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sexta-feira, 8 de fevereiro de 2013

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE



carnaval, claves para una correcta redacción

Con motivo de celebración de los carnavales, se ofrecen las siguientes recomendaciones para una adecuada redacción de las noticias relacionadas con estas festividades:

La palabra carnaval y su forma plural carnavales se escriben con inicial minúscula, excepto si forman parte de un nombre propio, como sucede en general con las denominaciones en las que se asocia al nombre de la ciudad en la que se celebra. En ese caso se emplea la inicial mayúscula (el Carnaval de Río de Janeiro).
La fiesta con la que se celebra el fin de este periodo en muchos lugares es el entierro de la sardina, que se escribe con iniciales minúsculas.
La palabra sambódromo, con la que se designan las instalaciones destinadas a los desfiles de las escuelas de samba en los carnavales brasileños, no está recogida aún en el diccionario de la Real Academia, pero sí en algunos de uso como el Diccionario del español actual, de Seco, Andrés y Ramos. Es un término bien formado, con la misma pauta que rocódromo, que sí recoge el DRAE, y no es preciso escribirlo en cursiva ni entrecomillado. Lo mismo cabe decir de cumbiódromo, escenario de los desfiles en Barranquilla (Colombia).
En las informaciones referidas a los carnavales brasileños, se menciona a menudo a los blocos, agrupaciones que participan en los desfiles. La traducción más aproximada al español es comparsa, pero si se opta por emplear el término original en portugués debe escribirse en cursiva por tratarse de un extranjerismo.

LA LENGUA VIVA







Algunas polémicas triviales
Amando de Miguel

La polémica es la esencia de la vida intelectual y científica, de las tertulias de café o de la radio y la tele. Pero lo que llama más la atención es la ausencia de polémica cuando debería haberla. Ese ocultamiento suele esconder algo. Por ejemplo, en la vida española actual nadie discute la cifra de los famosos seis millones de parados. ¿Realmente todos están sin trabajo? ¿Cuántos de ellos reciben ayudas de las respectivas familias? ¿Cuántos de ellos estudian? ¿Cuántos se disponen a emigrar a otros países? La respuesta polémica a esas preguntas nos llevaría a concluir que el conjunto de los parados no es homogéneo. Pero a nadie le interesa averiguar lo que realmente pasa.
Otro ejemplo es el matrimonio de los homosexuales. Julio Iglesias de Ussel (que todo lo lee) me envía un interesante recorte de un periódico italiano. En él se plantea la resistencia de los intelectuales a intervenir en esa polémica, sobre si los homosexuales tienen el derecho o no al matrimonio. La explicación está en que los intelectuales no temen enfrentarse al juicio de la gente corriente sino al de los otros intelectuales. Creo que en España pasa algo parecido. Es evidente la hegemonía del pensamiento de la izquierda. Una cosa es el reconocimiento de la homosexualidad y otra el derecho al matrimonio de los gays y lesbianas. (Por cierto, mejor sería decir gayos y safistas, pero nadie me hará caso). No se explica bien el extraño acuerdo que reina sobre ese particular.
Descendamos a asuntos más veniales. Está la polémica de lo que llamo sesquipedalismo, esto es, la afición al estiramiento de las palabras. Alberto G. Corona arguye que las palabras con muchas sílabas dan más información y por eso son las preferidas de los hombres públicos. No me convence mucho el argumento. Los hombres públicos recurren a las palabras polisílabas porque son de difícil pronunciación y aún más difícil comprensión. De ese modo quien las pronuncia pasa por instruido, culto, viajado. Es lo mismo que pasa con los cultismos, los latinajos, las voces en inglés. El principio es que no solo hablamos o escribimos para dar información o comunicarnos, sino para muchas otras funciones. Es como la indumentaria, que no sirve solo para protegernos del frío o del calor. Si así fuera no tendría sentido la corbata. Pues bien, los sesquipedalismos son como las corbatas, para llamar la atención, para que se fijen en nosotros.
Muchas de las polémicas se entablan porque los interlocutores dan significados distintos a las mismas palabras. Véase este chiste astracanesco que envía Juan A. Fernández M. Se encuentran dos colegas en una manifestación. Uno pregunta: "¿Por qué traes 20 bates de béisbol y 40 condones?". El otro le contesta: "Con las prisas borré el mensaje de la convocatoria y no recuerdo si había que venir a montar un follón o a follar un montón".
No podía faltar esta vez la aportación de Jesús Lainz sobre el nuevo lenguaje politiqués, al alcance de todas las fortunas. Se trata de un comentario del parte meteorológico (ahora méteo) en un canal de la tele. Reza así:
Y ahora recuerden. Este fin de semana la precipitación de nieve será abundante y la visibilidad escasa. Así que no salirse de los dominios esquiables.
La metáfora última se refiere a las pistas para esquiar. Es en verdad elegante.

Contacte con Amando de Miguel: http://www.libertaddigital.com/opinion/amando-de-miguel/algunas-polemicas-triviales-67310/

COSAS DEL IDIOMA










Por José María Leiva Leiva

“Señores: Un servidor, Pedro Pérez Paticola, cual la Academia Española “Limpia, Fija y da Esplendor”. Y no por ganas de hablar, pues les voy a demostrar que es preciso meter mano al idioma castellano, donde hay mucho que arreglar. ¿Me quieren decir por qué, en tamaño y en esencia, hay esa gran diferencia entre un buque y un buqué? ¿Por el acento? Pues yo, por esa insignificancia, no concibo la distancia de presidio y presidió, ni de tomas a Tomás ni de topo al que topó.
Más, dejemos el acento, que convierte, como ves, las ingles en un inglés, y pasemos ya a otro cuento. ¿A ustedes no les asombra que diciendo rico y rica, majo y maja, chico y chica, no digamos hombre y hombra? Por eso, no encuentro mal si alguno me dice cuala, como decimos Pascuala, femenino de Pascual. ¿Por qué llamamos tortero al que elabora una torta y al sastre, que trajes corta, no lo llamamos trajero?
¿Por qué las Josefas son por Pepitas conocidas, como si fuesen salidas de las tripas de un melón? De igual manera me quejo de ver que un libro es un tomo; será tomo si lo tomo, y si no lo tomo, un dejo. Si se le llama mirón al que está mirando mucho, cuando mucho ladre un chucho se lo llamará ladrón. Porque la sílaba “on” indica aumento, y extraño que a un ramo de gran tamaño no se lo llame Ramón. Y por la misma razón, si los que estáis escuchando un gran rato estáis pasando, estáis pasando un ratón. Y sobra para quedar convencido el más profano, que el idioma castellano tiene mucho que arreglar”. Pablo Parellada (1855-1944).
Y no menos curioso se antoja este otro relato que mide los vericuetos del idioma español… “Como algunos de vosotros sabréis a estas alturas, el que fue juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo ha dictado una sentencia en la que afirma: Que llamar “zorra” a una mujer no es delito, ni falta, ni nada, porque quien usa ese adjetivo en realidad lo que quiere decir es que dicha mujer es astuta y sagaz. En base a ello, he aquí el escrito que le ha remitido una ciudadana…
“Estimado juez del Olmo: Espero que al recibo de la presente esté usted bien de salud y con las neuronas en perfecto estado de alerta como es habitual en su señoría. El motivo de esta misiva no es otro que el de solicitarle amparo judicial ante una injusticia cometida en la persona de mi tía abuela Felicitas y que me tiene un tanto preocupada. Paso a exponerle los hechos: Esta mañana mi tía abuela Felicitas y servidora nos hemos cruzado en el garaje con un sujeto bastante cafre que goza de una merecida impopularidad entre la comunidad de vecinos.
Animada por la última sentencia de su cosecha, que le ha hecho comprender la utilidad de la palabra como vehículo para limar asperezas, y echando mano a la riqueza semántica de nuestra querida lengua española, mi querida tía abuela, mujer locuaz donde las haya, le ha saludado con un jovial “que te den, cabrito”. Se ha puesto como un energúmeno, oiga. De poco me ha servido explicarle que la buena de mi tía abuela lo decía en el sentido de alabar sus grandes dotes como trepador de riscos, y que en estas épocas de recortes a espuertas, desear a alguien que le den algo es la expresión de un deseo de buena voluntad.
El sujeto, entre espumarajos, nos ha soltado unos cuantos vocablos, que no sé si eran insultos o piropos porque no ha especificado a cuál de sus múltiples acepciones se refería. Y ha enfilado hacia la comisaría más cercana haciendo oídos sordos a mis razonamientos, que no son otros que los suyos de usted, y los de mi tía abuela. Como tengo la esperanza que la denuncia que sin duda está intentando colocar esa hiena -en el sentido que es un hombre de sonrisa fácil- llegue en algún momento a sus manos, le ruego, por favor, que intente mediar en este asunto explicándole al asno -expresado con la intención de destacar que es hombre tozudo, a la par que trabajador- lo de que las palabras no siempre significan lo que significan…
Sé que es usted un porcino -dicho con el ánimo de remarcar que todo en su señoría son recursos aprovechables- y que como tal, pondrá todo lo que esté de su mano para que mi vecino y otros carroñeros como él -dicho en el sentido que son personas que se comen los filetes una vez muerta la vaca- comprendan que basta un poco de buena voluntad para transformar las agrias discusiones a gritos, en educados intercambios de descripciones, convirtiendo así el mundo en un lugar mucho más agradable. Sin más, y agradeciéndole de antemano su atención, se despide atentamente, una víbora (evidentemente, en el sentido de ponerme a sus pies), enviándole mis más respetuosos saludos a las zorras de su esposa y madre”.

EL ESPAÑOL NUESTRO:















Cirugía
FUNDÉU - 07/02/2013

El término cirugía, «parte de la medicina que tiene por objeto curar las enfermedades por medio de una operación», procede del latín chirurgïa, chirurgiae, y este del griego kheirurgía; significa «acción de trabajar con las manos, trabajo manual», «operación quirúrgica», compuesto de khéir, «mano» y érgon «trabajo».

De ahí, que en español cuente con dos raíces diferentes y tengamos: cirugía, cirujano, a partir de la forma latina, y quirúrgico, que entra al español, en 1832, como cultismo, procedente del griego.
El sustantivo que da nombre al «depósito subterráneo donde se recoge y conserva el agua llovediza o la que se lleva de algún río o manantial», así como la que procede de las fuentes distribuidoras de agua potable, se denomina cisterna y procede del latín. También se usa «en aposición tras un nombre común que designa vehículo o nave, significa que estos están construidos para transportar líquidos: camión cisterna, barco cisterna».
Intercambiar es verbo transitivo y, además, recíproco, lo que quiere decir que requiere siempre de un complemento directo. Más sencillo para quienes se hallan alejados hoy de la gramática, se intercambia siempre algo: ideas, regalos, opiniones, saludos, mensajes… De acuerdo con el Panhispánico, el texto se construye con un complemento precedido depor, que expresa lo que se obtiene a cambio y, si el sujeto designa solo a uno de los participantes en el intercambio, un complemento introducido por con, que expresa la persona con la que se realiza dicho intercambio. A una oración como «Intercambian dirigentes sindicales con Secretariado de la CTC», le falta el complemento directo.
Más sobre el tema: Si sofisticar no tiene otro significado que «adulterar, falsificar algo», con respecto a su participio sofisticado, -a, el DRAE recoge «falto de naturalidad, afectadamente refinado», «elegante, refinado» y «dicho de un sistema o de un mecanismo: técnicamente complejo o avanzado».

LENGUAJE EN EL TIEMPO








La forma correcta de escribir los diminutivos
Por: FERNANDO ÁVILA

Si la palabra original termina en s, el diminutivo también debe ir con esta letra.
Cita: “El menor hacía parte de la banda los Luicitos”.
Comentario: Es verdad que una de las formas de construir los diminutivos es agregar el sufijo -cito, con c, como en avioncito, noviecito y Carmencita, pero si la palabra original termina en s, se mantiene la s y se agrega -ito, como en Andresito y Luisitos.
Por lo tanto, la forma correcta de mencionar esta banda delincuencial es los Luisitos, con s intermedia y con el artículo precedente en minúscula.
Y ya que hablo de diminutivos, aprovecho para aclarar una duda que me han manifestado en repetidas ocasiones. Me preguntan si el diminutivo de mamás es mamasitas, con s intermedia.
¡No! En este caso se debe partir del sustantivo singular mamá, cuyo diminutivo es mamacita, y ahí sí agregar la -s para formar los plurales, mamás y mamacitas.
También me preguntan si es correcto usar diminutivos.
¡Por supuesto que sí! ¡Para eso existen!
Lo que pasa es que los expertos en programación neurolingüística se la pasan diciendo que no se debe decir o escribir casita, carrito, chequecito, huevito, sino casa, carro, cheque, huevo.
Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Si usted dice “casita” para atraer una vivienda de 30 metros cuadrados, tendrá una vivienda de 30 metros cuadrados, pero si usted dice casita, porque en su entorno social es de buen recibo el diminutivo, como de hecho sucede en buena parte de Latinoamérica, y la casita que hay en su mente es una mansión de 300 metros cuadrados, es cosa distinta.
Ya lo decía el inolvidable humorista uruguayo Juan Verdaguer: “La felicidad está en las cosas pequeñas: una pequeña mansión, una pequeña fortuna y... una pequeña...”.
Para que usted vea lo necesarios que son los diminutivos, mire la siguiente lista: cepillo (diminutivo de cepo), peinilla (de peine), camiseta (de camisa), calzoncillo (de calzón), pañuelo (de paño), olleta (de olla), granadilla (de granada), hojuela (de hoja), libreta (de libro), sombrilla (de sombra), buseta (de bus), perilla (de pera)...
¿Qué harían las imprentas sin la bastardilla ni la negrilla?
¿Y los operarios sin tornillo ni martillo?
Y no olvidemos diminutivos tan importantes como Venezuela (diminutivo de Venecia), Arauquita (de Arauca), Marinilla (de Marina), Mariquita (de otro diminutivo, el de María, marica, que es un nombre alterno de la urraca).

FERNANDO ÁVILA
DELEGADO PARA COLOMBIA DE LA FUNDÉU BBVA
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