XIX es maravilloso, tiene tantas cosas... Me gusta mucho la literatura gótica, el romanticismo alemán, el nacimiento del cine; y políticamente es un hervidero hacia cosas que iban a venir después. El siglo XX me parece más duro, politizado en un sentido terrible, con un ciclo de guerras y revoluciones que terminaron horrendamente. Me corrijo: me gusta vivir en este siglo, mirando al siglo XIX.

INSTITUTO CERVANTES


El Instituto Cervantes fomentará el español entre internautas del mundo

AGENCIA EFE
El Instituto Cervantes acercará el español a los internautas de todo el mundo gracias al refuerzo de sus herramientas digitales, que le permitirán difundir el idioma por el universo web y ofrecer nuevos servicios relacionados con la enseñanza de la lengua y la obtención de diplomas oficiales.

La firma del convenio marco entre el Instituto Cervantes y la Fundación Europea para la Sociedad de la Información (FESI), que se ha celebrado hoy, hará posible esta modernización tecnológica.

Equipos informáticos, programas específicos, dispositivos electrónicos y un equipo de expertos serán los motores que impulsarán este camino digital durante los próximos nueve años.

Para ello, la fundación aportará 6,5 millones de euros que harán realidad la expansión del español por el ciberespacio. Enseñanza digital, promoción de la cultura y nuevas aplicaciones para certificar el nivel de conocimiento de la lengua serán algunas de las novedades que ayudarán a la exportación del idioma.

Además, facilitará la obtención de los Diplomas de Español como Lengua Extranjera (DELE); creará un portal unificado de la institución e implantará sistemas de comercialización en línea de productos o servicios y de administración electrónica, entre otras muchas medidas.

La Fundación Europea también pondrá en marcha diversos Programas de Aportaciones de la Fundación Europea como «Eurípides», plataforma de Televisión Corporativa por Internet, o «Administratel», centrada en facilitar el acceso de los ciudadanos a la Administración Electrónica.

Además, relacionados con la interacción con los ciudadanos la FESI ha desarrollado las plataformas «Conecta», con el objetivo de mejorar la presencia en las redes sociales, y «Participa» que fomentará la comunicación con los internautas.

El acuerdo ha sido suscrito por el director del Cervantes, Víctor García de la Concha; el presidente de la FESI, Enrique Barón y el presidente de la Delegación Española para la FESI, José María Gil-Robles.

García de la Concha ha entendido el convenio como un «regalo» mientras que Barón ha considerado que es el momento de «defender el español» pues se trata del «mayor capital que tenemos».

La Fundación Europea para la Sociedad de la Información es un organismo declarado de utilidad pública que promueve y apoya el uso de las nuevas tecnologías para las Administraciones Públicas de los países miembros de la Unión Europea.

Las palabras y sus motivos



Por María Luisa García Moreno

No sé si se te ha ocurrido pensar por qué damos ese nombre y no otro a un objeto o fenómeno determinado. Sin embargo, resulta un tema interesante. En la formación de las diferentes palabras ocurren procesos curiosos; a veces una metáfora, a veces la asociación con un nombre, a veces…

Por ejemplo, la palabra alumno, que es de origen latino y surgió alrededor de 1605, significa persona criada por otra y se deriva de alere que, a su vez, significa alimentar, en clara referencia al alimento espiritual que recibe el intelecto humano en el proceso de enseñanza-aprendizaje: toda una metáfora, es decir, la traslación del sentido de la palabra alimento, bien concreta, al plano de la espiritualidad.

De igual modo, el término soldado procede propiamente de sueldo, del latín sôlîdus, moneda, y va unido a los primeros intentos de institucionalización de los ejércitos; posteriormente, en la Edad Media la palabra, sueldo, pasó a significar paga del soldado o soldada y más adelante, salario en general, como lo entendemos hoy.

Otro término de origen curioso es mayonesa. Resulta que una de las primeras victorias del ejército francés contra los ingleses, durante la Guerra de los Siete Años (1756-1763), fue la conquista de la isla de Menorca, en las Baleares. Por entonces, esta isla —hoy parte de una comunidad autónoma española, junto a Mallorca, Ibiza y otras— estaba en manos de Inglaterra desde 1708, cuando los británicos se la habían arrebatado a los españoles. Durante esa guerra, el 17 de abril de 1756, en Menorca, los vigías ingleses detectaron en la lejanía, la presencia de 197 velas: era la flota francesa, con su buque insignia, el Foudroyant, donde se hallaba el cardenal y político francés Louis François Armand Vignerot du Plessis, duque de Richelieu (1696-1788), comandante de las fuerzas de desembarco.

Una vez conquistada la isla, el cardenal de Richelieu gustó en Maó o Mahón, la capital de Menorca, una salsa que los nativos usaban para sazonar el pescado, y que se hacía con aceite de oliva y yemas de huevo batidas. Encantado con el exquisito sabor de aquella salsa, la llevó a París, donde se puso de moda como sauce mahonnaise, salsa de Mahón. Pronto fue afamada en el mundo entero y en los países hispanohablantes se le conoce como salsa mayonesa o mahonesa. Curioso ¿verdad?

De igual forma, tú conoces otras palabras que proceden de nombres propios como palestra, mentor, narcisismo, hermetismo, pírrico, agramontino…

Así ves que las palabras de nuestro idioma tienen no solo orígenes diversos, sino que además responden a asociaciones curiosas que les sirvieron de motivo.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE


basado en no es ubicado en

La locución basado en significa en español ‘fundado, apoyado o asentado sobre algo’, de modo que su empleo con el sentido de ‘ubicado en’ es un calco inapropiado del inglés based in, lengua en la que sí tiene este sentido.

Sin embargo, este calco aparece en algunas frases de los medios de comunicación: «El joven ha estado una década relacionado con la inteligencia estadounidense, primero como ingeniero informático de la CIA, basado en Ginebra», «Aunque está basado en Londres, ha invertido la mayor parte de su primer año en el cargo viajando alrededor del mundo».

Algunas de las traducciones de based in en español con este sentido son ‘ubicado en’, ‘radicado en’, ‘sito en’, ‘con base en’ o, simplemente, la preposición en seguida del lugar correspondiente.

De este modo, lo adecuado en las frases anteriores habría sido escribir «El joven ha estado una década relacionado con la inteligencia estadounidense, primero como ingeniero informático de la CIA en Ginebra» y «Aunque está radicado en Londres, ha invertido la mayor parte de su primer año en el cargo viajando alrededor del mundo».

El hombre sin cualidades


Por Mario Vargas Llosa | Para LA NACION

MADRID- Estuve una semana en París y el fantasma de Hannah Arendt me salió al encuentro por todas partes. En tres cines del Barrio Latino exhibían la película que Margarethe von Trotta le ha dedicado y me gustó mucho verla. No es una gran película, pero sí un buen testimonio sobre la recia personalidad de la autora de Los orígenes del totalitarismo , su lucidez y su insobornable independencia intelectual y política.

El film está casi totalmente centrado en el reportaje que Hannah Arendt escribió, a pedido suyo, para The New Yorker sobre el juicio al criminal nazi Adolf Eichmann que se celebró en Jerusalén en 1961, y el escándalo y la controversia que provocó, sobre todo al aparecer ese texto ampliado en un libro en 1963, donde la pensadora alemana desarrolla su teoría sobre "la banalidad del mal". La actriz Barbara Sukowa hace una sutil interpretación de Arendt; la mayor flaqueza de la película es la fugaz y caricatural descripción que presenta del vínculo que unió a Hannah Arendt con Martin Heidegger, de quien fue primero discípula, luego amante eventual y al que, pese a la cercanía que aquél tuvo con el nazismo, profesó siempre una admiración sin reservas (al cumplir Heidegger 80 años le dedicó un largo y generoso ensayo).

Y, justamente, nada más salir del cine de ver esa película descubrí que en el pequeño teatro de La Huchette, donde se siguen dando las dos primeras obras de Ionesco ( La cantante calva y La lección ), que vi en 1958, se representaba también la obra de un autor argentino, Mario Diament, Un informe sobre la banalidad del amor , subtitulada Historia de una pasión , y dedicada a las relaciones de Hannah Arendt y Heidegger.

¿Existió realmente una pasión entre la brillante muchacha judía que padeció persecuciones, pasó por un campo de concentración y debió exilarse en Estados Unidos para escapar a la muerte y el gran filósofo del ser, que aceptó ser rector de la Universidad de Friburgo bajo las leyes nazis y murió sin haber renunciado nunca a su carnet de militante del Partido Nacional Socialista?

En la obra de Diament, sí, tuvieron una pasión compartida, duradera y traumática, que ni las atrocidades del Holocausto pudieron abolir del todo. La obra está bien hecha y los dos actores que encarnan a los protagonistas son magníficos -Maïa Guéritte y André Nerman-, pero en la realidad, al parecer, la pasión fue bastante asimétrica, más profunda y constante de parte de la discípula que del filósofo, en quien aparentemente tuvo un sesgo más superfluo y transitorio (la verdad es que sobre este asunto hay todavía más conjeturas y chismografías que verdades comprobadas).

En todo caso, estos episodios me llevaron a leer Eichmann en Jerusalén , que había dejado sin terminar la primera vez que lo tuve en las manos. Leído ahora, medio siglo después de su publicación, sorprende que ese denso, intenso y admirable ensayo pudiera provocar al aparecer ataques tan grotescos como los que recibió su autora (llegó a ser acusada de "pro nazi" y "antijudía" por algunos exaltados fanáticos que firmaron manifiestos para que fuera expulsada de la universidad norteamericana donde enseñaba). Pero no debería llamarnos demasiado la atención, pues el siglo XX no fue sólo el de las grandes carnicerías humanas, sino también el del fanatismo y la estupidez ideológica que las incitaron.

La rigurosa autopsia a que somete Hannah Arendt al teniente coronel SS Adolf Eichmann, hombre de confianza de Himmler y uno de los más destacados especialistas del régimen hitleriano en "el problema judío" -mejor dicho, en la exterminación de unos seis millones de judíos europeos-, a raíz de los documentos y testimonios que se exhibieron en el juicio, arroja unas conclusiones escalofriantes y válidas no sólo para el nazismo, sino también para todas las sociedades envilecidas por el servilismo y la cobardía que genera en la población un régimen totalitario. El espíritu romántico, congénito a Occidente, nunca se ha liberado del prejuicio de ver la fuente de la crueldad humana en personajes diabólicos y de grandeza terrorífica, movidos por el ideal degenerado de hacer sufrir a los demás y sembrar su entorno de devastación y de lágrimas. Nada de esto asoma siquiera en la personalidad de ese mediocre pobre diablo, fracasado en todo lo que emprende, inculto y tonto, que encuentra de pronto, dentro de la burocracia del nazismo, la oportunidad de ascender y disfrutar del poder. Es disciplinado más por negligencia que convicciones, un instinto de supervivencia abole en él la capacidad de pensar si hay en ello algún riesgo, y sabe obedecer y servir a su jefe con docilidad perruna cuando hace falta, poniéndose una venda moral que le permite ignorar las consecuencias de los actos que perpetra cada día (como despachar trenes cargados de hombres, mujeres, niños y ancianos de todas las ciudades europeas a los campos de trabajos forzados y las cámaras de gas). Con énfasis aseguró Eichmann en el juicio que nunca había matado a un judío con sus manos, y seguramente no mintió.

Cualquiera que haya padecido una dictadura, incluso la más blanda, ha comprobado que el sostén más sólido de esos regímenes que anulan la libertad, la crítica, la información sin orejeras y hacen escarnio de los derechos humanos y la soberanía individual son esos individuos sin cualidades, burócratas de oficio y de alma, que hacen mover las palancas de la corrupción y la violencia, de las torturas y los atropellos, de los robos y las desapariciones, mirando sin mirar, oyendo sin oír, actuando sin pensar, convertidos en autómatas vivientes que, de este modo, como le ocurrió a Adolf Eichmann, llegan a escalar las más altas posiciones. Invisibles, eficaces, desde esos escondites que son sus oficinas, esas mediocridades sin cara y sin nombre que pululan en todos los rodajes de una dictadura son los responsables siempre de los peores sufrimientos y horrores que aquélla produce, los agentes de ese mal que, a menudo, en vez de adornarse de la satánica munificencia de un Belcebú se oculta bajo la nimiedad de un oscuro funcionario.

Kafka ya lo identificó en esos invisibles personajes que juzgan y ejecutan a inocentes como K. por crímenes fantásticos e inexistentes, pero el gran mérito de Hannah Arendt es haber sacado de la literatura a ese hipócrita y darle el protagonismo que merece como secuaz indispensable de los verdugos y haberlo tipificado como el agente predilecto del mal en el universo totalitario.

Eichmann "no era ni un Yago ni un Macbeth", dice Hannah Arendt, ni tampoco un estúpido. "Fue la pura ausencia de pensar - lo que no es poca cosa- lo que le permitió convertirse en uno de los más grandes criminales de su época. Esto es «banal» y hasta cómico, pues ni con la mejor voluntad del mundo se consiguió descubrir en Eichmann la menor hondura diabólica o demoníaca." Lo terrible de Eichmann es que no era un hombre excepcional, sino uno común y corriente. Lo que significa que todo hombre común y corriente, en ciertas circunstancias (una dictadura hitleriana, por ejemplo), puede convertirse en un Eichmann.

Algo de esto había dicho años antes Georges Bataille, comentando el prontuario criminal del valeroso compañero de batalla de Juana de Arco, al que se le descubrió más tarde que asesinaba niños en serie porque era un pervertido sexual: que, nos guste o no, en el fondo de todos nosotros, no sólo los "malos", también los "buenos", se esconde un pequeño Gilles de Rais.

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