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quarta-feira, 10 de março de 2010

VELHICE


Ancianidad por D. Ikeda

Cuando yo era más joven, pensaba que no tenía ninguna analogía con los más viejos. De la misma forma, creo que muchos jóvenes encuentran difícil acreditar que algún día, se volverán viejos. Entretanto, la realidad es que ahora yo estoy entre los "viejos" y no me puedo mover con la misma rapidez y facilidad que antes.
Mi profesor acostumbraba decir que los últimos años de nuestras vidas son los más importantes. Si los últimos años de vida son felices, entonces nuestra existencia fue feliz. La ancianidad es una época de realización espiritual y cierre. Cuando las personas no están enfocadas en la obtención de ascenso social, dinero o acumulación de bienes materiales, ellas se vuelven capaces de observar su interior minuciosamente, así como la realidad de la vida y de la muerte, sin la interferencia de ítems superficiales.
Cuando se alcanza la vejez, nos tornamos conscientes - dentro del corazón – si tuvimos una existencia plena de satisfacciones o no. Una percepción que nadie podrá concluir o decidir en nuestro lugar. Este el mayor desafío que cada uno de nosotros enfrentará, si en el final de nuestra existencia podremos honestamente decir que nuestra vida fue bien aprovechada.
Yo creo que nuestra capacidad de vivir de forma satisfactoria hasta el final de nuestra existencia, varía considerablemente, de acuerdo con nuestra visión sobre la muerte. Infelizmente, muchos ancianos se sienten temerosos y ansiosos con relación a la muerte.
Pero, como budista, yo encuentro práctico comparar el ciclo de la vida y de la muerte a nuestro ritmo de despertar y dormir. Así como deseamos un sueño reparador después de un día lleno de actividades, la muerte puede ser vista como un agradable período de descanso y renovación de energías para que se abra un nuevo ciclo de vida activa.
Y de la misma forma que disfrutamos el mejor de los sueños, después de un día extenuante y lleno de esfuerzos, una calma y tranquila muerte acompañará una vida llena de realizaciones y sin arrepentimientos.
Es común que los árboles den frutos en la época de la cosecha. De forma semejante, la vejez es el período de resultados. Cuando estamos llenos de experiencias, muñidos de un carácter pulido hasta su esencia y de un corazón gentil y puro - la vejez se torna la época más valiosa de la vida humana. La perdida de ciertas capacidades con la llegada de la vejez no es algo para avergonzarse. Al revés de esto, las diversas enfermedades que surgen con la edad deben ser observadas como condecoraciones y deben ser vestidas con orgullo.
Hay una frase que dice:
"Para un tonto, la vejez es un invierno amargo; para un sabio, es una época dorada".
Todo depende de nuestra propia actitud y de como encaramos la vida. ¿La vejez es un período de declinación que termina con la muerte o una época de oportunidades para alcanzar sus ideales y encerrar una existencia coronada de satisfacciones? La vejez podrá variar drásticamente de acuerdo con la visión de cada individuo.
Recientemente, yo recibí una carta de una mujer de Kioto, que está con 67 años. Su consejo consistía en: "Nosotros debemos excluir cualquier expresión de derrota alojada en nuestras mentes – palabras o pensamientos como: ‘Yo no puedo hacer esto’, Yo soy muy viejo’, ‘No hay motivo para intentarlo’, ‘Es muy difícil’ o ‘Yo no estoy en condiciones’. Al contrario nosotros debemos decir para nosotros mismos: ‘Yo aún no desistí’, ‘Yo aún soy joven’, ‘Yo todavía puedo hacer esto’, ‘Yo aún estoy lleno de energía’. Así, al mudar nuestra abordaje para nosotros y para los otros, seremos capaces de mudar nuestro comportamiento patrón en una dirección positiva".
Pesquisas muestran que cuando las personas hacen uso continuo de su memoria y concentración, estas habilidades no se debilitan. Mantener actitudes positivas - como procurar nuevos pasatiempos, conquistar nuevos amigos o un interés constante en favor de otros – ayudan en el retardo de la declinación física y mental.
No obstante nuestros cuerpos envejezcan, si mantenemos una actitud positiva y activa, nuestras mentes y corazones permanecerán jóvenes por toda nuestra vida.
Cito al poeta Samuel Ullman:
"La juventud no es un período de la vida. Es un estado mental; no significa tener mejillas rosadas, labios rojos y articulaciones ágiles. Es una cuestión de deseo, de la calidad en la imaginación, en el vigor de las emociones. Es la frescura de una profunda primavera de la vida".
Es vital mirar para el futuro, tener metas y aspiraciones – tal perspectiva es crucial para tornar los últimos años de nuestras vidas repletos de alegrías y realizaciones.
Una mujer cuya actitud en la juventud me impresionó profundamente fue la pintora norte-americana conocida como la "Abuela Moses". Ella produjo cerca de 1.500 pinturas hasta morir a los 101 años de edad. Además, ella comenzó a pintar después de los 75 años. Ella nunca hizo un curso de pintura y hasta entonces, era solamente una simple esposa de chacarero.
Ella enfrentó diversas dificultades en su vida. De sus 10 hijos, cinco murieron siendo jóvenes y su marido falleció cuando ella tenía 66 años. Ella describe que no obstante haya sufrido por el dolor y las circunstancias, ella se negó a ser ganada por el sufrimiento e siempre miró para adelante.
No importando las circunstancias, la abuela Moses se esforzó para que cada día y cada momento brillase con su sonrisa. Después que sus hijos salieron de casa y su marido murió, ella evitó dar espacio para la soledad o desistir de vivir. Ella decidió enfrentar un nuevo desafío en la pintura y sus últimos días de vida fueron coronados con una bella puesta de sol.
Ella escribió:
"Yo miro para mi vida como un buen día de trabajo. Todo fue hecho y yo me sentí satisfecha. Yo estoy feliz y contenta. Todo estaba correcto e hice lo mejor que pude con lo que la vida me ofreció. La vida es lo que nosotros hacemos con ella, siempre fue así y siempre lo será."
Hay una gran diferencia entre simplemente vivir una larga vida y vivir una existencia llena de alegrías y realizaciones. Lo que es realmente importante es cuanto de textura y color podemos adicionar en nuestras vidas durante nuestra estada en la Tierra – no obstante este período pueda ser largo. La calidad es lo que importa, no la cantidad.
Fuente: Mirror Weekly, 10 de agosto de 1998

Velhice
Por Daisaku Ikeda
Quando eu era mais jovem, pensava que não tinha nenhuma ligação com os mais velhos. Da mesma forma, acredito que muitos jovens acham difícil acreditar que algum dia, se tornarão velhos. Entretanto, a realidade é que agora eu estou entre os "velhos" e não posso me mover com a mesma rapidez e facilidade de antes.
Meu professor costumava dizer que os últimos anos de nossas vidas são os mais importantes. Se os últimos anos de vida são felizes, então nossa existência foi feliz. A velhice é uma época de realização espiritual e encerramento. Quando as pessoas não estão focalizadas na obtenção de ascensão social, dinheiro ou acúmulo de bens materiais, elas se tornam capazes de observar seu interior minuciosamente, assim como a realidade da vida e da morte, sem a interferência de ítens superficiais.
Quando se alcança a velhice, nos tornamos cientes - dentro do coração – se tivemos uma existência plena de satisfações ou não. Uma percepção que ninguém poderá concluir ou decidir em nosso lugar. Este é o nosso maior desafio que cada um de nós irá defrontar – se no final de nossa existência poderemos honestamente dizer que nossa vida foi bem aproveitada.
Eu acredito que a nossa capacidade em viver de forma satisfatória até o final de nossas existência, varia consideravelmente, de acordo com a nossa visão sobre a morte. Infelizmente, muitos anciãos se sentem temerosos e ansiosos em relação a morte. Mas, como budista, eu acho prático comparar o ciclo a vida e da morte ao nosso ritmo do despertar e dormir. Assim como ansiamos por um sono repousante após um dia cheio de atividades, a morte pode ser vista como um agradável período de descanso e renovação de energias para que se abra um novo ciclo de vida ativa.
E da mesma forma que desfrutamos o melhor dos sonos, após um dia extenuante e cheio de esforços, um calma e tranquila morte irá acompanhar um vida cheia de realizações e sem arrependimentos.
É comum que as árvores dêem frutos na época da colheita. Semelhantemente, a velhice é o período de resultados. Quando somos cheios de experiências, munidos de um caráter polido até a sua essência e de um coração gentil e puro - a velhice se torna a época mais valiosa da vida humana. A perda de certas capacidades com a chegada da velhice não é algo para se envergonhar. Ao invés disto, as diversas enfermidades provindas com a idade devem ser observadas como faixas de honra e devem ser vestidas com orgulho.
Há um ditado que diz: "Para um tolo, a velhice é um inverno amargo; para um sábio, é uma época dourada". Tudo depende da nossa própria atitude e do como encaramos a vida. A velhice é um período de declínio que termina com a morte ou uma época de oportunidades para se alcançar seus ideais e encerrar a existência coroada de satisfação ? A velhice poderá variar drasticamente de acordo com a visão de cada indivíduo.
Recentemente, eu recebi uma carta de uma mulher de Quioto, que está com 67 anos. Seu conselho consistia em: "Nós devemos banir qualquer expressão de derrota alojada em nossas mentes – palavras ou pensamentos como: ‘Eu não posso fazer isto’,‘Eu sou muito velho’, ‘Não há motivo em tentar’, ‘É muito difícil’ ou ‘Eu não tenho condições’. Ao invés nós devemos dizer para si: ‘Eu ainda não desisti’, ‘Eu ainda sou jovem’, ‘Eu ainda posso fazer isto’, ‘Eu ainda estou cheio de energia’. Assim, ao mudar nossa abordagem para si e para os outros, seremos capazes de mudar nosso comportamento padrão para uma direção positiva".
Pesquisas mostram que quando as pessoas fazem uso contínuo da sua memória e concentração, estas habilidades não se enfraquecem. Manter atitudes positivas - como procurar novos passatempos, conquistar novos amigos ou um interesse constante em prol de outros – ajudam no retardo do declínio físico e mental.
Embora nossos corpos envelheçam, se mantivermos uma atitude positiva e ativa, nossas mentes e corações irão permanecer jovens por toda a nossa vida.
Cito o poeta Samuel Ullman: "A juventude não é um período da vida. É um estado mental; não significa ter bochechas rosadas, lábios vermelhos e articulações ágeis. É uma questão de desejo, da qualidade na imaginação, no vigor das emoções. É o frescor de uma profunda primavera da vida".
É vital olharmos para o futuro, ter metas e aspirações – tal perspectiva é crucial para tornar os últimos anos de nossas vidas repleto de alegrias e realizações.
Um mulher cuja atitude na juventude me impressionou profundamente foi da pintora norte-americana conhecida como a "Avó Moses". Ela produziu cerca de 1.500 pinturas até morrer aos 101 anos de idade. Além do mais, ele somente começou a pintar após os 75 anos. Ela nunca fez um curso de pintura e até então, era somente uma simples esposa de fazendeiro.
Ela enfrentou diversas dificuldades em sua vida. Dos seus 10 filhos, cinco morreram enquanto jovens e seu marido faleceu quando ela tinha 66 anos. Ela descreve que embora tenha sofrido pela dor e intempéries, ela se recusou ser levada pelo sofrimento e sempre mirou para frente.
Não importando as circunstâncias, a Avó Moses se esforçou para que cada dia e cada momento brilhasse com o seu sorriso. Após seus filhos sairem de casa e seu marido falecer, ela recusou dar espaço para a solidão ou desistir de viver. Ela decidiu enfrentar um novo desafio na pintura e seus últimos dias de vida foram coroados com um belo pôr-do-sol. Ela escreveu: "Eu olho para a minha vida como um bom dia de trabalho. Tudo foi feito e eu me senti satisfeita. Eu fiquei feliz e contente. Tudo estava de acordo e fiz o melhor do que a vida me ofereceu. A vida é o que nós fazemos, sempre foi e sempre será."
Há uma grande diferença entre simplesmente viver uma longa vida e viver uma existência cheia de alegrias e realizações. O que é realmente importante é o quanto de textura e cor podemos adicionar em nossas vidas durante nossa estada na Terra – embora este período possa ser longo. A qualidade é o que importa, não a quantidade.
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