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segunda-feira, 4 de julho de 2011

BRASIL CREE EN SI MISMO



FUENTE: EL PAÍS - ESPAÑA.
La potencia de América Latina intenta afianzar su influencia internacional mientras lucha por reducir la desigualdad

Difícilmente puede existir en este momento en el mundo un país que se mire a sí mismo con mayores expectativas que Brasil. "Quieren ser Mac frente al PC estadounidense", asegura la analista norteamericana Julia Sweig, de Foreign Affaires. De lo que no cabe duda es de que los formidables cambios que está experimentando Brasil, su voluntad de alcanzar un reconocimiento internacional como uno de los grandes, con un papel y una responsabilidad no solo regional sino también global, van a obligar a redefinir sus relaciones con Washington, el gran referente político en el continente. La capacidad de ambos Gobiernos para mantener actitudes flexibles y alianzas puntuales aparece ya como uno de los elementos claves para el futuro inmediato de América del Sur.

"Brasil no es la única explicación de por qué Sudamérica tiene en este momento estabilidad política, crecimiento económico y mayor inclusión social, pero la presencia de Brasil en este proceso es fundamental", explicó recientemente la profesora brasileña Mónica Hirst, una de las mayores especialistas en las relaciones con Estados Unidos (www.desdeabajo.info).

El ejemplo que ofrece Brasil como un país en el que, cuanto más se consolida la democracia, más crecimiento económico e inclusión social se logra, combinando un fuerte sector público y empresas privadas cada vez mas boyantes y capaces, incluso, de penetrar en mercados extranjeros, ejerce una formidable influencia y un modelo de desarrollo que Estados Unidos no puede despreciar. El interés es común: una región que no constituya una amenaza para Norteamérica y que se mantenga estable y segura.

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Tal vez por eso, y pese a la creciente irritación que provoca en algunos medios norteamericanos la actitud de Brasil (negativa a apoyar en la ONU la intervención militar en Libia o los intentos de mediar en la polémica nuclear con Irán), los dos Gobiernos se esfuerzan por crear agendas positivas y en mantener sus diferencias bajo control. Cuando Estados Unidos anunció su polémico acuerdo militar con Colombia, Brasil bajó el diapasón de las protestas en UNASUR, aunque también dejó claro que, en el futuro, cualquier iniciativa militar de Estados Unidos en el área debería requerir "conversaciones" con la potencia latinoamericana. Y cuando Brasil se ofreció como mediadora en Teherán, fue Washington quien se esforzó en expresar su disgusto sin estridencias.

El modelo brasileño logra mayor inclusión social y crecimiento económico con más democracia
EE UU mantiene, incluso, un perfil bajo frente a la negativa de Brasil a firmar el protocolo del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) que autoriza inspecciones más intrusivas en las instalaciones civiles de enriquecimiento de uranio. Brasil, que es firmante del TNP y cuya Constitución prohíbe la fabricación de armas atómicas, dispone ya de una importante tecnología nuclear, que prevé desarrollar aún más, incluyendo submarinos de propulsión atómica, y se niega a aceptar más controles. Nada de eso impidió que Washington apoyara los Juegos Olímpicos de 2016 en Río de Janeiro (antes, en 2014, tendrá lugar el Mundial de fútbol).

El país tiene el 60% de la Amazonia, el 20% de las reservas de agua dulce del mundo y crudo
"Algunos responsables brasileños mantienen una actitud paranoica sobre el interés que pueda tener en el futuro Estados Unidos por sus riquezas naturales", ironizaba un diplomático norteamericano en uno de los telegramas desvelados por Wikileaks. La actitud puede ser paranoica, pero las riquezas son muy reales. Brasil posee casi el 20% de todas las reservas de agua dulce del mundo; más de 600.000 hectáreas de tierra cultivable en la que nunca entró un arado, grandes reservas de casi todo tipo de minerales, el 60% de la extensión total de la Amazonia, una sociedad multirracial con 200 millones de habitantes e, incluso, la posibilidad de llegar a producir 5,4 millones diarios de barriles de petróleo, cuando entren en explotación (no antes de 2020) los llamados yacimientos del pre-sal, a 240 kilómetros de su costa. Todo ello, paralelo a un sector financiero de primer orden y a un nivel de desigualdad formidable, un sistema educativo y sanitario muy deficiente y una red de infraestructuras pésima.


Sus gobernantes son plenamente conscientes de ese formidable desafío y de ese potencial y llevan 20 años (desde la presidencia de Henrique Cardoso, y sobre todo, en los dos mandatos de Lula) intentando ampliar su perfil internacional. La nueva presidenta, Dilma Rousseff, quizás procure distanciarse menos de Estados Unidos de lo que hizo su predecesor (aunque Lula tuvo siempre la habilidad de mantener las discrepancias en niveles tolerables). Rousseff es, sin embargo, igualmente consciente de la importancia de combinar un proyecto interior, capaz de mantener el extraordinario consenso básico que amalgama actualmente a la población brasileña, con un plan estratégico exterior que refuerce su presencia en los organismos internacionales y permita reacomodar su papel geopolítico.

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super, sin acento y unido a la palabra que acompaña

Es común en los medios de comunicación leer frases en las que el prefijo super- aparece separado de la palabra a la que acompaña o unido a esta con un guion: «Las firmas de moda se apuntan a las súper rebajas»; «Le convertirá en el súper-héroe más aclamado».

Sin embargo, este prefijo debe escribirse unido a la siguiente palabra y sin tilde (superhéroe, superpráctico, superfino).

La nueva edición de la Ortografía de la lengua española recuerda que únicamente llevará tilde si se emplea como sustantivo que equivale a supermercado o a un tipo de gasolina («Lo compramos en el súper», «Este año la súper subirá de precio») y cuando se utiliza como adverbio o adjetivo pospuesto al sustantivo («Es una idea súper», «Lo pasamos súper en la fiesta»).

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