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sábado, 18 de junho de 2011

EL ESPAÑOL ES LA LENGUA DEL CORAZÓN, DEL CEREBRO.


CULTURA / ABC CULTURAL
La lengua española vive su «Día E»


El «Día E» es la fiesta de nuestra lengua, el idioma del futuro.

Elena Ochoa narra su experiencia con el español, la llave que le ha abierto las puertas del mundo

ELENA OCHOA - FUENTE: ABC ES
Día 18/06/2011 .EFE

Hablo y escribo en español cuando quiero expresar en detalle mis emociones, mis sentimientos, una idea. A los otros, a los míos, a mí misma. Aunque a veces no me entiendan. También pienso y sueño en mi lengua: el español. Es por eso por lo que, aunque defiendo a ultranza el aprendizaje de cuantas más lenguas mejor –y en este principio he educado a mis hijos desde que se asomaron al mundo–, ha sido el español mi único puente de comunicación con ellos, desde que los sentía dentro de mi cuerpo hasta el día de hoy.
Fue muy difícil cuando empezaron a hablar. Hubiera sido muchísimo más relajado para mí hablarles en inglés, en francés, en alemán, en portugués o gallego. También hubiera sido más fácil aceptar que me contestaran en cualquiera de estos idiomas cuando me dirigía a ellos en español. Fue una tarea ardua el estar constantemente corrigiendo. No aceptar e ignorar las respuestas que no fueran en español, hacerles repetir y repetir el tiempo del verbo equivocado. O no admitir cócteles lingüísticos terribles, horrorosos, del estilo «mamá,please, ferme la porte now porque liebe ich escuchar music!». Fue duro… ¡y a veces insoportable!
Como pez en el agua
Pero valió la pena. Ahora mis hijos, cuando están en España, se sienten totalmente españoles. Aun más, en Nueva York o en Los Ángeles o Chicago o Dallas, en México o en Buenos Aires, se mueven como pez en el agua. Porque hablan español. Les llama la atención, sin embargo, el utilizar con más frecuencia mi lengua que la de su padre –el inglés– en países como EE.UU. El verano pasado, en California, solo hablaron inglés con su padre y en otras pocas contadas ocasiones. Desde su profesor de tenis al piloto del globo de gas que nos subió a las cinco de la mañana al cielo para ver amanecer desde las alturas, hablaban español. Incluso el círculo de niños de su edad, hijos de amigos norteamericanos, todos hablaban español, ya que en sus colegios se enseña al tiempo en inglés y en español.
Es emocionante escuchar español en Suráfrica y en la Antártida
En los años ochenta me marché a Chicago y luego a California con una beca Fulbright del Comité Hispano-Norteamericano.
Ya entonces observé que se podía vivir en EE.UU. sin hablar inglés, dentro y fuera del ambiente académico.
El universo latino estaba presente a cada segundo del día, desde el dependiente de cualquier tienda en Santa Mónica a la encargada del quiosco
de tortillas en Venice Beach, el vendedor de coches en Culver City o el dueño del bar donde solía ir a escuchar blues en el sur de Chicago.
Ocurría lo mismo en librerías tan especiales como City Lights en San Francisco o Soup en Sunset Boulevard.
Conversión sin remedio
Esta proliferación del uso del español se ha incrementado a pasos agigantados en los últimos años. Ahora no hay hospital que no ofrezca sus servicios en español a los pacientes. Más aún, en hoteles cuyas raíces son marcadamente anglosajonas, el personal más altamente cualificado es genuinamente hispano –segunda generación de inmigrantes cubanos o mexicanos– y guardan el español como lengua paralela al inglés.
Peluquerías, droguerías, floristerías y supermercados en Dallas, Miami, Carmel o San Antonio son propiedad de hispanos y allí se habla en español. Limpiadoras y taxistas o quien recibe a la entrada en la feria The Armory Show, hablan español. Pinta, la cita más ambiciosa de arte latinoamericano, en Nueva York hace unas semanas o en Londres este mes de junio, ha competido en visitantes con las ferias consagradas de arte contemporáneo. Y en Pinta se habla, fundamentalmente, español.
La proliferación del español se incrementa a pasos agigantados
Norteamérica se está convirtiendo a la lengua española sin remedio. Y con ella otros puntos lejanos en el Extremo Oriente.
Lo saben bien los que acudieron a la Feria de Arte de Hong Kong este pasado mayo.
Pero esto no ocurre recientemente o solo entre un público cultivado y cosmopolita.
En Beijing y Shanghai no fue difícil encontrar una persona que me ayudara con mis hijos más de diez años atrás, cuando eran casi bebés, hasta hoy,
que ya están entrando en la adolescencia. Las chicas que viven con mi familia –estudiantes chinas en primeros años de carrera y que localizo a través
del Departamento de Español de la Universidad de Beijing o amigos chinos– hablan un español más que correcto. Nunca han salido de China, pero su acento y expresiones podrían ser de muchachas oriundas de Salamanca o Valladolid.

De Machado a Vargas Llosa
Hace unos meses sorprendí a una de estas estudiantes chinas leyendo a mis hijos, tumbados tranquilamente en la piscina del hotel, un libro de Vargas Llosa. Le pregunté por qué lo había elegido: «Porque me gusta lo que cuenta y cómo lo cuenta. Desde que empecé a leer en español ha sido mi escritor preferido. Como Machado».
Yo me pregunto si su equivalente –esta estudiante china tiene dieciocho años– en España podría manifestar tanta pasión por la lengua y el conocimiento de la literatura española como esta adolescente que, como advertía, nunca ha salido de China.
Situaciones similares me ocurrieron en presentaciones a través de China, hace unos ocho años, de publicaciones de Ivorypress tales comoCPhoto Magazine, con los volúmenes que editamos en español, chino, inglés y japonés. Descubrí jóvenes artistas en ciudades alejadas de las grandes urbes que estudiaban con ahínco y dedicación la lengua española. De hecho, algunos prefirieron que les hiciera la presentación del Proyecto CPhoto en español y no en inglés. Situación inesperada y emocionante para mí.
En Estados Unidos, el universo latino está presente a cada segundo del día
Auguro que, en muy pocos años, no habrá negocio o carrera, despacho, investigación o proyecto artístico visionario, en todos y cada uno de los cinco
continentes, que pueda desarrollarse y alcanzar aceptación y éxito si sus creadores no hablan español o no se realiza también en español.
Mis últimas experiencias corroboran este presentimiento y lo hacen, poco a poco, convertirse en certeza.
Viajé a Brasil dos semanas este mayo pasado con mi marido para encontrarnos con Oscar Niemeyer en su estudio de Rio de Janeiro –su alcalde, Eduardo Paez, habla perfectamente español, sin acento– y su casa está llena de libros de literatura española, entre otros idiomas. Niemeyer muy amablemente organizó una visita, corta pero intensa, a Brasilia. Nuestro guía, un arquitecto brasileño, hablaba español. También su acompañante. El último edificio de Niemeyer que visitamos en este recorrido memorable fue el Palacio da Alvorada, residencia de la actual presidenta. Esta casa diseñada por Niemeyer es la esencia de la sofisticación, de la sencillez, del buen gusto. Por dentro y por fuera. Besa la tierra. Con sorpresa me entero de que la persona de más alto rango de la casa y asistente de la presidenta, quien nos acompañó durante la visita, es española de origen y, desde el principio, se dirigió a mí en un perfecto español. Nació en Galicia, como yo. Obvia decir que cruzamos entonces una breve conversación en mi otra lengua materna, el gallego.

Inesperada serenata
También lo hicieron los artistas brasileños Ernesto Neto y Vik Muniz en nuestro adiós. Ernesto, que es un ser bromista y original, me despidió en el restaurante Satiricón de Rio con una serenata muy ingeniosa en español. Las mesas de alrededor asistieron encantadas a la performance inesperada de Neto, aplaudieron a rabiar, pues habían entendido, sin duda, el doble significado de la perorata del artista brasileño en español. Neto miró a mi marido de reojo y volvió a repetir su actuación en inglés. Esta vez no hubo aplauso, excepto el de los amigos en nuestra mesa.
Es emocionante escuchar español en Australia y en Teherán, en Suráfrica y en la Antártida, en Japón y en Singapur. Una de mis amigas más cercanas en Londres es iraní, escritora y novelista, publica sus libros en inglés y en francés. Pero conmigo y cuando escribe su diario solo para ella cada noche, lo hace en farsi y en español. Dice que son las lenguas del corazón.
Vértebras del futuro
Julian Schnabel me comentó exactamente lo mismo hace unos días cuando, en un aparte, comentamos en español asuntos sobre nuestras respectivas aperturas en la Bienal de Venecia. Mientras, Jeff Koons, Norman Rosenthal y mi marido nos escuchaban más que divertidos observando en silencio nuestros gestos y despechos un tanto dramáticos sobre algunas de las situaciones vividas con los montajes. No tuvimos duda, nos entendieron del principio al final.
El español es la lengua del corazón, del cerebro. Es la lengua del inmediato futuro y de las generaciones que vienen. Con la lengua china, la lengua española está hilvanando las vértebras del futuro en la ciencia y en la tecnología, en la economía y en las finanzas. En el arte y en la poesía.
Yo, mientras, sigo hablando, escribiendo, pensando y amando a los míos en español.
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