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segunda-feira, 28 de janeiro de 2013

JACQUES DERRIDA


Derrida: el amor a la diferencia
El pensador creó estrategias filosóficas para ahondar en las fisuras del pensamiento occidental
Por Ariel Pennisi | Para LA NACION


Jacques Derrida parte de una ruptura al considerar que "no hay afuera del texto", es decir, no hay el texto y, separadamente, los distintos niveles de realidad. Como consecuencia, desbarata la primacía del fenómeno como realidad objetiva y el privilegio de la conciencia como unidad facultada. Así, creaciones como "deconstrucción", "différance", "diseminación", "archi-escritura", "injerto", entre otras, le permiten desentrañar transformaciones, instancias inconscientes y relaciones inesperadas que anidan en lo más hondo de la conformación de la cultura occidental. Hay tanto texto en el mundo como mundo en los textos, de modo que los dispositivos conceptuales y, finalmente, la escritura, son las herramientas y el dominio en que los diferentes registros de la vida adquieren sentidos más allá de las oposiciones rígidas con que solemos leer la realidad.
"La forma fascina cuando no se tiene ya la fuerza de comprender la fuerza en su interior. Es decir, crear." Así anuncia Derrida en el primer ensayo de La escritura y la diferencia los riesgos de la crítica literaria, para avanzar luego sobre el estructuralismo: "Ser estructuralista es fijarse en primer término en la organización del sentido, en la autonomía y el equilibrio propio, en la constitución lograda de cada momento, de cada forma, es rehusarse a deportar a rango de accidente aberrante todo lo que un tipo ideal no permite comprender." Si la búsqueda de formas que no cierren va más allá del campo literario o incluso más allá de la experiencia estructuralista, el problema pasa por generar cada vez las condiciones para modos de mirar, percibir y crear capaces de asumir el devenir imprevisible entre una espada llamada totalidad y una pared ausente de sentido.
Justamente, por la imposibilidad que tienen los discursos y las prácticas de aislar un sentido único centralizador o enunciar un sentido general, emerge en Derrida la "deconstrucción". Más que de un método o de un concepto fijo, se trata de una suerte de disposición ante los desplazamientos, giros, accidentes, lagunas de la lengua y, mejor aun, de las situaciones entendidas como "textos", funcionando en contextos específicos. Así, reenvía nuestra atención hacia las fuerzas vitales, inconscientes, deseantes, que disputan y organizan nuestras formas y, a su vez, entiende esas relaciones y variaciones de fuerza como campos estratégicos sin estratega, sin una conciencia clara o una intencionalidad tendiente a un fin. De ese modo no hay intérprete que no forme, al mismo tiempo, parte en la situación de una mirada o una relación cualquiera. Fuera de la situación sólo hay enjuiciamiento, es decir, prejuicio. La deconstrucción vive en las fisuras de la tradición occidental, que está fundada en la unificación de la percepción y la capacidad de comprensión bajo la figura de una razón suficiente y autorrefleja. El trabajo de la deconstrucción nos coloca de cara a las condiciones que hacen posibles al lenguaje tal como viene formateado y a la razón misma, ahora historizada y desmentida como pilar de la metafísica. Descomponer procesos significantes es una tarea importante en el largo y heterogéneo camino de Derrida, pero él mismo supo renegar del modo en que la deconstrucción -tal vez por el abuso recurrente de su carácter negativo- se inscribió culturalmente.
Derrida nombra un recorrido que, antes que una obra, es un mapa de preguntas, invenciones y polémicas o alianzas. Basta recordar su lectura de Freud, su apropiación de Nietzsche y de Marx, su admiración por Foucault y Borges, la literatura, la pintura, el estructuralismo, su relación ambigua con Heidegger, Husserl y la fenomenología contemporánea, el debate con Paul Ricoeur, su tensa lectura de Platón. "De desvío en desvío", se afirmó en la différance, es decir, en la pura vitalidad de la diferencia que es, al mismo tiempo, condición del principio de identidad que tiende a negarla (por ejemplo, cuando se afirma "uno hombre es esto o aquello", "esto es sano, aquello no") y producción de las diferencias como resistencia e insistencia renovadora. La noción francesa de différance permanece sin traducción al español (el cambio ortográfico de e por a en esa palabra no implica cambio fonético en francés), revela sólo en la escritura la dimensión indecidible entre actividad y pasividad de lo que difiere, del Ser como diferencia: las diferencias no se organizan en términos opositivos, sino como diferenciales proliferantes y afirmativos. La différance es un dispositivo conceptual que, entre deriva y estrategia, habilita relaciones múltiples con experiencias y construcciones también múltiples. Nos mantiene en relación de apertura con lo que ignoramos, en un rodeo infinito que dibuja un modo de habitar característico de la escritura de Derrida. ¿Es acaso la escritura el lugar de acogimiento de lo ignorado en cuanto tal? Escribir supone la aventura de no saber adónde se va, es ese rodeo sin dirección que apuesta todo saber a una cifra desconocida, a una zona imprecisa que define la inconmensurabilidad entre saber y no saber..

LA LENGUA VIVA







El misterioso origen de las palabras
Amando de Miguel

Muchas veces andamos aquí a trancas y barrancas con las etimologías, una ciencia tan divertida como inexacta. San Isidoro de Sevilla tuvo que pasárselo en grande. Tengo visto que es un tema de conversación mundana que cautiva mucho a la gente. A ver si no es divertido el origen del estraperlo o de suripanta, palabras ya en desuso, pero en su día muy expresivas.
Luis Bayo (Guatemala) sostiene que intelligentsia es una palabra "de origen definitivamente soviético". Pues no. Es una voz latina que introdujeron los polacos en su idioma para designar el nuevo estrato de los escritores y artistas en torno al poder. Luego pasó a la Rusia de los zares y, efectivamente, la adoptaron con diligencia los soviéticos. En Francia o en España preferimos la voz intelectuales. Entre nosotros funcionó la voz castiza intelectualidad, casi siempre con un tono irónico. A don Luis lo de la intelligentsia en español le parece "absolutamente hortera". Lo que me parece español es que algo sea "absolutamente". Prefiero quedarme con intelectuales, una palabra que importaron de París Miguel de Unamuno y Emilia Pardo Bazán en 1898, la fecha en que la creó Emilio Zola. Lo curioso es que en inglés no haya propiamente una voz castiza para decirintelligentsia o intelectuales. Por otro lado, la inteligencia como equivalente de servicios secretos de un Estado con miras al exterior es algo que ya se decía en el castellano del siglo XVII por lo menos. No es, por tanto, un neologismo reciente. Puede ser un abuso de la palabra original, pero ya sabemos que la polisemia es la sal del idioma. Con más razones podría denominarse inteligencia al cuerpo de maestros de escuela o, mejor aún, a los hackers (los nuevos bucaneros de la informática). Los intelectuales se han visto siempre como sospechosos de alterar el orden, de subvertirlo incluso. El poder político siempre ha querido tener intelectuales a su servicio (sabios, filósofos, escribas, asesores, etc.). De esa forma quedaban controlados.
Julián Plana me transmite toda una lección sobre el origen de la palabra idioma. La raíz está en ese prefijo –idio, que en griego se refiere a lo privativo o particular de una persona o de varias, pero no de la colectividad. Así pues, el idioma equivaldría a lo que hablamos nosotros. Con la misma raíz se forma idiota, originariamente el que solo se preocupa de lo suyo, de lo inmediato, no de la cosa pública. Don Julián añade idiopático, el carácter peculiar, personal que los médicos atribuyen a una dolencia. Para mí que es una forma de decir elegantemente que no saben en qué consiste. Está asimismo idiosincrasia, el carácter particular de un individuo o un grupo. No es un prefijo que haya dado origen a más palabras. Sin embargo, resulta utilísimo para componer neologismos. Lo idio sería lo contrario de la solidaridad, lo comunitario. De esa forma podríamos decir idionomías (voz perfectamente griega) para referirnos a las comunidades autónomas que resultan insolidarias. Los idionomismos serían lo que Ortega y Gasset llamaba particularismos y ahora decimos nacionalismos o soberanismos. El nombre del partido nacionalista irlandés Sinn Féin significa en gaélico algo así como "nosotros mismos". Es una perfecta caracterización de la idionomía. En la vida pública no solo hay muchos idiotas, sino muchos ideólogos que son idionómicos.
Contacte con Amando de Miguel: http://www.libertaddigital.com/opinion/amando-de-miguel/el-misterioso-origen-de-las-palabras-67164/

JORGE IGNACIO COVARRUBIAS






Español: idioma universal
El secretario de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y presidente de la Comisión de Información, el argentino Jorge Ignacio Covarrubias, asegura que el idioma español es “un tesoro”, y considera que los hispanos no somos conscientes del valor que este tiene.
POR FRANCISCO MARTÍNEZ

Covarrubias es, además, escritor y editor del Departamento Latinoamericano de The Associated Press en Nueva York. Con este oficio ha recibido 37 asignaciones a 28 países, incluso asambleas generales de las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos. Ha cubierto 12 visitas papales, campeonatos mundiales de futbol, juegos olímpicos y panamericanos, eurocopas y actividades políticas y científicas.
Pero más allá de todo su bagaje profesional, es un hombre de una humildad y solidaridad que contagian. Conversador, amigable y sincero.
Pocos como él tienen la autoridad para hablar de las luces y sombras del idioma que compartimos en este continente. Pocos como él tienen la voluntad y disponibilidad de responder durante más de una hora las preguntas de una entrevista, como esta de la cual presentamos una síntesis.
¿Cuál es el futuro del español a partir de que es el segundo idioma que más se habla en el mundo?
Vivimos en un continente atípico, donde podemos ir desde México hasta el sur de Chile hablando el mismo idioma, un fenómeno que no se repite en ningún otro lugar del mundo. El español lo hablan 450 millones de personas. Incluso podemos ir a España, a Guinea Ecuatorial o a algunas regiones de Filipinas y seguiremos hablando el mismo idioma. Lo importante es mantener su uniformidad, para que nos siga permitiendo hablar con personas de más de 20 países. Además, se está estudiando cada vez más en otros. Tenemos un idioma rico que tiene un poco más de mil años de historia.
Pero el mandarín también está cobrando fuerza.
Nunca se sabe qué va a pasar, pero el chino es un idioma difícil y complejo. Si se convierte en potencia, como no tengo duda de que va a pasar, habrá mucha más gente que se interese por él, pero nunca se va a universalizar como el español, porque partamos de la base de que hay más de 20 países que hablan el castellano, en cambio el chino es uno solo, o sea, es más fácil que un idioma que sale de más de 20 países se difunda que uno que sale de uno solo. Además, es complicado porque no tiene un alfabeto como el que tenemos nosotros. Es más fácil aprender coreano que chino, porque el chino son casi como ideogramas, conceptos, en cambio en coreano un simbolito significa tal letra; es mas fácil. Yo tengo cuatro traducciones de un texto chino y cada una parece un texto distinto, debido a que, como son ideas, entonces no es una correspondencia exacta de una palabra con la otra.
Dadas las migraciones a EE. UU. ¿Hay posibilidades de que aumente el número de hablantes?
Vivo en Estados Unidos y soy el secretario general de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, y en este país hay una gran cantidad de migrantes, sobre todo de México y Centroamérica, así como de algunos lugares de Sudamérica y el Caribe. De acuerdo al último censo, los hispanos en EE. UU. superan los 50 millones. Uno de cada seis habitantes, casi el 16 por ciento, es hispano, pero entre los niños uno de cada cuatro es hispano. De acuerdo con las proyecciones de esta oficina, para el 2050, cuando los estadounidenses superen los 400 millones, habrá más de cien millones de hispanos. Los hispanos y su idioma están cobrando mayor importancia en EE. UU. También hay núcleos en Canadá.
¿Por qué si el español es uno de los idiomas más importantes, los hijos de los latinos no quieren hablarlo en EE. UU.?
Ese fenómeno está cambiando radicalmente. Antes los padres hispanos querían que los hijos no hablaran más el español para integrarse a esa sociedad, debido a que si lo hablaban los discriminaban. Ahora es distinto porque saben que el que habla dos idiomas tiene más futuro en el mercado laboral.
¿Los hispanohablantes estamos conscientes del valor de nuestro idioma?
No todo el mundo está consciente sobre esta importancia. Quizá sí, más en los medios periodísticos, porque su misión es informar, y para hacerlo también hay que informarse. Tenemos la ventaja de transitar por casi todo el continente hablando un mismo idioma. Eso nos tiene que dar consciencia de la importancia, no solamente como idioma universal, por el número de hablantes, sino también por ser referente de un continente.
Debido al uso de las redes sociales, el internet y fenómenos como el espanglish, ¿podría distorsionarse el idioma?
Este fenómeno sucede siempre en todas las culturas y épocas. El idioma evoluciona, surgen nuevas tendencias, aparecen nuevas palabras, incluso nosotros los periodistas, los escritores y los traductores estamos un poco a la vanguardia de esas innovaciones, que es lo que escucha la gente en la televisión y lee en los periódicos. Hay realidades nuevas que imponen la obligación de darles nombre. El idioma cambia constantemente, pero también conlleva el peligro de distorsiones. La cuestión es que nosotros tengamos en cuenta que estas no nos tienen que hacer perder el objetivo de mantener la uniformidad del idioma, o sea detectarlas y descartarlas.
No tenemos que descartar todo lo novedoso, porque el idioma se va nutriendo constantemente de palabras nuevas. El idioma es algo vivo y los cambios los hacen los usuarios, los hablantes. En última instancia, las academias no ordenan, no disponen nada, sino que aclaran, tratan de canalizar y encauzar el uso del lenguaje. Lo que el uso impone no hay academia que se pueda oponer.
En la práctica pareciera que el uso del idioma va más rápido que las academias.
Las academias, al final, actúan como notarios de lo que el uso impone. Los cambios ahora son más vertiginosos porque hay redes sociales, intercomunicación, mecanismos nuevos que hace poco tiempo eran inconcebibles: todo es más rápido. Las academias parecen frenar, pero lo que quieren es encauzar, que se siga una norma culta en estos momentos, para que no se disperse el idioma, porque si no hubiera un ente regulador y un diccionario normativo que diga “esto sí y aquello no”, correríamos el peligro de que todo se disgregara de tal manera que pronto se principiarían a insinuar otros idiomas dentro del español, lo cual sería una pena, porque si tenemos un idioma universal, ¿por qué fragmentarlo? Las academias decían antes: “No hay que usar”. Ahora dicen “no conviene”. Lo que ahora hacen más es recomendar. Diacrónicamente, a través del tiempo, las reglas ortográficas y las gramaticales van cambiando. Dentro de un siglo va a tener normas distintas a las que tiene ahora. Por ejemplo, nosotros no escribimos como Cervantes y Lope de Vega, no hacemos poesía como Berceo; son otras épocas.
Hay discusiones entre los integrantes de la Academia, quizá porque algunos deben ser más conservadores. ¿Cómo llegan a acuerdos?
Es curioso, pero ahora la gente es cada vez más comprensiva. En la mente de las personas aún está la imagen de que los académicos que se reúnen son viejos. Yo, por ejemplo, escribo de las telenovelas y sus jergas juveniles, o sea estamos de acuerdo con la vibración del momento, y los académicos, como todos los humanos, somos falibles, pero, claro, tenemos esas discusiones y reconocemos todo eso.
Entre lo normativo de la Academia y la realidad de los hablantes, ¿dónde debe ubicarse el papel de los medios de comunicación, sobre todo los escritos?
Es una responsabilidad importante. Las academias siempre tratan de mantener un español dentro de lo que establece la norma culta, pero los periodistas, los escritores y los traductores son las personas que deben preocuparse por un idioma bien hablado, lo cual no quiere decir que el periodismo siga a la Academia ciento por ciento, porque el comunicador debe ser independiente de toda influencia, tal como lo es del poder político y otros. Los periodistas son ahora los máximos responsables de que el idioma español no se fragmente, porque ellos lo llevan a todo el mundo. Por ejemplo, si el peruanismo usa lo suyo, el antioqueño hace lo mismo e igual el rioplatense, ¿cómo nos vamos a entender?
¿La lectura y audición a través de internet contribuyen a universalizar los términos?
Absolutamente. El internet es una influencia decisiva poderosísima, porque uno puede leer un periódico de cualquier parte del mundo. Beneficia en el sentido de que podemos enterarnos de lo que sucede en otros países. Si se disgregara el idioma y leyéramos un diario de Perú y no entendiéramos una palabra, sería una gran pérdida desde el punto de vista cultural, porque sería empezar a no entender a determinadas comunidades. Por eso ahora los periódicos saben que van al resto del universo de habla hispana y se preocupan en no usar demasiados localismos.
¿Y cómo saber cuáles son los términos correctos para ser entendidos en varios países?
Esa es una de las funciones del diccionario.
¿Cómo se imagina al lector del futuro, en virtud de que los niños están inmersos en la tecnología, que privilegia lo breve y lo visual y estimula poco la lectura?
Estamos en una época de transición apasionante. Ahora nace la generación digital, con el manejo de tantos dispositivos. Hay una tendencia a que lo visual reemplace a lo textual, pero esto no se puede totalmente, porque lo visual es ambiguo. Una foto puede decir más que mil palabras, pero también admite muchas interpretaciones. En cambio el texto va a aclarar esas interpretaciones, lo cual significa que podrá disminuirlo, pero no desplazarlo. El lector del futuro será el que siga con la capacidad de ver las grandes obras —literatura—, pero al que hay que presentárselas de manera distinta.
¿Esto causará que se olvide a los grandes escritores?
Nadie puede saberlo, pero hay cosas que se olvidan y por algún motivo se rescatan después. A mí me apasiona Bach, pero por alguna situación estaba prácticamente olvidado hasta que lo rescataron, porque todo es cíclico, de la misma manera como ha habido una revolución romántica, clásica, barroca y rococó, por lo que de repente en cien años están redescubriendo a Cervantes y Lope de Vega.
PERFIL
Autor de tres libros y tres audiolibros.
Ha ganado premios de ensayo, cuento y poesía.
Ha traducido para New York Times, Selecciones del Reader's Digest, CBS, Money, International Psychiatry Today, Kraft, Lamaze y otros medios.
Fue jefe de Redacción de la revista Canales y editor de la revista La Familia de Hoy.

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Recomendación del día


austericidio significa ‘matar la austeridad’

La palabra austericidio está bien formada, significa ‘matar la austeridad’ y, por lo tanto, no es adecuado emplearla con el sentido de ‘matar por exceso de austeridad’.

Esta palabra aparece cada vez con mayor frecuencia en las noticias económicas para aludir, con connotaciones negativas, a los efectos de las medidas de austeridad, como en «Cada vez son más las voces que animan a acabar con las políticas de austericidio» o «Como consecuencia del austericidio, la deuda pública italiana se ha disparado».

El Diccionario de la Real Academia Española define el elemento -cidio, que sirve para formar palabras, como la ‘acción de matar', pero, como se puede comprobar en las palabras que lo incluyen, se añade a aquello que se mata, de modo que infanticidio es dar muerte a niños y tiranicidio es dársela a los tiranos.

El hecho de que por su formación tenga el sentido opuesto del que se pretende expresar hace aconsejable que se evite su uso y en su lugar se empleen alternativas como, por ejemplo, austeridazo, austeridad suicida, austeridad homicida, austeridad letal u otras similares, en función del sentido preciso que se le quiera dar.
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