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sábado, 2 de outubro de 2010


PALAVRAS DE OSHO







“Hay dos maneras de difundir la luz, ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja".
“Há duas maneiras de difundir a luz, ser a lâmpada que a emite ou o espelho que a reflete”.

Lin Yutang

Adoração
Não é necessário ir à igreja, ao templo ou à mesquita; aí onde esteja, seja ditoso, e aí estará o templo. O templo é uma criação sutil de vossa própria energia. Se fordes ditosos, criais o templo a vosso redor, uma determinada aura, uma luz, uma fragrância.
O verdadeiro templo se cria mediante a felicidade... e todas estas coisas começam a acontecer por conta própria. Se fordes felizes, descobrireis que umas flores estão sendo oferecidas, porém ditas flores são de vossa consciência; há luz, mas essa luz surge de vossa própria chama interior; há fragrância, porém essa fragrância corresponde a vosso ser. Essa é a ver¬dadeira adoração.
Ouvir e Escutar
Ouvir é uma coisa... escutar, algo por completamente diferente; são dois mundos aparte. Ouvir é um fenômeno físico; ouvis porque tens orelhas. Escutar é um fenômeno espiritual. O fazeis quando pôneis atenção, quando vosso ser interior se une a vossas orelhas. Escutas os sons das aves, o vento ao passar entre as árvores, o rio desbordado, o oceano ao rugir e as nuvens, as pessoas, o distante trem ao passar, os carros na carreteira... cada som tem de ser usado. E escuta sem nenhuma imposição sobre o que escutais... não julgueis; em quanto julgais, a escuta se detêm. A pessoa realmente atenta se mantém sem conclusões; jamais tira uma conclusão sobre nada.
Maravilhar-se
O conhecimento destrói a capacidade de se maravilhar. Esta é uma das coisas mais prezadas da vida, e o conhecimento a destrói. Quanto mais sabeis, menos os maravilhais, e quanto menos os maravilhais, menos significa a vida para vocês. Quanto mais conhecimentos adquirem menor se volve vossa parti¬cipação na vida. Simplesmente passais de longe... não os preocupa a vaca, o cachorro, a rosa, o sol e o pássaro; não os preocupa. A mente se os voltou muito estreita; simplesmente vais ao escritório e voltais a casa. Cada vez mais vai à procura de dinheiro, isso é tudo. Vai detrás do poder, porém não estais relacionados com a vida em todas suas dimensões. Estar maravilhado é relacionar-se com todo, e ser constantemente receptivos.
Imutável
Lembra sempre que não sois momentâneos, senão eternos..., não mutáveis senão imutáveis. Se olhares uma flor, nela há dois elementos que a constituem: um que sempre está trocando – o corpo, a forma -, e logo, oculto detrás da forma, está o que não tem forma, aquilo que é imutável. As flores vêm e vão, mas a beleza permanece. Às vezes se manifesta numa forma, às vezes volve a se dissolver no que não têm forma. Uma vez mais haverá flores e a beleza se manifestará... logo murcharão e a beleza passará ao não manifestado. E o mesmo sucede com os seres humanos, com as aves, os animais, com tudo. Temos duas dimensões: a parte diurna, quando nos mani¬festamos, e a parte noturna, quando deixamos de nos manifestar... mas na que somos eternos. Sempre o temos sido e sempre o seremos. O ser está mais além do tempo e do cambio.
Música no tocada
Há uma música que não está criada, que se encontra aí como uma corrente oculta em nosso ser; é a música da harmonia interior. Também há uma música na esfera exterior: a harmonia das estrelas, dos planetas; toda a existência é como uma orquestra. Exceto o hom¬em, nada está desafinado; tudo se encontra numa harmonia tremenda. Por isso as árvores possuem tanta graça, igual os animais e os pássa¬ros. Só o homem se tem voltado feio, e o motivo é que há tentado melhorar-se; há tratado de se converter em algo. Em quanto surge o desejo de chegar a ser algo, um se volve feio, se desafina, porque a existência só sabe ser, chegar a ser é uma febre na mente.
O homem jamais está contente. Essa insatisfação cria fealdade, por¬que está completamente lotado de queixas, só queixas e nada mais. Quer isto, quer aquilo e jamais está contente; embora o consiga, quer mais. O «mais» persiste... a mente não deixa de pedir mais e mais. Chegar a ser é a doença do homem. Em quanto um deixa de «chegar a ser», de pronto se ouve uma música


Versão em espanhol.

Adoracion
No es necesario ir a la iglesia, al templo o a la mezquita; allí donde estéis, sed dichosos, y allí estará el templo. El templo es una creación sutil de vuestra propia energía. Si sois dichosos, creáis el templo a vuestro alrededor, una determinada aura, una luz, una fragancia.
El verdadero templo se crea mediante la felicidad... y todas estas cosas comienzan a suceder por cuenta propia. Si sois felices, descubriréis que unas flores están siendo ofrecidas, pero dichas flores son de vuestra conciencia; hay luz, pero esa luz surge de vuestra propia llama interior; hay fragancia, pero esa fragancia corresponde a vuestro ser. Esa es la ver¬dadera adoración.
Oir y Escuchar Oír es una cosa... escuchar, algo por completo diferente; son dos mundos aparte. Oír es un fenómeno físico; oís porque tenéis orejas. Escuchar es un fenómeno espiritual. Lo hacéis cuando ponéis atención, cuando vuestro ser interior se une a vuestras orejas. Escuchad los sonidos de las aves, el viento al pasar entre los árboles, el río desbordado, el océano al rugir y las nubes, las personas, el lejano tren al pasar, los coches en la carretera... cada sonido ha de ser usado. Y escuchad sin ninguna imposición sobre lo que escucháis... no juzguéis; en cuanto juzgáis, la escucha se detiene.La persona realmente atenta se mantiene sin conclusiones; jamás saca una conclusión sobre nada.
Maravillarse El conocimiento destruye la capacidad de maravillarse. Esta es una de las cosas más preciadas de la vida, y el conocimiento la destruye. Cuanto más sabéis, menos os maravilláis, y cuanto menos os maravilláis, menos significa la vida para vosotros. Cuantos más conocimientos adquirís, menor se vuelve vuestra parti¬cipación en la vida. Simplemente pasáis de largo... no os preocupa la vaca, el perro, el rosal, el sol y el pájaro; no os preocupa. La mente se os ha vuelto muy estrecha; simplemente vais a la oficina o volvéis a casa. Cada vez más vais en pos de dinero, eso es todo. O detrás de poder, pero va no estáis relacionados con la vida en su multidimensionalidad. Estar maravillado es relacionarse con todo, y ser constantemente receptivos.
Inmutable Recordad siempre que no sois momentáneos, sino eternos..., no mutables sino inmutables. Si veis una flor, en ella hay dos elementos que la constituyen: uno que siempre está cambiando -el cuerpo, la forma-, y luego, oculto detrás de la forma, está lo que no tiene forma, aquello que es inmutable. Las flores vienen y van, pero la belleza permanece. A veces se manifiesta en una forma, a veces vuelve a disolverse en lo que no tiene forma. Una vez más habrá flores y la belleza se manifestará... luego se marchitarán y la belleza pasará a lo no manifiesto. Y lo mismo sucede con los seres humanos, con las aves, los animales, con todo. Tenemos dos dimensiones: la parte diurna, cuando nos mani-festamos, y la parte nocturna, cuando dejamos de manifestarnos... pero en la que somos eternos. Siempre lo hemos sido y siempre lo seremos. El ser está más allá del tiempo y del cambio.
Musica no tocada Hay una música que está no creada, que se encuentra ahí como una corriente oculta en nuestro ser; es la música de la armonía interior. También hay una música en la esfera exterior: la armonía de las estrellas, de los planetas; toda la existencia es como una orquesta. Excepto el hom¬bre, nada está desafinado; todo se halla en una armonía tremenda. Por eso los árboles poseen tanta gracia, al igual que los animales y los pája¬ros. Solo el hombre se ha vuelto feo, y el motivo es que ha intentado mejorarse; ha tratado de convertirse en algo. En cuanto surge el deseo de llegar a ser algo, uno se vuelve feo, se desafina, porque la existencia solo sabe de ser, llegar a ser es una fiebre en la mente.
El hombre jamás está contento. Ese descontento crea fealdad, por-que está completamente lleno de quejas, solo quejas y nada más. Quiere esto, quiere aquello y jamás está contento; aunque lo consiga quiere más. El «más» persiste... la mente no deja de pedir más y más. Llegar a ser es la enfermedad del hombre.En cuanto uno deja de «llegar a ser», de pronto se oye una música
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