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sexta-feira, 15 de fevereiro de 2013

El traductor en la encrucijada


Dos novelas diferentes, Manual del caníbal, de Carlos Balmaceda, y Cómo me hice monja, de César Aira, comparten una misma característica: el problema que implica expresar en otro idioma nociones difícilmente homologables
Por Takaatsu Yanagihara | Para LA NACION


Tan pronto como terminé con la traducción al japonés de Manual del caníbal, de Carlos Balmaceda, y se la entregué al editor, antes de que saliera la primera prueba de corrección, procedí a la traducción de Cómo me hice monja, de César Aira. El contraste no podía ser más acusado. Tuve como un vértigo al pasar de la historia de un mesón que a lo largo de más de setenta años ha encantado a los clientes, relatada con una prosa deliciosa y barroca, a otra historia que abarca tan sólo un año de sucesos que vinieron por encima de una supuesta niña, a la que toman de niño, contada por la misma niña, o niño.
He dicho "vértigo", y las dos novelas, a su vez, son algo que da, en sí, vértigo. La de Balmaceda es una historia de un mesón de Mar del Plata, sus fundadores, sus sucesores, comidas encantadoras servidas en la casa, manual de la artes culinarias que dejaron escrito los hermanos fundadores, etcétera. La historia del mesón es la de los inmigrantes italianos, de los que estuvieron a merced de la tormenta de la política del país. El Almacén Buenos Aires, que así se llama el escenario en que se desarrolla la historia de la novela, asume toda la historia moderna de la Argentina. Una historia condensada pero contada a paso ligero y no cronológico, yendo de una parte a otra, pegando un brinco por encima de, por ejemplo, treinta años hacia adelante y retrocediendo diez, así, de una manera inquieta, es muy vertiginosa. Además del escenario, uno de los objetos principales de la descripción novelística son los platos maravillosos del mesón. Es otra causa de vértigo y del placer que nos conduce a la catástrofe final. Entonces mi mayor esfuerzo como traductor tuve que canalizarlo para no perder, en lo posible, cada detalle, tanto histórico como alimenticio, con que el autor ornamenta la escena. Tuve que recurrir, cada dos por tres, a los diccionarios y las enciclopedias.
El vértigo que uno siente al leer la novela de Aira es de carácter diametralmente distinto. La protagonista-narradora-niña-que debe de ser niño, ella o él mismo siente vértigo al probar, a los seis años de edad, el primer helado en su vida. Siente náuseas porque el helado de frutilla está podrido. Cae enferma, está a punto de morir y sufre un delirio. Entra en la escuela con unos meses de retraso y padece una suerte de dislexia. Va descubriendo de una manera muy peculiar cómo se articula la palabra. Entonces se le abre un mundo, pero ese mundo, descubierto a través de la prolongación del delirio, descripto con palabras fingidas de inocencia, resulta ser imaginario, alucinante, extraño, a fin de cuentas vertiginoso. Lo que tuve que hacer fue intentar reproducir el vértigo de la protagonista-narradora en el ambiente del idioma japonés. Cuando usé diccionarios, éstos fueron de otra categoría: diccionarios de japonés, glosario de palabras oníricas, etcétera.
A pesar del contraste que marcan las dos novelas, Manual del caníbal y Cómo me hice monja comparten algunos rasgos (aunque son secundarios, no esenciales con respecto a sus historias). Para los autores de ambas novelas, ésta es la primera traducción al japonés. No es la primera de César Aira, porque uno de sus cuentos fue publicado en una revista. Pero de las novelas, o mucho más, de sus obras maestras, es la primera que se traduce.
La novela de Balmaceda forma parte de una biblioteca de autores del mundo que no habían sido traducidos, preparada por la editorial Hakusuisha, la cual ha publicado a un Borges, un Puig, un Salinger, un Bolaño, entre otros. La novela de Aira es el segundo título de una serie de novelas latinoamericanas planeada por Shouraisha, editorial que es, sobre todo, conocida por la publicación de un libro de Italo Calvino y las obras completas de Robert Musil. A mí me parece que ambas traducciones han encontrado una oportunidad ideal para estrenar.
El segundo rasgo en común que tienen las dos novelas es que tanto el editor como el traductor, después de una discusión, tuvimos que modificar su título original. Para presentar la novela de Balmaceda le pusimos el nombre del mesón en que tiene lugar la historia de la novela: Almacén Buenos Aires. Pero como no tenemos noción equivalente a "almacén" o "mesón", en lugar de ella, le aplicamos un nombre "shokudou", lo que define una suerte de fonda tradicional. Suena un poco anticuado, caduco, al mismo tiempo que provoca nostalgia. La idea fue del editor. Cuando vino a pedirme que la tradujera ya se había propuesto el título y lo di por bueno.
El caso de Cómo me hice monja fue, de verdad, un problema. La palabra "monja" que figura en el título no hay que entenderla al pie de la letra. La narradora dice que va a contar su historia, que es la historia de "cómo me hice monja", y si no se la hace, entonces, la palabra puede significar otra cosa. Supuse que la "monja" funciona en el sistema del llamado lunfardo. Con esa suposición, se me ocurrió una palabra japonesa que puede tener el mismo segundo significado, y que es una palabra que tiene que ver con el budismo. O más bien, el mismísimo Buda en persona.
Ahí el editor y yo nos paralizamos. Una palabra religiosa que a la vez puede funcionar en un sistema de jerga. Eso sí que marca paralelismo con "monja"; puede decirse que es una palabra "homóloga", es ideal, pero, cristianismo y budismo, ¿como se puede establecer una correspondencia directa? Además, ¡es Buda! Estrictamente dicho, no es "homólogo" de una monja. ¿Un Buda encabezando una novela en que dice que se narra la historia de cómo alguien se ha hecho monja, dejado a solas, en suspenso, sin explicación, no provocaría un escándalo, una duda innecesaria? Y discutimos.
Pero a veces pienso que precisamente ahí reside el problema esencial de la traducción. ¿Hasta dónde podemos los traductores transformar la cosmogonía del original? Dicho en concreto, ¿hasta dónde se puede establecer paralelismo entre dos religiones? ¿Es posible cambiar a una "monja" cristiana por un Buda? Puede ser un reto. Tal vez tengamos siempre que enfrentar retos, más o menos, como éste.
¡Ah! ¿Y qué título le pusimos a la traducción de Cómo me hice monja de César Aira? Pues vengan a Japón a comprar el libro..


Leer para ser libres


Bettina Caron habla, en esta mini-entrevista, sobre la importancia de la lectura en la actualidad. "La lectura literaria humaniza porque trata temas que hacen a la condición humana..."
POR BETTINA CARON

Bettina Caron, licenciada en Letras, creó y ejerció la capacitación de los programas “Niños promotores de lectura” y “Escribir con humor” que desde 1985 se aplican en numerosas escuelas del país y del exterior. Publicó cuentos para niños y ensayos sobre literatura infantil y promoción de la lectura. Es autora de Posmodernidad y lectura (Libros del Zorzal).
¿De qué manera la lectura literaria humaniza, en un mundo donde incluso las experiencias y las emociones las programa el mercado?
La lectura literaria humaniza porque trata temas que hacen a la condición humana como el amor, la muerte, los deseos, las esperanzas, las frustraciones, las injusticias, la solidaridad y permite atisbar otros mundos posibles en este mundo y, además, porque la literatura hace sentir, emocionarse y pensar en uno mismo. Es decir que la literatura es peligrosa. Contrariamente, el mercado necesita desvirtuar la condición humana para poder manejar a su favor la economía mundial, manipulando al individuo al inventar y venderle deseos, productos y servicios que impone la publicidad masivamente. La lectura literaria, en cambio, puede generar una visión personal del mundo porque no apela a lo común sino a lo distinto que nos hace humanos. No es el libro el que nos puede transformar, sino la lectura que hacemos de él. Experiencias a veces de empatía o rechazo, de enamoramiento de ciertos personajes, de ciertas ideas y pensamientos, son las que enriquecen la construcción de esa subjetividad.
Ahora bien, ¿cómo se construyen esos espacios para defender la subjetividad?
Leyendo literatura, desarrollando contactos con actividades artísticas. También colaboraría en este intento un uso racional y crítico de la TV y las TIC (Tecnologías de la información y la comunicación), para no transformarnos en ciudadanos made in TV o made in TIC . No es mala la tecnología precisamente, sino su filosofía cuando nace de la asociación ilícita de la Globalización, la Tecnocracia y el Consumismo.

El español es la segunda lengua más usada en Twitter



El español ha registrado un notable aumento en internet en la última década, hasta el punto de que ya es la segunda lengua más usada en la red social Twitter, tras el inglés y por delante del portugués y del japonés, mientras que en Facebook, que tiene mil millones de cuentas, 80 millones de personas se expresan en español.

El dato fue dado a conocer por el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, en la presentación del Anuario de esta institución, en el que se realiza una radiografía de la presencia de esta lengua a nivel planetario y que se publicó bajo el título "El español en el mundo".

El potencial de crecimiento del español en internet es además muy alto, ya que en América Latina el porcentaje medio de la población que usa la red de redes es aún sólo del 39,5%, frente al 65,6% de España o el 71,5% de la Unión Europea, informó la agencia DPA.

El estudio del español en el planeta mantiene un importante crecimiento sostenido. De acuerdo a los datos aportados, ahora mismo hay 18 millones de personas que lo estudian como lengua extranjera.

Tras el chino y con 495 millones de personas que lo hablan, el español es la segunda lengua del mundo por uso. Según expresó De la Concha, en 2013 "habrá ya 535 millones de personas, un 7,5 por ciento de la población mundial".

Si sigue la tendencia, "en tres o cuatro generaciones el diez por ciento de la población mundial se entenderá en español", aseguró el también ex director de la Real Academia Española (RAE).

Estados Unidos, entonces, "puede que sea el primer país del mundo" en el que se hable el idioma, dijo el filólogo. Allí es donde "se está jugando" la consolidación del español como segunda lengua de comunicación internacional.

"El español no es sólo de España", manifestó De la Concha. "Nosotros somos sólo la décima parte de los hispanohablantes y por tanto, la responsabilidad de la difusión de ese patrimonio corresponde al conjunto de todos los países", destacó.

El Instituto Cervantes, que promueve la enseñanza de esta lengua en el mundo en dependencia del Ministerio de Exteriores español, centra ahora sus esfuerzos en la región de Asia-Pacífico, donde crece la demanda de aprendizaje del español.

Frente a los 1.500 del año 2000, en China hay ahora 25.000 universitarios que lo estudian en las 90 universidades que lo imparten y allí ha habido que rechazar un 70 por ciento de las solicitudes de cursos de español por la escasez de profesores cualificados para impartirlos.

El gigante asiático "exporta" estudiantes a 34 universidades hispanoamericanas y 22 españolas que pueden convertirse en el futuro en los profesores de español que hacen falta en ese país.


LA LENGUA VIVA


El tertulianés
Amando de Miguel


Recibo muchos correos en que se comentan las incidencias de algunas tertulias en las que participo. Mi experiencia me dice que la clave para juzgar una tertulia es si habla solo una persona al tiempo y la mayor parte del tiempo. Eso es poco usual. Lo normal es que hablen dos o tres personas a la vez. Los oyentes quizá piensen que los tertulianos cobran por el número de palabras emitidas. No es así. Hablan varios a la vez porque no se escuchan. Es mucho más difícil escuchar que hablar. Por esa razón muchas tertulias son más bien una sucesión de monólogos, bien que en parte superpuestos, lo que hace que parezcan un diálogo.
Ibón Ayarzagüena me envía un simpático comentario sobre mi estilo en las tertulias. Lo compara con el de Antonio Gala, "por el uso que hacen ambos de nuestro lenguaje". Aprecia don Ibón la independencia intelectual. Lo más halagador que me dice es: "Aún no he descubierto sus inclinaciones políticas". Supongo que quiere indicar que procuro criticar también a los políticos que voto, si es que se lo merecen. Esto me recuerda la reflexión que hizo Walter Cronkite, el famoso presentador de la televisión norteamericana. Después de 40 años en antena, comentando los sucesos políticos, nadie pudo decir a qué partido había votado. Era de ver con qué maestría comentaba en directo los resultados que iba desgranando la noche de las elecciones generales.
Agustín Gómez Vallejo me felicita igualmente por mi participación en las tertulias de la tele y la radio. Solicita ser mi amigo y conocerme personalmente. No hay problema. Los primeros lunes de mes mantengo una tertulia en el café Gijón (a las cinco de la tarde). Nos reunimos un grupo de amigos que lo somos a través de la internet. Es lo que se llama una quedada. Don Agustín, queda usted invitado. Ahí podrá comprobar la auténtica tertulia de café.
Cada vez está más claro que muchos de los rasgos que aquí hemos dado en llamar politiqués se pueden aplicar igualmente a las tertulias de la radio o la tele. La jerga ahora es la del tertulianés. Hay algunas innovaciones, como la de insistir en lo de "dicho lo cual". Se ve en seguida qué tertulianos repiten las letanías (ahora se dicemantras) del partido político que tácitamente representan. Viene a ser el polo opuesto al de Walter Cronkite. Es decir, es fácil adivinar cuál es su voto. En ese caso los argumentos expuestos resultan un tanto cansinos. Aun así, el espectáculo de las tertulias es fascinante. Cada uno se retrata como es. Digamos que se muestra como una representación teatral en la que cada uno incorpora su personaje. Hay incluso algunas normas del atuendo. Por ejemplo, si un caballero desea pasar por progresista, el color de su corbata debe ser más claro que el de la camisa. De ir sin corbata, la camisa debe ser oscura; mejor, negra. Es lo que se llama lenguaje corporal. Claro que lo fundamental es el repertorio de ideas. Las de un progresista son las de no criticar nunca al partido de sus preferencias. En cambio, esa coherencia no se exige a un liberal, entre otras razones porque no hay un partido que sea propiamente liberal. Así que, remedando al clásico, podríamos hablar de los "progresistas de todos los partidos". Si serán confusas mis ideas que un contertulio me dijo no hace mucho que yo era "bolchevique". Otro, esta misma semana, me ha tildado de "keynesiano". Esta vez remedo a Pío Cabanillas (padre):
No sabemos quiénes somos, pero vamos a perder.
Contacte con Amando de Miguel: http://www.libertaddigital.com/opinion/amando-de-miguel/el-tertulianes-67391/

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE


tetrabrik se escribe sin guion y terminado en k

La palabra tetrabrik, a menudo acortada como brik, alude a un tipo de envase de cartón y se escribe sin guion ni espacio y acabada en k, no en c ni en ck.

En las noticias sobre el jucio por una supuesta trama de dopaje en el ciclismo, aparecen estas palabras escritas de diversos modos, como en «Las bolsas de sangre fueron al Tour en ‘bricks’ de vino» o «Habían llevado la sangre en “tetra-bricks”».

El Diccionario de uso del español de América y España (Vox) recoge ambas palabras y las define como ‘envase de cartón opaco impermeabilizado con aluminio y, generalmente, con forma de tetraedro que se usa para envasar líquidos’.

Este término procede de la marca Tetra Brik, registrada por la empresa sueca que inventó el envase, pero ha pasado a usarse como nombre común aplicado a cualquier recipiente similar; no obstante, hay que recordar que en algunos países también se emplea la palabra más general de cartón para referirse a ellos.

Al usarse como nombre común, se escribe con minúscula y en una sola palabra (tetrabrik), aunque suele acortarse como brik; no es correcta la forma acabada en ck, por influencia de la palabra inglesa brick (‘ladrillo’), ni la acabada en c.

Dado que es una palabra de uso general, no hay necesidad de destacarla con cursivas o comillas; el plural es tetrabriks o briks.

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