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quinta-feira, 6 de setembro de 2012

O DIA QUE ME DEI CONTA...

Um pícaro e um tonto estão no cinema.
-Aposto dez euros que o vaqueiro que monta o cavalo branco vai cair-diz o pícaro
-De acordo- aceita o tonto
Cinco minutos mais tarde, o vaqueiro cai.
-Muito bem!-concede o tonto- Você ganhou dez euros!
-Já havia visto o filme confessa o pícaro.
-Eu também, porém nunca havia imaginado que o vaqueiro fosse cair esta vez também - responde o tonto.
(Alejandro Jodorowsky "Cabaré místico")



Muito engraçada a esperança do tonto querendo olhar o mesmo filme, mas acreditando que - de se repetir - teria um final diferente. Muito engraçada a esperança, e muito tonto, o tonto… Embora já não produza riso, quando tomamos consciência de que muitas vezes nos comportamos como o tonto da piada. Muitas vezes, repetimos as mesmas ações, as mesmas situações uma e outra vez sem nos cansar de esperar resultados diferentes. Somos como o tonto da piada, voltamos a ver o mesmo filme, mas esta vez esperando que o final da cena seja outro. Não nos damos conta – ou não queremos nos dar conta- que a situação finalmente acabará como sempre o faz. E, desde esse não nos dar conta, seguimos insistindo em nossas ações, seguimos insistindo em esperar um final diferente.
Porém, deveria sonar um alarme quando enxergamos de que é o mesmo filme. Deveríamos nos dar conta de que se não cambiamos de filme, o final já é sabido. Que seguimos pondo nossa energia em que os outros troquem; em que as circunstâncias sejam outras, em que outros respondam diferente as nossas mesmas ações de sempre, e que se esperamos que os outros nos respeitem quando nós somos os que não nos respeitamos, teríamos que saber que o final da história é o velho final conhecido.
Se pudermos por um momento, frear e acordar. Dar nos conta de que necessitamos trocarmos para que os demais troquem. Se pudermos dar-nos conta, que o cambio sempre está aqui, na pessoa que estou sendo, nas ações que Eu estou executando.
Que sou Eu o que necessita criar um contexto distinto para que essa conversação se possa levar a cabo, que sou Eu o que necessita olhar e modificar o que me passa quando estou enfadado do outro em lugar de esperar que o outro deixe de se enojar, que a pessoa que tem que aprender a marcar e respeitar seus próprios limites sou Eu, em lugar de seguir esperando a que o outro respeite uns limites que Eu mesmo não respeito, e vulnero aceitando determinadas questões. Deveria me dar conta que necessito Eu apreender a escutar para que a conversação com o outro tenha um final diferente, que esse outro vai seguir na defensiva em tanto Eu siga atentando contra ele insistindo em que deve ser outro distinto ao que é.

“Sê o cambio que desejas ver no mundo”
Ghandi
Seja o cambio que desejas ver no mundo. Essa frase é a chave… ali reside o segredo da história. Se quiser que teu filme tenha outro final, necessitas ver teu outro filme, necessitas trocar, dar te conta de que já não podes seguir fazendo o mesmo. Não podes seguir olhando para fora, não podes seguir intentando que os outros cambiem, não podes seguir aguardando esperançado em que as circunstancias sejam outras. Se quiseres outro final, todo o que tens que fazer é voltar a mirada a você mesmo. É cambiar tuas próprias ações. É cambiar o ser humano que estás sendo. Sempre, sempre, aí radica o segredo. Parece quase um sacerdócio? Pode ser. Porém podes estar certo que não haverá um ser mais feliz que você. Nem com mais paz. Nem com mais poder pessoal
Obrigado por estar aí!
Cristina
Fonte: Cocrear Argentina - http://www.cocrear.com.ar/ -

UN MENSAJE MARAVILLOSO...



Tomado de: http://abundanthope.net/pages/article_814.shtml . Original en Inglés, traducción al español de Luis Prada.

Comentario de Candace Frieze: La esposa de George Carlín recientemente se murió… él publicó este alimento para el pensamiento. ¿No es maravilloso que George Carlín —un comediante de los años 70 y 80— pudiera escribir algo tan elocuente... y tan apropiado?
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La paradoja de nuestro tiempo en la historia es que tenemos edificios más altos pero temperamentos más cortos, autopistas más anchas, pero puntos de vista más estrechos. Gastamos más pero tenemos menos, compramos más, pero gozamos menos. Tenemos casas más grandes y familias más pequeñas, más conveniencias, pero menos tiempo. Tenemos más grados pero menos sentido, más conocimiento, pero menos juicio, más expertos, sin embargo, más problemas, más medicina, pero menos bienestar.
Bebemos demasiado, fumamos demasiado, gastamos muy imprudentemente, reímos muy poco, manejamos demasiado rápido, nos ponemos demasiado irritados, nos estamos hasta muy tarde en la noche, nos levantamos demasiado cansados, leemos muy poco, miramos demasiada TV, y rezamos muy rara vez. Hemos multiplicado nuestras posesiones, pero reducido nuestros valores. Hablamos demasiado, amamos muy rara vez, y odiamos muy a menudo.
Hemos aprendido cómo ganarnos la vida, pero no cómo hacer una vida. Hemos adicionado años a la vida pero no vida a los años. Hemos ido todo el camino a la luna y de regreso, pero tenemos problema para cruzar la calle para conocer a un nuevo vecino. Hemos conquistado el espacio exterior pero no el espacio interior. Hemos hecho grandes cosas, pero no mejores cosas.
Hemos limpiado el aire, pero contaminado el alma. Hemos conquistado el átomo, pero no nuestros prejuicios. Escribimos más, pero aprendemos menos. Planeamos más, pero logramos menos. Hemos aprendido a ir de prisa, pero no a esperar. Construimos más computadores para tener información, para producir más copias que siempre, pero comunicamos menos y menos.
Hay los tiempos de comidas rápidas y de baja digestión, de hombrones y mujerotas pero de carácter pequeño, ganancias empinadas y relaciones superficiales. Estos son los días de dos ingresos pero más divorcios, casas más extravagantes, pero hogares rotos. Estos son los días de viajes rápidos, pañales desechables, moralidad desechable, encuentros amorosos de una sola noche, cuerpos con sobrepeso, y pastillas que hacen de todo, desde animar, a aquietar, a matar. Es un tiempo cuando hay mucho en la vidriera del mostrador y nada en el almacén. Un tiempo cuando la tecnología puede traer esta carta a ustedes, y un tiempo cuando Ud. puede escoger ya sea compartir este entendimiento, o solo pulsar borrar...
Recuerden, gasten algún tiempo con sus seres queridos, porque ellos no van a estar ahí por siempre.
Recuerden decir una palabra amable a alguien que los mira maravillado, porque esa personita crecerá y dejará su lado.
Recuerden dar un caluroso abrazo a alguien cercano a Uds., porque es ése el único tesoro que pueden dar con el corazón y no cuesta un centavo.
Recuerden decir “te amo” a su pareja y a sus seres queridos, pero principalmente, háganlo con intención. Un beso y un abrazo repararán heridas cuando viene de muy adentro de Uds.
Recuerden cogerse de las manos y compartan el momento porque algún día esa persona no estará allí de nuevo.
¡Dense tiempo para amar, dense tiempo para hablar! Y dense tiempo para compartir los preciosos pensamientos de su mente.
Y SIEMPRE RECUERDEN:
“La vida no es medida por el número de alientos que tomamos, sino por los momentos que nos quitan el aliento.”
Si no envían esto al menos a 8 personas... ¿a quién le importa?
George Carlín
No es lo que recoge, sino lo que dispersa lo que dice qué clase de vida ha vivido Ud.

FUNDÉU RECOMIENDA...


Recomendación del día


cabeza de serie no es solamente femenino

Los determinantes que acompañen a la expresión cabeza de serie van en masculino si se aplica a hombres (el cabeza de serie, primer cabeza de serie) y en femenino si se trata de mujeres (la cabeza de serie, primera cabeza de serie).

Sin embargo, en noticias deportivas se emplea a menudo la expresión cabeza de serie (‘persona o equipo que es considerado como uno de los mejores competidores y, por lo tanto, obtiene ciertos beneficios en el diseño de un torneo’) como si fuera solamente de género femenino, con independencia del sexo de la persona a quien se aplica.

Así, se pueden leer frases como «Entre ellos se encuentra el suizo Roger Federer, como primera cabeza de serie» o «... cuya primera cabeza de serie es el serbio Jarno Tipsarevic», donde lo apropiado hubiera sido «Entre ellos se encuentra el suizo Roger Federer, como primer cabeza de serie» y «... cuyo primer cabeza de serie es el serbio Jarno Tipsarevic».

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