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quinta-feira, 2 de agosto de 2012

PALABRAS


● Carasol o solana

carasol. (De cara al sol). 1. m. solana (‖ sitio donde da el sol).
solana. (Del lat. solāna, t. f. de solānus).
1. f. Sitio o lugar donde el sol da de lleno. 2. f. Corredor o pieza destinada en la casa para tomar el sol.

● Mosén. (Del cat. mossén, mi señor).
1. m. Título que se da a los clérigos en el antiguo reino de Aragón. 2. m. Título que se daba a los nobles de segunda clase en el antiguo reino de Aragón.


Real Academia Española © Todos los derechos reservados


"¿Cómo que sobre gustos no hay nada escrito? Lo que pasa es que hay mucho escrito, señora, pero usted no lo ha leído".
Oscar Wilde (en respuesta a una afirmación de una señora).
Este famoso dicho de "sobre gustos..." quiere decir más bien que el gusto es una cuestión personal y no admite muchos argumentos de autoridad.

El español, un idioma excelente, seriamente amenazado



29 de Julio del 2012 - José Ramón Rodríguez Fernández (Oviedo)


La situación del idioma español me está preocupando realmente. Este es el motivo de los comentarios que voy a hacer.
Para mí el español no sólo es en sí una lengua excelente sino incluso la mejor de todas las que conozco.
Voy a tratar de revelar su grandiosidad no de un modo directo, sino a través de los defectos que ésta no tiene y que en cambio tienen las demás.
Como profesor que fui de Lengua Inglesa y en la actualidad estudiante de francés por motivos familiares, tengo que decir que tanto una como la otra dejan mucho que desear.
Curiosamente, cada una de estas dos lenguas poseen un doble lenguaje: uno hablado y otro escrito, que poco tienen que ver entre sí. ¿Existe este dislate en español? Por supuesto que no.
En español la mayor parte de los términos poseen un promedio de dos o tres sílabas. En inglés y en francés la mayoría son monosilábicos, algunos de los cuales con escasas diferencias que dificultan su captación, pues como decimos vulgarmente, poco hay donde agarrarse.
En nuestra lengua las palabras viven con total independencia. No así en estas lenguas en las que es frecuente encontrar uniones o amasijos difíciles de descifrar. Cuando yo decía a mis alumnos que «goodbye» significaba «Dios esté contigo o con vosotros», no sabían de dónde sacaba eso y cómo una expresión tan deteriorada y sin sentido podía tener un significado tan hermoso.
En español hay una proporción entre consonantes y vocales. No así en inglés y francés, donde puedes encontrar una palabra con cuatro o más consonantes y una sola vocal, lo cual oscurece tremendamente el lenguaje.
Las consonantes en español, si exceptuamos la «h», tienen todas su función, en cambio en dichas lenguas muchas están mudas sin que nadie les mande nada y sin otro cometido que estorbar.
Cada una de las vocales en español posee un sonido claro y definido, mientras que en las citadas lenguas dichas vocales tienen muy poca personalidad pues se pronuncian de un modo distinto dependiendo de quién las acompañe.
Pero, ¿qué está pasando con nuestra lengua en la actualidad? Alguien, como ya dije, la está amenazando e incluso echando a perder.
Son los mismos políticos los causantes, en algunos casos, de esta amenaza. ¡Quién me diría a mí hace años que «nacionalidad» y «región» acabarían significando lo mismo!
Los escritores no están exentos de responsabilidad cuando retuercen el lenguaje, adulterando su significado, preocupados más bien de exhibirse que de dar información.
A veces empiezo a leer un escrito y pronto lo tengo que dejar porque me entra la fatiga.
Los hablantes somos en todo caso los máximos responsables de la perversión del lenguaje, unas veces haciendo mal uso del mismo: «estoy muy ocupao», «no sé lo que dijistes», «está detrás tuyo», y en otras, inventando palabras y expresiones fruto de ocurrencias: «gilipollas», «guay», «chao», «estoy que flipo», «cuánto me mola».
Las lenguas regionales no hacen otra cosa que contribuir al deterioro de la lengua castellana. ¿Qué podrá entender un leonés o un mejicano si yo le digo «qué repugnante me caes», «cuánto me presta verte» o «¿tráeme el rodillo que quiero limpiar el plato»?
Por fin, ¿qué decir de tantos anglicismos, la mayor parte innecesarios, que de un modo salvaje invaden nuestra lengua sin que nadie les ponga freno o por lo menos los domestique? Siento una verdadera vergüenza cuando en los medios de comunicación oigo semejantes «palabrotas» de las que hacen ostentación muchas personas cultas y que luego nos traducen por si no las logramos entender.
El término «glamour» y derivados, con tan sólo unos años de vida, campean por nuestro lenguaje sin respeto o temor alguno, quedando en el diccionario, acomplejadas y sin trabajo palabras netamente españolas como «encanto», «atractivo» o «hechizo» que en pocos años ya nadie las sabrá reconocer.
Hace tan sólo unos días encontré en la calle a unas señoras acompañadas de sus perros. Estos, un tanto recelosos, se amenazaban con ladridos. Entonces una de aquellas damas dijo a la otra: «No te preocupes; no va a pasar nada, pues mi perro, a pesar de todo, tiene muy buen "feeling"».
Podía seguir. Espero que esta maravillosa lengua, hablada por millones de individuos, que tanto bien ha hecho, goce de buena salud mientras viva y logre defenderse de los ataques que desde dentro y desde fuera recibe cada día.

Mirar y ver, escuchar y oir…








mirar = dirigir la vista a un objeto.
ver = percibir por los ojos las imágenes de los objetos.
escuchar = aplicar el oído a los sonidos.
oír = percibir los sonidos con el oído.


Es claro que mirar o escuchar son acciones que significan prestar atención, abrir las válvulas de los correspondientes sentidos. En cambio, ver u oír son modos de percepción, de imágenes o sonidos respectivamente, como resultado de la acción de los sentidos. Uno puede mirar y no ver mucho, escuchar y no oír nada. Ya se sabe, no hay peor ciego que el que no quiere ver. El que no quiere oír hace oídos sordos. Mirar y escuchar son manifestaciones de la atención de la voluntad. Ver y oír son la consecuencia de que los respectivos sentidos funcionan de acuerdo con el diseño previsto. Aun así, la tendencia en el habla actual es a la sustitución de ver (o incluso visionar) por mirar y de oír por escuchar

FUNDÉU RECOMIENDA...


Recomendación del día


confiar en que, no confiar que

Con el verbo confiar, cuando significa ‘tener confianza en alguien o algo’ y ‘tener la esperanza firme de que algo suceda’, aquello en lo que se tiene confianza o que se espera va precedido por la preposición en.

Son, por lo tanto, construcciones impropias las siguientes, aparecidas en varios medios de comunicación: «UGT confía que la reunión con el ministro sirva "para encontrar una solución"», «EE. UU. confía que los nexos de Ecuador con Irán no dañen la relación», «José Soto confía que Alianza Lima derrotará a Melgar en Matute».

En los tres ejemplos lo adecuado habría sido decir confía en que. Omitir la preposición en en estos casos supone incurrir en el error llamado queísmo.
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