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sexta-feira, 13 de janeiro de 2012

FE DE ERRATA






El día 10 de enero, reproduje en mi blog un artículo referido a la selección y evaluación de traductores, publicado oportunamente en Traductor Chile.
En él se detallan los atributos a ser considerados en la selección de un buen traductor, según la norma europea EN 15038:2006. Lo he hecho, porque comparto lo expresado en ese artículo.



Luego, me quedé pensando, que como en muchos otros casos, estas recomendaciones son necesarias, pero no suficientes, para garantizar un resultado de excelencia. El motivo, es que la traducción más que una técnica, siempre necesaria para el correcto ejercicio de la profesión, es una actividad artística.
Parafraseando a Schopenhauer creo que “la traducción, al igual que la lectura, es pensar con el cerebro de otro, en este caso, con el cerebro del autor”.
Probablemente, algunas personas afirmen que para traducir correctamente es suficiente conocer bien el idioma de partida y el idioma meta, aplicando métodos y técnicas de traducción; otros agregarían la necesidad de que el idioma meta sea el materno del traductor. No alcanza con aplicar solamente una técnica de traducción, tampoco es un problema de diccionarios o glosarios. Alguien dijo - y pido perdón por no recordar quien fue -, que:
“Una de las verdades más maravillosas y raras de la traducción es que cualquier articulación, aunque sea de una longitud trivial, no tiene una sola traducción. Todos los dichos tienen innumerables traducciones que son aceptables”.
El español es una lengua rica en expresiones, las cuales permiten al traductor reflejar las ondulaciones y matices del pensamiento; un lenguaje diáfano, con la fuerza necesaria para revelar, conocer y recrear el espíritu que el autor pretendió incorporar a su texto.
A su vez, la correcta aplicación de la teoría de la traducción permite que el traductor pase de transferir a reconstruir ideas.
No solo es preciso el conocimiento objetivo: vocabulario, expresiones, gramática… “sino que se necesita la “aptitud artística” que utiliza y combina los recursos técnicos adecuadamente, que da con la palabra justa, que colorea los paisajes, que perfuma los ambientes, que nos da escenas palpitantes llenas de sonidos o silencios; en definitiva produce una traducción con vida, humanizada, que cuando la leemos nos lleva a exclamar: ¡Ésta es una buena traducción!, transmite lo que el autor en la lengua original quiso contar” (1)
Es necesario asimilar plenamente el significado detrás de la palabra, para posteriormente utilizarlo en la representación o recreación de las ideas propias y ajenas.
Por tal motivo considero que además de lo expresado en el referido artículo, se deberían agregar los siguientes atributos (2):
Conocimiento consciente (o sensibilidad o intuición exacta) de lo que supone e implica traducir: estar al día de las técnicas, recursos y tipos de ayuda para el traductor.
Conocimiento o especial sensibilidad de la naturaleza de (a) fenómenos lingüísticos y comunicativos; (b) las diferencias que pueden llegar a existir entre las lenguas y las culturas, así como la subjetividad de sus perspectivas; (c) una amplia gama de recursos retóricos.
Buena formación general académica e intelectual y la experiencia de haber leído una gran variedad de tipos de textos en más de una lengua. La experiencia de haberse relacionado con diferentes tipos de personas en diferentes ambientes, también en más de una lengua y cultura.
Educación formal en traducción y en análisis, interpretación y producción de textos sobre todo en la lengua materna incluyendo un componente contrastivo con otras lenguas y otras convenciones textuales y comunicativas.
Experiencia como traductor y/o en otros tipos de redacción de textos.
Cierto nivel de inteligencia y capacidad de razonamiento lógico e inferencial, junto con una memoria que permita sacar el máximo provecho a todas las experiencias y la capacidad de análisis y otras destrezas necesarias.

1.- sociedad biblica.org
2.- http://faculty.ksu.edu.sa- La didáctica de la traducción: desarrollo de la competencia traductora Patrick Zabalbeascoa - Universitat Pompeu Fabra




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Recomendación del día


trol, mejor que troll

Para referirse al provocador que actúa en internet se recomienda emplear la palabra española trol en lugar de troll.

La voz noruega troll, que pasó posteriormente al inglés y a otros idiomas, designa a un monstruo maligno de la mitología escandinava; en español fue recogida en los diccionarios en la forma adaptada trol durante la década de 1980.

Con la aparición de internet, esta palabra comenzó a utilizarse para referirse a los provocadores que actúan en las comunidades cibernéticas; puesto que existe la forma española trol, es preferible usarla también con esta nueva acepción.

En cuanto a su plural, aunque en el uso está extendida la forma trols, de acuerdo con las reglas de pluralización españolas debería ser troles.
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