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segunda-feira, 10 de dezembro de 2012

PREFIJOS



¿Cuál es la manera correcta de usar los prefijos?
Por: FERNANDO ÁVILA

Van unidos a la palabra que se anteponen, si esta consta de un solo término.
Tres de los prefijos usados en noticias en los últimos días han sido
pseudo-, archi- y mega-. Los dos primeros, al hablar de las novelas de moda, de las señoras James, Rice y Day, al calificarlas de “pseudo eróticas y archi populares”. El tercero, al hablar de la “mega zona libre”, que se construirá en el Valle del Cauca, con inversión uruguaya.
Los prefijos tienen actualmente, a partir de la Ortografía de la lengua española del 2010, el siguiente manejo: van unidos a la palabra que se anteponen, si esta consta de un solo término. Así, los prefijos super-, semi-, pro- se escriben unidos en superbién, superchévere, semidiós, semidoble, proancianos, protemplo.
Van con guion, si se anteponen a una cifra o a palabra que comience con mayúscula, super-8, pro-Unicef.
Y van separados, si anteceden a un nombre que conste de varios términos, super buena persona, pro niñez desamparada.
Además, la Academia y el uso común prefieren la forma seudo-, sin p inicial, que corresponde a la pronunciación, a la forma pseudo-, que corresponde a su origen griego. El prefijo significa ‘falso’.
De acuerdo con esto, lo apropiado es escribir seudoerótica, lo mismo que archipopular, unido, que tiene el prefijo archi-, también de origen griego, que significa ‘muy’.
En cuanto a mega-, prefijo de origen griego que significa ‘grande’ o ‘un millón de veces’, es claro que va unido si se antepone a nombre de un solo término, megapixel, megaobras, pero separado si se antepone a nombre formado por varios términos, como es zona franca, por lo que aquí lo indicado es escribir mega zona franca, separado.
Fernando Ávila
Delegado para Colombia de la Fundéu BBVA

ZBIGNIEW HERBERT


'Poezja, poeta, poemaj'
El reciente redescubrimiento en España de Zbigniew Herbert renueva la devoción
Miguel Ángel Gayo | Cracovia
Afortunadamente, hay lugares a los que no llegan los tenebrosos tentáculos de la economía, la política o la actualidad más vulgar. Lugares como la poesía. ¿Cómo medir el éxito o el valor de la obra poética de una generación, de un país? Seguramente no por la cantidad de premios Nobel, esa ruleta críptica y discutible, y posiblemente tampoco por el número de lectores. El póker de ases compuesto por Zbigniew Herbert, Wislawa Szymborska, Czeslaw Milosz y Tadeusz Rózewicz forma una de las generaciones poéticas más importantes de la literatura reciente, y a pesar de que dos de ellos (Milosz y Szymborska) visitaron Estocolmo para ser premiados, siguen siendo un tesoro por descubrir para el gran público.
Con una lengua poco extendida y considerada entre las más difíciles de dominar, y teniendo en cuenta el vapuleo constante al que la historia ha sometido a Polonia, no deja de sorprender el triunfo de su poesía, o más bien de sus poetas. Por suerte para los hispanohablantes, lo más significativo de estos cuatro autores está traducida (y primorosamente) al español. Se lo debemos a Xavier Farré, traductor entre otros de Milosz y Herbert, y Abel Murcia, traductor de Szymborska, Rózewicz y la poesía de Kapuscinski.
El mercado editorial y su insaciable bulimia no prestan la atención merecida a estos autores, pero si el lector quiere regalarse un festín de poesía hecho con las mejores materias primas y cocinado por los mejores traductores, debe buscar las ediciones que de vez en cuando emergen con estos nombres en la portada. Xavier Farré es profesor y Abel Murcia dirige el Instituto Cervantes de Cracovia; ambos son, además, poetas y ambos dominan ese "endemoniado conjunto de zetas y uves dobles" que denostó Napoleón. Son los mejores guías posibles para empezar a descifrar y apreciar unos autores que no merecen esperar siglos para ser redescubiertos.
En Polonia, un país donde el héroe nacional es un poeta (Mickiewicz, junto a Chopin), la poesía que en otros lares es considerada cultista es celebrada y degustada incluso por los jóvenes: en 1994 la cantante de rock Kora musicó el poema de Szymborska 'Nada dos veces' y lo convirtió en un éxito de ventas. Por otro lado, hace sólo un par de días que el Estado polaco compró al hijo de Milosz un fondo compuesto por más de cien cuadernos de notas, cartas manuscritas del Nobel, además de objetos personales como la medalla del Nobel. La Biblioteca Nacional Polaca se hará cargo además de los 10.000 volúmenes que formaban la biblioteca personal del poeta. Se diría que en Polonia hay buenos poetas porque hay un buen público.
Farré y Murcia presentaron junto a Gerardo Beltrán hace poco una 'Antología de poesía polaca contemporánea' (Prensas Universitarias de Zaragoza, 2012). Es una llave de oro para entrar en un lugar aún menos conocido, el de los autores polacos nacidos entre 1960 y 1980. Quién sabe si entre ellos está el próximo Nobel; aunque tal vez, citando a Wislawa Szymborska, 'nunca nada puede ocurrir dos veces / en consecuencia, la desgracia es que / llegamos aquí improvisando / y nos vamos sin poder practicar'.

EL VENENO NUESTRO DE CADA DÍA

Efectos adversos de la modernización

La investigadora Marie-Monique Robin, autora de El mundo según Monsanto, analiza con entonación polémica el modo en que los agroquímicos alteran los alimentos
Por Ana María Vara | Para LA NACION



La solapa del libro la presenta como "periodista, documentalista y directora de cine". Pero la francesa Marie-Monique Robin excede esa clasificación. Con varios libros y documentales de investigación en su haber, también podría calificársela de activista de derechos humanos o del medio ambiente: ciertamente, no posa de desapasionada y distante, sino que se sitúa en sus obras con una subjetividad comprometida. Sus trabajos no son por eso menos rigurosos. En cada uno construye un caso sólido y abundantemente documentado, al estilo del gesto zoliano de J'accuse .
Robin es conocida en la Argentina porque dos de sus libros más importantes - El mundo según Monsanto y Escuadrones de la muerte - sitúan parte de su investigación en nuestro país. El segundo desnuda la vinculación entre la "escuela francesa" de tortura y la represión ilegal de la última dictadura; el primero cuenta la historia de la empresa norteamericana, que logró mantener sus productos en el mercado aún en medio de fuertes cuestionamientos, entre ellos el herbicida Roundup, complemento del paquete de soja transgénica.
En El veneno nuestro de cada día. La responsabilidad de la industria química en la epidemia de enfermedades crónicas , Robin amplía el cuadro para poner en cuestión todo el sistema que regula la incorporación de nuevas sustancias al mercado: no sólo pesticidas, también aditivos alimentarios o compuestos para distintas industrias. Va más allá de una empresa o firma comercial, para desentrañar cómo funcionan globalmente las instituciones que deberían resguardarnos de los riesgos de estas nuevas sustancias: la Organización Mundial de la Salud, la Food and Agriculture Organization, las autoridades europeas y norteamericanas, presuntamente, entre las más exigentes del mundo. Su conclusión podría resumirse en la cita de uno de sus entrevistados, Erik Millstone, que dicta política científica en la Universidad de Sussex:
"Los consumidores son los que toman los riesgos y las empresas, las que reciben los beneficios".
Dos conceptos técnicos están en el centro de la argumentación de Robin: la ingesta diaria aceptable o admisible (IDA) y los límites máximos de residuos. El primero se define como "la cantidad de sustancia química que se puede ingerir cotidianamente y durante toda la vida sin que existan riesgos para la salud", y se usa para fijar los límites de cualquier compuesto que pueda entrar en contacto con los alimentos. Por ejemplo, cuánto residuo de un agroquímico es tolerable en una manzana. Robin traza la genealogía de esta noción, basada en el principio de Paracelso:
"Sólo la dosis hace al veneno".
En el camino encuentra medidas arbitrarias, estudios mantenidos en secreto, expertos que pasan de trabajar para el gobierno a emplearse en las empresas que debían controlar, el "efecto manada" en las aprobaciones: a la primera de Estados Unidos o Europa, siguen otras, sin nuevas revisiones.
Robin también hace preguntas de sentido común: si bien la IDA fija límites de ingesta según el peso corporal, no es lo mismo un niño que un adulto, pero los dos pueden comer una manzana entera. Y si el mismo agroquímico está presente también en la zanahoria, la papa y el jugo de naranja, ¿cómo saber si no se ha superado la ingesta diaria aceptable? Precisamente, los límites máximos de residuos intentan responder la segunda pregunta. Pero la periodista nuevamente plantea dudas elementales: cada pesticida tiene un uso recomendado, pero ¿qué pasa si el agricultor se excedió en la dosis?
En su camino, Robin revisa ingente documentación y realiza casi cincuenta entrevistas. Con sentido dramático, transcribe tramos clave, como aquellos que muestran el desconcierto de funcionarios a los que lleva a revisar sus presupuestos o a confesar sus dudas. "¿Usted consume productos orgánicos?", interroga Robin al responsable de un laboratorio alemán que analiza residuos de pesticidas. "Yo podría darle una respuesta personal, pero en mi carácter de representante de un establecimiento público, prefiero abstenerme de contestarle", se excusa, acorralado, el funcionario.
El veneno nuestro de cada día incluye un capítulo sobre el edulcorante aspartamo en el que señala las debilidades técnicas de su aprobación, observaciones críticas sobre el aditivo glutamato de sodio y toda una sección sobre la controversia en torno a los disruptores endócrinos, compuestos químicos presentes en distintos productos que actúan como hormonas y pueden afectar procesos fisiológicos.
Los disruptores endócrinos terminan de estremecer el edificio construido sobre el principio de Paracelso. En efecto, las hormonas actúan aún en dosis ínfimas, y sus efectos no están en relación lineal con la cantidad incorporada: por los mecanismos de feedback , una alta dosis de hormona produce el cese de su producción. A esto se agrega el "efecto cóctel": los químicos se estudian uno por uno, pero en realidad estamos expuestos a muchos de ellos en simultáneo. Por eso, ha comenzado a investigarse la "carga química corporal", o body burden , un concepto creado por el Center for Disease Control and Prevention de Estados Unidos, que analiza compuestos artificiales en sangre y orina: se han detectado más de doscientos.
En síntesis, Robin explora la cara oculta de la ciencia regulatoria que debería proteger nuestra salud y el ambiente. En la tradición de clásicos ambientalistas como Primavera silenciosa de Rachel Carson, que alertó sobre los peligros del DDT, invita a una revisión de nociones y prácticas, para poner bajo control los efectos adversos de la modernidad.

DON QUIJOTE


Johnny Deep y Disney harán una versión de Don Quijote

El actor ya había participado del frustrado proyecto del cineasta Terry Gilliam para recrear las andanzas del Quijote.

Johnny Depp y su productora Infinitum Nihil han cerrado un acuerdo con el estudio Disney para desarrollar una versión moderna del clásico de la literatura "El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha", una obra por la que el actor siente predilección y que ya intentó sacar adelante anteriormente.

Según publicaron hoy varios medios digitales en EE.UU., el filme aún pendiente de título será escrito por Steve Pink y Jeff Morris con la determinación de que, por fin, su proyecto vea la luz con Disney.

Depp ya había formado parte del frustrado proyecto del cineasta Terry Gilliam para recrear las andanzas de Don Quijote en "The Man Who Killed Don Quixote" (2000), una película que nunca se terminó de hacer por problemas de presupuesto, técnicos y de reparto. El actor se encargaba de interpretar al escudero Sancho Panza en la historia de Gilliam que terminó reconvertida en el documental "Lost in La Mancha" donde se contaban las penurias del rodaje.

Infinitum Nihil y Disney han colaborado para la realización de "The Lone Ranger", cinta que coprotagoniza Depp y se estrenará en 2013.
La productora de Depp estuvo detrás de películas como "Hugo", "Dark Shadows" y "The Rum Diary".

Fuente: EFE

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Recomendación del día


positivar no es lo mismo que positivizar

Positivar significa ‘obtener el positivo de una imagen fotográfica’ y no es adecuado emplearlo en lugar de positivizar, que es ‘dar carácter positivo’.

Sin embargo, en los medios de comunicación suele emplearse positivar para indicar que se pretende convertir algo en positivo o verle el lado bueno: «Positivar la crisis europea», «EE.UU. y México buscan fórmulas para positivar sus relaciones».

El verbo adecuado para señalar esta idea es positivizar, formado con el adjetivo positivo y el sufijo -izar, y que significa ‘dar carácter positivo a algo o alguien’, según recogen diccionarios como el de María Moliner o el de Andrés, Seco y Ramos.

De esto modo, en los ejemplos citados lo apropiado habría sido decir: «Positivizar la crisis europea» y «EE.UU. y México buscan fórmulas para positivizar sus relaciones».

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