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terça-feira, 29 de março de 2011

DICCIONARIOS MONOLINGÜES






Diccionarios monolingües para traducir al español
Fuente: Blog "Algo más que traducir" de Pablo Muñoz Sanchez.



Esta entrada es obra de Elizabeth Sánchez León, traductora audiovisual inglés-español dedicada principalmente a la localización de videojuegos en la actualidad. A algunos ya os sonará, pues suele comentar bastantes artículos de este blog. Mi más sincera gratitud por su colaboración en un tema tan interesante como lo es el uso de diccionarios monolingües. Como comprobaréis, es una experta en el tema
En repetidas ocasiones, los traductores le dan demasiada importancia a los diccionarios y obras de consulta bilingües y olvidan que los diccionarios monolingües también son herramientas muy útiles a la hora de traducir y redactar en español.
En español, el diccionario monolingüe por excelencia es el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE). Esta obra se editó por primera vez en 1780, y desde entonces ha venido recopilando todos los términos que, a juicio de los integrantes de la Real Academia Española (RAE), merecen ser incluídos en él. El principal criterio para incluir un término es su uso, si bien el diccionario también incluye numerosos arcaísmos y palabras caídas en desuso. También recopila las acepciones utilizadas en los países cuyas Academias de la Lengua pertenecen a la Asociación de Academias de la Lengua Española.
La misma RAE edita otra obra de referencia conocida como el Diccionario panhispánico de dudas (DPD). Al igual que la anterior, también puede consultarse en línea y es una obra en la que «se da respuesta, desde el punto de vista de la norma culta actual, a las dudas lingüísticas más habituales (ortográficas, léxicas y gramaticales) que plantea el uso del español». Son muy recomendables los artículos sobre el uso de las mayúsculas, las comas y las comillas.
De la mano de Ignacio Bosque, miembro también de la RAE, el diccionario combinatorio REDES nos permite saber cómo se combinan las palabras entre sí. Es un pequeño tesoro desconocido por muchos. En muchas ocasiones, los traductores dudamos sobre si un término es más preciso que otro en un determinado texto o bien no conocemos qué término es el más preciso y recurrimos a hiperónimos, lo que hace que la redacción sea más pobre léxicamente hablando. Esta obra nos permite solucionar estos problemas en gran medida, ya que en cada entrada aparecen esos términos con los que se combinan las palabras con mayor frecuencia.
Veámoslo con un ejemplo. Supongamos que debemos traducir la frase The speaker gave us his opinion about the matter. Se trata de una frase bastante sencilla que no tiene ninguna dificultad aparentemente. Una primera traducción a la vista ofrecería, quizá, la siguiente versión en español: «El ponente nos dio su opinión acerca del asunto». Si consultamos la palabra «opinión» en el REDES, podemos averiguar que las opiniones pueden «comentarse», «compartirse», «dejarse caer», «emitirse», «esgrimirse», «explicarse», «manifestarse», «transmitirse», entre otras posibilidades. Por lo tanto, podemos mejorar nuestra primera traducción a la vista y añadirle otros matices según el contexto.
Otro de los momentos en los que un traductor puede tener dudas al redactar un texto se produce cuando no sabe la preposición que rige un determinado verbo. El DRAE incluye algunas construcciones, pero no siempre nos saca del apuro. Para ello, además de consultar corpus, existe el Diccionario de uso de las preposiciones españolas, editado por Espasa, que recopila en gran medida todas las preposiciones con las que se construyen más de 4.500 voces y ejemplos de uso. Para los que traducimos del inglés, esta obra es muy útil para evitar transferir literalmente las preposiciones del inglés al español.
Por otro lado, ¿quién no ha tardado más de la cuenta en traducir una frase porque la traducción de alguno de los términos la tenía «en la punta de la lengua»? Aunque no lo parezca, hay diccionarios que nos ayudan a encontrar el significante a partir del significado: son los llamados diccionarios onomasiológicos. Solo conozco dos en español: el Diccionario ideológico de Julio Casares y el Diccionario ideológico de la lengua española de la editorial Vox. De momento solo dispongo del de Casares, así que comentaré brevemente cómo se utiliza.
El diccionario está dividido en tres partes: en la primera se expone el plan de la obra en forma de esquema; en la segunda se clasifican las palabras siguiendo determinados criterios y dentro de cada palabra se incluyen otras que están relacionadas con ella; y en la tercera se incluyen los significados de todas las palabras incluidas en la segunda parte.
Sigamos con un ejemplo real. Hace poco, tuve que traducir una lista de ataques para un videojuego, y entre ellos había uno llamado fire attack. «Ataque de fuego» no es una mala traducción, pero me entró la curiosidad y quise saber si en español existe algún adjetivo que se refiera a «fuego» y que pudiese aplicarse a este contexto. Así pues, busqué «fuego» en la segunda parte del Casares y me remitió a «combustión». En uno de los grupos de palabras relacionados con esta entrada aparecen los términos «ígneo», «pírico», «ignito» y «vulcanio». Al buscar en la tercera parte el significado de estos términos, aparece lo siguiente:
ígeno, a. adj. De fuego o que contiene alguna de sus cualidades.[...];
pírico, ca. adj. Perteneciente o relativo al fuego, y especialmente a los fuegos artificiales;
ignito, a. adj. Que tiene fuego o está encendido;
vulcanio, a. adj. Perteneciente a Vulcano, o al fuego.
Con lo que mi duda quedó resuelta.
Personalmente, una de las principales dificultades con las que me he topado a lo largo de mi carrera es la cuestión de las frases hechas y las locuciones. Como traductora audiovisual, muchas veces debo redactar textos que expresen emociones o transmitan sentimientos. Otras veces es necesario añadir expresiones idiomáticas para provocar distintos efectos en el lector. Así, una frase como we should go back to the nest, que se puede traducir sin problemas literalmente como «deberíamos regresar al nido», puede convertirse en «cada mochuelo a su olivo» si alguien no padece del síndrome de «en la punta de la lengua» o si cuenta con el Diccionario temático de frases hechas de Susana Rodríguez Vida o con el Diccionario fraseológico documentado del español actual de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos. La principal ventaja del primero sobre el segundo es la posibilidad de contar con una versión electrónica del diccionario, además de estar ordenado por temas, algo muy útil para cuando tenemos la locución «en la punta de la lengua».

IPAD


¿el ipad o la ipad?

por Fundéu - MANUAL de ESTILO

Hemos leído en la prensa estos días, como no podía ser menos, que Apple ha lanzado la segunda generación de su popular tableta: la ipad 2 ¿la ipad? pero, ¿no era el ipad?


Antes de que ningún curiosillo se atreva a preguntar: no, Apple no ha cambiado el sexo de su tableta en la nueva versión. Lejos de ser así, el género femenino viene motivado por la traducción ¿cómo llamamos a los dispositivos tipo ipad en español? tabletas, y ¿cuál es el género de la palabra tableta en nuestra lengua? pues femenino. Ergo: la ipad.

Este razonamiento zanjaría la cuestión si no fuera porque la palabra ipad, aunque gráficamente comienza por i, se lee /aipad/, y esa ai inicial de su pronunciación funciona como una a fuerte, una a tónica, que es la que recibe el acento de la palabra (como la a inicial de agua, y no como la de amigo).

En español, los sustantivos que comienzan por a tónica llevan, para evitar la cacofonía, el artículo en masculino, con independencia de que ellos sean masculinos o femeninos. Así, decimos el agua, el área o el aula, aunque el resto de sus complementos vayan en femenino: el agua clara, el área designada, el aula establecida. Por tanto, aunque creamos que ipad es un sustantivo femenino, lo adecuado es decir el ipad.

Ahora bien, no debe perderse de vista que este cambio en el género del artículo tiene una motivación fonética. Por tanto, allí dónde la cacofonía no se dé, no es necesario efectuarlo. Si nuestra pronunciación de la palabra ipad no recoge esa ai inicial inglesa, sino simplemente una i, no hay, en principio, ningún motivo para decir el ipad. Y lo mismo sucedería con otras palabras similares como iphone o ipod, de no ser porque ellas ya son del género masculino.

REFERENCIAS

De momento la búsqueda en Google de la cadena “el Ipad” frente a “la Ipad” arroja un saldo mayoritario a favor de la primera.

FUNDÉU RECOMIENDA...


Recomendación del día
fisco, con minúscula

La palabra fisco aparece en muchas informaciones escrita con inicial mayúscula: «Las deudas con el Fisco se han disparado de forma alarmante», «Existe el temor de que el defraudador acabe esquivando el pago al Fisco».

Sin embargo, la palabra fisco, al ser un sustantivo común que el Diccionario de la lengua española define como ‘erario, tesoro público’ o ‘conjunto de los organismos públicos que se ocupan de la recaudación de impuestos’, debe escribirse con inicial minúscula.

Por lo tanto, en los ejemplos citados, debería haberse escrito: «Las deudas con el fisco se han disparado de forma alarmante», «Existe el temor de que el defraudador acabe esquivando el pago al fisco».
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