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quinta-feira, 11 de agosto de 2011

EL MUSEO DE LOS HORRORES


Chispitas de lenguaje
Enrique R. Soriano Valencia



El museo de los horrores
Jueves, 11 de Agosto de 2011




He conocido un estupendo sitio en Internet llamado El museo de los horrores . Esta página electrónica es uno de los servicios del Instituto Cervantes de España. Tuve noción de él gracias a mi amiga Marcela Croitoru (quien tiene la gentileza de leer esta columna y escribirme desde Budapest). El lugar electrónico ha sido creado «Para denunciar tantos atropellos a la lengua española…» (http://cvc.cervantes.es/alhabla/museo_horrores/default.htm). Se trata de un sitio donde se denuncian los barbarismos. Estos son los usos inadecuados del idioma.

El español es un idioma altamente sofisticado. Por una parte, tiene más de cien mil vocablos oficiales (más los regionalismos, igualmente válidos para cada localidad); los cientos de verbos pueden ser regulares e irregulares (estos últimos sufren modificación en su raíz: «yo juego», en vez de *«yo jugo», del verbo jugar; además de sus particularidades como transitivo, intransitivo o defectivo); las personas, animales, cosas y conceptos tienen género (masculino, femenino, neutro, ambiguo; el inglés, por ejemplo, no tiene esta particularidad); diecisiete tiempos verbales (tomo en cuenta los tiempos compuestos –con el verbo «haber»–, aunque la página oficial del DRAE ya no los enuncia); variada forma de construcción de enunciados (activa, pasiva y progresiva); cientos de prefijos y sufijos; así como concordancias en género, número, persona, tiempo, etc.; por mencionar los elementos más destacables y evidentes.

Con un idioma tan lleno de variedades, matices y alternativas, es normal que en su uso cotidiano se presenten barbaridades. La mayoría de ellas se debe al desconocimiento del idioma (a pesar de tantos años de estudiar el español en la escuela). También hay algunas que se pretenden sin razón o lógica alguna (el profesor de Español de preparatoria Martín Martínez Charles se quejaba hace tiempo de unos cronistas deportivos que defendían airadamente que debía enunciarse *«el árbitra», ya que el DRAE admite el femenino de «árbitro»). También en este sentido incluyo los casos de ultracorrección (la costumbre de modificar una palabra por creer inadecuada la forma correcta, como la muy difundida palabra *«copea» en vez de «copia», muy usada por desgracia por muchos profesores).

Los esfuerzos para denunciar barbaridades no son recientes. Cientos de libros se han escrito al respecto. Regularmente, consulto –y disfruto, por lo ameno de su redacción, no falto de ironía en algunos capítulos– libros como Defensa apasionada del idioma español , de Alex Grijelmo, y 1001 puñaladas a la lengua de Cervantes , de Federico Arana.

El museo de los horrores también tiene por particularidad un lenguaje ameno, lejos de estilos académicos (característica de las respuestas en la página oficial de la Real Academia de la Lengua). Otros muchos sitios muy prestigiados en la Internet ofrecen este servicio (Fondeú, Cosas de la lengua). Sin embargo, el estilo ágil, sencillo, ausente de palabras complejas, facilita la comprensión de los comentarios publicados. Por ejemplo, en un párrafo breve señala la diferencia entre «debe» y «debe de». La primera es obligación «El niño debe ir a la escuela todos los días» y la segunda es una probabilidad: «El niño debe de estar en la escuela».

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Recomendación del día


socio o compañero, y no partenaire

Se recomienda evitar el uso de la palabra partenaire y que en su lugar se emplee compañero, pareja o socio .

La palabra partenaire es una voz francesa que aparece en las noticias de cultura y sociedad, así como en las de economía y política, para referirse bien al individuo o colectivo con el que se comparte una actividad o bien a la persona con la que se mantienen relaciones amorosas, como en «Ahora es su partenaire en la aventura electoral de la ultraderecha», «No es capaz de hacer una obra de teatro sin una partenaire» e «Inclinó una joven como para ir a besarla y provocó las risas de su partenaire».

Es un extranjerismo innecesario, pues en español ya existen las palabras compañero, pareja o socio, según se trate, de modo que en los ejemplos anteriores se debería haber dicho: «Ahora es su socio en la aventura electoral de la ultraderecha», «No es capaz de hacer una obra de teatro sin una compañera» e «Inclinó una joven como para ir a besarla y provocó las risas de su pareja».

En ocasiones se emplea el anglicismo partner, que también es sustituible por las mismas palabras.
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