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quinta-feira, 5 de janeiro de 2012

2011: EL AÑO DEL TRADUCTOR


28 diciembre 2011
THE OBSERVER
LONDRES


"Torre de Babel", de la artista argentina Marta Minujin, con miles de libros en idiomas de todo el mundo, en la plaza de San Martín de Buenos Aires (Argentina), en mayo de 2011





Con el éxito mundial de Stieg Larsson y de Haruki Murakami, la traducción no había conocido un boom similar desde hace más de una generación. Pero ¿se alcanzará algún día el Santo Grial de la traducción que guarde una fidelidad perfecta con el original?
Robert McCrum

Se nos dice en el capítulo 11 del Génesis que "Tenía entonces toda la tierra un solo lenguaje y unas mismas palabras". Tras el diluvio del arca de Noé, los supervivientes decidieron celebrar su afortunada ventura de una manera tradicional: con una arquitectura triunfal. "Edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo", así es como recoge la Biblia tal aspiración. "Hagámonos un nombre" dijeron los descendientes de Noé, "por si fueremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra".
Mala suerte. Según el Viejo Testamento, la voluntad de la humanidad de unirse con un propósito común no es del gusto del Todopoderoso. Así que la idea de que hombres y mujeres pudieran ser como dioses fracasó y el proyecto condenado a no tener éxito se llamó Babel. Tal y como reza la versión de la Biblia del rey Jacobo, "allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra". Y para dar buena cuenta de ello, diseminó a los pueblos que hablaban distintos idiomas por todo el planeta.
A principios del siglo XXI, el mundo sigue siendo un mosaico de más de 5.000 lenguas distintas y en liza. Pero para aquellos que todavía sueñan con la implantación de un idioma universal, en pocas ocasiones la perspectiva ha sido tan propicia: 2011 ha sido un año excepcional para el arte de la traducción. ¿Podría realmente reconstruirse la torre de Babel?
Los terrícolas hablamos una sola lengua
Numerosos eruditos de la lengua ahora aceptan la innovadora percepción del filósofo Noam Chomsky de que, pese a los léxicos mutuamente ininteligibles, "los terrícolas hablamos una sola lengua" . Una apreciación que para Chomsky sería evidente para un marciano que viniese de visita. Por esa o por otra gran variedad de motivos, quizá nunca hayamos estado tan cerca de hacernos inteligibles.
A través del impacto de los medios de comunicación globales, ahora existe más que nunca un mercado para la literatura traducida, en la que la lengua predeterminada sería el inglés británico o el estadounidense. Muchas de esas versiones guardan el mismo parecido con el original como el de una alfombra persa y su revés, aunque eso no parece mermar su atractivo para el lector.
Últimamente en Estados Unidos el apetito despertado hacia la "ficción extranjera" – la trilogía Millennium de Stieg Larsson o 1Q84 de Haruki Murakami– ha favorecido una tendencia que inspira que nuevos lectores se interesen por superestrellas de la literatura internacional como Umberto Eco, Roberto Bolaño y Péter Nádas. Quizás haya que remontarse a la década de los ochenta, cuando las novelas de Milan Kundera, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa se convirtieron en bestsellers internacionales, para encontrar una comparación al empuje recibido para introducir la ficción traducida en el mercado literario.
Los traductores son estrellas del rock
Nuevas ediciones [en inglés] de Guerra y Paz de Tolstoi, de Madame Bovary de Flaubert y de En busca del tiempo perdido de Proust han convertido a los traductores con exceso de trabajo – y una raza tímida- en centro de atención mediática. David Bellos, cuyo nuevo libro, Is That A Fish In Your Ear? Translation and the Meaning of Everything [¿Es eso un pez en tu oreja? Traducción y significado de todo, todavía no disponible en español] se publicó en otoño, señala que en Japón, por ejemplo, "los traductores son como estrellas de rock" con su propio libro sobre cotilleo de famosos, The Lives of the Translators 101 [Las vidas de los traductores 101, no publicado en castellano].
Este repentino interés del público global hacia la ficción hubiese sido impensable si no fuese cierto que, según el British Council y respaldado por muchas otras fuentes dignas de crédito, alrededor de la mitad de la población mundial – 3.500 millones de personas – supiesen o tuviesen algún conocimiento de "algunas nociones de inglés". Y por primera vez en la historia de la humanidad, es posible que una lengua se transmita y se comprenda prácticamente en cualquier punto del planeta.
Este fenómeno lingüístico sin precedentes está respaldado por el formidable poder de los medios de comunicación globales. Lindsey Hilsum, la editora internacional de Channel 4 News, informa sobre cómo al preguntar el significado sobre un grafiti en árabe pintado sobre un muro en Tripoli, le dieron una traducción que era una divertida incongruencia debido a un guiño de referencias culturales: "Gaddafi, eres el rival más débil. Adiós"[del conocido programa-concurso de televisión].
Como era de esperar, y ante estos amplios horizontes, Google está a la vanguardia de lo que se está convirtiendo en una revolución de la traducción, tanto por su alcance como por la técnica que se emplea. La solución de Google para un problema intrínsecamente humano es crear un ordenador que se acerque al Santo Grial de la inteligencia artificial y que pueda traducir el "lenguaje natural".
Google Translate emplea inmensos archivos de documentos ya traducidos y los combina con la probabilidad para dilucidar el significado más cercano, basándose en el contexto. Para que así sea, Google Translate se aprovecha de una base de datos con trillones de palabras, extraídas del corpus de documentación de Naciones Unidas, de las novelas de Harry Potter, de noticias de prensa y de memorandos empresariales.
La lengua universal dependerá de la traducción perfecta
El sueño de una lengua universal depende al final de la traducción perfecta. Dejando a un lado las lecciones aprendidas de Babel, la historia de la Biblia ofrece por sí misma otros cuentos con moraleja, en concreto este año – el cuarto centenario de esa gran catedral del lenguaje, la Biblia del rey Jacobo. Este evento sirve a la vez para celebrarlo y para plantearse si puede existir un ideal o una versión final de una obra semejante. ¿No está cada nueva versión marcada por el propio contexto cultural en el que el traductor trabaja?
El destino que han corrido las sucesivas traducciones de la Biblia al inglés ilustran el problema de traducir textos de interpretación de manera intemporal en una lengua que está siempre en constante cambio. Los fieles de la Biblia del rey Jacobo, una traducción hecha en tiempo de Shakespeare, se horripilan ante algunas traducciones adaptadas a los tiempos modernos que juzgan absurdas. La New English Bible [Nueva Biblia Inglesa], por ejemplo, reemplaza "lobos con piel de cordero” por algo que se asemeja más al estilo de los Monty Python: "hombres vestidos como ovejas".
Así que a pesar del boom que ha supuesto este año para la traducción y de la proliferación de adelantos técnicos para entendernos mejor los unos a los otros, siempre se nos remite a los eternos juegos de lenguaje de Wittgenstein. De hecho, con numerosas lenguas a lo largo y ancho del mundo, Google Translate todavía tendrá que solucionar versiones locales del acertijo de Fráncfort. No se trata de una recóndita cruz lingüística alemana, sino de la respuesta a una simple pregunta. ¿Cómo se traduce "hot dog" – como comida rápida o como un cachorrito?

POESIA DE JOAQUIN SABINA









INVENTARIO




Las cosas que me dices cuando callas
los pájaros que anidan en tus manos
el hueco de tu cuerpo entre las sábanas
el tiempo que pasamos insultándonos.
El miedo a la vejez y a los almanaques
lo taxis que corrían despavoridos
la dignidad perdida en cualquier parte
el violinista loco, los abrigos.
Las lunas que he besado yo en tus ojos
el denso olor a semen desbordado
la historia que se mofa de nosotros
las bragas que olvidaste en el armario.

El espacio que ocupas en mi alma
la muñeca salvada del incendio
la locura acechando agazapada.
La batalla diaria entre dos cuerpos
mi habitación con su cartel de toros
el llanto en las esquinas del olvido
las cenizas que quedan, los despojos
del hijo que jamás hemos tenido.
El tiempo del dolor, los agujeros
el gato que maullaba en el tejado
el pasado ladrando como un perro
el exilio, la dicha, los retratos.
La lluvia, el desamparo, los discursos
los papeles que nunca nos unieron
la redención que busco entre tus muslos
tu nombre en la cubierta del cuaderno.

Tu modo de abrigarme el corazón
la celda que ocupaste en una cárcel
mi barca a la deriva, mi canción
el bramido del viento entre los árboles.
El silencio que eximes como un muro
tantas cosas hermosas que se han muerto
el tiránico imperio del absurdo
los oscuros desvanes del deseo.
El padre que murió cuando eras niña
el beso que se pudre en nuestros labios
la cal de las paredes, la desidia
la playa que habitaban los gusanos.
El naufragio de tantas certidumbres
el derrumbe de dioses y de mitos
la oscuridad en torno como un túnel
la cama navegando en el vacío.

El desmoronamiento de la casa
el sexo rescatándonos del débil
el grito que horadó la madrugada
el amor como un rito en torno al juego.
El insomnio, la ausencia, las colillas
el arduo aprendizaje del respeto
las heridas que ya ni Dios nos quita
la mierda que arrastramos sin remedio.
Todo lo que nos dieron y quitaron
los años transcurridos tan deprisa
el pan que compartimos, las caricias
el peso que llevamos en las manos.

Umberto Eco: los 80 años del hombre de la rosa

Umberto Eco: los 80 años del hombre de la rosa

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Recomendación del día


caucus es inavariable en plural: los caucus, no los caucuses

La palabra caucus, que se emplea en el proceso de elección de candidatos a los comicios presidenciales de los Estados Unidos, es invariable en plural (caucus, no caucuses) y se escribe en redonda, esto es, sin cursiva ni comillas.

Sin embargo, es común encontrar en las noticias sobre este proceso de elección de candidatos frases en las que el término aparece escrito entre comillas («Ocho votos dan la victoria a Romney en los “caucus” republicanos») o con el plural caucuses («Mitt Romney ganó los primeros caucuses presidenciales republicanos»).

Su plural es invariable (caucus), pues en español la norma para formar el plural de los extranjerismos que acaban en -s dicta que solo son variables cuando son palabras agudas o monosílabas, como en el caso del término vals (plural: valses).

A pesar de ser un extranjerismo, el empleo de caucus está muy asentado, y por eso en los diccionarios más recientes de uso del español se recomienda que se escriba en redonda, no en cursiva ni entre comillas.
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